Un crimen no puede considerarse totalmente resuelto hasta que todos sus autores son detenidos y condenados. El brutal asesinato el 13 de enero de 2025 de Gregory Castillo Volquez en una calle de Londres lo es desde que hace unos días un tribunal británico condenó a cadena perpetua a los tres autores, todos ellos miembros de la banda juvenil de los Trinitarios. Entre medias, una compleja investigación de la Policía Metropolitana de la capital británica, en la que se analizaron cientos de horas de grabaciones de cámaras de seguridad y se recopilaron multitud de pruebas forenses, y en la que jugó un papel clave la Policía Nacional española. Agentes de la Comisaría General de Información (CGI) y de la Sección de Localización de Fugitivos consiguieron ubicar y detener a dos de ellos que se habían ocultado en España al cobijo de familiares y otros trinitarios. Los investigadores consideran que el suceso confirma la expansión por otros países europeos de esta violenta banda juvenil.
Dos de los tres autores, recientemente condenados a cadena perpetua por un tribunal británico, fueron arrestados en Madrid. El suceso confirma la expansión de la banda juvenil por Europa
Un crimen no puede considerarse totalmente resuelto hasta que todos sus autores son detenidos y condenados. El brutal asesinato el 13 de enero de 2025 de Gregory Castillo Volquez en una calle de Londres lo es desde que hace unos días un tribunal británico condenó a cadena perpetua a los tres autores, todos ellos miembros de la banda juvenil de los Trinitarios. Entre medias, una compleja investigación de la Policía Metropolitana de la capital británica, en la que se analizaron cientos de horas de grabaciones de cámaras de seguridad y se recopilaron multitud de pruebas forenses, y en la que jugó un papel clave la Policía Nacional española. Agentes de la Comisaría General de Información (CGI) y de la Sección de Localización de Fugitivos consiguieron ubicar y detener a dos de ellos que se habían ocultado en España al cobijo de familiares y otros trinitarios. Los investigadores consideran que el suceso confirma la expansión por otros países europeos de esta violenta banda juvenil.
El crimen se perpetró poco antes de las cinco de la madrugada de aquel día en un callejón de una antigua zona industrial del Haringey, un barrio al norte del Gran Londres. Castillo, de 36 años, origen dominicano y padre de dos niños, regresaba a su domicilio tras pasar la noche con unos amigos cuando fue atacado por tres individuos a los que, según la investigación, no conocía. El móvil nunca se ha terminado de aclarar. La autopsia reveló que su cadáver presentaba 22 heridas de arma blanca en pecho y espalda, muchas de ellas causadas por un cuchillo largo o machete, y varios fuertes golpes, uno en la cabeza. Junto al cadáver, la policía británica encontró una muleta, una tabla con clavos y el machete usados en el asalto mortal.

Cinco días después, agentes británicos detenían en Swansea, localidad galesa situada a 300 kilómetros de la capital británica, a Benito Ramírez Kones, de 20 años y nacionalidad española. Las zapatillas que calzaba cuando cometió el crimen aún tenían restos de la sangre de la víctima cuando fueron intervenidas por la policía. Sobre los otros dos autores, las pesquisas apuntaban a que, tras este arresto, habían huido del Reino Unido y que, posiblemente, se habían escondido en España, donde tenían familia, por lo que la Agencia Nacional del Crimen (NCA, en sus siglas en inglés) remitió a las autoridades españolas una solicitud de colaboración.
Las pesquisas de la Policía española permitieron confirmar las sospechas de los agentes británicos al localizar en Madrid en primer lugar a Carlos Akum Metumbe, de 22 años, de nacionalidad española y con antecedentes por delitos violentos, cuando circulaba a bordo de un monopatín eléctrico cerca del domicilio de un familiar. La Policía decidió esperar a localizar al segundo fugitivo, Luigi Pirelli Santana, de 22 años, originario de Ecuador, pero con documentación italiana, para poder detener a ambos. Finalmente, este fue ubicado en el barrio de Carabanchel de la capital después de que las imágenes grabadas por las cámaras de un local de comida rápida permitieran identificarlo por el tatuaje que lucía en el cuello. Ambos aparecían grabados por las cámaras de seguridad de la zona donde se produjo el crimen golpeando a la víctima con el machete y la muleta. Además, se encontraron huellas dactilares ensangrentadas y restos de ADN de Santana en ambos objetos.

Sin embargo, entonces Londres aún no había emitido oficialmente una orden internacional de arresto a través de Interpol, lo que obligaba a los agentes españoles a esperar y mantener sobre ambos individuos un discreto dispositivo de control que saltó por los aires el 25 de junio del año pasado, poco después de que llegase la orden internacional de detención. En un control rutinario de la Policía Municipal en un parque del barrio madrileño de Tetuán, donde suelen reunirse Trinitarios, Metumbe fue arrestado al saltar a los agentes que estaban en búsqueda y captura. Santana desapareció.
Las gestiones para localizar a este último en el barrio de La Fortuna de Leganés, donde tenía familia, fueron infructuosas durante cerca de dos semanas, pese a que la policía española montó un amplio dispositivo de vigilancia en torno a casas okupas utilizadas por Trinitarios, centros comerciales y el transporte público. Finalmente, el 11 de julio del año pasado, Santana cometió un error: salió de la vivienda del familiar donde se había refugiado para acudir a un centro comercial cercano a comprar comida. Un vigilante de seguridad lo reconoció por las fotos que había distribuido la Policía días atrás y dio la alerta. Poco después, el fugitivo era detenido. En el momento de su arresto, Santana aseguró que estaba a punto de entregarse, ya que, aseguraba, las graves acusaciones contra él de la justicia británica iban a quedar en nada.

Metumbe fue extraditado por la Audiencia Nacional a Reino Unido en agosto y Santana, dos meses después. El juicio contra los tres trinitarios se celebró en Londres a comienzos de este año y el pasado 4 de septiembre fueron sentenciados a cadena perpetua, aunque Metumbe puede quedar en libertad tras cumplir una pena mínima de 22 años, y Santana y Kones 23 años de prisión. El cuarto joven que fue juzgado con ellos fue finalmente absuelto.
La banda de los Trinitarios a la que pertenecían los tres ―surgida en 1989 en Estados Unidos― es considerada por la Policía Nacional como uno de los grupos más activos y violentos en España. A diferencia de otras organizaciones de pandilleros, este grupo se organiza en estructuras autónomas que reciben el nombre de “coros”, que actúan con independencia y que tienen como radio de acción un barrio o un pueblo. No obstante, los coros más importantes ejercen cierto poder e influencia sobre otros más pequeños. Tradicionalmente dedicados a los hurtos con violencia y al tráfico de drogas, en los últimos años también se han adentrado en la ciberdelincuencia para financiar ―mediante estafas en internet― sus actividades y los abogados que les defienden. Su principal rival es otro grupo pandillero, los Dominican Don’t Play (DDP).
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