Detrás del perfume que nos aplicamos cada mañana, del sérum imprescindible en nuestra rutina facial o del pintalabios que llevamos en el bolso existe toda una maquinaria invisible destinada a cumplir los altísimos estándares de seguridad y sostenibilidad europeos, un escudo protector que mejora la confianza del consumidor y sobre el que las firmas del continente han sustentado buena parte de su identidad. Sin embargo, en un contexto global marcado por el aumento de la competencia de terceros que tienen entornos regulatorios más favorables, las empresas de la Unión Europea pueden llegar a ver condicionada su apuesta por nuevas innovaciones ante exigencias desproporcionadas a las que no se enfrentan sus homólogas de otras regiones.El marco regulatorio de la UE, encabezado por el Reglamento 1223/2009, es un referente en materia de seguridad sanitaria y calidad para el consumidor. Sin embargo, como advierten desde la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), la complejidad regulatoria está ralentizando el desarrollo de la industria. «Esta situación desplaza recursos financieros y de investigación y desarrollo hacia la gestión burocrática y documental. Asimismo, la restricción o retirada de ciertos ingredientes que cuentan con aval científico limita la capacidad de formulación de los fabricantes europeos frente a competidores internacionales que operan con marcos más flexibles», apuntan. Esta carga tiene mayor impacto sobre las pymes, que representan el 84% del sector en España. El número de normas, la velocidad con la que cambian o los plazos de adaptación abocan a las compañías a una dinámica de adaptación regulatoria continua. «La evolución normativa y científica provoca que aproximadamente uno de cada tres productos sea reformulado cada dos años para mantener los máximos estándares de calidad y seguridad», sostienen. Por otro lado, Stanpa aboga por una mayor coordinación entre los Estados miembro y la UE, para que ambas administraciones remen en la misma dirección y busquen soluciones comunes a los retos.La prolongación de la situación actual amenaza con dejar una dura factura. «Europa no puede permitirse perder competitividad en sectores en los que hoy es líder», advierten desde la patronal. E inciden en que, en el caso de nuestro país, tiene argumentos para «defender con más fuerza en Bruselas» una industria en la que es especialmente competitivo, exportador e innovador. Contribuye al 1,03% del PIB nacional, las exportaciones crecieron un 5,58% en el último año (con récord de 10.124 millones, convirtiéndose en el segundo exportador mundial de perfumes) y dedica un 3,4% de su facturación a la I+D+i.La solución, coinciden las fuentes consultadas, no es regular menos, sino regular mejor: con evidencia científica, proporcionalidad, seguridad jurídica y evitando duplicidades entre normas. Este asunto se puso encima de la mesa durante la reciente celebración del Media Day de L’Oréal Groupe. Desde la compañía subrayan que la mejor forma de preservar el liderazgo es garantizar que la industria europea mantenga su capacidad de innovar y competir en igualdad de condiciones en un mercado global muy dinámico. El reto reside en la confluencia entre la acumulación de normativas simultáneas y la falta de sincronización en sus calendarios de desarrollo técnico. Cabe recordar que en los últimos años han coincidido iniciativas muy transformadoras en materias tan diversas como la seguridad química, los envases y la economía circular, la información al consumidor y la gestión ambiental. «El desfase se produce con frecuencia cuando las directrices técnicas de desarrollo –fundamentales para que las empresas sepan con exactitud cómo aplicar la norma– se publican con retraso mientras los plazos legales siguen corriendo. Esto genera incertidumbre jurídica y favorece interpretaciones divergentes entre los Estados miembros, lo que fragmenta el Mercado Único», aseguran.Otro problema que señalan desde la firma son los planteamientos regulatorios que aplican un enfoque genérico basado solo en el peligro intrínseco de una sustancia, sin ponderar la exposición real ni el perfil de uso cosmético, que es tópico y en dosis controladas. Un ejemplo es el etanol, «un