Que el Consejo de Gobierno del BCE haya decidido hoy mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales no significa que esté anclado en el inmovilismo. En su rueda de prensa posterior a la reunión en Frankfurt, Christine Lagarde ha expuesto una serie de cambios en la estrategia y en el proceso de decisiones que suponen una gran novedad. Para empezar, ha pedido a sus economistas un esfuerzo inédito, de cuyo resultado Lagarde se confiesa «muy orgullosa». El BCE ha presentado una exposición de datos que incluye toda la información recabada hasta el 11 de marzo. Además, ha empezado a diseñar por adelantado dos estrategias de política monetaria para dos escenarios diferentes, uno en el que los precios del petróleo y el gas tienen consecuencias serias y en cascada sobre la inflación y el crecimiento, que posteriormente van desapareciendo, y otro, el denominado adverso, en el que esas consecuencias permanecen durante un largo periodo de tiempo en la economía europea. Está claro que el BCE no está dispuesto a repetir el error de la anterior crisis inflacionista, en la que actuó demasiado lento e hizo pagar una dura factura a los usuarios del euro.Noticia relacionada general No No ¿Subirán hoy los tipos de interés? El BCE, a por una reacción correcta a la guerra Rosalía SánchezLa decisión de no mover todavía los tipos ha sido unánime y, aunque Lagarde ha preferido esta vez no ahondar en los motivos, ha dejado entrever que venimos de un escenario de inflación en el 1,9%, por debajo del objetivo, y que, aunque considera imposible que el enorme aumento de los precios de la energía no tenga impacto en la tasa de inflación en marzo, la fuerza del aumento y su duración siguen estando sujetas a un nivel muy elevado de incertidumbre. De lo que no cabe duda es de que «la guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía», ha explicado la presidenta del BCE. «No estamos en buena posición, pero sí bien posicionados para enfrentar el gran choque que se está desarrollando», ha dicho, tras reiterar su compromiso de decidir «reunión a reunión» y «de acuerdo a los datos».En cuanto a los datos, el escenario de referencia estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6 % en 2026, el 2,0 % en 2027 y el 2,1 % en 2028. La inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026. Excluidos la energía y los alimentos, se situará, en promedio, en el 2,3 % en 2026, el 2,2 % en 2027 y el 2,1 % en 2028. El crecimiento económico se situará, en promedio, en el 0,9 % en 2026, el 1,3 % en 2027 y el 1,4 % en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Al mismo tiempo, el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras deberían seguir respaldando el crecimiento, según los economistas del BCE.En las próximas reuniones, de las que los mercados esperan una modificación de tipos antes del verano y al menos otra antes de final de año, los criterios para decidir serán los movimientos en los mercados energéticos y de materias primas y cómo estos influyen en las demandas salariales, el comportamiento de los consumidores y la fijación de precios de las empresas. Muy especialmente todos los indicadores de la demanda, además de datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria. Que el Consejo de Gobierno del BCE haya decidido hoy mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales no significa que esté anclado en el inmovilismo. En su rueda de prensa posterior a la reunión en Frankfurt, Christine Lagarde ha expuesto una serie de cambios en la estrategia y en el proceso de decisiones que suponen una gran novedad. Para empezar, ha pedido a sus economistas un esfuerzo inédito, de cuyo resultado Lagarde se confiesa «muy orgullosa». El BCE ha presentado una exposición de datos que incluye toda la información recabada hasta el 11 de marzo. Además, ha empezado a diseñar por adelantado dos estrategias de política monetaria para dos escenarios diferentes, uno en el que los precios del petróleo y el gas tienen consecuencias serias y en cascada sobre la inflación y el crecimiento, que posteriormente van desapareciendo, y otro, el denominado adverso, en el que esas consecuencias permanecen durante un largo periodo de tiempo en la economía europea. Está claro que el BCE no está dispuesto a repetir el error de la anterior crisis inflacionista, en la que actuó demasiado lento e hizo pagar una dura factura a los usuarios del euro.Noticia relacionada general No No ¿Subirán hoy los tipos de interés? El BCE, a por una reacción correcta a la guerra Rosalía SánchezLa decisión de no mover todavía los tipos ha sido unánime y, aunque Lagarde ha preferido esta vez no ahondar en los motivos, ha dejado entrever que venimos de un escenario de inflación en el 1,9%, por debajo del objetivo, y que, aunque considera imposible que el enorme aumento de los precios de la energía no