Los tatuajes representan una industria bastante desconocida pero muy profesionalizada que envuelve muchos componentes como la fabricación de tintas o de máquinas, los laboratorios de cremas, las empresas de distribución o las clínicas para su eliminación. El tatuador ha pasado de ser un oficio artesanal a una disciplina de vanguardia técnica y médica. «Venía de ser un arte totalmente marginal, pero una vez que se asienta y mueve dinero, mucha gente se ha dado cuenta de que puede encontrar un nicho de negocio como industria», indica F idel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatuadores y Animadores Profesionales de España (Untap). «Cuando se mueve dinero, se innova», añade.«Las agujas, las máquinas, programas, aplicaciones, agendas para los tatuadores…la innovación está muy presente en todo», matiza Prieto. Las máquinas, por ejemplo, comenzaron siendo de dos bobinas, ahora son estilo Pen, «las hay con dos motores y los golpes, la velocidad, la cadencia, es otra cosa», pone como ejemplo el secretario de Untap. E incluso los motores han evolucionado, así como sus baterías «y se puede controlar la máquina desde el teléfono». Otro aspecto donde se aprecia el peso de la innovación es en el diseño del propio tatuaje. «Antes te contaban una historia y hacías el trabajo del montaje. Ahora el cliente se lo cuenta a Chat GPT y te vienen ya con el dibujo hecho». Desde esta asociación lamentan que «España ha sido la última en llegar a esta industria» y en campos como la maquinaria utilizada «no producimos nada, viene todo de fuera». Aunque hay en otras áreas como la fabricación de cremas o apósitos para el cuidado del tatuaje donde sí hay distribuidores nacionales. En el caso de las tintas, se da una particularidad y es que desde 1995 la Agencia Española del Medicamento obliga a que todas las tintas pasen por una homologación española. «Debes realizar una doble homologación y eso lleva un coste»; explica Fidel Prieto. Y recuerda que en España «no hay tintas inteligentes, ni ultravioleta, aquí no te puedes tatuar con lo que quieres, sino con lo que está permitido». Monitorizar la saludNo obstante, en otros países vemos distintas innovaciones en este campo. Hace unos años, por ejemplo, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard y el MIT crearon un tatuaje inteligente que puede monitorizar la salud y detectar y avisar de alteraciones en el metabolismo del usuario. El tatuaje utiliza tintas biosensibles capaces de observar estos cambios, cambiar de color y avisar de parámetros como la deshidratación de un deportista o las variaciones en el nivel de azúcar de un diabético. Por otro lado, un grupo de investigadores de la Universidad Técnica de Estambul inventaron tatuajes capaces de comunicarse de forma inalámbrica con otros dispositivos usando una tinta de grafito negra y otra blanca compuesta por óxido de zinc. Los diseños por dentro tienen nanocables. La aparición en el mercado de las máquinas láser para acabar con el bello dio lugar al desarrollo de este tipo de dispositivo para la eliminación de los tatuajes. Aarón Gil, cofundador de BLOU Tattoo Removal, habla del crecimiento de este negocio en los últimos años dado que el mundo del tatuaje en sí ha crecido. «Pero lo que hemos percibido es que, sobre todo, ha aumentado la información sobre la existencia de este tipo de tratamientos», resalta. Más que el crecimiento a nivel de clientes, notan que la gente está más informada de que existen tratamientos que hasta hoy eran desconocidos. «El público hoy pone más atención a diferentes tratamientos, nos cuidamos más», matiza. .La tecnología avanza a la vez que crece la industria. Pero Aarón Gil recalca que no hay que olvidar que sólo es el instrumento. «Como en la mayoría de sectores, es importante tener un buen instrumental pero la diferencia siempre la va a marcar el técnico y su método de trabajo», indica. Hasta la mejor máquina es capaz de producir daños irreversibles si no son bien utilizados. «Este precepto es clave en nuestras formaciones»; puntualiza. La tecnología actual para la eliminación son máquinas láser Nd:YAG Q-Switched. «Estas máquinas emiten pulsos de luz ultracortos, en nanosegundos o picosegundos, que permiten fragmentar la tinta evitando generar efecto térmico en la piel», explica el cofundador de BLOU Tatto Removal. No obstante, avisa que «tienen que