Probablemente esta celebración resulte algo prematura, aunque también podría ser que hoy lunes la Bolsa española haya logrado alcanzar ese nivel. La semana pasada estuvo muy cerca, cerró en máximos históricos, y este fin de semana parece que ha habido avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán que, como siempre, han ido acompañados de sus habituales desmentidos y batalla de relatos, pero, sin duda, alguna acabará siendo la definitiva y bien podría ser esta.En cualquier caso, no vamos a tardar en llegar a esa cifra que tiene algo de mágica y lo peor para muchos es que les va a pillar fuera. Las emociones, como siempre, han sido la peor consejera financiera y «la que está cayendo» nos impide ver el bosque.Hoy ese bosque de lo que en el argot se llama fundamentales, con los datos que hemos conocido estos días, es, si cabe, todavía más claro. Los datos de crecimiento de la economía española del segundo trimestre han vuelto a sorprender positivamente —y ya hemos perdido la cuenta de las veces que la realidad supera las previsiones—. En 2026 España va a crecer casi al 3%, muy por encima del resto de países europeos, y cada vez parece más claro que eso que los economistas definen como la tasa de crecimiento natural es prácticamente el doble de lo que era hace unos años. Crecemos más, crecemos mejor y vamos a seguir creciendo más y mejor.Además, los resultados empresariales de la primera parte de este año también están batiendo claramente las estimaciones. Sorprende que sorprenda, pero el mejor desempeño de la economía se está trasladando a la actividad y resultados de las empresas españolas. Y esto también se traslada a unas valoraciones que siguen siendo atractivas.Así las cosas, no cabe lamentarse. Muchos, no todos, se han perdido el muy buen comportamiento de la Bolsa española de estos últimos años, pero todavía pueden subirse a una ola que nos va a llevar muy lejos si nos atenemos a esos fundamentales tan manoseados. Para lo que no hay sitio es para las excusas. El ruido político va a seguir siendo mucho, pero ya no puede ser una excusa: estamos en los minutos de la basura de la legislatura. La economía española lo va a seguir haciendo bien —y probablemente con un cambio de gobierno todavía lo haga mejor—, esto se va a seguir trasladando a los beneficios de las compañías y las valoraciones no ofrecen ninguna duda.Tomar una decisión, eso está más que estudiado, es más difícil que no hacerlo. Hoy, con los datos en la mano, no estar en Bolsa española es una negligencia. Utilícenme de coartada, por mi parte no hay problema.Mar de fondoLa rentabilidad que acumula la Bolsa americana a día de hoy se descompone de la siguiente manera: las diez primeras compañías, que pesan algo más del 40% del índice, no han subido nada, mientras que las 490 restantes han subido algo más de un 15%. El resultado es algo menos del 10% que lleva en el año el S&P 500.Se trata de la primera vez en mucho tiempo en la que no son las conocidas como las Magníficas las que están tirando de la Bolsa americana. Esto da para varias reflexiones.La primera sería que, por primera vez en mucho tiempo, la llamada gestión activa tiene opciones de hacerlo mejor que el índice. En los últimos años batir al S&P ha sido prácticamente imposible. Esto, como ya estamos viendo, debería provocar cierto trasvase de los fondos de gestión pasiva a los fondos de gestión activa a medida que esta tendencia se consolide.Además, este comportamiento sirve también para desmentir uno de los grandes temores que se cernían sobre la Bolsa americana. Las grandes compañías pueden dejar de hacerlo bien y, en tanto que el resto está registrando un muy buen comportamiento, eso no está afectando de forma determinante a los índices. El problema, por lo tanto, no es comparable con lo que pasó en el año 2000, cuando pinchó la burbuja puntocom, o por lo menos no lo es del todo.También, el peor comportamiento relativo de estas grandes compañías, donde está prácticamente todo el mundo subido, está