“¡Dios mío, qué miedo!, es como que te vuelvan a contar Hansel y Gretel con siete años”. Es todo lo que pudo decir un espectador maduro y visiblemente conmocionado tras el pase de The Witch (2015), la primera película de Robert Eggers, que esta tarde se ha vuelto a proyectar por todo lo alto en el festival de cine de Sitges (Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya). Reinó un silencio estremecido durante el pase en el Auditori Melià Sitges y al acabar la gente desfiló arrastrando los pies todavía conmocionada por el baño de horror que le había caído encima, como si saliera del tribunal de justicia de Salem.
El festival entrega su premio Máquina del Tiempo al cineasta que ofrece un aterrador aperitivo de su ‘Werwulf’ y vuelve a estremecer con su ya clásica ‘The Witch’
“¡Dios mío, qué miedo!, es como que te vuelvan a contar Hansel y Gretel con siete años”. Es todo lo que pudo decir un espectador maduro y visiblemente conmocionado tras el pase de The Witch (2015), la primera película de Robert Eggers, que esta tarde se ha vuelto a proyectar por todo lo alto en el festival de cine de Sitges (Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya). Reinó un silencio estremecido durante el pase en el Auditori Melià Sitges y al acabar la gente desfiló arrastrando los pies todavía conmocionada por el baño de horror que le había caído encima, como si saliera del tribunal de justicia de Salem.
Otro espectador se compadeció del primero que no acertaba a levantarse de su butaca, con todavía la carne de gallina: “¿No la habías visto?, te envidio tu primera vez, tío, es tremenda, ¿verdad?”. Ni con los ojos cerrados había manera de deshacerse de la visión de la bruja que acecha en el bosque, del macho cabrío negro, del tintineo de las espuelas del diablo en torno a la ambigua Thomasin (Anya Taylor-Joy) y de las mil penurias —rapto de bebé para ungüento incluido— que sufre la pobre familia acosada por el mal en su humilde granja de la Nueva Inglaterra del XVIII. La hechicera ha llegado de la mano de su propio creador, Eggers, gran renovador del fantástico, que por si no fuera bastante se ha traído también un poco de hombre lobo, un bocado por así decirlo.
Ha sido el día de Eggers en la 59 ª edición del festival, una cita llena de encantos y sustos, desde el hombre caracterizado de enanito, como David el gnomo pero en grande y con un hacha, a la chica con la polilla de El silencio de los corderos tatuada en la espalda, pasando por el automóvil que da sustos (“el coche escoge al conductor”, reza la publicidad del patrocinador Cupra que parece aludir a cierto Plymouth Fury del 58…). El cineasta de The Witch (que inauguró la 48 ª edición), El faro, El hombre del norte y la nueva versión de Nosferatu, ha recogido en el auditorio el Premio Máquina del Tiempo, ha departido ante el público con el director del festival Àngel Sala y ha ofrecido en exclusiva un adelanto de su nueva película sobre el hombre lobo, Werwulf, que se estrena a finales de año.
Tras darse un baño de multitudes en la alfombra roja, Eggers, que se ha paseado por Sitges como Pedro (Botero) por su casa y tiene un aspecto que no desmerecería en sus películas (igual los que se han hecho un selfie con él se encuentran con que no sale), se ha mostrado encantado con el galardón que se le ha entregado después de proyectarse un mix de imágenes de sus películas.
Al recibir el premio, una escultura de la célebre máquina del viajero del tiempo de H. G. Wells que ha comparado con un escudo vikingo en alusión a ese filme suyo en el que lo menos duro es el apellido del actor protagonista, Alexander Skarsgard, ha dicho que no hay nada mejor que los festivales de género como el de Sitges y el entusiasmo que manifiestan en ellos los fans.
Ha señalado que The Witch, que trajo en 2015 al festival fue el filme que le cambió la vida y que es un honor poder volver. Ha invitado a ver el fragmento de Werwulf que se ha traído bajo el brazo, unas escenas del centro de la película, que considera que es la más oscura de las que ha hecho (!) y ha animado: “Disfrutad”. El fragmento es de aúpa, arranca en el escenario de una matanza salvaje y sigue con unos cazadores de hombres lobo a caballo, uno de ellos Willem Dafoe, internándose en un bosque tan sombrío como puede ser un bosque de Eggers (incluido un roble con ahorcados) y guiados por una mujer deforme que los conduce a casa de una anciana siniestra: es la viuda de un hombre lobo a la que interrogan brutalmente para que les cuente algunos secretillos de familia, como que comía niñas. La proyección del fragmento, que ha dejado el cuerpo preparado para The Witch, ha sido saludada con aplausos y aullidos.

Luego, ante la pantalla que mostraba el cartel de esta edición, una alusión a Carrie con el pelo en forma de cintas de celuloide ensangrentado, Eggers ha hablado de su cine. Ha dicho que le gusta hacer películas históricas porque el horror funciona mejor cuando lo sitúas en una época en la que la gente creía en la existencia de seres sobrenaturales y monstruos. “Es más fácil sentir miedo si no hay electricidad”, ha apuntado. Por todo ello ha ambientado su Werwulf en la Inglaterra del siglo XIV en la que estaban muy vivas las supersticiones y las leyendas. Ha reflexionado que en todo caso igual es que le gusta más el cine de época que el de terror.
Ha explicado que le interesa investigar el folclore y la literatura para entender a la gente de otro tiempo y en qué creían. Y ha reflexionado que el auge actual de la fascinación por las tradiciones populares y leyendas quizá tenga que ver con buscar lo opuesto a nuestro mundo tan altamente tecnológico.
Del hecho de que tantos de sus personajes bordeen la locura, ha dicho que quizá se deba a su propio interés por analizar lo que le mantiene cuerdo.
Al señalarle Salas la dificultad de hacer un filme sobre el hombre lobo, que no tiene una base literaria como tienen las brujas, los vampiros y no digamos los vikingos (las sagas), ha reconocido que es cierto pero que ha buceado mucho en el folclore y el arquetipo del licántropo. Entre otras fuentes, ha estudiado cómo se exterminaron todos los lobos en la Inglaterra medieval y como hubo juicios por licantropía.
Ha acabado dejándonos con su bruja, “una bruja para recordar”; sin duda.
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