El Gobierno italiano de Giorgia Meloni ha decidido enviar a Milán 500 soldados para garantizar la seguridad de la ciudad tras dos noches consecutivas de caos y saqueos en el centro, en una emulación de lo sucedido en Francia. Lo ha anunciado el vicepresidente y líder de La Liga, Matteo Salvini, milanés, este lunes por la tarde como parte de un decreto con nuevas medidas de seguridad que el Consejo de Ministros aprobará probablemente el martes. Meloni ha mantenido una reunión con varios ministros y responsables de seguridad para acordar algunas decisiones, como extender el arresto preventivo a menores de edad, según los medios italianos. Es una medida aprobada recientemente que permite retener antes de una protesta a los sospechosos de posibles actos violentos. También se baraja la prohibición de reunirse en grupo en lugares públicos a los menores detenidos.
La ciudad ha amanecido traumatizada, con un fuerte despliegue policial en el Duomo y decenas de padres esperando en comisaría a 271 chicos detenidos
El Gobierno italiano de Giorgia Meloni ha decidido enviar a Milán 500 soldados para garantizar la seguridad de la ciudad tras dos noches consecutivas de caos y saqueos en el centro, en una emulación de lo sucedido en Francia. Lo ha anunciado el vicepresidente y líder de La Liga, Matteo Salvini, milanés, este lunes por la tarde como parte de un decreto con nuevas medidas de seguridad que el Consejo de Ministros aprobará probablemente el martes. Meloni ha mantenido una reunión con varios ministros y responsables de seguridad para acordar algunas decisiones, como extender el arresto preventivo a menores de edad, según los medios italianos. Es una medida aprobada recientemente que permite retener antes de una protesta a los sospechosos de posibles actos violentos. También se baraja la prohibición de reunirse en grupo en lugares públicos a los menores detenidos.
El día después de los disturbios en el centro de Milán, por segunda noche consecutiva, la plaza del Duomo está llena el lunes de furgones de la policía. A primera hora de la tarde, agentes antidisturbios aguardan con sus escudos en las esquinas. Cuando empieza a caer el sol crece el temor y la tensión, entre el jaleo de turistas, porque no se sabe si habrá también una tercera noche de incidentes. Milán es una ciudad traumatizada, tras ver violentas escenas de grupos armados con barras de hierro que rompían escaparates y saqueaban tiendas de ropa para llevarse zapatillas de marca, o móviles en locales de telefonía, o asaltaban supermercados para robar tartas y hasta se llevaban bicicletas del Decathlon de Piazza Cairoli.
De momento, hacia las siete de la tarde se ha registrado una trifulca en Corso Vittorio Emanuele, donde un grupo de simpatizantes de la derecha había colocado una pancarta con la frase “Os remigraremos a todos”, pues parte de los participantes en los disturbios eran italianos de segunda generación, nacidos en Italia de padres inmigrantes. El apelativo desdeñoso con el que se les llama, en concreto a los que se visten con ropa deportiva y un cierto estilo callejero, es “maranza”. Un grupo de jóvenes se ha acercado a increparles por la pancarta y ha empezado una pelea con insultos y el lanzamiento de petardos. Ha tenido que intervenir la policía.
Han contribuido a caldear más el ambiente unas declaraciones del famoso rapero milanés Marracash, que no es un chaval, tiene 47 años, pero es un referente de miles de jóvenes por sus letras de denuncia y en redes sociales ha escrito: “Me esperaba esta reacción desde hace tiempo y creo que estamos solo al principio. Por las buenas no cambias las cosas”.

La mayoría de las tiendas de marcas de lujo de calle Monte Napoleone, la más exclusiva de Italia, han cerrado a las dos de la tarde. Versace, Gucci, Prada, casi todas. En el llamado cuadrilátero de la moda muchos locales de todo tipo han echado también la persiana.
En calle Torino, la gran vía comercial que sale de la plaza del Duomo se ven escaparates rotos la noche del domingo. “Empezaron a romper todo, tuvimos que meter a los clientes dentro y cerrar las puertas”, cuenta un camarero del bar Granaio, que está colocando las mamparas de cristal de la terraza, medio rotas. Pero muchos otros bares quitan las mesas cuando avanza la tarde.
Entre una tienda de Foot Locker y otra de Champion, que fueron saqueadas y están cerradas, agentes de paisano registran a siete chicos. Todos vestidos de negro con ropa deportiva, el uniforme de estas movilizaciones. Todos con aspecto de ser menores de edad o casi. Varios de ellos, italianos de segunda generación. Los alrededores del Duomo están llenos de policías de calle, este lunes el objetivo es que los chavales no lleguen a juntarse en la plaza, pararlos antes.
Pero el problema, según explican las autoridades en los medios, es que no se sabe bien de dónde salen estos jóvenes ni qué quieren, no tienen mensajes políticos, no están organizados, acuden llamados por mensajes en Tik Tok y Telegram, y luego se mueven espontáneamente en grupos dispersos recorriendo la ciudad. Es pura rabia de descontento social. La etiqueta que les ha movilizado es simplemente “#italiainpiazza” (Italia en la calle). De hecho, se han visto en los disturbios banderas italianas, pero también palestinas y de otros países, como Albania, Marruecos y Túnez.
Muchos de estos jóvenes son de las afueras de Milán, una ciudad cada vez más rota por las desigualdades económicas, y llegan el fin de semana en tren de los municipios del norte hasta la estación Milano Centrale. En otras ciudades del norte, como Bérgamo, Brescia, Turín y Verona, se registraron también altercados la noche del sábado, además de en Bolonia, la única ciudad más al sur donde ha habido incidentes.
“Acciones destructivas de rara violencia”
La noche del domingo se juntaron en Milán en torno al Duomo unos 2.000 jóvenes, según las fuerzas del orden. De ellos, 271 acabaron detenidos y 220 eran menores, el 80%. La mayoría son italianos y 60, extranjeros. Para comprender quiénes son un buen lugar ha sido la puerta de la comisaría de calle Fatebenefratelli, donde desde primera hora de la mañana decenas de padres y madres esperaban que los soltaran. Italianos, egipcios, tunecinos, ucranios. Preocupados, muchos de ellos muy enfadados, con ganas de echarle la bronca a su hijo. Algunos descubrieron que su hijo estaba detenido con la localización del móvil. Otros lo vieron incluso en vídeos colgados en redes sociales, que mostraban cómo lo arrestaban.
Los autos de los fiscales donde piden al juez la custodia cautelar de al menos 11 de los detenidos usan palabras duras: han mostrado “una significativa capacidad criminal” con “acciones improvisadas destructivas y de rara violencia”. Las acusaciones son de devastación y saqueo, que implican penas de hasta 15 años de cárcel.
La cámara de comercio milanesa calcula que los destrozos han causado daños por valor de un millón y denuncia el daño a la imagen de la ciudad, que está causando cancelaciones en las reservas de hoteles.
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