devolviendo al radar a las compañías europeas. De hecho, la Bolsa europea , o, mejor dicho, algunas Bolsas europeas, llevan tiempo comportándose mejor que la americana. Y, en tanto que el dinero, como pasa siempre, siga a la rentabilidad, esta tendencia se puede seguir alimentando. Los viejos del lugar recordarán cómo esto no es algo inédito. A principios de este siglo, la Bolsa europea se comportó mejor que la americana durante un periodo largo, coincidiendo precisamente con la corrección de los excesos previos.Por lo tanto, lo que subyace detrás del comportamiento de la Bolsa americana es un aviso a navegantes para aquellos que estén dispuestos a escucharlo. Esa es siempre la parte más difícil porque resulta mucho más fácil dejarse llevar. Ellos verán.Déficits y déficitsLa comparación del déficit público estadounidense y francés resulta un ejercicio muy útil para entender quién tiene o no margen de actuación. Sendos déficits son muy elevados: por encima del 8%. Sin embargo, y aquí está la diferencia, a uno se llega con una presión fiscal cercana al 60%, mientras que al otro con unos impuestos que representan menos del 40% del PIB. Uno tiene margen de actuación, mientras que el otro no es dueño de su destino. Y, como probablemente ya habrán deducido, Francia es el primero y Estados Unidos el segundo.El margen de actuación de los franceses es ninguno, mientras que los americanos todavía están a tiempo de reconducir la situación. Además, y conociendo como conocemos a nuestros vecinos del norte, la probabilidad de que la sangre llegue al río en el caso francés es muy superior a la de los americanos. A Francia no le queda otra que reducir el gasto —lo que básicamente se reduce a la reforma del sistema de pensiones—, mientras que Estados Unidos puede subir la presión fiscal —como de hecho está haciendo Trump con los aranceles, que no son otra cosa que una subida encubierta de los impuestos a familias y empresas americanas—.En Francia las cosas probablemente tengan que ponerse peor antes que mejor y, como hemos visto en muchas ocasiones, veamos arder literalmente París. Pero al final, la lógica —y el mercado— se impondrán. Cada día que pasa resulta más probable ver una Asamblea con mayoría lepenista que acabe aprobando la reforma de las pensiones que ha escabechado a los últimos tres primeros ministros franceses.Estados Unidos con seguridad acabará subiendo el techo de deuda y tendrá que esperar a un nuevo presidente para reconducir la situación; con Trump resulta impensable. Pero tienen tiempo.Y entretanto, los que hasta hace no tanto protagonizaban los problemas de sostenibilidad de las finanzas públicas se han convertido en alumnos ejemplares. La letra con sangre entra. Probablemente esta celebración resulte algo prematura, aunque también podría ser que hoy lunes la Bolsa española haya logrado alcanzar ese nivel. La semana pasada estuvo muy cerca, cerró en máximos históricos, y este fin de semana parece que ha habido avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán que, como siempre, han ido acompañados de sus habituales desmentidos y batalla de relatos, pero, sin duda, alguna acabará siendo la definitiva y bien podría ser esta.En cualquier caso, no vamos a tardar en llegar a esa cifra que tiene algo de mágica y lo peor para muchos es que les va a pillar fuera. Las emociones, como siempre, han sido la peor consejera financiera y «la que está cayendo» nos impide ver el bosque.Hoy ese bosque de lo que en el argot se llama fundamentales, con los datos que hemos conocido estos días, es, si cabe, todavía más claro. Los datos de crecimiento de la economía española del segundo trimestre han vuelto a sorprender positivamente —y ya hemos perdido la cuenta de las veces que la realidad supera las previsiones—. En 2026 España va a crecer casi al 3%, muy por encima del resto de países europeos, y cada vez parece más claro que eso que los economistas definen como la tasa de crecimiento natural es prácticamente el doble de lo que era hace unos