
Tiene el pico oscuro y, alrededor de los ojos, una mancha que parece un antifaz. Apenas supera los 40 centímetros de longitud. Y su plumaje de color parduzco, con múltiples motitas blancas, le hace inconfundible. La cerceta pardilla es el pato más amenazado de Europa y una de las nueve especies en estado crítico de extinción en España. Por eso el equipo que cuida de la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, celebra que este año haya criado por primera vez en el interior del humedal salado, el mayor de sus características en Andalucía. La extraordinaria cantidad de lluvia acumulada esta temporada le ha dado una gran oportunidad, igual que otras aves acuáticas tan singulares como el calamón o el pato cuchara. También los reyes de la casa, los flamencos, que rondan las cifras récord del año pasado cuando hubo casi 34.000 parejas.



El cuarto año más lluvioso en esta reserva natural desde que hay registros multiplica el número de aves acuáticas y aumenta un 20% el número de especies reproductoras, como la cerceta pardilla, en peligro de extinción
Tiene el pico oscuro y, alrededor de los ojos, una mancha que parece un antifaz. Apenas supera los 40 centímetros de longitud. Y su plumaje de color parduzco, con múltiples motitas blancas, le hace inconfundible. La cerceta pardilla es el pato más amenazado de Europa y una de las nueve especies en estado crítico de extinción en España. Por eso el equipo que cuida de la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, celebra que este año haya criado por primera vez en el interior del humedal salado, el mayor de sus características en Andalucía. La extraordinaria cantidad de lluvia acumulada esta temporada le ha dado una gran oportunidad, igual que otras aves acuáticas tan singulares como el calamón o el pato cuchara. También los reyes de la casa, los flamencos, que rondan las cifras récord del año pasado cuando hubo casi 34.000 parejas.
“A estas alturas del verano es raro ver tanta agua”, cuenta África Lupión, bióloga y desde hace cinco años directora de la reserva natural Laguna Fuente de Piedra. Es un espacio de 6,5 kilómetros de largo y 2,5 de ancho con una cuenca de 155 kilómetros cuadrados repartidos en cuatro municipios. Durante 2026 ha registrado hasta 663 litros por metro cuadrado en forma de precipitaciones, la cuarta cifra más alta de los últimos 50 años —la media es de 430)— tras 2010, 1997 y 1993, que superaron los 700 litros. Es lo que ha permitido que el nivel máximo de profundidad aún tenga 60 centímetros y en primavera alcances los 101 centímetros, el doble de su media. Ello ha transformado el humedal, donde se han registrado 23 especies en proceso de reproducción, un 20% más que la media —19— que puede crecer si el chorlitejo patinegro avistado se decide a nidificar. La situación contrasta radicalmente con hace apenas tres años, cuando aquí había solo una amplia extensión de tierra cubierta de sal sin una gota de agua. Un lustro de sequía continuada castigaba con dureza al espacio natural y ni una sola pareja de flamencos anidó en la zona.
A finales de junio, Lupión, con un telescopio junto a su asiento y unos prismáticos colgados en el cuello, mira a su alrededor con la ilusión del primer día mientras recorre los caminos interiores de la zona restringida con el personal técnico de la reserva. Tiene la vista entrenada. De repente ve una gallineta —con una llamativa mancha roja entre el pico y la frente— que desaparece a toda velocidad entre los juncos. Es la especie de rálido más abundante de Europa, justo al contrario que el siguiente avistamiento: una cerceta pardilla que descansa sobre una piedra rodeada de agua. “Ya teníamos parejas reproductoras desde hace años en el entorno, en los canales dulces, pero ahora tenemos dos que han criado en el interior de la laguna. Y eso es importantísimo”, subraya la especialista, consciente del riesgo de extinción de esta especie. Los esfuerzos públicos por impulsar su población han conllevado la suelta de hasta 3.700 ejemplares criados en cautividad por zonas de Andalucía y Levante desde 2021. En 2025 había apenas 172 parejas reproductoras en todo el país, según los datos de Ministerio para la Transición Ecológica. Saber que hay dos dentro del humedal y varias fuera es un premio para quienes trabajan en su conservación.

Una de las grandes claves para que ello haya sucedido se debe —según explica Lupión— a la disminución de su salinidad por la cantidad de agua caída en invierno. Las precipitaciones han aumentado el caudal dulce y, por tanto, han permitido una mayor variedad de microorganismos y algas con las que se alimentan. Por eso se han visto más ejemplares de malvasía cabeciblanca o pato cuchara. Se avista con frecuencia la focha común, de plumaje negro y pico blanco: “No es frecuente verla por el agua salada y habitualmente no cría ahí, pero este año sí”, celebra la conservadora de la reserva natural. Poco después cruza volando un pato colorado, un ánade azulón —el más frecuente de su especie en suelo europeo— pasea por el camino de tierra junto a sus crías y una cigüeñuela vuela en círculos quejándose de la intrusión de los humanos en su hogar. Una enorme garza abre sus alas tras un taraje. Y, entre el fango, una solitaria avoceta rebusca alimento con su estilizado pico curvo: ha sido un mal año para su especie y otras limícolas porque con tanta agua las orillas donde se alimentan han desaparecido durante primavera.

Hacia el récord de flamencos
En el ambiente —con la lámina de agua rodeada de plantaciones de cereales e infinitos olivares— flota constantemente un sonido similar a unas risas. Es precisamente el origen del nombre de la gaviota reidora, cuyas plumas de blanco impoluto contrastan con el capuchón de color marrón chocolate que cubre su cara. Habitual en Centroeuropa pero escasa en el sur del continente, Fuente de Piedra acoge una de las colonias más relevantes y este año se han registrado centenares de crías, igual que de la pagaza piconera. Eso sí, quien realmente manda aquí es el flamenco rosado, visitante más esperado, emblemático y, también, más numeroso del lugar. Se calcula que la cifra de parejas rondará las 33.900 que se registraron el año pasado, el récord histórico del humedal, que criaron 22.700 pollos. El dato de 2026 no se hará oficial hasta el tradicional anillamiento de crías de este verano, pero el equipo de conservación ya lo celebra como uno de los mejores para esta ave de movimientos tan elegantes como hipnóticos.

Las lluvias han cambiado, eso sí, sus hábitos. Hay zonas donde solían poner sus nidos que han quedado sumergidas, como la antigua explotación salinera. También lo ha hecho en la isla de San Luis, con unos 50 metros de diámetro, donde apenas 200 ejemplares han conseguido criar ya a finales de primavera. A cambio, miles de flamencos —también la única pareja de flamenco enano que hay este año— han puesto sus huevos en los canchones, al suroeste, zona natural de aspecto dunar que esta temporada se ha convertido en isla por las abundantes precipitaciones. “Hay años que allí no cría casi ninguno y esta vez han sido muchísimos”, apunta Lupión antes de señalar con su telescopio una lejana mancha marrón. Parece un montón de tierra pero con la lente del aparato se observa el movimiento de cientos de aves de plumaje marrón. Son pollos de flamencos, que permanecen juntas en las denominadas guarderías mientras sus padres se desplazan en busca de alimento a otros humedales de Andalucía: ya sean las cercanas de Campillos (Málaga) a las lejanas marismas del Odiel (Huelva) a más de 200 kilómetros, trayecto que pueden realizar en el mismo día. El objetivo es conseguir el mejor alimento para que sus crías crezcan rápido y, en cuanto se seque la laguna arranquen su primer gran vuelo. Este año se prevé que el agua se termine de evaporar a finales de agosto o septiembre, fecha tardía convertida en habitual para este paraíso de las aves.

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