ingrediente común, seguro e insustituible a gran escala técnica, presente en más del 30% de los productos cosméticos en Europa». Su posible clasificación genérica como sustancia de categoría CMR1 (Carcinógena, Mutágena o Tóxica para la Reproducción) generaría un riesgo real de prohibición automática en cosmética bajo el Reglamento de Productos Cosméticos, «a pesar de que su aplicación sobre la piel es segura, de que no existen alternativas viables de idéntico rendimiento y de que ninguna otra región del mundo contempla restricciones para estos usos».Un escenario similar se presenta ante la posible extensión indiscriminada del Enfoque Genérico de Gestión del Riesgo (GRA) en el ámbito químico que, según explican desde L’Oréal Groupe, podría poner en entredicho «materias primas seguras empleadas desde hace décadas en categorías esenciales como la coloración capilar, donde la seguridad del consumidor está científicamente demostrada».En el plano tecnológico y de diseño, el desafío se traslada a los envases cosméticos complejos y multimateriales, como barras de labios, máscaras de pestañas o compactos de maquillaje con espejos y cierres herméticos. Estos formatos protegen fórmulas muy sensibles frente a la contaminación externa y aseguran su correcta funcionalidad. «Si las normas secundarias sobre Diseño para el Reciclaje (DfR) en el marco de la regulación europea de envases (PPWR) no reconocen estas características técnicas específicas, este tipo de envases podría verse clasificado como no reciclable por defecto y afrontar prohibiciones a partir de 2030, limitando la disponibilidad de productos altamente demandados y tecnológicamente avanzados», dicen. Eso sí, desde la multinacional insisten en que la salud y la seguridad de los consumidores son principios fundacionales y no negociables. «Por ello, hablar de simplificación administrativa y de mejora regulatoria no implica en modo alguno rebajar las exigencias, sino dotarnos de herramientas normativas más ágiles, coherentes y enfocadas a la innovación sostenible».Algo de ordenA eso aspira el paquete Ómnibus VI, la iniciativa de la UE para simplificar las normas relativas a los productos cosméticos. Uno de los puntos críticos del texto es el establecimiento de periodos de transición formalizados y predecibles: se introducen por primera vez plazos estructurados y claros para la puesta en el mercado y la salida comercial hacia el consumidor, lo que evita la retirada abrupta, desordenada y económicamente lesiva de formulaciones plenamente seguras ya fabricadas. Sus novedades comprenden también la protección de las Sustancias Complejas Naturales (SCN). «Representa un logro de gran valor cultural e industrial para la alta perfumería y la cosmética europea, al blindar los aceites esenciales y extractos botánicos para que no sufran prohibiciones automáticas basadas únicamente en la clasificación aislada de uno de sus componentes individuales, evaluando la mezcla en su conjunto», valoran desde L’Oréal Groupe. Asimismo, se preserva la seguridad jurídica al mantenerse la obligación vinculante de la Comisión de conceder excepciones cuando se cumplan los criterios técnicos, asegurando el principio de sustitución de sustancias 1:1 y eliminando requisitos inviables, como la exigencia de demostrar usos alimentarios previos para ingredientes cosméticos.Desde Stanpa celebran la aprobación en el Parlamento Europeo del Paquete Ómnibus VI de la Química, que aún debe ser ratificado por el Consejo de la UE: «Marca la dirección a seguir por las instituciones en lo que respecta al fomento de la competitividad y el principio de Better Regulation». No obstante, aclaran que es un primer paso que ha de acompañarse por una continuidad en la práctica legislativa de las instituciones comunitarias.Aliados tecnológicosMientras, la tecnología se ha convertido en una aliada para que las empresas cumplan con todo el armazón normativo con eficiencia. La española Xtremis ha desarrollado una plataforma SaaS para este sector impulsada por IA que digitaliza todo el compliance regulatorio. Su CEO, Óscar Pérez, explica que actúa como un copiloto interactivo (a través de un chat) que acompaña a los equipos de I+D. «Evalúa al instante cada ingrediente