
“¡Por fin, ya se acaba!”. Es una de las expresiones más escuchadas estos últimos días en las escuelas, no solo entre los profesores, sino también por las familias. Este viernes se cierra el curso escolar más conflictivo que se recuerda, por la magnitud, seguimiento y continuidad en el tiempo de la protesta (seis huelgas generales desde febrero y unas 25 manifestaciones masivas en este curso). Y con la inquietud de lo que pasará en septiembre. A pesar de los dos acuerdos firmados por el Departamento de Educación con los sindicatos, no se ha logrado cerrar el conflicto y tanto el Govern como el sindicato mayoritario, Ustec, buscan ahora la fórmula que aplaque los ánimos del colectivo. Tras el fracaso de los dos pactos -que no han acabado con las protestas-, Educación busca ahora restringir las negociaciones con los sindicatos a temas estrictamente laborales y abrir un diálogo más fluido con direcciones, profesores y familias con pequeñas reuniones territoriales. “Sabemos que hay un malestar que no se agota en las mesas de negociación laboral y que estas no son suficientes”, aseguró la consejera de Educación, Esther Niubó, el miércoles en el Parlament.

El Departamento de Educación iniciará una ronda de reuniones con profesorado y familias para conocer sus peticiones, y separar las reivindicaciones laborales de las educativas
“¡Por fin, ya se acaba!”. Es una de las expresiones más escuchadas estos últimos días en las escuelas, no solo entre los profesores, sino también por las familias. Este viernes se cierra el curso escolar más conflictivo que se recuerda, por la magnitud, seguimiento y continuidad en el tiempo de la protesta (seis huelgas generales desde febrero y unas 25 manifestaciones masivas en este curso). Y con la inquietud de lo que pasará en septiembre. A pesar de los dos acuerdos firmados por el Departamento de Educación con los sindicatos, no se ha logrado cerrar el conflicto y tanto el Govern como el sindicato mayoritario, Ustec, buscan ahora la fórmula que aplaque los ánimos del colectivo. Tras el fracaso de los dos pactos -que no han acabado con las protestas-, Educación busca ahora restringir las negociaciones con los sindicatos a temas estrictamente laborales y abrir un diálogo más fluido con direcciones, profesores y familias con pequeñas reuniones territoriales. “Sabemos que hay un malestar que no se agota en las mesas de negociación laboral y que estas no son suficientes”, aseguró la consejera de Educación, Esther Niubó, el miércoles en el Parlament.
El Departamento cerró en marzo y mayo dos acuerdos con tres sindicatos, que incluyen mejoras como el aumento salarial de 400 euros mensuales en cuatro años para los profesores y la incorporación de 6.400 trabajadores de diferente perfil en ese mismo periodo. El rechazo a estos acuerdos por parte de los profesores, que lo consideran insuficiente, ha puesto en evidencia que el conflicto no se solucionará en la mesa sectorial de negociación y desde entonces ya se han oído voces de partidos y de la comunidad educativa pidiendo un pacto educativo más global, que implique a todos los actores.