tenga impacto en la tasa de inflación en marzo, la fuerza del aumento y su duración siguen estando sujetas a un nivel muy elevado de incertidumbre. De lo que no cabe duda es de que «la guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía», ha explicado la presidenta del BCE. «No estamos en buena posición, pero sí bien posicionados para enfrentar el gran choque que se está desarrollando», ha dicho, tras reiterar su compromiso de decidir «reunión a reunión» y «de acuerdo a los datos».En cuanto a los datos, el escenario de referencia estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6 % en 2026, el 2,0 % en 2027 y el 2,1 % en 2028. La inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026. Excluidos la energía y los alimentos, se situará, en promedio, en el 2,3 % en 2026, el 2,2 % en 2027 y el 2,1 % en 2028. El crecimiento económico se situará, en promedio, en el 0,9 % en 2026, el 1,3 % en 2027 y el 1,4 % en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Al mismo tiempo, el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras deberían seguir respaldando el crecimiento, según los economistas del BCE.En las próximas reuniones, de las que los mercados esperan una modificación de tipos antes del verano y al menos otra antes de final de año, los criterios para decidir serán los movimientos en los mercados energéticos y de materias primas y cómo estos influyen en las demandas salariales, el comportamiento de los consumidores y la fijación de precios de las empresas. Muy especialmente todos los indicadores de la demanda, además de datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria.
Que el Consejo de Gobierno del BCE haya decidido hoy mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales no significa que esté anclado en el inmovilismo. En su rueda de prensa posterior a la reunión en Frankfurt, Christine Lagarde ha expuesto una serie de cambios en la estrategia … y en el proceso de decisiones que suponen una gran novedad. Para empezar, ha pedido a sus economistas un esfuerzo inédito, de cuyo resultado Lagarde se confiesa «muy orgullosa».
El BCE ha presentado una exposición de datos que incluye toda la información recabada hasta el 11 de marzo. Además, ha empezado a diseñar por adelantado dos estrategias de política monetaria para dos escenarios diferentes, uno en el que los precios del petróleo y el gas tienen consecuencias serias y en cascada sobre la inflación y el crecimiento, que posteriormente van desapareciendo, y otro, el denominado adverso, en el que esas consecuencias permanecen durante un largo periodo de tiempo en la economía europea. Está claro que el BCE no está dispuesto a repetir el error de la anterior crisis inflacionista, en la que actuó demasiado lento e hizo pagar una dura factura a los usuarios del euro.
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La decisión de no mover todavía los tipos ha sido unánime y, aunque Lagarde ha preferido esta vez no ahondar en los motivos, ha dejado entrever que venimos de un escenario de inflación en el 1,9%, por debajo del objetivo, y que, aunque considera imposible que el enorme aumento de los precios de la energía no tenga impacto en la tasa de inflación en marzo, la fuerza del aumento y su duración siguen estando sujetas a un nivel muy elevado de incertidumbre.
De lo que no cabe duda es de que «la guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía», ha explicado la presidenta del BCE. «No estamos en buena posición, pero sí bien posicionados para enfrentar el gran choque que se está desarrollando», ha dicho, tras reiterar su compromiso de decidir «reunión a reunión» y «de acuerdo a los datos».
En cuanto a los datos, el escenario de referencia estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6 % en 2026, el 2,0 % en 2027 y el 2,1 % en 2028. La inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026. Excluidos la energía y los alimentos, se situará, en promedio, en el 2,3 % en 2026, el 2,2 % en 2027 y el 2,1 % en 2028.
El crecimiento económico se situará, en promedio, en el 0,9 % en 2026, el 1,3 % en 2027 y el 1,4 % en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Al mismo tiempo, el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras deberían seguir respaldando el crecimiento, según los economistas del BCE.
En las próximas reuniones, de las que los mercados esperan una modificación de tipos antes del verano y al menos otra antes de final de año, los criterios para decidir serán los movimientos en los mercados energéticos y de materias primas y cómo estos influyen en las demandas salariales, el comportamiento de los consumidores y la fijación de precios de las empresas. Muy especialmente todos los indicadores de la demanda, además de datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria.
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