y subingrediente para comprobar si cumple con la legislación de las diferentes jurisdicciones, calcula el PAO, el tiempo durante el que el producto es seguro y puede utilizarse sin daño alguno para el consumidor después de abrirse, detecta posibles interacciones que provocan que la caducidad se vea reducida, da recomendaciones sobre el packaging más adecuado…», comenta. Al hacer el proceso de regulación en tiempo real desde las etapas iniciales de desarrollo del producto, el departamento legal recibe un expediente técnico depurado que los profesionales de carne y hueso solo tienen que revisar antes de dar el visto bueno. «De semanas pasamos a horas», dice.La plataforma, que trabaja con 148 idiomas, se integra directamente con el ERP del laboratorio y, según indica el CEO de la firma, está despertando interés en todo el ecosistema, desde grandes multinacionales y pequeñas empresas hasta consultoras especializadas a las que los laboratorios delegan el complejo trámite normativo. «No sustituye el talento humano, pero acorta plazos y proporciona una seguridad sin precedentes», destaca como ventajas. Un ejemplo de cómo la tecnología ayuda al sector de la belleza a cumplir con una estricta regulación que las empresas comparten, pero que, al mismo tiempo, piden que refuerce su capacidad para competir en los mercados internacionales. Detrás del perfume que nos aplicamos cada mañana, del sérum imprescindible en nuestra rutina facial o del pintalabios que llevamos en el bolso existe toda una maquinaria invisible destinada a cumplir los altísimos estándares de seguridad y sostenibilidad europeos, un escudo protector que mejora la confianza del consumidor y sobre el que las firmas del continente han sustentado buena parte de su identidad. Sin embargo, en un contexto global marcado por el aumento de la competencia de terceros que tienen entornos regulatorios más favorables, las empresas de la Unión Europea pueden llegar a ver condicionada su apuesta por nuevas innovaciones ante exigencias desproporcionadas a las que no se enfrentan sus homólogas de otras regiones.El marco regulatorio de la UE, encabezado por el Reglamento 1223/2009, es un referente en materia de seguridad sanitaria y calidad para el consumidor. Sin embargo, como advierten desde la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), la complejidad regulatoria está ralentizando el desarrollo de la industria. «Esta situación desplaza recursos financieros y de investigación y desarrollo hacia la gestión burocrática y documental. Asimismo, la restricción o retirada de ciertos ingredientes que cuentan con aval científico limita la capacidad de formulación de los fabricantes europeos frente a competidores internacionales que operan con marcos más flexibles», apuntan. Esta carga tiene mayor impacto sobre las pymes, que representan el 84% del sector en España. El número de normas, la velocidad con la que cambian o los plazos de adaptación abocan a las compañías a una dinámica de adaptación regulatoria continua. «La evolución normativa y científica provoca que aproximadamente uno de cada tres productos sea reformulado cada dos años para mantener los máximos estándares de calidad y seguridad», sostienen. Por otro lado, Stanpa aboga por una mayor coordinación entre los Estados miembro y la UE, para que ambas administraciones remen en la misma dirección y busquen soluciones comunes a los retos.La prolongación de la situación actual amenaza con dejar una dura factura. «Europa no puede permitirse perder competitividad en sectores en los que hoy es líder», advierten desde la patronal. E inciden en que, en el caso de nuestro país, tiene argumentos para «defender con más fuerza en Bruselas» una industria en la que es especialmente competitivo, exportador e innovador. Contribuye al 1,03% del PIB nacional, las exportaciones crecieron un 5,58% en el último año (con récord de 10.124 millones, convirtiéndose en el segundo exportador mundial de perfumes) y dedica un 3,4% de su facturación a la I+D+i.La solución, coinciden las fuentes consultadas, no es regular menos, sino regular mejor: con evidencia científica, proporcionalidad, seguridad jurídica y evitando duplicidades entre normas. Este asunto se puso