Educación ha cogido el guante y ha anunciado el inicio de unos encuentros con direcciones, docentes y familias, que se harán de forma territorial y empezarán “de forma inmediata” y se alargarán “como mínimo” durante todo lo que queda de año. “Será un debate público para compartir una reflexión profunda sobre el sistema educativo y ordenar el malestar, un debate que sea amplio y constructivo porque el sistema necesita escucha y confianza”, aseguró Niubó. Desde Educación añaden que el objetivo de estos encuentros es “escuchar las demandas específicas de la comunidad educativa, por tal de canalizarlas a través de la gestión del Departamento” y confirman que la idea es separar los debates y las negociaciones de carácter laboral de las de modelo educativo.
Las expertas consultadas coinciden en la necesidad de separar estos dos ámbitos y apoyan la necesidad de repensar el modelo. “Tenemos un sistema pensado para un tipo de sociedad y de alumnado que ya no existe, así que las políticas que se hacen son parches. Es necesario repensar el sistema y ver cómo se asignan los recursos. La respuesta a través de programas temporales y sin continuidad es un fracaso y crea frustración entre el profesorado. Necesitamos programas sólidos y una financiación no lineal, sino según las necesidades de cada centro”, defiende Mònica Nadal, directora del área de investigación de Equitat.org (la antigua Fundación Bofill).
Desde las familias, también aplauden que el debate vaya más allá de las mesas sectoriales. “Se han puesto unas expectativas sociales a los sindicatos cuando a lo mejor no les tocaba negociar soluciones estructurales del sistema, porque ellos son una pequeña parte de la comunidad educativa”, tercia Lidón Gasull, directora de la Affac, que agrupa las AFA de las escuelas públicas. Para Gasull, este nuevo canal “tiene que ser un espacio nuevo, porque los actuales no funcionan, y con un encargo concreto: poner sobre la mesa medidas estructurales, hablar de criterios y calendario, y vincularlo a presupuesto”.
De entre todas las medidas, el foco está puesto en el modelo de escuela inclusiva, que se ha demostrado que no han funcionado a la hora de aplicarlo. De hecho, el propio consejero de Presidencia, Albert Dalmau, apostó hace unos días por “abrir una reflexión” sobre ella. “Tenemos que ver los límites de la educación inclusiva y ver si hay que abrir más plazas en centros de educación especial”, apostó. De hecho, Dalmau se mostró reacio a la medida de reducir plazas en estos centros: “Así hemos llegado a la situación que tenemos, con maestros saliendo a la calle”, en referencia a las demandas de más recursos para atender a todos los alumnos con trastornos que se concentran ahora en las aulas ordinarias. Esta posición no es compartida por la comunidad educativa, que apuesta por un aumento de plantilla. “La inclusión hay que hacerla bien, con cursos. Las cosas no se hacen solo porque las decretes”, espeta Nadal.

Las voces consultadas también coinciden en otras prioridades, empezando por una muy básica: “Necesitamos estabilidad y recursos, llegar al 6% de inversión del PIB en educación, como marca la ley”, recuerda Montse Jiménez, experta en transformación educativa y directora pedagógica de la escuela Vedruna de Palafrugell. Jiménez también trabajar por mejorar el bienestar a alumnos y profesores, tener en cuenta todo el sistema educativo -pública y concertada- y replantear el perfil de educador. “Hay que rediseñar el plan de formación y carrera docente, nos tenemos que plantear quién entra en las aulas y quién necesitamos que entre”.
Desde la fundación Equitat.org también piden el acceso universal a las guarderías o unas ayudas a las familias con hijos para paliar la lacra de la pobreza infantil, que afecta a un tercio de las criaturas. Las familias también tienen su lista de peticiones: la codocencia en todas las aulas (que haya dos maestros en cada clase), la climatización de los centros, comedores escolares universales y gratuitos, una educación gratuita de verdad (sin cuotas) y una planificación escolar que evite cierres de líneas públicas.
Ante este nuevo canal de diálogo anunciado por el Govern, todas las partes consultadas coinciden en reclamar que no se repita el análisis y la reflexión, que ya hicieron hace unos años el comité de expertos para la mejora educativa o la OCDE, con un informe entregado a Educación y pendiente de publicar. “La diagnosis ya está hecha, lo que tenemos que hacer ahora es una lista de propuestas, especificando por cuántos centros se empieza, a cuántos años vista y con cuánto dinero contamos”, reclama Gasull. “Ya sabemos cuáles son las deficiencias del sistema, este nuevo canal no puede ser un chute de pelota adelante porque si no parece que estamos a punto de hacer cambios, pero lo fiamos a un tiempo posterior, y eso crea frustración”, añade Nadal. Jiménez añade que es necesario huir de las “soluciones puntuales” para “escuchar el latido de las escuelas”, aunque admite que las tareas pendientes son ingentes y los gobiernos se pueden ver desbordaos. Por ello, pregunta: “Quién será capaz de arremangarse?”.
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