La semana pasada y en contra de la mayor parte de los pronósticos, el presidente del Gobierno, en otro doble mortal marca de la casa, adelantó la celebración de elecciones. Los anticipos electorales suelen ser recogidos con desconfianza por el mercado. No en nuestro caso. Y mucho menos habiendo visto la deriva del Gobierno con el presidente a la cabeza estos últimos días. Todo lo que sea reducir el tiempo que esté al frente, no puede ser otra cosa que buena. La utilización electoralista y arbitraria de decretos se traduce, lógicamente, en un claro incremento de la inseguridad jurídica, por lo que cuanto le quitemos las pistolas al mono, mejor. De hecho, el día del anuncio, la bolsa española fue la que mejor comportamiento tuvo de las comparables. Aunque ese día también influyó la clara victoria de Bolsonaro en Brasil -no quiero que se me tache de ventajista en el análisis-. En cualquier caso, la reacción de la bolsa brasileña es un buen indicador de lo que puede pasar también en España si llega al gobierno alguien con políticas económicas o fiscales más orientadas al mercado -algo, por cierto, que no debería entrañar dificultades si tenemos en cuenta el páramo de la actual legislatura en materia fiscal y económica-En cualquier caso, el mercado de un tiempo a esta parte está en modo Santo Tomás y hasta que no meta los dedos en las llagas no va a poner en precio un eventual cambio de orientación de las políticas fiscales o económicas.Hay que destacar que probablemente quien menos contempla la posibilidad del cambio son los propios inversores españoles. La desconfianza es tan grande que impide que nadie trate de anticipar nada, aun tratándose, como estamos viendo en todas las encuestas que se han publicado últimamente, en el escenario más probable. El extranjero, a quien estas cuitas le pillan más lejos, ya está empezando a prepararse para el cambio de rumbo. Además de porque termine cuanto antes este carrusel de arbitrariedades, el cambio de gobierno es bueno por razones que repasamos habitualmente en estas postales de los lunes: hay margen en la política económica y, desde luego, en la fiscal para aprovechar mucho mejor los vientos de cola de la economía española; una mayor previsibilidad y menos arbitrariedades se traducirá seguro en un incremento de la seguridad jurídica, que es condición indispensable para atraer inversiones; además, el cambio del gobierno reducirá mucho los decibelios lo que debería servir para que muchos que hoy no son capaces de sacar la cabeza de la centrifugadora de la política suelten el brazo. Así las cosas, el cambio de gobierno que anticipan las encuestas, va a ser bueno para los mercados. Sería todavía mejor si este cambio viniera acompañado de un mayor peso en el Congreso y el Consejo de Ministros del partido más moderado. Esto lo dejamos para la semana que viene. Más especuladores, no menosEn los últimos días y al calor de los decretos de la vivienda, a muchos se les llena la boca en contra de los especuladores en todas sus versiones. Se mete en un saco a todo el que pueda tratar de rentabilizar su inversión en ladrillo, desde los particulares que tienen más de un número de viviendas a los fondos buitre con lo que eso quiera decir. Malditos especuladores que exprimen a los que quieren un techo donde vivir. Se trata de un argumento tan endeble que cae por su propio peso. Es no entender el funcionamiento básico de la oferta y la demanda. Son precisamente estas personas físicas o jurídicas -en el caso español, mucho más las primeras- las que poniendo su dinero a trabajar consiguen que la oferta crezca. Porque lo primero en un país en el que el déficit de viviendas según las últimas informaciones del Banco de España ronda la nada despreciable cifra de un millón, será aumentar la oferta. Y lo segundo, pero también igual de importante, será darle al dueño de las mismas las suficientes garantías jurídicas de que no va a salir trasquilado por la razón que sea. Pues no debe de ser tan sencillo porque todos los anuncios van precisamente en la dirección contraria. Se señala a quienes están dispuestos a invertir en ladrillo y se legisla en contra de los posibles arrendadoresEsto no quiere decir que no se ayude