
Durante tres décadas de negociaciones en la ONU, ha sido prácticamente imposible llevar a los acuerdos que salen de las cumbres climáticas la realidad de lo que le ocurre al planeta: el ser humano lo está sobrecalentando hasta unos peligrosos niveles con la quema continuada de los combustibles fósiles (el petróleo, el gas y el carbón). Trasladar esta evidencia científica a los textos de las cumbres ha sido imposible por el veto firme de los principales países productores a cualquier mención a los combustibles. “Hemos estado tratando los síntomas y nunca hemos dicho que los combustibles son la causa principal de este cáncer y es lo que tenemos que atacar”, ha resumido Juan Carlos Monterrey, enviado especial de Cambio Climático de Panamá.
La conferencia en la ciudad colombiana de Santa Marta abre un camino para abordar “sin tabúes” la transición para combatir el cambio climático
Durante tres décadas de negociaciones en la ONU, ha sido prácticamente imposible llevar a los acuerdos que salen de las cumbres climáticas la realidad de lo que le ocurre al planeta: el ser humano lo está sobrecalentando hasta unos peligrosos niveles con la quema continuada de los combustibles fósiles (el petróleo, el gas y el carbón). Trasladar esta evidencia científica a los textos de las cumbres ha sido imposible por el veto firme de los principales países productores a cualquier mención a los combustibles. “Hemos estado tratando los síntomas y nunca hemos dicho que los combustibles son la causa principal de este cáncer y es lo que tenemos que atacar”, ha resumido Juan Carlos Monterrey, enviado especial de Cambio Climático de Panamá.
“Por primera vez en 34 años se está teniendo una conversación que se le debía al mundo”, ha señalado Monterrey al referirse a la Conferencia sobre la Transición para ir más allá de los Combustibles Fósiles, que se ha cerrado este miércoles en la ciudad colombiana de Santa Marta. Esta cita, en la que han participado los representantes de 57 países —que acumulan el 30% del PIB mundial y del consumo de combustibles— ha alumbrado una coalición que pretende impulsar la transición energética y compartir iniciativas sobre cómo llevarla a cabo.
“Más allá de los combustibles fósiles sí hay un mundo posible”, ha enfatizado la ministra colombiana de Ambiente, Irene Vélez, en el cierre de la cita. Ha defendido, además, que en Santa Marta se hayan podido “levantar los tabúes”, en referencia a los vetos a las menciones a los combustibles fósiles. Como “un espacio seguro para el diálogo” ha definido la reunión la ministra de Clima de Países Bajos, Stientje Van Veldhoven. Colombia y Países Bajos han sido los coorganizadores de la primera conferencia de este tipo que se celebra y que ha congregado a una “coalición de los dispuestos, una coalición de los que hacen”, en palabras de Van Veldhoven.
En el encuentro, en el que además de una decena de ministros han participado científicos y representantes de la sociedad civil, se han compartido experiencias y también preocupaciones sobre esta “inevitable” transición, en palabras de Tina Stege, enviada especial de Cambio Climático de las Islas Marshall. “Es el único camino sensato para la seguridad y protección de todos”, ha añadido.
Esta conferencia nace con vocación de continuidad y Tuvalu e Irlanda coorganizarán la siguiente edición, que se celebrará en el pequeño Estado insular del Pacífico en 2027. Pero la conferencia también nace con unas tremendas incertidumbres sobre cómo encajará en el sistema de cumbres del clima de la ONU y el Acuerdo de París, un proceso multilateral que el medio centenar de países participantes en esta cita sigue defendiendo pese a lo “frustrante” de las últimas cumbres, como muchos de los asistentes reconocían en los pasillos del centro de convenciones de la ciudad caribeña que ha acogido el encuentro.
La conferencia ha sido una reunión transversal en la que que países productores de combustibles (como es el caso de Colombia, Brasil, Noruega y Canadá) y naciones netamente consumidoras (como España, Alemania, Bélgica y el Reino Unido) han compartido sus propuestas e inquietudes, pero sin cerrarse un acuerdo final o una única vía para transitar.
