
Para el escritor y periodista Jota Martínez Galiana (Tavernes de la Valldigna, 1972) “el actual gobierno valenciano ha ejercido la violencia política”. “No te socorro en un desastre como el de la dana, pero no me puedes criticar y, mientras, me empeño en un machaque constante para desbancar al Gobierno central”, critica. “Se están haciendo merecedores de que no nos compadezcamos de ellos. Si mañana Mazón sufriera un accidente o un divorcio o ingresara en la cárcel y yo no sintiera pena por él, eso no me haría menos humano”, sostiene. La violencia y los tabúes sociales que la acompañan son los ejes sobre los que gira su primera novela en valenciano, Malpaís (editada por la Companyia Austrohongaresa de Vapors). En ella, reflexiona “si justificamos algunos de sus tipos, si sirve para algo, si todos los ejercicios de violencia son iguales”. En dos planos, “el social y el personal”.
El escritor y periodista Jota Martínez Galiana reflexiona en su primera novela en valenciano sobre la violencia, el periodismo y la corrupción política
Para el escritor y periodista Jota Martínez Galiana (Tavernes de la Valldigna, 1972) “el actual gobierno valenciano ha ejercido la violencia política”. “No te socorro en un desastre como el de la dana, pero no me puedes criticar y, mientras, me empeño en un machaque constante para desbancar al Gobierno central”, critica. “Se están haciendo merecedores de que no nos compadezcamos de ellos. Si mañana Mazón sufriera un accidente o un divorcio o ingresara en la cárcel y yo no sintiera pena por él, eso no me haría menos humano”, sostiene. La violencia y los tabúes sociales que la acompañan son los ejes sobre los que gira su primera novela en valenciano, Malpaís (editada por la Companyia Austrohongaresa de Vapors). En ella, reflexiona “si justificamos algunos de sus tipos, si sirve para algo, si todos los ejercicios de violencia son iguales”. En dos planos, “el social y el personal”.
La novela sigue a Núria, periodista de izquierdas, y Alberto, político de derechas, en una Comunidad Valenciana gobernada por un partido conservador. En una época en la que un terrible suceso ha dejado decenas de muertos, sin que ningún alto cargo quiera hacerse responsable ni atienda siquiera a los familiares de las víctimas. Hay grupos políticos que resumen su ideario en el mantra de “los españoles, primero”. Estudiantes que han cursado todo su recorrido escolar en barracones piden en una huelga aire acondicionado para las aulas y que no se desvíe todo el presupuesto autonómico a los centros privados y concertados. Y la televisión pública se va desintegrando mientras trata de esconder todo aquello que afecta a los gobernantes. Una época reciente y que no es la actual. Pero que es “perfectamente reconocible para un lector valenciano mínimamente informado”.
Galiana define su obra como “una ucronía” en la que hechos reales se disfrazan para contar una alternativa a la historia. Mediante un enigmático grupo terrorista ficticio, Galiana indaga en lo que “habría pasado si a alguien se le hubieran hinchado las narices y hubiera dicho: ‘hasta aquí’”. Y de telón de fondo, la corrupción y el despilfarro que tuvieron lugar durante los gobiernos de Zaplana y Camps. “El primero ha sido condenado” y “es posible que el otro no metiera mano en la caja, pero permitió que sus subalternos trajeran a la trama Gürtel y firmaba contratos que hipotecaban a la ciudad, a la Comunidad entera, como el de la Fórmula 1”. “Si encabezaran una empresa privada y de ello comieran sus hijos, no harían algo así; pero como era público, invertían un dinero que no revertía en los ciudadanos”. “Son cosas que me indignan, que me sublevan”, sentencia.
“La violencia siempre es negativa”, subraya el escritor valenciano, que debutó en el campo de la novela con Ya no somos modernos, inspirada en la música independiente de los años 90. “Todos la llevamos dentro, en ocasiones a todos nos sale el genio, en mayor o menor medida. Sin embargo, tendemos a pensar que es obra de otros. Y la justificamos cuando la ejerce alguien de nuestra cuerda”. Con su nuevo trabajo, Galiana quería “mostrar que tiene muchos matices, que hay personas que con sus actos pierden el derecho a la compasión” cuando cambian las tornas. También se pregunta “a quién le interesa vendernos que con la violencia no se consigue nada”. “La violencia es un motor de cambio, aunque las cosas no siempre acaben funcionando bien”. “Es triste que el pueblo tenga que acudir a revoluciones cruentas, como la Francesa, la de Octubre en Rusia, la cubana, para combatir las injusticias. No se le podía pedir por favor al zar que tratara bien a los campesinos”.
“Y te das cuenta de que cuando alguien pretende jugar limpio, sus oponentes juegan sucio”, dice. “Mira lo que le hicieron a Mónica Oltra, fue una jugada que facilitó el cambio de Gobierno en la Comunidad. Usaron el poder judicial para eliminar a un rival político. Y te ves impotente ante una injusticia así”. Con la riada de Valencia pasó “lo mismo que con el accidente del Metro de Valencia cuando gobernaba Camps”. “Ni han aprendido nada, ni nosotros hemos aprendido a no votarles”. Pero no cree que todos los políticos sean iguales. “[Joan] Ribó fue un alcalde excelente, cercano, que circulaba por València en bicicleta sin necesidad de guardaespaldas”. “Todos los partidos son susceptibles de albergar un garbanzo negro, pero sí hay gente que quiere asumir responsabilidades para mejorar la vida de los demás, para trabajar”. “No es que la política sea mala, sino que nos empeñamos en elegir a gente a la que se le ve venir. Y que no se nos olvide que somos nosotros quienes les damos el poder”, zanja.
Antes de trabajar como traductor audiovisual y profesor de yoga, Galiana ejerció de periodista en medios como EL PAÍS y la SER. Y también resalta un oficio, a su juicio, en descomposición. “He visto cómo el periodismo va en picado, ha sufrido un progresivo desprestigio con las redes sociales, con los opinólogos, con los agitadores. Es desalentador”.
En esta novela rinde homenaje “al periodismo de una época en la que se despedía a quienes publicaban mentiras”. “Ahora las ves a cinco columnas en medios de relativo prestigio Y si el papel se pone al nivel de la fachosfera, de los medios creados para alimentar el fango, adiós periodismo”.
En la novela, cobra especial protagonismo la televisión autonómica Canal 9. En la que ve un antecedente de À Punt. “Esta novela la pulí durante seis meses que pasé en la India, en los que me mantenía informado a través de À Punt”, rememora. “Ahora no hay más que manipulación. Es muy triste. Un medio público debe informar con imparcialidad”. Y la TV autonómica “se ha convertido en un chiringuito en el que se impone el castellano y se emiten toros cuando hay miles de profesores protestando en las calles”.
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