años. Crecemos más, crecemos mejor y vamos a seguir creciendo más y mejor.Además, los resultados empresariales de la primera parte de este año también están batiendo claramente las estimaciones. Sorprende que sorprenda, pero el mejor desempeño de la economía se está trasladando a la actividad y resultados de las empresas españolas. Y esto también se traslada a unas valoraciones que siguen siendo atractivas.Así las cosas, no cabe lamentarse. Muchos, no todos, se han perdido el muy buen comportamiento de la Bolsa española de estos últimos años, pero todavía pueden subirse a una ola que nos va a llevar muy lejos si nos atenemos a esos fundamentales tan manoseados. Para lo que no hay sitio es para las excusas. El ruido político va a seguir siendo mucho, pero ya no puede ser una excusa: estamos en los minutos de la basura de la legislatura. La economía española lo va a seguir haciendo bien —y probablemente con un cambio de gobierno todavía lo haga mejor—, esto se va a seguir trasladando a los beneficios de las compañías y las valoraciones no ofrecen ninguna duda.Tomar una decisión, eso está más que estudiado, es más difícil que no hacerlo. Hoy, con los datos en la mano, no estar en Bolsa española es una negligencia. Utilícenme de coartada, por mi parte no hay problema.Mar de fondoLa rentabilidad que acumula la Bolsa americana a día de hoy se descompone de la siguiente manera: las diez primeras compañías, que pesan algo más del 40% del índice, no han subido nada, mientras que las 490 restantes han subido algo más de un 15%. El resultado es algo menos del 10% que lleva en el año el S&P 500.Se trata de la primera vez en mucho tiempo en la que no son las conocidas como las Magníficas las que están tirando de la Bolsa americana. Esto da para varias reflexiones.La primera sería que, por primera vez en mucho tiempo, la llamada gestión activa tiene opciones de hacerlo mejor que el índice. En los últimos años batir al S&P ha sido prácticamente imposible. Esto, como ya estamos viendo, debería provocar cierto trasvase de los fondos de gestión pasiva a los fondos de gestión activa a medida que esta tendencia se consolide.Además, este comportamiento sirve también para desmentir uno de los grandes temores que se cernían sobre la Bolsa americana. Las grandes compañías pueden dejar de hacerlo bien y, en tanto que el resto está registrando un muy buen comportamiento, eso no está afectando de forma determinante a los índices. El problema, por lo tanto, no es comparable con lo que pasó en el año 2000, cuando pinchó la burbuja puntocom, o por lo menos no lo es del todo.También, el peor comportamiento relativo de estas grandes compañías, donde está prácticamente todo el mundo subido, está devolviendo al radar a las compañías europeas. De hecho, la Bolsa europea , o, mejor dicho, algunas Bolsas europeas, llevan tiempo comportándose mejor que la americana. Y, en tanto que el dinero, como pasa siempre, siga a la rentabilidad, esta tendencia se puede seguir alimentando. Los viejos del lugar recordarán cómo esto no es algo inédito. A principios de este siglo, la Bolsa europea se comportó mejor que la americana durante un periodo largo, coincidiendo precisamente con la corrección de los excesos previos.Por lo tanto, lo que subyace detrás del comportamiento de la Bolsa americana es un aviso a navegantes para aquellos que estén dispuestos a escucharlo. Esa es siempre la parte más difícil porque resulta mucho más fácil dejarse llevar. Ellos verán.Déficits y déficitsLa comparación del déficit público estadounidense y francés resulta un ejercicio muy útil para entender quién tiene o no margen de actuación. Sendos déficits son muy elevados: por encima del 8%. Sin embargo, y aquí está la diferencia, a uno se llega con una presión fiscal cercana al 60%, mientras que al otro con unos impuestos que representan menos del 40% del PIB. Uno tiene margen de actuación, mientras que el otro no es dueño de su destino. Y, como probablemente ya habrán deducido, Francia es el primero