
Cuando Carmen Grau recuerda el 11 de marzo de 2011 en Japón —el día del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear de Fukushima, uno de los mayores desastres de la historia reciente—, no habla primero de la catástrofe. Habla de sí misma. De lo que hizo mal. De lo que no supo hacer. De cómo, en medio del caos, los japoneses que tenía alrededor le indicaban qué hacer, por dónde ir, qué evitar. “Ahí me di cuenta de lo poco preparada que estaba”, resume. Aquella experiencia —el llamado “triple desastre”— no solo la marcó como investigadora. Le reveló algo más incómodo: que no se trataba de un problema individual.
La investigadora en Tokio alerta de que España sigue sin aprender de las catástrofes y señala a la escuela como el gran vacío de la cultura preventiva 
Cuando Carmen Grau recuerda el 11 de marzo de 2011 en Japón —el día del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear de Fukushima, uno de los mayores desastres de la historia reciente—, no habla primero de la catástrofe. Habla de sí misma. De lo que hizo mal. De lo que no supo hacer. De cómo, en medio del caos, los japoneses que tenía alrededor le indicaban qué hacer, por dónde ir, qué evitar. “Ahí me di cuenta de lo poco preparada que estaba”, resume. Aquella experiencia —el llamado “triple desastre”— no solo la marcó como investigadora. Le reveló algo más incómodo: que no se trataba de un problema individual.
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