Es día 30 de noviembre de 2023 e Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, pronuncia un discurso navideño para inaugurar el belén instalado en la Puerta del Sol. En este discurso al que acude la presidenta enfundada en un jersey navideño de publicidad del Metro de Madrid, su objetivo declarado es expresar “el verdadero sentido de la Navidad: nada nos gusta más que contemplar las caras de los visitantes al salir, y que lo hagan con una sonrisa”.
Al introducir el concepto comadreja de “libertad educativa”, se sitúa la elección individual o privada por encima del derecho universal a la educación pública
Es día 30 de noviembre de 2023 e Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, pronuncia un discurso navideño para inaugurar el belén instalado en la Puerta del Sol. En este discurso al que acude la presidenta enfundada en un jersey navideño de publicidad del Metro de Madrid, su objetivo declarado es expresar “el verdadero sentido de la Navidad: nada nos gusta más que contemplar las caras de los visitantes al salir, y que lo hagan con una sonrisa”.
Dirigiéndose al mismo tiempo a “muchos madrileños de nacimiento, adopción, y visitantes”, el discurso torna en seguida a retomar su palabra favorita “libertad” con la que la dirigente identifica su política, con frases que inciden en la dimensión religiosa de la fiesta navideña, pero con acentos políticos de proximidad: “Nuestras raíces católicas, universales, nos recuerdan que los hombres nacemos, ante todo, libres. El hombre es libre, hasta para decirle a Dios que No, hasta para hacer el mal más absoluto, que supone el terrorismo. Pero ahí está también nuestra esperanza: si somos libres para hacer lo peor, también lo somos para hacer lo mejor, para hacer el bien, e incluso, ser héroes”.
Una palabra comadreja es un tipo de apropiación semántica que reduce, altera o vacía el significado originario de una idea o concepto»
Esta intervención ejemplifica la estrategia comunicativa predominante de Díaz Ayuso: el empleo de las denominadas “palabras comadreja”. Este mecanismo fue acuñado originariamente por el teórico del neoliberalismo Friedrich Hayek. En nuestra investigación académica sobre la política madrileña publicada recientemente, (Requeijo y Aladro, 2026), profundizamos en cómo esta táctica altera el lenguaje y vacía de contenido la discusión pública.
Una palabra comadreja es un tipo de apropiación semántica que reduce, altera o vacía el significado originario de una idea o concepto. Inspirándose en una metáfora sobre cómo estos animales sorben el contenido de los huevos en los nidos, dejándolos intactos en su cáscara pero huecos en su interior, Hayek describió cómo ciertos términos políticos son despojados de su núcleo conceptual.
Líderes de corte ultraliberal o populista —como Donald Trump, Javier Milei o la propia Díaz Ayuso— utilizan palabras como “libertad” desplazándolas a contextos ajenos o forzados. Al vincular la libertad de forma directa con dogmas religiosos, con el consumo o el turismo, o al colocarla en dilemas binarios (como la fórmula “socialismo o libertad”), el término sufre un colapso semántico. La libertad pierde así su sentido filosófico o civil tradicional y se reinterpreta bajo una mezcla inane de nacionalismo, catolicismo, mercantilismo e individualismo.
Esta apropiación contradice enunciados clásicos del propio liberalismo. John Stuart Mill concibió la libertad en su núcleo como libertad de conciencia, oponiéndola a los dogmas religiosos. Al subordinar o ligar la libertad a una confesión concreta, la noción misma de libertad queda desarticulada.
Al introducir el concepto comadreja de “libertad educativa”, se sitúa la elección individual o privada por encima del derecho universal a la educación pública»
La consecuencia práctica del uso de las construcciones lingüísticas de líderes como Ayuso, es la erosión de las nociones de lo público y del interés común. Un ejemplo directo se observa en la educación. Al introducir el concepto comadreja de “libertad educativa”, se sitúa la elección individual o privada por encima del derecho universal a la educación pública. Con ello, lo público deja de ser un pilar básico y universal para convertirse en algo opcional.
