El petróleo de Venezuela ha vuelto: el Gobierno de Donald Trump ha eliminado las principales sanciones al sector energético del país sudamericano, que cuenta con las mayores reservas del mundo. Este viernes, el Departamento del Tesoro anunció la emisión de dos licencias que cambian por completo la relación del petróleo de Venezuela con el mundo: una de ellas permite a las grandes compañías energéticas globales –entre ellas, Repsol– a retomar sus operaciones con el crudo venezolano; la segunda abre la puerta a otras compañías a negociar nuevos contratos para entrar en ese sector.Las medidas, tomadas a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en sus siglas en inglés), supone el impacto más decisivo en la economía de Venezuela desde que Trump ejecutó la sorprendente captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Inmediatamente después, aseguró que desde ese momento él estaría al frente de Venezuela y que EE.UU. controlaría su gran activo, el petróleo.La decisión levanta buena parte del entramado de sanciones que ahogaba al sector petrolero venezolano, que arrancaron en el anterior mandato de Trump, en 2019. Pero ese sector, como ya avanzó Trump desde la operación militar que capturó al dictador venezolano, quedará bajo la tutela de EE.UU.Noticia Relacionada En plena tensión con Irán estandar No Trump envía el portaaviones Gerald R. Ford a Oriente Próximo ABC Se unirá al Abraham Lincoln, a varios destructores lanzamisiles, a aviones de combate y a aviones de vigilancia que han sido trasladados a la región en las últimas semanasLa consecuencia inmediata es que las compañías que operaban en Venezuela y que vieron sus actividades suspendidas por las sanciones de EE.UU. vuelven a tener licencia para operar en Venezuela. Las compañías afectadas son cinco grandes energéticas: Repsol, BP, Chevron, Eni y Shell. Una diferencia fundamental que impone la retirada de sanciones es que esas actividades estarán dominadas por EE.UU.; los pagos de esas compañías al Gobierno de Venezuela o con PDVSA –la petrolera nacional venezolana– irán a los Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros de EE.UU., donde también irán los impuestos estatales y los cánones que tengan que pagar a Venezuela. Además, los contratos entre las compañías extranjeras y Venezuela estarán gobernados por la legislación y la jurisdicción de EE.UU.Las nuevas licencias también establecen limitaciones: prohíben «cualquier transacción que implique a una persona localizada en Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o China».Situación en cifrasPor lo que respecta a los intereses españoles en la zona, hasta la fecha Repsol mantenía una exposición patrimonial de algo más de 330 millones de euros en la economía venezolana, según consta en sus últimos resultados trimestrales. Para la petrolera española, una de las cuestiones más apremiantes es resolver los aproximadamente 900 millones que le debe Caracas. De ellos, ha provisionado 536 millones y tiene pendientes de cobro otros 359 millones.Repsol, en estos momentos, participa con un 40% en la empresa mixta Petroquiriquire junto a la estatal PDVSA; además de poseer el 50% de Cardón IV, un negocio conjunto con el grupo italiano Eni dedicado a la producción y venta de gas en el Golfo de Venezuela.Negocio complicadoDurante 2024, la producción neta media de Repsol en Venezuela alcanzó los 67.000 barriles de petróleo al día, lo que representa un incremento respecto a los 62.000 registrados en 2023. El problema es que todo eso no ha podido salir del país desde la pasada primavera.La estrategia actual de la compañía, tal y como señaló el propio CEO de la petrolera en la reunión entre grandes compañías y Trump, pasa por multiplicar por tres la producción de Repsol en Venezuela en el marco de los próximos dos o tres años siempre que se den las «circunstancias necesarias». Esto supondría elevar la cifra a cerca de 140.00 barriles diarios.140.000 barriles Uno de los grandes compromisos de Repsol, si se daban las circunstancias, era triplicar su capacidad de producción en VenezuelaEl CEO de Repsol recordó a Trump durante su intervención que han invertido 21.000 millones de dólares en Estados Unidos desde 2008. «Estamos comprometidos con Venezuela y Estados Unidos». También ha señalado que están junto a la petrolera italiana Eni «produciendo el gas que garantiza la estabilidad de la mitad del suministro eléctrico en Venezuela»..Según consta en las cuentas de la compañía en el primer semestre del año, la actualización del perfil de riesgo de crédito de PDVSA ha tenido un impacto negativo de 80 millones de euros, y en el valor de las inversiones contabilizadas por el método de la participación sufrió un deterioro de 216 millones de euros. Una situación que habrá ido en aumento a lo largo del año por no poder traer el crudo.La estrategia de TrumpEl fin de las sanciones y la bienvenida a las compañías energéticas de dentro y fuera de EE.UU. forma parte de la estrategia central de Trump sobre Venezuela: estabilizar y resucitar el sector petrolero del país para, al mismo tiempo, ganar acceso a las mayores reservas de crudo del planeta y contribuir a una transición política desde el chavismo. Trump y su Gobierno, que