encima de la mesa durante la reciente celebración del Media Day de L’Oréal Groupe. Desde la compañía subrayan que la mejor forma de preservar el liderazgo es garantizar que la industria europea mantenga su capacidad de innovar y competir en igualdad de condiciones en un mercado global muy dinámico. El reto reside en la confluencia entre la acumulación de normativas simultáneas y la falta de sincronización en sus calendarios de desarrollo técnico. Cabe recordar que en los últimos años han coincidido iniciativas muy transformadoras en materias tan diversas como la seguridad química, los envases y la economía circular, la información al consumidor y la gestión ambiental. «El desfase se produce con frecuencia cuando las directrices técnicas de desarrollo –fundamentales para que las empresas sepan con exactitud cómo aplicar la norma– se publican con retraso mientras los plazos legales siguen corriendo. Esto genera incertidumbre jurídica y favorece interpretaciones divergentes entre los Estados miembros, lo que fragmenta el Mercado Único», aseguran.Otro problema que señalan desde la firma son los planteamientos regulatorios que aplican un enfoque genérico basado solo en el peligro intrínseco de una sustancia, sin ponderar la exposición real ni el perfil de uso cosmético, que es tópico y en dosis controladas. Un ejemplo es el etanol, «un ingrediente común, seguro e insustituible a gran escala técnica, presente en más del 30% de los productos cosméticos en Europa». Su posible clasificación genérica como sustancia de categoría CMR1 (Carcinógena, Mutágena o Tóxica para la Reproducción) generaría un riesgo real de prohibición automática en cosmética bajo el Reglamento de Productos Cosméticos, «a pesar de que su aplicación sobre la piel es segura, de que no existen alternativas viables de idéntico rendimiento y de que ninguna otra región del mundo contempla restricciones para estos usos».Un escenario similar se presenta ante la posible extensión indiscriminada del Enfoque Genérico de Gestión del Riesgo (GRA) en el ámbito químico que, según explican desde L’Oréal Groupe, podría poner en entredicho «materias primas seguras empleadas desde hace décadas en categorías esenciales como la coloración capilar, donde la seguridad del consumidor está científicamente demostrada».En el plano tecnológico y de diseño, el desafío se traslada a los envases cosméticos complejos y multimateriales, como barras de labios, máscaras de pestañas o compactos de maquillaje con espejos y cierres herméticos. Estos formatos protegen fórmulas muy sensibles frente a la contaminación externa y aseguran su correcta funcionalidad. «Si las normas secundarias sobre Diseño para el Reciclaje (DfR) en el marco de la regulación europea de envases (PPWR) no reconocen estas características técnicas específicas, este tipo de envases podría verse clasificado como no reciclable por defecto y afrontar prohibiciones a partir de 2030, limitando la disponibilidad de productos altamente demandados y tecnológicamente avanzados», dicen. Eso sí, desde la multinacional insisten en que la salud y la seguridad de los consumidores son principios fundacionales y no negociables. «Por ello, hablar de simplificación administrativa y de mejora regulatoria no implica en modo alguno rebajar las exigencias, sino dotarnos de herramientas normativas más ágiles, coherentes y enfocadas a la innovación sostenible».Algo de ordenA eso aspira el paquete Ómnibus VI, la iniciativa de la UE para simplificar las normas relativas a los productos cosméticos. Uno de los puntos críticos del texto es el establecimiento de periodos de transición formalizados y predecibles: se introducen por primera vez plazos estructurados y claros para la puesta en el mercado y la salida comercial hacia el consumidor, lo que evita la retirada abrupta, desordenada y económicamente lesiva de formulaciones plenamente seguras ya fabricadas. Sus novedades comprenden también la protección de las Sustancias Complejas Naturales (SCN). «Representa un logro de gran valor cultural e industrial para la alta perfumería y la cosmética europea, al blindar los aceites esenciales y extractos botánicos para que no sufran prohibiciones automáticas basadas únicamente en la