estar configurados con mucha precisión en función de cada tatuaje para eliminar la tinta evitando daños». Desde esta clínica han conseguido desarrollar un método específico en el cual trabajan la piel con total efectividad sin llegar a dañarla. «De esta forma eliminamos el tatuaje y la piel queda limpia y sin marcas. Esto es lo verdaderamente difícil de la eliminación», aclara. En su comunicación siempre tratan de concienciar al público de que es un tratamiento muy delicado y «no consiste en ‘darle a un botón’ y pasar el láser por la piel. Justo eso es lo que genera esas conocidas marcas y cicatrices», añade.ProfesionalizaciónNo existe un registro de tatuadores excepto en la Comunidad de Madrid, donde hay cerca de 800 estudios. Berta Madueño Co-CEO y Co-Founder de Tattoox, recuerda que «la profesionalización del tatuaje es un fenómeno relativamente reciente». En España, los estudios modernos existen desde hace apenas 30 años, con la primera convención en Barcelona en 1996. Sin embargo, es ahora, en la última década, «cuando el sector está experimentando su mayor transformación: pasó de un oficio informal a una profesión estructurada, con formación estandarizada, certificaciones oficiales y reconocimiento social», aclara Madueño. No obstante, si este sector es hoy más accesible también está «más fragmentado». Desde esta empresa de tatuadores indican que la falta de regulación clara ha generado intrusismo y práctica clandestina. «Sin embargo, la proliferación de formaciones online ha transformado el acceso al oficio, democratizando un aprendizaje que antes era opaco y reservado a quienes tenían el contacto adecuado», explica su cofundadora. Salida profesionalEsta plataforma con un modelo de bootcamp intensivo y práctico, ha formado ya a más de 5.000 alumnos en España y Estados Unidos. «El tatuaje ha dejado de ser una práctica marginal para convertirse en uno de los sectores creativos con mayor crecimiento entre los jóvenes», resalta Madueño. A escala global, el 38% de la población lleva al menos un tatuaje. España, el 42% de la población tiene al menos un tatuaje, y en EE.UU. la cifra alcanza el 46%. «Pero el interés no es solo hacerse un tatuaje, sino aprenderlo», recuerdan desde Tattoox. «Para muchos jóvenes, el tatuaje representa una salida profesional que une expresión artística, independencia laboral y contacto directo con el cliente, algo que pocas disciplinas creativas ofrecen de forma tan inmediata».El tatuaje ofrece hoy un amplio abanico de salidas profesionales, entre ellas la del artista independiente: en estudio propio, en formato itinerante o como artista invitado en estudios de otros países. «Pero el sector genera también oportunidades paralelas: formación (talleres, masterclasses, cursos online), venta de diseños digitales, creación de contenido, consultoría de imagen corporal o colaboración con marcas de moda y cosmética», añade la co-CEO. Los tatuajes representan una industria bastante desconocida pero muy profesionalizada que envuelve muchos componentes como la fabricación de tintas o de máquinas, los laboratorios de cremas, las empresas de distribución o las clínicas para su eliminación. El tatuador ha pasado de ser un oficio artesanal a una disciplina de vanguardia técnica y médica. «Venía de ser un arte totalmente marginal, pero una vez que se asienta y mueve dinero, mucha gente se ha dado cuenta de que puede encontrar un nicho de negocio como industria», indica F idel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatuadores y Animadores Profesionales de España (Untap). «Cuando se mueve dinero, se innova», añade.«Las agujas, las máquinas, programas, aplicaciones, agendas para los tatuadores…la innovación está muy presente en todo», matiza Prieto. Las máquinas, por ejemplo, comenzaron siendo de dos bobinas, ahora son estilo Pen, «las hay con dos motores y los golpes, la velocidad, la cadencia, es otra cosa», pone como ejemplo el secretario de Untap. E incluso los motores han evolucionado, así como sus baterías «y se puede controlar la máquina desde el teléfono». Otro aspecto donde se aprecia el peso de la innovación es en el diseño del propio tatuaje. «Antes te contaban una historia y hacías el trabajo del montaje. Ahora el cliente se lo cuenta a Chat GPT y te vienen ya con el dibujo hecho». Desde esta asociación lamentan que «España ha sido la última en llegar