a los posibles compradores o arrendatarios. Las medidas en el primer caso tienen que ir a tratar de cubrir el principal escollo que existe actualmente para la compra: las pocas decenas de miles de euros que se necesitan para lo que conocemos como entrada. Los esquemas de ayuda a la compra que mejor funcionan son mediante avales del estado y no las ayudas directas que acaban de anunciar que normalmente terminan trasladándose al precio final. Los males de la vivienda en España están más que diagnosticados. Ahora, sobran las medidas facilonas y las consignas y falta mucha pedagogía y ganas de verdad de poner en marcha las reformas de calado y en muchos ámbitos que son necesarias para atajar el problema. Este Gobierno ha decidido tirar por la calle del medio con la aprobación en el último minuto de unos decretos de corte electoralista. Las medidas que anuncia el partido popular están mejor tiradas. Y los de Vox dicen voxadas. Aquí cada uno es lo que parece. No da más de siEl comportamiento de la renta fija de los países desarrollados ha ocupado todo en lo que toca al mercado en las últimas semanas. El fuerte repunte de los tipos de interés ha desatado algunos temores. No creo que se pueda estirar mucho más. Las razones detrás de este comportamiento -repunte de los precios por los líos internacionales, subidas de los tipos de referencia y mejores datos económicos- tampoco podemos decir que hayan roto nada. La economía sigue creciendo; las ratios de deuda, aunque elevados, tampoco se han deteriorado más; y el margen para reconducirla sigue siendo el mismo. Lo que ha pasado o, mejor dicho, está pasando es que este movimiento ha pillado a todo el mundo del mismo lado. Tras muchos años de tipos anómalamente bajos, el mercado había normalizado unos niveles que no son los normales. Hay un dato que resulta bastante elocuente: el 84% de la renta fija mundial ofrece actualmente una rentabilidad del 3% frente a solo un 12% en enero de 2022. Este movimiento ha supuesto un corrimiento de placas que ha hecho que el mercado se ajuste y se vuelva a un entorno de precios mucho más normal. Han sido muchos los que han tenido que salir a la vez por un agujero más o menos pequeño, pero en el fondo no se ha roto nada: todo sigue más o menos igual que hace unos meses, menos los precios que se han movido fundamentalmente por los flujos de capital.Llegados a este punto, no hay razones para pensar que las cosas se tengan que poner peor, todo lo contrario. Después de la corrección de los últimos meses, cualquier noticia positiva en clave geopolítica puede ser muy bien recogida por el mercado.Los agoreros se quedarán una vez más colgados de la brocha, pero, descuiden, no tardaran en volver a la carga y, lo que es peor, muchos de ustedes a hacerles caso. La semana pasada y en contra de la mayor parte de los pronósticos, el presidente del Gobierno, en otro doble mortal marca de la casa, adelantó la celebración de elecciones. Los anticipos electorales suelen ser recogidos con desconfianza por el mercado. No en nuestro caso. Y mucho menos habiendo visto la deriva del Gobierno con el presidente a la cabeza estos últimos días. Todo lo que sea reducir el tiempo que esté al frente, no puede ser otra cosa que buena. La utilización electoralista y arbitraria de decretos se traduce, lógicamente, en un claro incremento de la inseguridad jurídica, por lo que cuanto le quitemos las pistolas al mono, mejor. De hecho, el día del anuncio, la bolsa española fue la que mejor comportamiento tuvo de las comparables. Aunque ese día también influyó la clara victoria de Bolsonaro en Brasil -no quiero que se me tache de ventajista en el análisis-. En cualquier caso, la reacción de la bolsa brasileña es un buen indicador de lo que puede pasar también en España si llega al gobierno alguien con políticas económicas o fiscales más orientadas al mercado -algo, por cierto, que no debería entrañar dificultades si tenemos en cuenta el páramo de la actual legislatura en materia fiscal y económica-En cualquier caso, el mercado de un tiempo a esta parte está en modo Santo Tomás y hasta que no meta los dedos en las llagas no va a poner en precio un eventual cambio de orientación de las políticas