Por ejemplo, se ha hablado de la posibilidad de poner en marcha un tratado de no proliferación de combustibles fósiles; o de cómo ponerle fin a las ayudas públicas que reciben el petróleo y el carbón; o de cómo las naciones con menos recursos necesitan instrumentos que les permitan reducir su deuda externa en el contexto de la transición; o de cómo los países productores pueden afrontar la pérdida de los ingresos fiscales ligados al sector fósil… Más de 600 aportaciones han recopilado los coorganizadores de esta cita. Y como resultado de esta conferencia se crearán varios grupos de trabajo sobre asuntos como las emisiones del sector de la producción de combustibles, los subsidios, la fiscalidad o las necesarias reformas del sistema financiero. Además, se ha creado un panel científico que ayudará a los países recorrer el camino para abandonar el carbón, el petróleo y el carbón.
“Estas conversaciones son realmente saludables y útiles”, ha reconocido Rachel Kyte, la enviada especial de cambio climático del Reino Unido. “Esta no es una conversación que podamos tener fácilmente en los pasillos de la ONU o en las COP”, ha añadido en referencia a las cumbres del clima.
Frustración
La última de esas cumbres de la ONU se celebró en noviembre en la ciudad brasileña de Belém. Y en cierto modo fue un punto de inflexión, porque el veto de los petroestados hizo de nuevo imposibles las menciones a los combustibles fósiles. La mayoría de los asistentes a Santa Marta vivieron esa frustración hace cinco meses.
El comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra, ha sido uno de los participantes en esta conferencia que, quizás, ha hablado de eso de una forma más descarnada: “La realidad, desafortunadamente, es que, y lo vimos muy bien en la COP anterior, lo único que podemos conseguir allí es el denominador común más bajo”. El origen del problema radica en la forma con la que se adoptan las decisiones en la COP, por consenso, lo que otorga una capacidad de veto a cualquiera de las 200 naciones que participan. “Es una de las maldiciones del multilateralismo”, admitía Hoekstra. Por eso, opinaba, sería necesario revisar el funcionamiento de las COP.
Pero Hoekstra también reconocía que convertir las COP en algo “completamente nuevo” no será una tarea fácil, por lo que “parte del futuro de la diplomacia climática internacional” será con “iniciativas plurilaterales” como la conferencia celebrada en Santa Marta. El objetivo, como abundó el comisario, es lograr forjar una “coalición” y que más países se sumen a ella.
A nadie se le escapa que falta aquí el principal emisor mundial, China, que sí sigue implicado en las cumbres del clima, a diferencia de Estados Unidos, el segundo contaminador global. “China sería bienvenida y sería importante que esté”, ha admitido Kyte.
Defensa del multilateralismo
Pese a ese sentimiento de frustración con las COP compartido por la mayoría de asistentes a Santa Marta, los países también han querido defender, frente a los ataques de los ultras con la Administración de Trump a la cabeza, el multilateralismo. “Es indispensable para abordar una crisis global que trasciende fronteras”, se señala en el posicionamiento conjunto de los 14 países europeos que han participado en Santa Marta, entre los que figuran las cuatro grandes economías de la UE: Alemania, Francia, Italia y España. El escrito defiende que Santa Marta debe ser un impulso para las cumbres del clima de la ONU además de representar “una señal fuerte a empresas, instituciones financieras y bancos multilaterales de desarrollo para que inviertan en la transición energética”.
“El lanzamiento de esta conferencia ya es un éxito en sí mismo”, ha valorado la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, quien ha recalcado que el objetivo es que las discusiones de esta iniciativa sirvan “como catalizador” para “llegar a la próxima COP con un verdadero impulso”.
Esta conferencia se gestó en un momento de frustración, y se ha celebrado en otro en el que la dependencia de la economía mundial de los combustibles fósiles se está poniendo en duda más allá de por razones ambientales o de competitividad (los costes de las renovables y los coches eléctricos siguen cayendo). Con la guerra en Oriente Próximo, y la crisis de precios y suministro vinculada al conflicto, ha aumentado la sensación de falta de seguridad que genera la adicción al petróleo y el gas.
“La dependencia de los combustibles fósiles genera vulnerabilidad y alejarse de ellos puede proteger a la economía y a la población de los efectos dominó del conflicto, la inestabilidad y la volatilidad. La transición desde los combustibles fósiles reduce las vulnerabilidades”, apunta el texto firmado por los países europeos como cierre de esta cita. “La dura realidad es que Europa está siendo rehén de algo que no puede controlar”, admitía el comisario de Clima. “Las lecciones aprendidas de las crisis impulsadas por los combustibles fósiles de los últimos años nos obligan a acelerar su eliminación gradual”, ha remachado Aagesen.
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