a esta industria» y en campos como la maquinaria utilizada «no producimos nada, viene todo de fuera». Aunque hay en otras áreas como la fabricación de cremas o apósitos para el cuidado del tatuaje donde sí hay distribuidores nacionales. En el caso de las tintas, se da una particularidad y es que desde 1995 la Agencia Española del Medicamento obliga a que todas las tintas pasen por una homologación española. «Debes realizar una doble homologación y eso lleva un coste»; explica Fidel Prieto. Y recuerda que en España «no hay tintas inteligentes, ni ultravioleta, aquí no te puedes tatuar con lo que quieres, sino con lo que está permitido». Monitorizar la saludNo obstante, en otros países vemos distintas innovaciones en este campo. Hace unos años, por ejemplo, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard y el MIT crearon un tatuaje inteligente que puede monitorizar la salud y detectar y avisar de alteraciones en el metabolismo del usuario. El tatuaje utiliza tintas biosensibles capaces de observar estos cambios, cambiar de color y avisar de parámetros como la deshidratación de un deportista o las variaciones en el nivel de azúcar de un diabético. Por otro lado, un grupo de investigadores de la Universidad Técnica de Estambul inventaron tatuajes capaces de comunicarse de forma inalámbrica con otros dispositivos usando una tinta de grafito negra y otra blanca compuesta por óxido de zinc. Los diseños por dentro tienen nanocables. La aparición en el mercado de las máquinas láser para acabar con el bello dio lugar al desarrollo de este tipo de dispositivo para la eliminación de los tatuajes. Aarón Gil, cofundador de BLOU Tattoo Removal, habla del crecimiento de este negocio en los últimos años dado que el mundo del tatuaje en sí ha crecido. «Pero lo que hemos percibido es que, sobre todo, ha aumentado la información sobre la existencia de este tipo de tratamientos», resalta. Más que el crecimiento a nivel de clientes, notan que la gente está más informada de que existen tratamientos que hasta hoy eran desconocidos. «El público hoy pone más atención a diferentes tratamientos, nos cuidamos más», matiza. .La tecnología avanza a la vez que crece la industria. Pero Aarón Gil recalca que no hay que olvidar que sólo es el instrumento. «Como en la mayoría de sectores, es importante tener un buen instrumental pero la diferencia siempre la va a marcar el técnico y su método de trabajo», indica. Hasta la mejor máquina es capaz de producir daños irreversibles si no son bien utilizados. «Este precepto es clave en nuestras formaciones»; puntualiza. La tecnología actual para la eliminación son máquinas láser Nd:YAG Q-Switched. «Estas máquinas emiten pulsos de luz ultracortos, en nanosegundos o picosegundos, que permiten fragmentar la tinta evitando generar efecto térmico en la piel», explica el cofundador de BLOU Tatto Removal. No obstante, avisa que «tienen que estar configurados con mucha precisión en función de cada tatuaje para eliminar la tinta evitando daños». Desde esta clínica han conseguido desarrollar un método específico en el cual trabajan la piel con total efectividad sin llegar a dañarla. «De esta forma eliminamos el tatuaje y la piel queda limpia y sin marcas. Esto es lo verdaderamente difícil de la eliminación», aclara. En su comunicación siempre tratan de concienciar al público de que es un tratamiento muy delicado y «no consiste en ‘darle a un botón’ y pasar el láser por la piel. Justo eso es lo que genera esas conocidas marcas y cicatrices», añade.ProfesionalizaciónNo existe un registro de tatuadores excepto en la Comunidad de Madrid, donde hay cerca de 800 estudios. Berta Madueño Co-CEO y Co-Founder de Tattoox, recuerda que «la profesionalización del tatuaje es un fenómeno relativamente reciente». En España, los estudios modernos existen desde hace apenas 30 años, con la primera convención en Barcelona en 1996. Sin embargo, es ahora, en la última década, «cuando el sector está experimentando su mayor transformación: pasó de un oficio informal a una profesión estructurada, con formación estandarizada, certificaciones oficiales y reconocimiento social», aclara Madueño. No obstante, si este sector es hoy más accesible también está «más fragmentado». Desde esta empresa de tatuadores indican que la falta de regulación clara ha generado intrusismo y práctica clandestina. «Sin embargo, la