Paco Niebla recuerda que pasaba un frío horrible que se le metía en los huesos cuando le tocaba hacer guardia en una garita que llamaban Heidi, en el monte Guía, en el barrio de Teis, en Vigo (Pontevedra). El azar había querido que el periodista tuviera que hacer la mili en el municipio de sus abuelos paternos, asesinados durante la Guerra Civil tras triunfar en Galicia el golpe de Estado fascista. Corría el año 1982, Paco tenía 20 años y apenas tenía información de Paco y Angelita. No había visto nunca sus fotos, había pasado sin saberlo mil veces delante de la que había sido su casa, tampoco sabía que ella estaba embarazada de siete meses y que fue violada antes de ser ejecutada y menos que el asesinato ocurrió a menos de 500 metros de donde hacía guardia durante la mili.
El periodista Paco Niebla narra el crimen de sus abuelos en Teis tras el golpe de Estado, que investigó tras permanecer oculto durante años
Paco Niebla recuerda que pasaba un frío horrible que se le metía en los huesos cuando le tocaba hacer guardia en una garita que llamaban Heidi, en el monte Guía, en el barrio de Teis, en Vigo (Pontevedra). El azar había querido que el periodista tuviera que hacer la mili en el municipio de sus abuelos paternos, asesinados durante la Guerra Civil tras triunfar en Galicia el golpe de Estado fascista. Corría el año 1982, Paco tenía 20 años y apenas tenía información de Paco y Angelita. No había visto nunca sus fotos, había pasado sin saberlo mil veces delante de la que había sido su casa, tampoco sabía que ella estaba embarazada de siete meses y que fue violada antes de ser ejecutada y menos que el asesinato ocurrió a menos de 500 metros de donde hacía guardia durante la mili.
Pero veinte años después, esta historia de una represión feroz y silencio atronador empezó a emerger a 1.200 kilómetros de distancia, en Barcelona, cuando el padre de Paco, el señor Niebla, cumplió 70 años y sus hijos le regalaron una fotografía de cuando era niño con su abuelo, el padre de Angelita, que le enviaron desde Galicia. Paco cuenta que su padre era un hombre poco dado a expresar sus emociones, pero que con esa foto se rompió y confesó que le gustaría saber dónde estaban enterrados sus padres para llevarles flores.
“Nos dimos, me di cuenta, de que tenía una herida abierta en el alma y le prometí que lo investigaría”, cuenta ahora Paco, periodista de la agencia EFE, ya jubilado, en el acto de presentación en Barcelona del libro La protestante, ojos azules, corazón rojo, editado por Centros de Estudios de Vigo en la que rescata la historia de sus abuelos. Acompañado de la exconsejera Montserrat Tura, este martes, en la librería L’Illa de Mollet.
A base de consultar los archivos del Tribunal Militar y de conversaciones y de entrevistas con personas que les conocieron, Niebla ha reconstruido la vida de esta pareja, poniendo el foco en Angelita, feminista, republicana, activista, protestante —se acercó a esa colonia en Vigo por su vertiente social y alejada de la jerarquía católica– y de izquierdas. La pareja, que entonces tenía dos niños y esperaba el tercero, escondía en el sótano de casa a dos anarquistas y a un tercer joven contrarios al golpe. El matrimonio fue delatado por el carnicero del pueblo, que dedujo que compraban demasiada carne para ser solo cuatro de familia.
Un par de guardias civiles y ocho falangistas irrumpieron en la casa de la pareja, en el número 101 de la calle Sanjurjo Badia, en Teis, el 11 de abril de 1937 al sospechar que podían ocultar a militantes antifascistas. Los tres activistas lograron escapar. Antes de ser arrestados, Angelita llevó a sus hijos a casa de una vecina, pero ellos fueron conducidos hasta un montículo próximo. No se les volvió a ver. Hay quien recuerda cómo los fascistas tiraron por la ventana todos los enseres y cómo hicieron luego una hoguera en medio de la calle. Todo menos la máquina de coser –Angelita era modista- que se la llevó un guardia civil.

“Los hechos narrados son ciertos, pero les he puesto diálogos. Me he puesto en la piel de mis abuelos y he convivido con ellos y sentido sus preocupaciones, sus inquietudes y sus temores”, revela Niebla, que define así el libro: “Es una novela que no es una novela, un ensayo que no es un ensayo y un reportaje que no es un reportaje. Pero eso sí: es el reportaje de mi vida”. No oculta que pasó muchas noches sin dormir y que muchas páginas las escribió “llorando”. “He reabierto una herida familiar cerrada en falso para abrirla, desinfectarla y que cure mejor”, describe.
El doble crimen comportó que los dos hermanos fueran separados y acabaran viviendo con los abuelos: Eliseo, el pequeño, en El Ferrol, con la familia paterna, y el señor Niebla, que acabaría al final en Barcelona, con la materna. No se volvieron a ver hasta 1976. Tras estirar del hilo y hacer entrevistas, Niebla descubrió otros dramas en aquellos tiempos de silencio: supo que su tía abuela Maruja, que nunca aportó luz sobre lo sucedido a su hermana Angelita, estuvo en la cárcel acusada de haber abortado y enterrado en el jardín el bebé que tuvo y que nació sin vida. Su novio la había abandonado tras quedar embarazada. Una supuesta amiga la delató. Fue amnistiada durante la República.
La investigación ha rescatado también la terrible represión que sufrió Vigo tras el golpe de Estado, donde cuenta que mataron a alcaldes, regidores, sindicalistas y encarcelaron a miles de personas en los campos de concentración. “Las historias las escriben siempre los hombres que ganan las guerras. No he hecho este libro por ánimo de venganza sino para que los jóvenes sepan lo que pasó ahora que se niega tanto”, cuenta el periodista subrayando la importancia de la memoria histórica. “Es una historia local, pero universal, que pasó en España, pero podría haber ocurrido en Ucrania, Gaza o África”.

Niebla no había visto nunca la cara de su abuela hasta que su tío abuelo le envió una foto de estudio color salmón en la que se la ve de pie, con la mano apoyando el respaldo de una silla. No se sabe dónde está la pareja enterrada, pero gracias a esta investigación de casi 20 años el Ayuntamiento de Vigo honró primero su memoria en 2008 incluyendo su nombre en el nomenclátor de la ciudad e instalando una placa y en 2023 con un monolito por su solidaridad y determinación para acoger a personas perseguidas por la represión franquista.
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