Al empresario José Carlos Sánchez Castro le iba tan bien con su negocio de tráfico de cocaína por el puerto de Algeciras que ya ni sabían dónde guardar el dinero en efectivo. Billetes de 50 euros mal escondidos en el armario de un garaje, liados en papel film, debajo del canapé de una cama; un suma y sigue hasta llegar a 16,5 millones de euros. Así que los 500 guardias civiles que, en la primavera de 2021, recopilaron tanto billete en más de 40 registros necesitaron hasta cuatro máquinas de contar dinero. Pero había más, quedaban los beneficios blanqueados. Los mismos que el principal investigado y su hermano Antonio Jesús, supuestamente, han usado para pagar hasta tres millones de euros en fianzas y fugarse a posteriori.
Los investigados acumularon 16,5 millones en efectivo y usaron otros tres para pagar las fianzas con las que consiguieron la libertad provisional
Al empresario José Carlos Sánchez Castro le iba tan bien con su negocio de tráfico de cocaína por el puerto de Algeciras que ya ni sabían dónde guardar el dinero en efectivo. Billetes de 50 euros mal escondidos en el armario de un garaje, liados en papel film, debajo del canapé de una cama; un suma y sigue hasta llegar a 16,5 millones de euros. Así que los 500 guardias civiles que, en la primavera de 2021, recopilaron tanto billete en más de 40 registros necesitaron hasta cuatro máquinas de contar dinero. Pero había más, quedaban los beneficios blanqueados. Los mismos que el principal investigado y su hermano Antonio Jesús, supuestamente, han usado para pagar hasta tres millones de euros en fianzas y fugarse a posteriori.
Es una de las conclusiones a las que ha llegado la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras en la operación Omnis, la tercera en cinco años que cerca la actividad delincuencial de los hermanos Sánchez Castro. La investigación, en colaboración con Europol, ha servido para destapar el entramado societario de blanqueo de capitales que la mafia había orquestado para lavar 8,6 millones. De ellos, la organización empleó esos tres millones de euros en pagar las fianzas de los detenidos en el operativo Jumita, el primero que descubrió que esa fachada de reputados empresarios transportistas en el puerto de Algeciras ocultaba una importante cooperativa para el tráfico de cocaína en la que estaban implicados 28 investigados, entre empresarios, trabajadores portuarios, funcionarios y hasta un exconcejal en el Ayuntamiento de Algeciras.
“Tenían un despacho para introducir dinero a pellizquitos, acumular una suerte de pitufeo que solo hacían temporalmente cuando venía una fianza que pagar. Pero la Guardia Civil no es gilipollas, establecieron el nexo”, apunta una fuente conocedora del caso. Las pesquisas del Instituto Armado han acreditado que el dinero de la droga se movía entre distintas sociedades mediante operaciones “simuladas”, como préstamos o facturas ficticias. De ahí saltaban a las cuentas desde las que se hicieron los ingresos en sede judicial necesarios, necesarios para obtener la libertad provisional.
“Pagaron el dinero porque no aguantaban un día más en prisión, pese a que no era una buena idea”, apunta la misma fuente. Aquello ocurrió apenas seis meses después de que explotase la operación Jumita, en la que los investigadores también recuperaron 1,6 toneladas de cocaína. Entre los meses de marzo y abril de 2022, la trama se dedicó a pagar con dinero del narcotráfico las fianzas de los principales investigados de la mafia que iban desde los 300.000 euros a los 400.000, según apuntan desde la Guardia Civil de Algeciras. Ese último importe es el que exigió la Audiencia Provincial de Cádiz con sede en esta ciudad para dejar en libertad provisional a Jose Carlos Sánchez. Su hermano Antonio Jesús, que se libró de acabar detenido en la operación Jumita, ya participó de estos pagos de origen ilícito, según añaden desde el Instituto Armado.
Tras ese primer palo a esta suerte de cooperativa para la cocaína, vino otro más en 2024, la operación Goodbye. En aquella ocasión, los agentes atribuyeron a la misma mafia hasta cinco intentos para introducir 3,4 toneladas de cocaína más en el puerto de Algeciras. Acabaron 22 personas detenidas. Aunque para ese entonces no dieron con tres de los principales investigados, ahora fugados y bajo búsqueda internacional. Entre ellos, se encuentra Jose Carlos Sánchez, en libertad tras el pago de aquella fianza con dinero de la coca, y su hermano Antonio Jesús, al que nunca pudieron siquiera llegar a detener en aquel operativo. Por ahora, no hay rastro de ellos.
El nuevo golpe contra la trama de los hermanos deja un balance de 44 personas detenidas. El Juzgado Número 4 de Algeciras, que instruye la causa, ha decretado prisión provisional para 12 de ellas. Además, los agentes han realizado 18 registros domiciliarios en distintas provincias, han bloqueado cuentas de 32 personas y 26 empresas y han intervenido 42 inmuebles y 17 vehículos relacionados con la organización. La laboriosa investigación ha llevado al análisis de 478 cuentas bancarias y más de 228.000 movimientos, correspondientes al lapso de años que va de 2022 a 2024. El volumen total de operaciones analizadas supera los 532 millones de euros, aunque la cantidad que se puede atribuir al blanqueo asciende a más de 8,6 millones de euros.
Todo ese complejo análisis económico ha logrado acreditar que el dinero se movía entre distintas sociedades que, en realidad, no tenían actividad. Muchas de esas empresas ni siquiera tenían empleados y aparecían domiciliadas en ubicaciones ficticias. Al frente figuraban personas interpuestas o testaferros que ocultaban a los verdaderos gestores de ese dinero. Toda esa estructura se usaba para mover fondos y dificultar la trazabilidad con transferencias entre cuentas, operaciones fraccionadas, préstamos no devueltos y movimientos internacionales sin justificación clara. A eso se suman operaciones con criptomonedas, una forma ya habitual de blanqueo para las tramas de narcotraficantes más evolucionadas.
La situación actual de José Carlos Sánchez y su hermano Antonio, fugados y con tres causas a sus espaldas, dista mucho de la que tenían a principios de 2020. Por aquel entonces, Jose Carlos tenía 38 años y aparentaba ser un empresario transportista de éxito en el puerto de Algeciras. Tras esa apariencia, ganó reputación en los círculos de la cocaína gracias a sus recurrentes viajes a Sudamérica, donde se labró la confianza de los grandes productores de la coca. Pero su emporio comenzó a desmoronarse cuando la Fiscalía Antidroga de Algeciras y la Guardia Civil tuvo conocimiento de todos esos movimientos. Parte de ese conocimiento fue gracias a la caída del conocido como chat de los narcos, Encrochat, una red europea en la que los narcotraficantes hablaban sin tapujos, creyendo estar en una red de comunicaciones protegida.
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