Aunque Víktor Orbán ha pasado a ser un mero mal recuerdo, la sombra del ex primer ministro húngaro bloqueando las sanciones contra Rusia o la aprobación del vital préstamo europeo para Ucrania sigue siendo larga. Además, aunque Orbán se convirtió en el máximo exponente de los vetos “obstruccionistas”, no es el único que ha impedido acuerdos políticos cruciales en el bloque europeo, algo peligroso en un espacio geopolítico internacional cada vez más convulso e impredecible.
Los ministros de Exteriores de 11 Estados miembros proponen un acuerdo para aprobar algunas decisiones clave por mayoría cualificada, en lugar de por unanimidad
Aunque Víktor Orbán ha pasado a ser un mero mal recuerdo, la sombra del ex primer ministro húngaro bloqueando las sanciones contra Rusia o la aprobación del vital préstamo europeo para Ucrania sigue siendo larga. Además, aunque Orbán se convirtió en el máximo exponente de los vetos “obstruccionistas”, no es el único que ha impedido acuerdos políticos cruciales en el bloque europeo, algo peligroso en un espacio geopolítico internacional cada vez más convulso e impredecible.
De ahí que un grupo de países, liderados por Alemania y entre los que se cuenta España, hayan decidido volver a impulsar un debate para evitar que la política exterior común, donde las decisiones se toman por unanimidad, se vea torpedeada por bloqueos que, advierten las 11 capitales, dañan la voz y legitimidad de la Unión Europea.
“Dado el actual contexto geopolítico, marcado por la competencia estratégica, la creciente inestabilidad y los intentos de socavar el orden internacional basado en normas, es cada vez más importante que la UE pueda defender de manera eficaz sus valores e intereses”, afirma la carta conjunta emitida de cara a la reunión informal de ministros de Exteriores que se celebra este martes y miércoles en Irlanda. Y en este entorno tan voluble, “la capacidad de la Unión de defender sus valores e intereses depende de si puede movilizar su peso político, económico y diplomático de forma rápida y eficiente”, subrayan los 11 jefes de la diplomacia de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Rumanía y Suecia en la misiva.
Fechada el lunes, la carta va dirigida a la alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, así como a los ministros de Exteriores de los demás miembros del bloque comunitario, que llegan este mismo martes al condado irlandés de Wicklow para su cita semestral informal, conocida popularmente como Gymnich.
El debate sobre la necesidad de pasar de la requerida unanimidad a una mayoría cualificada —con el apoyo de al menos el 55 % de los Estados miembros (es decir, 15 de los 27 países) que sumen al menos el 65 % de la población total de la UE— en política exterior no es nuevo. Pero ha tomado fuerza con las perspectivas de ampliación de la UE, que dificultarían un consenso ya de por sí a menudo casi imposible con 27 países con intereses a veces tan divergentes, como sucede en todo lo relacionado con sancionar a Israel por el conflicto con Gaza o la violencia de los colonos radicales en Cisjordania.
El bloqueo constante de Hungría hasta la llegada de Peter Magyar al gobierno la pasada primavera a cualquier sanción contra Rusia o medidas a favor de Ucrania también agudizaron este debate que países como España llevan años promoviendo y al que también aludió esta primavera la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “La transición a la votación por mayoría cualificada en política exterior es una forma importante de evitar bloqueos sistemáticos, como los que hemos visto en el pasado, y debemos aprovechar este impulso para avanzar en este tema”, señaló la jefa del Ejecutivo europeo.
Pero acabar con la unanimidad, que concede el mismo peso a todos los países independientemente de su tamaño, es un tema espinoso para los socios europeos más pequeños y medianos, como Chipre o Malta o los Bálticos, que temen perder su voz y control en materia de política exterior. Requeriría además abrir los tratados, algo que espanta también a muchas capitales.
La vía que proponen ahora los 11 ministros signatarios es una de compromiso. En la carta enviada de cara a la cita irlandesa, y que ha podido consultar este diario, se propone un “enfoque común para mejorar la toma de decisiones” en política exterior y de seguridad común (PESC) que consta de cinco principios: mientras instan a Kallas a “explorar las opciones previstas en los tratados para mejorar la toma de decisiones”, consideran que se pueden dar ya otros pasos que mejoren la situación y faciliten la toma de decisiones sin cambiar el statu quo.
Para empezar, apelan a que los Estados miembros apliquen el “espíritu de cooperación sincera” o leal y de “solidaridad mutua” previstos en los tratados para lograr alcanzar posiciones comunes en política exterior.
En el mismo sentido, piden un compromiso para realizar un uso creciente de las “abstenciones constructivas” -o silencio administrativo— que permiten que un país no obstaculice una decisión que no se ve capaz de apoyar activamente, como sucedió también con Orbán cuando, en diciembre de 2023, se ausentó temporalmente de la sala donde los demás líderes europeos dieron su visto bueno a que Ucrania iniciara las negociaciones para su adhesión a la UE.
Los 11 ministros también piden a sus colegas europeos un compromiso para “abstenerse de vincular de forma obstruccionista” una decisión de política exterior o seguridad común (PESC) a cuestiones que “no guarden relación sustancial alguna” con el tema a decidir. Y finalmente, recuerdan que si se llega a tomar una decisión por mayoría cualificada, los Estados siempre podrán manifestar su oposición por “por razones fundamentales y declaradas de política nacional”, como prevén los tratados. Pero subrayan que deberán exponer sus motivos para ello “de forma exhaustiva” de manera que se pueda buscar una “solución aceptable” para todos los socios comunitarios.
Y es que, subrayan en la carta los 11 países, “aunque nuestro objetivo sigue siendo lograr la mayor unidad posible entre todos los Estados miembros, nos conviene no permitir que nos quedemos estancados cuando no podamos alcanzar un consenso”.
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