y Estados Unidos el segundo.El margen de actuación de los franceses es ninguno, mientras que los americanos todavía están a tiempo de reconducir la situación. Además, y conociendo como conocemos a nuestros vecinos del norte, la probabilidad de que la sangre llegue al río en el caso francés es muy superior a la de los americanos. A Francia no le queda otra que reducir el gasto —lo que básicamente se reduce a la reforma del sistema de pensiones—, mientras que Estados Unidos puede subir la presión fiscal —como de hecho está haciendo Trump con los aranceles, que no son otra cosa que una subida encubierta de los impuestos a familias y empresas americanas—.En Francia las cosas probablemente tengan que ponerse peor antes que mejor y, como hemos visto en muchas ocasiones, veamos arder literalmente París. Pero al final, la lógica —y el mercado— se impondrán. Cada día que pasa resulta más probable ver una Asamblea con mayoría lepenista que acabe aprobando la reforma de las pensiones que ha escabechado a los últimos tres primeros ministros franceses.Estados Unidos con seguridad acabará subiendo el techo de deuda y tendrá que esperar a un nuevo presidente para reconducir la situación; con Trump resulta impensable. Pero tienen tiempo.Y entretanto, los que hasta hace no tanto protagonizaban los problemas de sostenibilidad de las finanzas públicas se han convertido en alumnos ejemplares. La letra con sangre entra.
Probablemente esta celebración resulte algo prematura, aunque también podría ser que hoy lunes la Bolsa española haya logrado alcanzar ese nivel. La semana pasada estuvo muy cerca, cerró en máximos históricos, y este fin de semana parece que ha habido avances en las negociaciones entre … Estados Unidos e Irán que, como siempre, han ido acompañados de sus habituales desmentidos y batalla de relatos, pero, sin duda, alguna acabará siendo la definitiva y bien podría ser esta.
En cualquier caso, no vamos a tardar en llegar a esa cifra que tiene algo de mágica y lo peor para muchos es que les va a pillar fuera. Las emociones, como siempre, han sido la peor consejera financiera y «la que está cayendo» nos impide ver el bosque.
Hoy ese bosque de lo que en el argot se llama fundamentales, con los datos que hemos conocido estos días, es, si cabe, todavía más claro. Los datos de crecimiento de la economía española del segundo trimestre han vuelto a sorprender positivamente —y ya hemos perdido la cuenta de las veces que la realidad supera las previsiones—. En 2026 España va a crecer casi al 3%, muy por encima del resto de países europeos, y cada vez parece más claro que eso que los economistas definen como la tasa de crecimiento natural es prácticamente el doble de lo que era hace unos años. Crecemos más, crecemos mejor y vamos a seguir creciendo más y mejor.
Además, los resultados empresariales de la primera parte de este año también están batiendo claramente las estimaciones. Sorprende que sorprenda, pero el mejor desempeño de la economía se está trasladando a la actividad y resultados de las empresas españolas. Y esto también se traslada a unas valoraciones que siguen siendo atractivas.
Así las cosas, no cabe lamentarse. Muchos, no todos, se han perdido el muy buen comportamiento de la Bolsa española de estos últimos años, pero todavía pueden subirse a una ola que nos va a llevar muy lejos si nos atenemos a esos fundamentales tan manoseados. Para lo que no hay sitio es para las excusas. El ruido político va a seguir siendo mucho, pero ya no puede ser una excusa: estamos en los minutos de la basura de la legislatura. La economía española lo va a seguir haciendo bien —y probablemente con un cambio de gobierno todavía lo haga mejor—, esto se va a seguir trasladando a los beneficios de las compañías y las valoraciones no ofrecen ninguna duda.
Tomar una decisión, eso está más que estudiado, es más difícil que no hacerlo. Hoy, con los datos en la mano, no estar en Bolsa española es una negligencia. Utilícenme de coartada, por mi parte no hay problema.
