
El jefe de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), José Ángel Núñez, permaneció el 29 de octubre de 2024 al pie del cañón. Y en tensión. “Qué pesadilla. Que se acabe todo ya”, lamentó este responsable a otro meteorólogo, según los mensajes de WhatsApp a los que ha tenido acceso EL PAÍS. Las comunicaciones forman ya parte del sumario de la dana –la catástrofe que dejó 230 muertos- que instruye la jueza de Catarroja (Valencia) Nuria Ruiz Tobarra. El documento ha sido elaborado por la Asociación Valenciana de Meteorología (Avamet).
Los mensajes del jefe de Climatología del organismo estatal incorporados al sumario revelan el temor que originó la riada de 2024 entre los expertos
El jefe de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), José Ángel Núñez, permaneció el 29 de octubre de 2024 al pie del cañón. Y en tensión. “Qué pesadilla. Que se acabe todo ya”, lamentó este responsable a otro meteorólogo, según los mensajes de WhatsApp a los que ha tenido acceso EL PAÍS. Las comunicaciones forman ya parte del sumario de la dana –la catástrofe que dejó 230 muertos- que instruye la jueza de Catarroja (Valencia) Nuria Ruiz Tobarra. El documento ha sido elaborado por la Asociación Valenciana de Meteorología (Avamet).
A primera hora de la mañana, un meteorólogo de Chiva, donde nace el barranco del Poyo –la rambla que desató la tragedia- reporta a Núñez sobre la situación en este municipio. “Buenos días, José Ángel. Por aquí, se cae el cielo”, indica a las 8.47 horas. “Es impresionante. No sé cuánta altura puede haber […] Buff. Ahora, a ver cómo vacío el pluvio…”, añade. “Cuidado, Víctor, déjalo”, tercia el jefe de Climatología.
El mismo experto vuelve a reportar a Núñez a las 15.55 horas del recrudecimiento de la situación. “Algo de lluvia muy torrencial. Sin visibilidad y algún trueno”, apunta a las 15.57. Y, a las 17.01, le informa de que “llueve piedra”. “Se ha repetido la inundación de 1983”, informa a las 18.57 el especialista al responsable de la Aemet.
A las 19.07 horas, cuando arrecia lo peor del temporal, Núñez recibe un audio de un colega de Monserrat (Valencia, 10.000 habitantes). “Hola, buenas tardes. Te lo pongo por audio porque, si no, será imposible. Estamos en Monserrat. Sin luz ni Internet desde hace una hora y pico. La situación es crítica. Empezó a llover a eso de las 15.20 horas y, a partir de las 16.10, ha comenzado una granizada. Piedras gordas. Incluso, peor que pelotas de golf. […] Ya tengo casi 200 litros. Estamos a unos 60 litros por hora. Da verdadero miedo”, recoge la misiva.
Entrada la noche, a las 21.43 horas, el observador meteorológico de Chiva vuelve a ponerse en contacto con Núñez. Le informa por WhatsApp de la extrema gravedad en este municipio, donde el desbordamiento del barranco del Poyo comenzó a las 16.50 horas. “Yo, en el trabajo. Estamos atrapados. Las vías están inundadas. Las últimas noticias de mi familia es que está en casa con miedo. El techo estaba empezando a echar agua por todos los lados. Es un tejado de los antiguos, de cañas. No tienen señal de móvil”, dice el experto. “Mucho ánimo. Ya verás como será un susto solo”, reacciona el jefe de la Aemet. Al día siguiente, Núñez se interesa por la situación de su colega de Chiva. “¿Qué novedades tienes?, ¿Estáis todos bien?”, pregunta. “Buenos días, José Ángel. Estamos sin luz, agua ni teléfono”, responde el observador meteorológico.
Núñez también recibió información de un colega de Utiel. A las 15.12 horas, este experto le cuenta cómo encara la población la dana: “Qué razón tenías, José Ángel. Menudo diluvio”. Más tarde, a las 18.52 horas, el mismo interlocutor muestra su preocupación al dirigente del organismo estatal. “Ha sido impresionante. […] Aquí no absorbe nada […] Hasta las 17.00 horas, jarreaba (sic)”. “Hay una urbanización que no pueden acceder. Con gente en los tejados”, lamenta Núñez. “Esperamos que no hay desgracias”, añade.
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