fiscales o económicas.Hay que destacar que probablemente quien menos contempla la posibilidad del cambio son los propios inversores españoles. La desconfianza es tan grande que impide que nadie trate de anticipar nada, aun tratándose, como estamos viendo en todas las encuestas que se han publicado últimamente, en el escenario más probable. El extranjero, a quien estas cuitas le pillan más lejos, ya está empezando a prepararse para el cambio de rumbo. Además de porque termine cuanto antes este carrusel de arbitrariedades, el cambio de gobierno es bueno por razones que repasamos habitualmente en estas postales de los lunes: hay margen en la política económica y, desde luego, en la fiscal para aprovechar mucho mejor los vientos de cola de la economía española; una mayor previsibilidad y menos arbitrariedades se traducirá seguro en un incremento de la seguridad jurídica, que es condición indispensable para atraer inversiones; además, el cambio del gobierno reducirá mucho los decibelios lo que debería servir para que muchos que hoy no son capaces de sacar la cabeza de la centrifugadora de la política suelten el brazo. Así las cosas, el cambio de gobierno que anticipan las encuestas, va a ser bueno para los mercados. Sería todavía mejor si este cambio viniera acompañado de un mayor peso en el Congreso y el Consejo de Ministros del partido más moderado. Esto lo dejamos para la semana que viene. Más especuladores, no menosEn los últimos días y al calor de los decretos de la vivienda, a muchos se les llena la boca en contra de los especuladores en todas sus versiones. Se mete en un saco a todo el que pueda tratar de rentabilizar su inversión en ladrillo, desde los particulares que tienen más de un número de viviendas a los fondos buitre con lo que eso quiera decir. Malditos especuladores que exprimen a los que quieren un techo donde vivir. Se trata de un argumento tan endeble que cae por su propio peso. Es no entender el funcionamiento básico de la oferta y la demanda. Son precisamente estas personas físicas o jurídicas -en el caso español, mucho más las primeras- las que poniendo su dinero a trabajar consiguen que la oferta crezca. Porque lo primero en un país en el que el déficit de viviendas según las últimas informaciones del Banco de España ronda la nada despreciable cifra de un millón, será aumentar la oferta. Y lo segundo, pero también igual de importante, será darle al dueño de las mismas las suficientes garantías jurídicas de que no va a salir trasquilado por la razón que sea. Pues no debe de ser tan sencillo porque todos los anuncios van precisamente en la dirección contraria. Se señala a quienes están dispuestos a invertir en ladrillo y se legisla en contra de los posibles arrendadoresEsto no quiere decir que no se ayude a los posibles compradores o arrendatarios. Las medidas en el primer caso tienen que ir a tratar de cubrir el principal escollo que existe actualmente para la compra: las pocas decenas de miles de euros que se necesitan para lo que conocemos como entrada. Los esquemas de ayuda a la compra que mejor funcionan son mediante avales del estado y no las ayudas directas que acaban de anunciar que normalmente terminan trasladándose al precio final. Los males de la vivienda en España están más que diagnosticados. Ahora, sobran las medidas facilonas y las consignas y falta mucha pedagogía y ganas de verdad de poner en marcha las reformas de calado y en muchos ámbitos que son necesarias para atajar el problema. Este Gobierno ha decidido tirar por la calle del medio con la aprobación en el último minuto de unos decretos de corte electoralista. Las medidas que anuncia el partido popular están mejor tiradas. Y los de Vox dicen voxadas. Aquí cada uno es lo que parece. No da más de siEl comportamiento de la renta fija de los países desarrollados ha ocupado todo en lo que toca al mercado en las últimas semanas. El fuerte repunte de los tipos de interés ha desatado algunos temores. No creo que se pueda estirar mucho más. Las razones detrás de este comportamiento -repunte de los precios por los líos internacionales, subidas de los tipos de referencia y mejores datos económicos- tampoco podemos decir que hayan roto nada. La economía