¿Qué ha llevado a que el conductor de un minibús lleno de menores de edad atravesara un paso a nivel pese a que las barreras estaban bajadas y los semáforos en rojo, señales inequívocas de que un tren se acercaba? Intentar entender esta decisión es la prioridad de las autoridades belgas que investigan las causas del choque entre el vehículo y un tren regional a primera hora del martes en la localidad de Buggenhout (en Flandes, 30 kilómetros al norte de Bruselas), que ha dejado cuatro muertos y cinco heridos graves, todos pasajeros del transporte escolar.
El accidente, que también ha dejado cinco menores heridos graves, se ha producido en un paso a nivel de Buggenhout, al norte de Bruselas. Dos de las víctimas son adolescentes
¿Qué ha llevado a que el conductor de un minibús lleno de menores de edad atravesara un paso a nivel pese a que las barreras estaban bajadas y los semáforos en rojo, señales inequívocas de que un tren se acercaba? Intentar entender esta decisión es la prioridad de las autoridades belgas que investigan las causas del choque entre el vehículo y un tren regional a primera hora del martes en la localidad de Buggenhout (en Flandes, 30 kilómetros al norte de Bruselas), que ha dejado cuatro muertos y cinco heridos graves, todos pasajeros del transporte escolar.
Según han confirmado las autoridades belgas, los fallecidos son los dos adultos que viajaban en el minibús: el conductor, de 49 años, y un acompañante de 27, así como dos de los menores, de 12 y 15 años. Los otros cinco pasajeros del vehículo escolar, todos alumnos de una escuela de secundaria de educación especial cercana al lugar del siniestro, también han resultado heridos y permanecen hospitalizados. Dos de ellos están en estado grave, aunque estables.
Ninguno de los casi 100 pasajeros que iban en el tren han resultado heridos. Y quienes no han requerido apoyo psicológico, han sido trasladados a otra ciudad para continuar su viaje, dado que el tráfico en el trayecto siniestrado ha quedado suspendido hasta nueva orden.

Tanto las autoridades nacionales belgas como los máximos representantes de las instituciones europeas, asentadas en Bruselas, han manifestado su consternación y tristeza por un siniestro del que por el momento se desconocen casi todos los detalles, más allá de la lista de víctimas.
“[Estoy] profundamente conmovido por el horrible accidente en Buggenhout. Mis pensamientos están con las familias afectadas”, ha escrito en la red social X (antes Twitter) el primer ministro belga, Bart de Wever. “Hoy, Europa llora con Bélgica”, ha escrito, por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y su par de la Eurocámara, Roberta Metsola, también manifestaron sus condolencias.
Se trata de uno de los peores accidentes en un paso a nivel en Bélgica de las últimas décadas, según ha subrayado a periodistas la empresa estatal encargada del mantenimiento de las vías ferroviarias, Infrabel. “Es un día negro”, ha lamentado.
Y eso que las cosas podrían haber sido aún mucho peores: cuando se produjo el impacto, el tren, que cubría el trayecto entre Brujas y Malinas, había reducido ya su velocidad media de 120 kilómetros por hora a 90, dado que se preparaba a hacer una parada en la estación de Buggehout, a apenas un kilómetro de distancia del lugar del siniestro. De hecho, el conductor del tren, que ha tenido que recibir ayuda psicológica, intentó activar el freno de emergencia cuando vio al autobús en medio de las vías. Ya era demasiado tarde.
Isidor, de 14 años, esperaba a primera hora de la mañana en la estación de Buggehout cuando oyó, a través de sus cascos, “un fuerte bum”. Primero creyó que era “parte de la canción” que escuchaba este adolescente que viste una camiseta de un grupo de heavy metal, pero poco después los altavoces de la estación anunciaron que se había producido un “incidente”. Al mirar hacia la vía, vio al tren detenido a varios centenares de metros de la estación. Un amigo que viajaba en el ferrocarril le contó después que habían chocado con un vehículo.
El impacto fue tan fuerte que el minibús fue arrastrado varias decenas de metros y quedó tumbado de lado, con visibles daños, casi incrustado en el jardín de una de las casas familiares que componen esta tranquila comuna flamenca de 15.000 habitantes. El choque también hizo que uno de los postes de la vía del tren quedara semiderruido.
Una grúa retiró el autocar siniestrado ocho horas después del accidente, que se produjo ocho minutos después de las ocho de la mañana de un martes caluroso para los estándares belgas. La visibilidad en la zona del siniestro era plena, otro de los grandes interrogantes de este accidente cuyas causas nadie se atreve aún a precisar, a la espera de las conclusiones de los investigadores, desplazados en masa a la zona: policía, bomberos y ambulancias, autoridades locales, expertos ferroviarios y la fiscalía federal, que ya ha abierto una investigación.
Lo que sí se sabe es que las señales funcionaban y la barrera estaba bajada. Así lo atestiguan las imágenes de la cámara situada en el paso a nivel, que han sido entregadas a los responsables de la investigación, confirmó ante las cámaras el ministro federal de Movilidad, Jean-Luc Crucke. “Tenemos imágenes que lo demuestran. Se llevarán a cabo unas comparecencias. Las imágenes también podrán cederse y la investigación seguirá su curso”, ha señalado en la emisora RTL.


Una de las dos barreras de paso mostraba daños, lo que apunta a que el autocar pudo haber chocado con ella cuando intentaba atravesar la vía. Si el conductor, que avanzaba por una carretera lateral hasta que decidió cruzar el paso, lo hizo por descuido o falta de concentración, porque no vio la barrera por algún motivo o por un problema de salud, es algo que la investigación deberá determinar.
Decenas de policías y expertos seguían en horas de la tarde revisando el lugar del siniestro y comprobando las medidas de seguridad. Pero a Sven, un vecino de Buggehout, no le extraña tanto el accidente. “Mucha gente, sobre todo bicicletas, cruza cuando está en rojo”, contaba apeado de su propia bicicleta. Con todo, señalaba apenado, no conseguía comprender cómo alguien que llevaba a menores a bordo decidió asumir ese riesgo. “Increíble. Es tan triste pensar que nosotros volveremos a casa esta noche y esos niños no”.
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