clasificación aislada de uno de sus componentes individuales, evaluando la mezcla en su conjunto», valoran desde L’Oréal Groupe. Asimismo, se preserva la seguridad jurídica al mantenerse la obligación vinculante de la Comisión de conceder excepciones cuando se cumplan los criterios técnicos, asegurando el principio de sustitución de sustancias 1:1 y eliminando requisitos inviables, como la exigencia de demostrar usos alimentarios previos para ingredientes cosméticos.Desde Stanpa celebran la aprobación en el Parlamento Europeo del Paquete Ómnibus VI de la Química, que aún debe ser ratificado por el Consejo de la UE: «Marca la dirección a seguir por las instituciones en lo que respecta al fomento de la competitividad y el principio de Better Regulation». No obstante, aclaran que es un primer paso que ha de acompañarse por una continuidad en la práctica legislativa de las instituciones comunitarias.Aliados tecnológicosMientras, la tecnología se ha convertido en una aliada para que las empresas cumplan con todo el armazón normativo con eficiencia. La española Xtremis ha desarrollado una plataforma SaaS para este sector impulsada por IA que digitaliza todo el compliance regulatorio. Su CEO, Óscar Pérez, explica que actúa como un copiloto interactivo (a través de un chat) que acompaña a los equipos de I+D. «Evalúa al instante cada ingrediente y subingrediente para comprobar si cumple con la legislación de las diferentes jurisdicciones, calcula el PAO, el tiempo durante el que el producto es seguro y puede utilizarse sin daño alguno para el consumidor después de abrirse, detecta posibles interacciones que provocan que la caducidad se vea reducida, da recomendaciones sobre el packaging más adecuado…», comenta. Al hacer el proceso de regulación en tiempo real desde las etapas iniciales de desarrollo del producto, el departamento legal recibe un expediente técnico depurado que los profesionales de carne y hueso solo tienen que revisar antes de dar el visto bueno. «De semanas pasamos a horas», dice.La plataforma, que trabaja con 148 idiomas, se integra directamente con el ERP del laboratorio y, según indica el CEO de la firma, está despertando interés en todo el ecosistema, desde grandes multinacionales y pequeñas empresas hasta consultoras especializadas a las que los laboratorios delegan el complejo trámite normativo. «No sustituye el talento humano, pero acorta plazos y proporciona una seguridad sin precedentes», destaca como ventajas. Un ejemplo de cómo la tecnología ayuda al sector de la belleza a cumplir con una estricta regulación que las empresas comparten, pero que, al mismo tiempo, piden que refuerce su capacidad para competir en los mercados internacionales.
Detrás del perfume que nos aplicamos cada mañana, del sérum imprescindible en nuestra rutina facial o del pintalabios que llevamos en el bolso existe toda una maquinaria invisible destinada a cumplir los altísimos estándares de seguridad y sostenibilidad europeos, un escudo protector que mejora … la confianza del consumidor y sobre el que las firmas del continente han sustentado buena parte de su identidad. Sin embargo, en un contexto global marcado por el aumento de la competencia de terceros que tienen entornos regulatorios más favorables, las empresas de la Unión Europea pueden llegar a ver condicionada su apuesta por nuevas innovaciones ante exigencias desproporcionadas a las que no se enfrentan sus homólogas de otras regiones.
El marco regulatorio de la UE, encabezado por el Reglamento 1223/2009, es un referente en materia de seguridad sanitaria y calidad para el consumidor. Sin embargo, como advierten desde la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), la complejidad regulatoria está ralentizando el desarrollo de la industria. «Esta situación desplaza recursos financieros y de investigación y desarrollo hacia la gestión burocrática y documental. Asimismo, la restricción o retirada de ciertos ingredientes que cuentan con aval científico limita la capacidad de formulación de los fabricantes europeos frente a competidores internacionales que operan con marcos más flexibles», apuntan. Esta carga tiene mayor impacto sobre las pymes, que representan el 84% del sector en España.