sigue creciendo; las ratios de deuda, aunque elevados, tampoco se han deteriorado más; y el margen para reconducirla sigue siendo el mismo. Lo que ha pasado o, mejor dicho, está pasando es que este movimiento ha pillado a todo el mundo del mismo lado. Tras muchos años de tipos anómalamente bajos, el mercado había normalizado unos niveles que no son los normales. Hay un dato que resulta bastante elocuente: el 84% de la renta fija mundial ofrece actualmente una rentabilidad del 3% frente a solo un 12% en enero de 2022. Este movimiento ha supuesto un corrimiento de placas que ha hecho que el mercado se ajuste y se vuelva a un entorno de precios mucho más normal. Han sido muchos los que han tenido que salir a la vez por un agujero más o menos pequeño, pero en el fondo no se ha roto nada: todo sigue más o menos igual que hace unos meses, menos los precios que se han movido fundamentalmente por los flujos de capital.Llegados a este punto, no hay razones para pensar que las cosas se tengan que poner peor, todo lo contrario. Después de la corrección de los últimos meses, cualquier noticia positiva en clave geopolítica puede ser muy bien recogida por el mercado.Los agoreros se quedarán una vez más colgados de la brocha, pero, descuiden, no tardaran en volver a la carga y, lo que es peor, muchos de ustedes a hacerles caso.
La semana pasada y en contra de la mayor parte de los pronósticos, el presidente del Gobierno, en otro doble mortal marca de la casa, adelantó la celebración de elecciones. Los anticipos electorales suelen ser recogidos con desconfianza por el mercado. No en nuestro caso. … Y mucho menos habiendo visto la deriva del Gobierno con el presidente a la cabeza estos últimos días. Todo lo que sea reducir el tiempo que esté al frente, no puede ser otra cosa que buena. La utilización electoralista y arbitraria de decretos se traduce, lógicamente, en un claro incremento de la inseguridad jurídica, por lo que cuanto le quitemos las pistolas al mono, mejor.
De hecho, el día del anuncio, la bolsa española fue la que mejor comportamiento tuvo de las comparables. Aunque ese día también influyó la clara victoria de Bolsonaro en Brasil -no quiero que se me tache de ventajista en el análisis-. En cualquier caso, la reacción de la bolsa brasileña es un buen indicador de lo que puede pasar también en España si llega al gobierno alguien con políticas económicas o fiscales más orientadas al mercado -algo, por cierto, que no debería entrañar dificultades si tenemos en cuenta el páramo de la actual legislatura en materia fiscal y económica-
En cualquier caso, el mercado de un tiempo a esta parte está en modo Santo Tomás y hasta que no meta los dedos en las llagas no va a poner en precio un eventual cambio de orientación de las políticas fiscales o económicas.
Noticia relacionada
Hay que destacar que probablemente quien menos contempla la posibilidad del cambio son los propios inversores españoles. La desconfianza es tan grande que impide que nadie trate de anticipar nada, aun tratándose, como estamos viendo en todas las encuestas que se han publicado últimamente, en el escenario más probable. El extranjero, a quien estas cuitas le pillan más lejos, ya está empezando a prepararse para el cambio de rumbo.
Además de porque termine cuanto antes este carrusel de arbitrariedades, el cambio de gobierno es bueno por razones que repasamos habitualmente en estas postales de los lunes: hay margen en la política económica y, desde luego, en la fiscal para aprovechar mucho mejor los vientos de cola de la economía española; una mayor previsibilidad y menos arbitrariedades se traducirá seguro en un incremento de la seguridad jurídica, que es condición indispensable para atraer inversiones; además, el cambio del gobierno reducirá mucho los decibelios lo que debería servir para que muchos que hoy no son capaces de sacar la cabeza de la centrifugadora de la política suelten el brazo.
Así las cosas, el cambio de gobierno que anticipan las encuestas, va a ser bueno para los mercados. Sería todavía mejor si este cambio viniera acompañado de un mayor peso en el Congreso y el Consejo de Ministros del partido más moderado. Esto lo dejamos para la semana que viene.