Bajo esta premisa, se justifica que la administración reparta fondos públicos entre instituciones estatales y privadas, lo que en la práctica deriva en la privación de recursos para el sistema público. La misma lógica se traslada a sectores esenciales como la sanidad, los transportes o la administración general. El Estado, en manos de neoliberalistas como Ayuso, utiliza el pretexto de garantizar la “libre elección” para desvincularse de sus obligaciones en el modelo social.
Asimismo, la palabra comadreja “libertad” de Ayuso altera la naturaleza profunda del término cuando, por ejemplo, lo vincula al consumo y a la satisfacción de los deseos individuales. Citando a Simone Weil, la libertad auténtica no consiste en la satisfacción irrestricta de los deseos individuales, sino en la consecución del pensamiento y la acción. Cuando la palabra se pone al servicio del consumo y de apetitos particulares, se transfigura en un culto al individualismo mercantil sin valor en el medio político.
Muchas de las palabras comadreja de Díaz Ayuso son sumas de palabras que restan significado. Por ejemplo, cuando ella, y otros lideres de Vox, dicen que el feminismo es una ideología o hablan directamente de “ideología de género”. La reducción del feminismo a ideología devalúa tanto al feminismo -anulando lustros de lucha social- como a la propia ideología, considerada una manipulación malintencionada.
Cuando Ayuso define el sistema político como “democracia liberal”, roba todas las corrientes socialistas o socialdemócratas, y comunistas, a las que priva de su conexión con la democracia. No digamos, cuando habla de que España tiene solamente una “herencia judeocristiana” en la que desaparecen de un plumazo 800 años de legado árabe andalusí.
Las palabras comadreja tienen la virtud de destruir el sentido de acciones o conceptos políticos. En este marco conceptual, la propia acción de “politizar” se presenta como un valor negativo. Para Díaz Ayuso, lo político aparece como un elemento perjudicial que devalúa la verdad del individuo, de la economía y de la nación. Friedrich Hayek promovió el uso de estas estrategias para revitalizar el liberalismo político, en crisis desde comienzos del siglo XX. Su fórmula consistía en proyectar las dinámicas de mercado y la moral tradicional sobre el ámbito estrictamente político, haciendo de la religión y la economía los motores del neoliberalismo, y adelgazando el universo semántico de lo político.
En España, un fenómeno histórico endémico vino a sumarse a la fórmula de Hayek: el nacional-catolicismo. La fusión entre política y simbolismo religioso en nuestro país proviene de los tiempos medievales de guerra religiosa, en que una parte de la nación se postulaba como reserva espiritual frente a otra. El discurso de Ayuso resucita este marco, que también usó el franquismo, fusionando la identidad de Madrid con la defensa de valores católicos. Otros líderes como Abascal usan el nacional-catolicismo de la misma manera, sabiendo que esta operación tiene un beneficio político claro.
Otros líderes como Abascal usan el nacional-catolicismo de la misma manera, sabiendo que esta operación tiene un beneficio político claro»
Por otra parte, la vertiente mercantil del proyecto de Hayek transforma la gestión política en una mercantilización continua. La atracción de capitales, la turistificación y la flexibilización para los inversores se priorizan bajo la promesa de facilitar la iniciativa individual. De acuerdo con la teórica Wendy Brown, esta corriente entraña un nihilismo hacia los valores democráticos tradicionales, sustituyendo el bien común y el estado social por la lógica de mercado. Y las palabras comadreja permiten, como los aspiradores, acabar con todo rastro de contenido asociado al bien común, el servicio público o el diálogo democrático.
El éxito de las palabras comadreja en la política contemporánea responde a las dinámicas de un entorno saturado de ruido informativo. En un ecosistema comunicativo con exceso de discursos, la simplificación extrema de estas palabras actúa como un filtro que libera al electorado del esfuerzo de procesar propuestas complejas.
Esta apelación a la simplicidad y a las emociones primarias hunde sus raíces en tácticas históricas de propaganda, caracterizadas por el maniqueísmo, la invención de enemigos comunes y la reducción de problemas sistémicos a explicaciones elementales. Líderes como Ayuso, con inclinación al populismo encuentran en el vaciado semántico la herramienta idónea para ofrecer un alivio mental basado en una regla que Hitler ya usó cuando afirmaba: “Yo he venido a simplificar”.
Feed MRSS-S Noticias
