Armenia quiere llamar oficialmente a la puerta de la Unión Europea. Nikol Pashinián ha anunciado este lunes en el Parlamento que su Gobierno comenzará próximamente el proceso para presentar una solicitud formal de adhesión, un paso que Ereván había evitado hasta ahora mientras intentaba acercarse a Bruselas sin romper con Moscú.
El distanciamiento con Moscú abre interrogantes sobre las consecuencias económicas y políticas de abandonar progresivamente su órbita
Armenia quiere llamar oficialmente a la puerta de la Unión Europea. Nikol Pashinián ha anunciado este lunes en el Parlamento que su Gobierno comenzará próximamente el proceso para presentar una solicitud formal de adhesión, un paso que Ereván había evitado hasta ahora mientras intentaba acercarse a Bruselas sin romper con Moscú.
Armenia sigue siendo miembro de la Unión Económica Euroasiática, un bloque de integración económica liderado por Rusia y comparable, en algunos aspectos, a la Unión Europea, y mantiene una fuerte dependencia de Moscú en ámbitos como el comercio, la energía, las transferencias de sus trabajadores emigrados y el turismo. Durante los últimos años, el Gobierno de Pashinián había optado por estrechar sus relaciones con Europa sin llegar a plantear formalmente la entrada en la UE.
El movimiento, sin embargo, no parte de cero. Armenia lleva más de dos años acercándose rápidamente a Bruselas. El Acuerdo de Asociación Global y Reforzado, CEPA, en vigor desde 2021, ya obliga al país a aproximar parte de su legislación y sus estándares a los europeos.
La relación con Europa se hizo especialmente visible durante la campaña electoral de junio. La UE denunció entonces una presión rusa “sin precedentes”, que incluyó restricciones comerciales y ataques híbridos. Cuando Moscú dificultó la entrada de flores, frutas, bebidas alcohólicas y otros productos armenios, Bruselas respondió con un paquete de apoyo superior a 50 millones de euros.
Presentar la solicitud abre, sin embargo, un proceso mucho más complejo. La Comisión Europea deberá evaluarla y los 27 Estados miembros tendrán que decidir por unanimidad si conceden a Armenia el estatus de candidato. Incluso en ese caso, la adhesión podría tardar años. Georgia obtuvo ese estatus en 2023, pero su proceso quedó prácticamente congelado después de que Bruselas denunciara un retroceso democrático.
Moscú ha reaccionado pocas horas después de las palabras de Pashinián. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha advertido que Armenia tendrá que adaptar sus normas comerciales, aduaneras y fitosanitarias a las de la UE, incompatibles en varios ámbitos con las reglas de la Unión Económica Euroasiática. “Ahí encontraremos profundas contradicciones”, ha señalado Peskov, que ha sostenido que el principal perjudicado sería el propio país.
Peskov no ha sido el primero en plantear esa incompatibilidad. En mayo, Putin y otros líderes de la Unión Euroasiática pidieron a Armenia que celebrara un referéndum para elegir entre ambos bloques. Putin recordó entonces que “así empezó la crisis en Ucrania”, en referencia al acercamiento de Kiev a Europa.
Pashinián, sin embargo, considera prematuro celebrar esa votación. Su argumento es que Armenia debe primero presentar la solicitud, conocer la respuesta de Bruselas y saber qué reformas, plazos y condiciones tendría por delante antes de pedir a la población que tome una decisión definitiva.
El principal problema para Ereván sigue siendo la fuerte dependencia económica y energética de Rusia. El analista Benjamin Poghosyan indica que Moscú apenas ha utilizado una parte de las herramientas que tiene a su disposición. Entre ellas cita posibles restricciones a los trabajadores armenios en Rusia, que constituyen una fuente esencial de ingresos para miles de familias y para la economía del país, a las transferencias de dinero, a los vuelos directos o al suministro de gas. Las remesas procedentes de Rusia rondaron el año pasado los 3.300 millones de euros y cerca del 40% de los turistas que llegaron a Armenia eran rusos. Esta dependencia limita el margen de maniobra de Ereván y convierte cualquier acercamiento a la UE en una decisión con importantes costes y riesgos económicos.
Por ahora, presentar la solicitud no obliga a Armenia a abandonar inmediatamente la Unión Económica Euroasiática, pero sería ingenuo tratarlo como un trámite sin consecuencias. Si Ereván avanza, tendrá que afrontar la posibilidad de represalias por parte del Kremlin. Pashinián insiste en que Armenia busca alternativas y no una ruptura inmediata, pero la decisión puede colocar al país ante una elección cada vez más peligrosa: mantener su dependencia de Rusia o desafiarla sin contar todavía con la protección total de la Unión Europea.
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