proliferación de formaciones online ha transformado el acceso al oficio, democratizando un aprendizaje que antes era opaco y reservado a quienes tenían el contacto adecuado», explica su cofundadora. Salida profesionalEsta plataforma con un modelo de bootcamp intensivo y práctico, ha formado ya a más de 5.000 alumnos en España y Estados Unidos. «El tatuaje ha dejado de ser una práctica marginal para convertirse en uno de los sectores creativos con mayor crecimiento entre los jóvenes», resalta Madueño. A escala global, el 38% de la población lleva al menos un tatuaje. España, el 42% de la población tiene al menos un tatuaje, y en EE.UU. la cifra alcanza el 46%. «Pero el interés no es solo hacerse un tatuaje, sino aprenderlo», recuerdan desde Tattoox. «Para muchos jóvenes, el tatuaje representa una salida profesional que une expresión artística, independencia laboral y contacto directo con el cliente, algo que pocas disciplinas creativas ofrecen de forma tan inmediata».El tatuaje ofrece hoy un amplio abanico de salidas profesionales, entre ellas la del artista independiente: en estudio propio, en formato itinerante o como artista invitado en estudios de otros países. «Pero el sector genera también oportunidades paralelas: formación (talleres, masterclasses, cursos online), venta de diseños digitales, creación de contenido, consultoría de imagen corporal o colaboración con marcas de moda y cosmética», añade la co-CEO.
Los tatuajes representan una industria bastante desconocida pero muy profesionalizada que envuelve muchos componentes como la fabricación de tintas o de máquinas, los laboratorios de cremas, las empresas de distribución o las clínicas para su eliminación. El tatuador ha pasado de ser un oficio artesanal … a una disciplina de vanguardia técnica y médica. «Venía de ser un arte totalmente marginal, pero una vez que se asienta y mueve dinero, mucha gente se ha dado cuenta de que puede encontrar un nicho de negocio como industria», indica Fidel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatuadores y Animadores Profesionales de España (Untap). «Cuando se mueve dinero, se innova», añade.
«Las agujas, las máquinas, programas, aplicaciones, agendas para los tatuadores…la innovación está muy presente en todo», matiza Prieto. Las máquinas, por ejemplo, comenzaron siendo de dos bobinas, ahora son estilo Pen, «las hay con dos motores y los golpes, la velocidad, la cadencia, es otra cosa», pone como ejemplo el secretario de Untap. E incluso los motores han evolucionado, así como sus baterías «y se puede controlar la máquina desde el teléfono». Otro aspecto donde se aprecia el peso de la innovación es en el diseño del propio tatuaje. «Antes te contaban una historia y hacías el trabajo del montaje. Ahora el cliente se lo cuenta a Chat GPT y te vienen ya con el dibujo hecho».
Desde esta asociación lamentan que «España ha sido la última en llegar a esta industria» y en campos como la maquinaria utilizada «no producimos nada, viene todo de fuera». Aunque hay en otras áreas como la fabricación de cremas o apósitos para el cuidado del tatuaje donde sí hay distribuidores nacionales. En el caso de las tintas, se da una particularidad y es que desde 1995 la Agencia Española del Medicamento obliga a que todas las tintas pasen por una homologación española. «Debes realizar una doble homologación y eso lleva un coste»; explica Fidel Prieto. Y recuerda que en España «no hay tintas inteligentes, ni ultravioleta, aquí no te puedes tatuar con lo que quieres, sino con lo que está permitido».
Monitorizar la salud
No obstante, en otros países vemos distintas innovaciones en este campo. Hace unos años, por ejemplo, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard y el MIT crearon un tatuaje inteligente que puede monitorizar la salud y detectar y avisar de alteraciones en el metabolismo del usuario. El tatuaje utiliza tintas biosensibles capaces de observar estos cambios, cambiar de color y avisar de parámetros como la deshidratación de un deportista o las variaciones en el nivel de azúcar de un diabético. Por otro lado, un grupo de investigadores de la Universidad Técnica de Estambul inventaron tatuajes capaces de comunicarse de forma inalámbrica con otros dispositivos usando una tinta de grafito negra y otra blanca compuesta por óxido de zinc. Los diseños por dentro tienen nanocables.