Mar de fondo
La rentabilidad que acumula la Bolsa americana a día de hoy se descompone de la siguiente manera: las diez primeras compañías, que pesan algo más del 40% del índice, no han subido nada, mientras que las 490 restantes han subido algo más de un 15%. El resultado es algo menos del 10% que lleva en el año el S&P 500.
Se trata de la primera vez en mucho tiempo en la que no son las conocidas como las Magníficas las que están tirando de la Bolsa americana. Esto da para varias reflexiones.
La primera sería que, por primera vez en mucho tiempo, la llamada gestión activa tiene opciones de hacerlo mejor que el índice. En los últimos años batir al S&P ha sido prácticamente imposible. Esto, como ya estamos viendo, debería provocar cierto trasvase de los fondos de gestión pasiva a los fondos de gestión activa a medida que esta tendencia se consolide.
Además, este comportamiento sirve también para desmentir uno de los grandes temores que se cernían sobre la Bolsa americana. Las grandes compañías pueden dejar de hacerlo bien y, en tanto que el resto está registrando un muy buen comportamiento, eso no está afectando de forma determinante a los índices. El problema, por lo tanto, no es comparable con lo que pasó en el año 2000, cuando pinchó la burbuja puntocom, o por lo menos no lo es del todo.
También, el peor comportamiento relativo de estas grandes compañías, donde está prácticamente todo el mundo subido, está devolviendo al radar a las compañías europeas. De hecho, la Bolsa europea, o, mejor dicho, algunas Bolsas europeas, llevan tiempo comportándose mejor que la americana. Y, en tanto que el dinero, como pasa siempre, siga a la rentabilidad, esta tendencia se puede seguir alimentando. Los viejos del lugar recordarán cómo esto no es algo inédito. A principios de este siglo, la Bolsa europea se comportó mejor que la americana durante un periodo largo, coincidiendo precisamente con la corrección de los excesos previos.
Por lo tanto, lo que subyace detrás del comportamiento de la Bolsa americana es un aviso a navegantes para aquellos que estén dispuestos a escucharlo. Esa es siempre la parte más difícil porque resulta mucho más fácil dejarse llevar. Ellos verán.
Déficits y déficits
La comparación del déficit público estadounidense y francés resulta un ejercicio muy útil para entender quién tiene o no margen de actuación. Sendos déficits son muy elevados: por encima del 8%. Sin embargo, y aquí está la diferencia, a uno se llega con una presión fiscal cercana al 60%, mientras que al otro con unos impuestos que representan menos del 40% del PIB. Uno tiene margen de actuación, mientras que el otro no es dueño de su destino. Y, como probablemente ya habrán deducido, Francia es el primero y Estados Unidos el segundo.
El margen de actuación de los franceses es ninguno, mientras que los americanos todavía están a tiempo de reconducir la situación. Además, y conociendo como conocemos a nuestros vecinos del norte, la probabilidad de que la sangre llegue al río en el caso francés es muy superior a la de los americanos. A Francia no le queda otra que reducir el gasto —lo que básicamente se reduce a la reforma del sistema de pensiones—, mientras que Estados Unidos puede subir la presión fiscal —como de hecho está haciendo Trump con los aranceles, que no son otra cosa que una subida encubierta de los impuestos a familias y empresas americanas—.
En Francia las cosas probablemente tengan que ponerse peor antes que mejor y, como hemos visto en muchas ocasiones, veamos arder literalmente París. Pero al final, la lógica —y el mercado— se impondrán. Cada día que pasa resulta más probable ver una Asamblea con mayoría lepenista que acabe aprobando la reforma de las pensiones que ha escabechado a los últimos tres primeros ministros franceses.
Estados Unidos con seguridad acabará subiendo el techo de deuda y tendrá que esperar a un nuevo presidente para reconducir la situación; con Trump resulta impensable. Pero tienen tiempo.
Y entretanto, los que hasta hace no tanto protagonizaban los problemas de sostenibilidad de las finanzas públicas se han convertido en alumnos ejemplares. La letra con sangre entra.
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