han mostrado escepticismo con la capacidad de la oposición democrática de controlar Venezuela en estos momentos, cooperan con la sucesora chavista de Maduro, la actual presidenta Delcy Rodríguez.La emisión de estas licencias que reabren el petróleo venezolano al mundo se enmarcan dentro de los esfuerzos de Trump por animar al sector energético a invertir en el sector energético de Venezuela, dilapidado y anticuado por la mala gestión, la corrupción y las sanciones.El presidente de EE.UU. tiene el objetivo de que el sector privado invierta allí 100.000 millones de dólares, la cantidad que se considera necesaria para que Venezuela recupere su pico de producción petrolífera.La emisión de las nuevas licencias ha coincidido con la visita a Venezuela de uno de los responsables del control estadounidense del petróleo venezolanoTrump celebró el mes pasado una reunión con los principales ejecutivos de las grandes compañías del sector para animar esos esfuerzos, aunque algunos mostraron escepticismo. El consejero delegado de Exxon Mobil, Darren Woods, sostuvo entonces que, en estos momentos, es «imposible invertir» en el sector venezolano, después de décadas de expropiaciones, inseguridad jurídica e incertidumbre en el horizonte. Sin embargo, el propio Woods aseguró semanas después que su compañía está dispuesta a enviar a Venezuela un grupo de trabajo para evaluar el estado de la infraestructura petrolera y que confiaba en que la Administración Trump contribuyera a resolver los problemas estructurales del país.La emisión de las nuevas licencias ha coincidido con la visita a Venezuela de uno de los responsables del control estadounidense del petróleo venezolano: Chris Wright, el secretario de Energía de EE.UU., que inspeccionó instalaciones en la faja del Orinoco y mantuvo reuniones con Chevron, la única compañía que mantenía sus actividades gracias a una dispensa de EE.UU.Wright aseguró que las ventas de crudo venezolano habían alcanzado los mil millones de dólares en enero y que esperaba que se llegara a 5.000 millones «en los próximos meses». Reconoció las dudas de las compañías para invertir en Venezuela, pero aseguró que el país «está en el camino para que sea un lugar apto para la inversión».En la víspera, Trump defendió que las relaciones entre EE.UU. y Venezuela «son, por decirlo de una manera suave, extraordinarias», que «nos estamos entendiendo muy bien con la presidenta Delcy Rodríguez» y que «el petróleo está empezando a fluir y grandes cantidades de dinero, no vistas en muchos años, estarán ayudando pronto al pueblo de Venezuela». El petróleo de Venezuela ha vuelto: el Gobierno de Donald Trump ha eliminado las principales sanciones al sector energético del país sudamericano, que cuenta con las mayores reservas del mundo. Este viernes, el Departamento del Tesoro anunció la emisión de dos licencias que cambian por completo la relación del petróleo de Venezuela con el mundo: una de ellas permite a las grandes compañías energéticas globales –entre ellas, Repsol– a retomar sus operaciones con el crudo venezolano; la segunda abre la puerta a otras compañías a negociar nuevos contratos para entrar en ese sector.Las medidas, tomadas a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en sus siglas en inglés), supone el impacto más decisivo en la economía de Venezuela desde que Trump ejecutó la sorprendente captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Inmediatamente después, aseguró que desde ese momento él estaría al frente de Venezuela y que EE.UU. controlaría su gran activo, el petróleo.La decisión levanta buena parte del entramado de sanciones que ahogaba al sector petrolero venezolano, que arrancaron en el anterior mandato de Trump, en 2019. Pero ese sector, como ya avanzó Trump desde la operación militar que capturó al dictador venezolano, quedará bajo la tutela de EE.UU.Noticia Relacionada En plena tensión con Irán estandar No Trump envía el portaaviones Gerald R. Ford a Oriente Próximo ABC Se unirá al Abraham Lincoln, a varios destructores lanzamisiles, a aviones de combate y a aviones de vigilancia que han sido trasladados a la región en las últimas semanasLa consecuencia inmediata es que las compañías que operaban en Venezuela y que vieron sus actividades suspendidas por las sanciones de EE.UU. vuelven a tener licencia para operar en Venezuela. Las compañías afectadas son cinco grandes energéticas: Repsol, BP, Chevron, Eni y Shell. Una diferencia fundamental que impone la retirada de sanciones es que esas actividades estarán dominadas por EE.UU.; los pagos de esas compañías al Gobierno de Venezuela o con PDVSA –la petrolera nacional venezolana– irán a los Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros de EE.UU., donde también irán los impuestos estatales y los cánones que tengan que pagar a Venezuela. Además, los contratos entre las compañías extranjeras y Venezuela estarán gobernados por la legislación y la jurisdicción de EE.UU.Las nuevas licencias también establecen limitaciones: prohíben «cualquier transacción que implique a una persona localizada en Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o China».Situación en cifrasPor lo que respecta a los intereses españoles en la zona, hasta