Varios alumnos de un instituto en el norte de Países Bajos, incluidos estudiantes catalanes de intercambio, fueron amenazados, humillados y grabados por desconocidos en dos incidentes en los que los menores fueron obligados a arrodillarse y pedir perdón bajo la supuesta amenaza de un arma de fuego.
Entre las víctimas hay un estudiante de un instituto de Barcelona
Varios alumnos de un instituto en el norte de Países Bajos, incluidos estudiantes catalanes de intercambio, fueron amenazados, humillados y grabados por desconocidos en dos incidentes en los que los menores fueron obligados a arrodillarse y pedir perdón bajo la supuesta amenaza de un arma de fuego.
En una carta enviada a los padres y tutores por el centro, el instituto Harens Lyceum, que obra en poder de la cadena local RTV Noord, se explica que los hechos han causado una “gran conmoción”, y que fueron dos episodios “graves y similares” ocurridos en distintos puntos del municipio de Haren. El primero, tuvo lugar en las inmediaciones de la estación de tren de Haren. El padre de acogida de uno de los alumnos afectados, un chico de 14 años procedente de Barcelona, para el que era su primer día de clase, ha declarado a la prensa local que este se dirigía junto con otros cuatro a una jornada deportiva. “Les adelantó a gran velocidad un chico con una fatbike [una bici de ruedas anchas muy popular entre los jóvenes neerlandeses], pasando muy cerca de ellos”. Los alumnos españoles le hicieron algún comentario y, según este padre, “entonces, la persona en cuestión se levantó la chaqueta y mostró un arma, que más tarde resultó ser posiblemente falsa”. A continuación,obligó a los estudiantes a arrodillarse y pedir perdón mientras grababa la escena en su móvil.
Los escolares denunciaron inmediatamente los hechos a los profesores del instituto, y sus responsables se pusieron en contacto con la policía, que les tomó declaración. Este periódico ha intentado recabar la versión del Harens Lyceum, sin que haya habido obtenido respuesta por el momento.
Haren tiene unos 18.500 habitantes, y horas más tarde se produjo un segundo incidente cerca de un supermercado del centro. Aquí, un grupo de estudiantes neerlandeses y catalanes fue amenazados -esta vez por varios individuos- que también les obligaron a arrodillarse y a pedir perdón bajo la supuesta amenaza de un arma. De nuevo, todo fue grabado y la policía volvió a ser alertada. Si bien ambos casos ocurrieron fuera del recinto escolar, el responsable del intercambio estudiantil en Harens Lyecum, Hans Warris, ha asegurado a los medios neerlandeses que los alumnos se encuentran bien a pesar de las circunstancias. “Hoy es un grupo de nuestros estudiantes, pero podría haber sido cualquier otra persona”, ha señalado.
Por la noche, se produjo un tercer asalto en la estación de ferrocarril: bajo la amenaza de un martillo, le robaron una fatbike a un menor. Hay un sospechoso detenido, otro menor de edad, y la policía investiga si los tres momentos pudieran estar relacionados.
La familia de acogida del escolar catalán ha explicado que el menor se encuentra bien y que ya se ha informado a sus padres en España. La madre neerlandesa también ha dicho que su hijo “ha estado una semana paseando por Barcelona, y allí no ha pasado nada”, en relación con el intercambio. El instituto ha indicado que ha mantenido contacto con los responsables del grupo español, quienes a su vez han informado a las familias de los menores en Cataluña. Además, el centro coopera con la policía para prevenir nuevos incidentes, aunque ha confirmado que las actividades del programa de intercambio siguen adelante según lo previsto.
De todos modos, en su comunicación a las familias, el Harens Lyceum ha recomendado a los alumnos no desplazarse solos y hacerlo mejor en grupos de varias personas entre las distintas actividades. Según la policía neerlandesa, estos hechos coinciden con la creciente difusión en redes sociales de los llamados “vídeos de humillación”, en los que jóvenes son forzados bajo amenazas a arrodillarse y pedir disculpas, a veces con agresiones físicas. Los agentes consideran que se trata de un fenómeno “preocupante y terrible”, porque las imágenes acaban en las redes sociales y por el impacto que tiene en las víctimas. En el caso de los estudiantes acosados, no se sabe aún si las grabaciones denunciadas responden a ese patrón.
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