
La decisión de Rufián para liderar ERC el 29-N escoció en la cúpula de Comuns. Y la alianza de los republicanos con Podemos en Cataluña, todavía más. “Seguramente Gabriel complicó la situación pactando con Podemos y, en lugar de ayudar a la unidad de la izquierda, más bien ha ayudado a la división”, le pellizcó este viernes Ada Colau, la candidata de Frente Amplio y referente de los comunes. A pesar de compartir alianza con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, en el Parlament de Cataluña, los desacuerdos entre Comuns y republicanos ante las próximas elecciones generales ponen a prueba una relación marcada históricamente por la competencia electoral.
La competencia por un electorado compartido, las diferencias sobre el modelo de Estado y la defensa de las siglas impiden una candidatura conjunta de la izquierda en Cataluña
La decisión de Rufián para liderar ERC el 29-N escoció en la cúpula de Comuns. Y la alianza de los republicanos con Podemos en Cataluña, todavía más. “Seguramente Gabriel complicó la situación pactando con Podemos y, en lugar de ayudar a la unidad de la izquierda, más bien ha ayudado a la división”, le pellizcó este viernes Ada Colau, la candidata de Frente Amplio y referente de los comunes. A pesar de compartir alianza con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, en el Parlament de Cataluña, los desacuerdos entre Comuns y republicanos ante las próximas elecciones generales ponen a prueba una relación marcada históricamente por la competencia electoral.
¿Cómo se explica que dos partidos aliados en Cataluña y con complicidad ideológica no se hayan puesto de acuerdo cuando entre el 86% y el 96% de sus votantes perciben la extrema derecha como una amenaza para los derechos y valores sociales, según el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió? “Las coincidencias ideológicas entre Esquerra y Comuns son importantes, pero tienen límites claros”, advierte Joan Rodríguez Teruel, director del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) “Comuns sigue teniendo una base social más plural en identidades y preferencias territoriales. Hay un peso mucho mayor de votantes con identidad dual, una posición más centrada en el eje catalanismo/españolismo, con el castellano como primera lengua, y posicionados significativamente más a la izquierda. Aunque este perfil también está presente en ERC, aparece en una proporción mucho menor”, añade.
Para Oriol Bartomeus, director del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS), existe un elemento de recorrido político a pocos meses de las elecciones municipales: “No presentar las siglas de ERC en la mesa electoral abriría un boquete a favor de Junts porque una parte de los votantes independentistas se podrían ir”, apunta. Fuentes de Comuns aseguran que ERC, ante la pugna entre Junts y Aliança, pretende absorber a parte de los votantes de la rama posconvergente y que una alianza en clave española sería un obstáculo para su estrategia.
El acuerdo con Podemos permite, en cambio, conservar la marca republicana y retener a Rufián como candidato. “El pacto con Podem es gratis a nivel organizativo, no distorsiona la oferta y mantiene a Rufián, que tiene su tirón. Con Comuns sería mucho más complicado”, interpreta Bartomeus, que ve una concesión de la dirección de ERC a su cabeza de cartel: “Es un pacto extraño y solo se explica por la insistencia de Rufián. Pone un precio sobre la mesa y en parte lo paga ERC. Demuestra cierta debilidad de la dirección”.
La afinidad social, sin embargo, contrasta con las diferencias en la forma de relacionarse con el poder estatal, según el profesor de Ciencias Políticas de la UB, Jesús Palomera. Mientras los comunes participan en el Gobierno central, ERC busca condicionar sus políticas desde fuera y sin renunciar a un proyecto independentista. “Comuns es más colaboracionista con los Gobiernos del Estado. ERC tiene una vocación de proteger el Estado del Bienestar, pero con una colaboración externa”, sostiene.
Esa distinta relación con Madrid alimenta los recelos sobre la autonomía de cada formación. “ERC responde a una obediencia puramente catalana y Comuns, no”, defiende un diputado republicano del Parlament. Las mismas fuentes de los comunes rechazan este planteamiento: “Somos del todo autónomos, pero defendemos una colaboración con fuerzas de otros territorios”. Otro diputado de ERC señala el derecho a decidir como una de las claves del actual desencuentro. “Yo estaría a favor de unirme a Frente Amplio si el primer punto fuera el derecho a la autodeterminación de los pueblos”, plantea. “Pero esto en el resto de España parece imposible”.
Las diferencias, entiende Palomera, también responden a la evolución de ambas tradiciones políticas. El profesor identifica una mayor continuidad en ERC que entre los comunes y la antigua ICV, cuya trayectoria estaba vinculada a la lucha antifranquista y al PSUC. “ERC se parece más a la de Esquerra Carod y Puigcercós que Comuns a la Iniciativa de Joan Saura e Inma Mayol”, sostiene.
Los desacuerdos recientes no son nuevos: en Barcelona, Ernest Maragall ganó las municipales de 2019 en votos, empatado a diez concejales con los comunes, pero Colau conservó la alcaldía gracias a un pacto con el PSC y los tres votos de la candidatura de Manuel Valls. “Aquello molestó mucho, y se ha considerado a Colau como a una oportunista”, recuerda otra diputada republicana. La misma fuente evita, sin embargo, atribuir al acuerdo con Podemos una intención de revancha: “No lo creo”.
En el Parlament, el rechazo de los comunes a los presupuestos de Pere Aragonès por el Hard Rock precipitó las elecciones de 2024, y durante el procés los republicanos acusaron en octubre de 2017 a los comunes de exponer judicialmente a sus diputados cuando mostraron con sus papeletas su rechazo a la declaración unilateral de independencia en el Parlament. La llegada de Illa tampoco ha eliminado las fricciones, y ambas formaciones han discrepado públicamente en cuestiones como la tasa turística o la limitación de la compra especulativa. “Son competidores por un voto similar y las cosas del pasado no ayudan”, sintetiza Bartomeus. Comuns, en todo caso, minimizan las fricciones: “Nadie ha aprobado más presupuestos a ERC que nosotros”.
Pese al choque por las generales, los comunes han procurado preservar la colaboración parlamentaria. Su portavoz, David Cid, situó el martes a PP y Vox como los adversarios. “Tenemos competidores electorales, pero nosotros no confundimos nunca al enemigo”, afirmó, para defender “seguir trabajando con las fuerzas de izquierda en el Parlament”.
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