la fecha Repsol mantenía una exposición patrimonial de algo más de 330 millones de euros en la economía venezolana, según consta en sus últimos resultados trimestrales. Para la petrolera española, una de las cuestiones más apremiantes es resolver los aproximadamente 900 millones que le debe Caracas. De ellos, ha provisionado 536 millones y tiene pendientes de cobro otros 359 millones.Repsol, en estos momentos, participa con un 40% en la empresa mixta Petroquiriquire junto a la estatal PDVSA; además de poseer el 50% de Cardón IV, un negocio conjunto con el grupo italiano Eni dedicado a la producción y venta de gas en el Golfo de Venezuela.Negocio complicadoDurante 2024, la producción neta media de Repsol en Venezuela alcanzó los 67.000 barriles de petróleo al día, lo que representa un incremento respecto a los 62.000 registrados en 2023. El problema es que todo eso no ha podido salir del país desde la pasada primavera.La estrategia actual de la compañía, tal y como señaló el propio CEO de la petrolera en la reunión entre grandes compañías y Trump, pasa por multiplicar por tres la producción de Repsol en Venezuela en el marco de los próximos dos o tres años siempre que se den las «circunstancias necesarias». Esto supondría elevar la cifra a cerca de 140.00 barriles diarios.140.000 barriles Uno de los grandes compromisos de Repsol, si se daban las circunstancias, era triplicar su capacidad de producción en VenezuelaEl CEO de Repsol recordó a Trump durante su intervención que han invertido 21.000 millones de dólares en Estados Unidos desde 2008. «Estamos comprometidos con Venezuela y Estados Unidos». También ha señalado que están junto a la petrolera italiana Eni «produciendo el gas que garantiza la estabilidad de la mitad del suministro eléctrico en Venezuela»..Según consta en las cuentas de la compañía en el primer semestre del año, la actualización del perfil de riesgo de crédito de PDVSA ha tenido un impacto negativo de 80 millones de euros, y en el valor de las inversiones contabilizadas por el método de la participación sufrió un deterioro de 216 millones de euros. Una situación que habrá ido en aumento a lo largo del año por no poder traer el crudo.La estrategia de TrumpEl fin de las sanciones y la bienvenida a las compañías energéticas de dentro y fuera de EE.UU. forma parte de la estrategia central de Trump sobre Venezuela: estabilizar y resucitar el sector petrolero del país para, al mismo tiempo, ganar acceso a las mayores reservas de crudo del planeta y contribuir a una transición política desde el chavismo. Trump y su Gobierno, que han mostrado escepticismo con la capacidad de la oposición democrática de controlar Venezuela en estos momentos, cooperan con la sucesora chavista de Maduro, la actual presidenta Delcy Rodríguez.La emisión de estas licencias que reabren el petróleo venezolano al mundo se enmarcan dentro de los esfuerzos de Trump por animar al sector energético a invertir en el sector energético de Venezuela, dilapidado y anticuado por la mala gestión, la corrupción y las sanciones.El presidente de EE.UU. tiene el objetivo de que el sector privado invierta allí 100.000 millones de dólares, la cantidad que se considera necesaria para que Venezuela recupere su pico de producción petrolífera.La emisión de las nuevas licencias ha coincidido con la visita a Venezuela de uno de los responsables del control estadounidense del petróleo venezolanoTrump celebró el mes pasado una reunión con los principales ejecutivos de las grandes compañías del sector para animar esos esfuerzos, aunque algunos mostraron escepticismo. El consejero delegado de Exxon Mobil, Darren Woods, sostuvo entonces que, en estos momentos, es «imposible invertir» en el sector venezolano, después de décadas de expropiaciones, inseguridad jurídica e incertidumbre en el horizonte. Sin embargo, el propio Woods aseguró semanas después que su compañía está dispuesta a enviar a Venezuela un grupo de trabajo para evaluar el estado de la infraestructura petrolera y que confiaba en que la Administración Trump contribuyera a resolver los problemas estructurales del país.La emisión de las nuevas licencias ha coincidido con la visita a Venezuela de uno de los responsables del control estadounidense del petróleo venezolano: Chris Wright, el secretario de Energía de EE.UU., que inspeccionó instalaciones en la faja del Orinoco y mantuvo reuniones con Chevron, la única compañía que mantenía sus actividades gracias a una dispensa de EE.UU.Wright aseguró que las ventas de crudo venezolano habían alcanzado los mil millones de dólares en enero y que esperaba que se llegara a 5.000 millones «en los próximos meses». Reconoció las dudas de las compañías para invertir en Venezuela, pero aseguró que el país «está en el camino para que sea un lugar apto para la inversión».En la víspera, Trump defendió que las relaciones entre EE.UU. y Venezuela «son, por decirlo de una manera suave, extraordinarias», que «nos estamos entendiendo muy bien con la presidenta Delcy Rodríguez» y que «el petróleo está empezando a fluir y grandes cantidades de dinero, no vistas en muchos años, estarán ayudando pronto al pueblo de Venezuela».
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