Más especuladores, no menos
En los últimos días y al calor de los decretos de la vivienda, a muchos se les llena la boca en contra de los especuladores en todas sus versiones. Se mete en un saco a todo el que pueda tratar de rentabilizar su inversión en ladrillo, desde los particulares que tienen más de un número de viviendas a los fondos buitre con lo que eso quiera decir. Malditos especuladores que exprimen a los que quieren un techo donde vivir.
Se trata de un argumento tan endeble que cae por su propio peso. Es no entender el funcionamiento básico de la oferta y la demanda. Son precisamente estas personas físicas o jurídicas -en el caso español, mucho más las primeras- las que poniendo su dinero a trabajar consiguen que la oferta crezca. Porque lo primero en un país en el que el déficit de viviendas según las últimas informaciones del Banco de España ronda la nada despreciable cifra de un millón, será aumentar la oferta. Y lo segundo, pero también igual de importante, será darle al dueño de las mismas las suficientes garantías jurídicas de que no va a salir trasquilado por la razón que sea. Pues no debe de ser tan sencillo porque todos los anuncios van precisamente en la dirección contraria. Se señala a quienes están dispuestos a invertir en ladrillo y se legisla en contra de los posibles arrendadores
Esto no quiere decir que no se ayude a los posibles compradores o arrendatarios. Las medidas en el primer caso tienen que ir a tratar de cubrir el principal escollo que existe actualmente para la compra: las pocas decenas de miles de euros que se necesitan para lo que conocemos como entrada. Los esquemas de ayuda a la compra que mejor funcionan son mediante avales del estado y no las ayudas directas que acaban de anunciar que normalmente terminan trasladándose al precio final.
Los males de la vivienda en España están más que diagnosticados. Ahora, sobran las medidas facilonas y las consignas y falta mucha pedagogía y ganas de verdad de poner en marcha las reformas de calado y en muchos ámbitos que son necesarias para atajar el problema.
Este Gobierno ha decidido tirar por la calle del medio con la aprobación en el último minuto de unos decretos de corte electoralista. Las medidas que anuncia el partido popular están mejor tiradas. Y los de Vox dicen voxadas. Aquí cada uno es lo que parece.
No da más de si
El comportamiento de la renta fija de los países desarrollados ha ocupado todo en lo que toca al mercado en las últimas semanas. El fuerte repunte de los tipos de interés ha desatado algunos temores. No creo que se pueda estirar mucho más. Las razones detrás de este comportamiento -repunte de los precios por los líos internacionales, subidas de los tipos de referencia y mejores datos económicos- tampoco podemos decir que hayan roto nada. La economía sigue creciendo; las ratios de deuda, aunque elevados, tampoco se han deteriorado más; y el margen para reconducirla sigue siendo el mismo.
Lo que ha pasado o, mejor dicho, está pasando es que este movimiento ha pillado a todo el mundo del mismo lado. Tras muchos años de tipos anómalamente bajos, el mercado había normalizado unos niveles que no son los normales. Hay un dato que resulta bastante elocuente: el 84% de la renta fija mundial ofrece actualmente una rentabilidad del 3% frente a solo un 12% en enero de 2022. Este movimiento ha supuesto un corrimiento de placas que ha hecho que el mercado se ajuste y se vuelva a un entorno de precios mucho más normal.
Han sido muchos los que han tenido que salir a la vez por un agujero más o menos pequeño, pero en el fondo no se ha roto nada: todo sigue más o menos igual que hace unos meses, menos los precios que se han movido fundamentalmente por los flujos de capital.
Llegados a este punto, no hay razones para pensar que las cosas se tengan que poner peor, todo lo contrario. Después de la corrección de los últimos meses, cualquier noticia positiva en clave geopolítica puede ser muy bien recogida por el mercado.
Los agoreros se quedarán una vez más colgados de la brocha, pero, descuiden, no tardaran en volver a la carga y, lo que es peor, muchos de ustedes a hacerles caso.
RSS de noticias de economia