El número de normas, la velocidad con la que cambian o los plazos de adaptación abocan a las compañías a una dinámica de adaptación regulatoria continua. «La evolución normativa y científica provoca que aproximadamente uno de cada tres productos sea reformulado cada dos años para mantener los máximos estándares de calidad y seguridad», sostienen. Por otro lado, Stanpa aboga por una mayor coordinación entre los Estados miembro y la UE, para que ambas administraciones remen en la misma dirección y busquen soluciones comunes a los retos.
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La prolongación de la situación actual amenaza con dejar una dura factura. «Europa no puede permitirse perder competitividad en sectores en los que hoy es líder», advierten desde la patronal. E inciden en que, en el caso de nuestro país, tiene argumentos para «defender con más fuerza en Bruselas» una industria en la que es especialmente competitivo, exportador e innovador. Contribuye al 1,03% del PIB nacional, las exportaciones crecieron un 5,58% en el último año (con récord de 10.124 millones, convirtiéndose en el segundo exportador mundial de perfumes) y dedica un 3,4% de su facturación a la I+D+i.
La solución, coinciden las fuentes consultadas, no es regular menos, sino regular mejor: con evidencia científica, proporcionalidad, seguridad jurídica y evitando duplicidades entre normas. Este asunto se puso encima de la mesa durante la reciente celebración del Media Day de L’Oréal Groupe. Desde la compañía subrayan que la mejor forma de preservar el liderazgo es garantizar que la industria europea mantenga su capacidad de innovar y competir en igualdad de condiciones en un mercado global muy dinámico. El reto reside en la confluencia entre la acumulación de normativas simultáneas y la falta de sincronización en sus calendarios de desarrollo técnico. Cabe recordar que en los últimos años han coincidido iniciativas muy transformadoras en materias tan diversas como la seguridad química, los envases y la economía circular, la información al consumidor y la gestión ambiental. «El desfase se produce con frecuencia cuando las directrices técnicas de desarrollo –fundamentales para que las empresas sepan con exactitud cómo aplicar la norma– se publican con retraso mientras los plazos legales siguen corriendo. Esto genera incertidumbre jurídica y favorece interpretaciones divergentes entre los Estados miembros, lo que fragmenta el Mercado Único», aseguran.
Otro problema que señalan desde la firma son los planteamientos regulatorios que aplican un enfoque genérico basado solo en el peligro intrínseco de una sustancia, sin ponderar la exposición real ni el perfil de uso cosmético, que es tópico y en dosis controladas. Un ejemplo es el etanol, «un ingrediente común, seguro e insustituible a gran escala técnica, presente en más del 30% de los productos cosméticos en Europa». Su posible clasificación genérica como sustancia de categoría CMR1 (Carcinógena, Mutágena o Tóxica para la Reproducción) generaría un riesgo real de prohibición automática en cosmética bajo el Reglamento de Productos Cosméticos, «a pesar de que su aplicación sobre la piel es segura, de que no existen alternativas viables de idéntico rendimiento y de que ninguna otra región del mundo contempla restricciones para estos usos».
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Un escenario similar se presenta ante la posible extensión indiscriminada del Enfoque Genérico de Gestión del Riesgo (GRA) en el ámbito químico que, según explican desde L’Oréal Groupe, podría poner en entredicho «materias primas seguras empleadas desde hace décadas en categorías esenciales como la coloración capilar, donde la seguridad del consumidor está científicamente demostrada».