La aparición en el mercado de las máquinas láser para acabar con el bello dio lugar al desarrollo de este tipo de dispositivo para la eliminación de los tatuajes. Aarón Gil, cofundador de BLOU Tattoo Removal, habla del crecimiento de este negocio en los últimos años dado que el mundo del tatuaje en sí ha crecido. «Pero lo que hemos percibido es que, sobre todo, ha aumentado la información sobre la existencia de este tipo de tratamientos», resalta. Más que el crecimiento a nivel de clientes, notan que la gente está más informada de que existen tratamientos que hasta hoy eran desconocidos. «El público hoy pone más atención a diferentes tratamientos, nos cuidamos más», matiza. .
La tecnología avanza a la vez que crece la industria. Pero Aarón Gil recalca que no hay que olvidar que sólo es el instrumento. «Como en la mayoría de sectores, es importante tener un buen instrumental pero la diferencia siempre la va a marcar el técnico y su método de trabajo», indica. Hasta la mejor máquina es capaz de producir daños irreversibles si no son bien utilizados. «Este precepto es clave en nuestras formaciones»; puntualiza.
La tecnología actual para la eliminación son máquinas láser Nd:YAG Q-Switched. «Estas máquinas emiten pulsos de luz ultracortos, en nanosegundos o picosegundos, que permiten fragmentar la tinta evitando generar efecto térmico en la piel», explica el cofundador de BLOU Tatto Removal. No obstante, avisa que «tienen que estar configurados con mucha precisión en función de cada tatuaje para eliminar la tinta evitando daños». Desde esta clínica han conseguido desarrollar un método específico en el cual trabajan la piel con total efectividad sin llegar a dañarla. «De esta forma eliminamos el tatuaje y la piel queda limpia y sin marcas. Esto es lo verdaderamente difícil de la eliminación», aclara. En su comunicación siempre tratan de concienciar al público de que es un tratamiento muy delicado y «no consiste en ‘darle a un botón’ y pasar el láser por la piel. Justo eso es lo que genera esas conocidas marcas y cicatrices», añade.
Profesionalización
No existe un registro de tatuadores excepto en la Comunidad de Madrid, donde hay cerca de 800 estudios. Berta Madueño Co-CEO y Co-Founder de Tattoox, recuerda que «la profesionalización del tatuaje es un fenómeno relativamente reciente». En España, los estudios modernos existen desde hace apenas 30 años, con la primera convención en Barcelona en 1996. Sin embargo, es ahora, en la última década, «cuando el sector está experimentando su mayor transformación: pasó de un oficio informal a una profesión estructurada, con formación estandarizada, certificaciones oficiales y reconocimiento social», aclara Madueño.
No obstante, si este sector es hoy más accesible también está «más fragmentado». Desde esta empresa de tatuadores indican que la falta de regulación clara ha generado intrusismo y práctica clandestina. «Sin embargo, la proliferación de formaciones online ha transformado el acceso al oficio, democratizando un aprendizaje que antes era opaco y reservado a quienes tenían el contacto adecuado», explica su cofundadora.
Salida profesional
Esta plataforma con un modelo de bootcamp intensivo y práctico, ha formado ya a más de 5.000 alumnos en España y Estados Unidos. «El tatuaje ha dejado de ser una práctica marginal para convertirse en uno de los sectores creativos con mayor crecimiento entre los jóvenes», resalta Madueño. A escala global, el 38% de la población lleva al menos un tatuaje. España, el 42% de la población tiene al menos un tatuaje, y en EE.UU. la cifra alcanza el 46%. «Pero el interés no es solo hacerse un tatuaje, sino aprenderlo», recuerdan desde Tattoox. «Para muchos jóvenes, el tatuaje representa una salida profesional que une expresión artística, independencia laboral y contacto directo con el cliente, algo que pocas disciplinas creativas ofrecen de forma tan inmediata».
El tatuaje ofrece hoy un amplio abanico de salidas profesionales, entre ellas la del artista independiente: en estudio propio, en formato itinerante o como artista invitado en estudios de otros países. «Pero el sector genera también oportunidades paralelas: formación (talleres, masterclasses, cursos online), venta de diseños digitales, creación de contenido, consultoría de imagen corporal o colaboración con marcas de moda y cosmética», añade la co-CEO.
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