La tradicional Fiesta Mayor de Gràcia ha arrancado este viernes con un pregón marcado por las reivindicaciones vecinales ante la crisis de la vivienda y la presión turística que vive el barrio. Vicenç Sanclemente, periodista e historiador, ha sido el encargado de pronunciar un discurso atravesado por críticas al avance de los fondos de inversión, que “expulsan a vecinos para transformar edificios en colivings”, el reclamo de la identidad local y la defensa de la lengua catalana. “El futuro del barrio no puede quedar en manos del mercado y del capitalismo especulativo. La Vila que conocemos está en peligro”, ha reivindicado. La Festa Major de Gràcia, que se celebra del 15 al 21 de agosto, vuelve este año con 23 calles y plazas engalanadas y alrededor de 900 actividades gratuitas, entre conciertos, propuestas familiares y actos de cultura popular.
El periodista y historiador reivindica la identidad del barrio en el inicio de una semana con más de 900 actividades y 23 calles engalanadas
El periodista y historiador reivindica la identidad del barrio en el inicio de una semana con más de 900 actividades y 23 calles engalanadas


La tradicional Fiesta Mayor de Gràcia ha arrancado este viernes con un pregón marcado por las reivindicaciones vecinales ante la crisis de la vivienda y la presión turística que vive el barrio. Vicenç Sanclemente, periodista e historiador, ha sido el encargado de pronunciar un discurso atravesado por críticas al avance de los fondos de inversión, que “expulsan a vecinos para transformar edificios en colivings”, el reclamo de la identidad local y la defensa de la lengua catalana. “El futuro del barrio no puede quedar en manos del mercado y del capitalismo especulativo. La Vila que conocemos está en peligro”, ha reivindicado. La Festa Major de Gràcia, que se celebra del 15 al 21 de agosto, vuelve este año con 23 calles y plazas engalanadas y alrededor de 900 actividades gratuitas, entre conciertos, propuestas familiares y actos de cultura popular.
Sanclemente, corresponsal internacional de RTVE y autor en 1990 de una de las primeras obras dedicadas a documentar la historia de las fiestas, ha recurrido al pasado de la antigua Vila para reivindicar la necesidad de preservar la tradición local. Durante más de media hora desde el balcón de la sede del distrito, ha subrayado el papel de las entidades de barrio y las asociaciones de vecinos en la construcción de las fiesta. “No es solo una fiesta de calle, es la colaboración de los vecinos”, ha defendido.
Las comisiones vecinales competirán en el tradicional concurso de decoración, cuyos premios se entregarán el 19 de agosto. La programación incorpora además un nuevo espacio infantil y juvenil en la plaza Joanic y mantiene el 17 de agosto la llamada nit tranquil·la, una jornada con menor actividad para favorecer el descanso de los vecinos. Ante las altas temperaturas, el programa identifica fuentes de agua y adapta algunas actividades al calor, mientras que el dispositivo de seguridad mantiene el Punt Lila, los itinerarios seguros y la presencia conjunta de Guardia Urbana y Mossos d’Esquadra.
El historiador ha recorrido por las transformaciones del barrio y señalado la presión del turismo, un modelo de ciudad que, según él, “construye escaleras mecánicas para facilitar que los turistas suban al Park Güell”. La vivienda ha ocupado buena parte del discurso y ha recordado a los vecinos que han tenido que abandonar Gràcia ante el encarecimiento de la vivienda. “Estamos ante una competencia de soberanía entre fondos buitre y ciudadanos”, ha denunciado.

Mientras Sanclemente alertaba de los efectos del turismo sobre el barrio, a pocos metros del escenario una familia japonesa contemplaba fascinada las celebraciones frente a una tienda de matcha, uno de esos nuevos comercios de la moda orientados al visitante que han proliferado por toda Barcelona. Los padres y sus dos hijos, que no hablan castellano, tampoco el catalán, no podían entender que las reivindicaciones se dirigían a ellos. Observaban admirados las batucadas, los gigantes y el ambiente festivo. Están alojados a unos 20 minutos a pie de la plaza central del barrio en un piso turístico a 150 euros por la noche.
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