En el plano tecnológico y de diseño, el desafío se traslada a los envases cosméticos complejos y multimateriales, como barras de labios, máscaras de pestañas o compactos de maquillaje con espejos y cierres herméticos. Estos formatos protegen fórmulas muy sensibles frente a la contaminación externa y aseguran su correcta funcionalidad. «Si las normas secundarias sobre Diseño para el Reciclaje (DfR) en el marco de la regulación europea de envases (PPWR) no reconocen estas características técnicas específicas, este tipo de envases podría verse clasificado como no reciclable por defecto y afrontar prohibiciones a partir de 2030, limitando la disponibilidad de productos altamente demandados y tecnológicamente avanzados», dicen. Eso sí, desde la multinacional insisten en que la salud y la seguridad de los consumidores son principios fundacionales y no negociables. «Por ello, hablar de simplificación administrativa y de mejora regulatoria no implica en modo alguno rebajar las exigencias, sino dotarnos de herramientas normativas más ágiles, coherentes y enfocadas a la innovación sostenible».
Algo de orden
A eso aspira el paquete Ómnibus VI, la iniciativa de la UE para simplificar las normas relativas a los productos cosméticos. Uno de los puntos críticos del texto es el establecimiento de periodos de transición formalizados y predecibles: se introducen por primera vez plazos estructurados y claros para la puesta en el mercado y la salida comercial hacia el consumidor, lo que evita la retirada abrupta, desordenada y económicamente lesiva de formulaciones plenamente seguras ya fabricadas. Sus novedades comprenden también la protección de las Sustancias Complejas Naturales (SCN). «Representa un logro de gran valor cultural e industrial para la alta perfumería y la cosmética europea, al blindar los aceites esenciales y extractos botánicos para que no sufran prohibiciones automáticas basadas únicamente en la clasificación aislada de uno de sus componentes individuales, evaluando la mezcla en su conjunto», valoran desde L’Oréal Groupe. Asimismo, se preserva la seguridad jurídica al mantenerse la obligación vinculante de la Comisión de conceder excepciones cuando se cumplan los criterios técnicos, asegurando el principio de sustitución de sustancias 1:1 y eliminando requisitos inviables, como la exigencia de demostrar usos alimentarios previos para ingredientes cosméticos.
Desde Stanpa celebran la aprobación en el Parlamento Europeo del Paquete Ómnibus VI de la Química, que aún debe ser ratificado por el Consejo de la UE: «Marca la dirección a seguir por las instituciones en lo que respecta al fomento de la competitividad y el principio de Better Regulation». No obstante, aclaran que es un primer paso que ha de acompañarse por una continuidad en la práctica legislativa de las instituciones comunitarias.
Aliados tecnológicos
Mientras, la tecnología se ha convertido en una aliada para que las empresas cumplan con todo el armazón normativo con eficiencia. La española Xtremis ha desarrollado una plataforma SaaS para este sector impulsada por IA que digitaliza todo el compliance regulatorio. Su CEO, Óscar Pérez, explica que actúa como un copiloto interactivo (a través de un chat) que acompaña a los equipos de I+D. «Evalúa al instante cada ingrediente y subingrediente para comprobar si cumple con la legislación de las diferentes jurisdicciones, calcula el PAO, el tiempo durante el que el producto es seguro y puede utilizarse sin daño alguno para el consumidor después de abrirse, detecta posibles interacciones que provocan que la caducidad se vea reducida, da recomendaciones sobre el packaging más adecuado…», comenta. Al hacer el proceso de regulación en tiempo real desde las etapas iniciales de desarrollo del producto, el departamento legal recibe un expediente técnico depurado que los profesionales de carne y hueso solo tienen que revisar antes de dar el visto bueno. «De semanas pasamos a horas», dice.
La plataforma, que trabaja con 148 idiomas, se integra directamente con el ERP del laboratorio y, según indica el CEO de la firma, está despertando interés en todo el ecosistema, desde grandes multinacionales y pequeñas empresas hasta consultoras especializadas a las que los laboratorios delegan el complejo trámite normativo. «No sustituye el talento humano, pero acorta plazos y proporciona una seguridad sin precedentes», destaca como ventajas. Un ejemplo de cómo la tecnología ayuda al sector de la belleza a cumplir con una estricta regulación que las empresas comparten, pero que, al mismo tiempo, piden que refuerce su capacidad para competir en los mercados internacionales.
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