La gira marítima con la que el embajador de Estados Unidos en Italia, Tilman Fertitta, está celebrando los 250 años de la independencia estadounidense, a bordo de un megayate de lujo, ha abierto una polémica en el país por el uso de su opulenta embarcación y por el dispositivo de seguridad que se tiene que desplegar para garantizar la seguridad del diplomático durante el recorrido.
La oposición cuestiona el uso de medios públicos para escoltar el recorrido del superyate del multimillonario Tilman Fertitta, íntimo amigo de Trump, por distintos puertos del país
La gira marítima con la que el embajador de Estados Unidos en Italia, Tilman Fertitta, está celebrando los 250 años de la independencia estadounidense, a bordo de un megayate de lujo, ha abierto una polémica en el país por el uso de su opulenta embarcación y por el dispositivo de seguridad que se tiene que desplegar para garantizar la seguridad del diplomático durante el recorrido.
El embajador estadounidense ha planteado esta singular iniciativa como una misión institucional, que llama “crucero diplomático” para conmemorar la histórica fecha. Su idea es recorrer distintas regiones italianas durante las próximas semanas, para reunirse con políticos locales, empresarios y representantes militares, con el objetivo de fortalecer las relaciones entre EE UU e Italia.
El diplomático y multimillonario estadounidense llegó este viernes a Venecia a bordo del Boardwalk, un yate de 117 metros de eslora valorado en 450 millones de dólares. La embarcación entró en la laguna con la asistencia de un remolcador y bajo vigilancia de unidades de la Guardia Costera italiana, antes de atracar en la Riva dei Sette Martiri, una zona situada aproximadamente a un kilómetro de la plaza de San Marcos y protegida por agentes de la Policía y los Carabineri.

La llegada provocó una manifestación de unas 300 personas, según los medios locales. Los participantes marcharon por la ciudad con mensajes contra Fertitta, el presidente Donald Trump y la presencia de grandes fortunas en Venecia. Al intentar aproximarse a la zona donde estaba atracado el yate, se registraron algunos forcejeos de carácter menor con las fuerzas del orden. “Venecia no se USA”, “No a la arrogancia” o directamente “Fuck Trump’ se leía en algunas de las pancartas de los manifestantes.
La visita del embajador coincide además con la Fiesta del Redentor, una de las celebraciones más importantes del calendario veneciano, que reúne a miles de residentes y turistas para asistir a los tradicionales fuegos artificiales y actos religiosos. La coincidencia ha incrementado aún más la preocupación de las autoridades por la seguridad y ha avivado las críticas de colectivos locales, que desde hace años denuncian el impacto del turismo masivo, la celebración de grandes eventos privados y el tránsito de grandes cruceros por la laguna de Venecia.
“Es una vergüenza que se acoja en el corazón de la ciudad, el día de la Fiesta del Redentor, al megayate del embajador estadounidense”, ha señalado en un comunicado el secretario veneciano del sindicato CGIL, Daniele Giordano.
Pero la controversia no se limita solo a Venecia. El diputado Angelo Bonelli, de Alianza Verde e Izquierda (AVS), ha anunciado que exigirá al Gobierno de Georgia Meloni que ofrezca explicaciones en el Parlamento sobre los medios públicos empleados.
Según Bonelli, el periplo ha contado en diferentes etapas con vigilancia de unidades de la Guardia di Finanza y de la Guardia Costera, además de helicópteros y personal de las fuerzas de seguridad italianas. El diputado sostiene que el Estado no debería asumir el coste de lo que considera una protección excepcional de una embarcación privada y ha reclamado que se aclare quién paga el operativo. El Boardwalk, según los datos citados por Bonelli, supera las 5.000 toneladas y tendría un valor estimado de unos 450 millones de dólares. “Italia no se puede convertir en la escolta gratuita del megayate privado del embajador de Estados Unidos”, ha denunciado Bonelli. Y ha insistido: “Deberíamos pasarle la factura a Trump”.
Fertitta, empresario multimillonario nombrado embajador por Trump y propietario del equipo de baloncesto los Houston Rockets de la NBA, ha denominado a la iniciativa ‘Freedom 250 Coastal Diplomacy Tour’, el crucero diplomático para celebrar los 250 años de la independencia estadounidense. El recorrido comenzó a finales de junio y contempla distintas etapas a lo largo de la península italiana, con actos en los que el diplomático reúne a representantes políticos, autoridades locales y empresarios para promover las relaciones bilaterales.
Durante su paso por Sicilia, Fertitta recibió a dirigentes políticos y empresariales a bordo del yate y aseguró que uno de los objetivos de su gira es incrementar los intercambios comerciales entre Estados Unidos, Sicilia y el resto de Italia. La visita tuvo también una dimensión personal: la familia del embajador es originaria de Cefalú, desde donde sus antepasados emigraron a Estados Unidos a finales del siglo XIX.
La gira llega en un momento en el que la relación, en otros tiempos idílica, entre Donald Trump y Georgia Meloni está en sus horas más bajas, después de una sucesión de choques y cruces de declaraciones. El último roce se produjo hace unas semanas, cuando Trump dijo que la líder italiana le había “suplicado” que se hiciera una foto con ella durante la última cumbre del G7. Meloni dijo que su homólogo y antiguo amigo se había “inventado” esa anécdota y recalcó que ni ella ni Italia “suplican nunca”.
Fertitta, que siempre ha sido muy conciliador en este aspecto, ha quitado hierro al asunto y rechaza que exista una ruptura entre ambos gobiernos. El embajador ha defendido la gira como una celebración de la amistad entre Italia y Estados Unidos. Y ha definido las relaciones entre ambos países como “excelentes”, además de defender que Trump y Meloni mantienen una relación consolidada, aunque puedan surgir desacuerdos puntuales. “También los mejores amigos discuten”, afirmó durante una etapa de su recorrido por Sicilia.
Desde que asumió el cargo, en mayo de 2025, Fertitta ha optado por no instalarse en Villa Taverna, la tradicional y lujosa residencia del embajador estadounidense en Roma.
En cambio, ha hecho de su lujoso yate su residencia principal. Allí tiene su despacho y pasa la mayor parte del tiempo, fondeado entre Civitavecchia y otros puntos de la costa del Lacio. Desde allí se desplaza cuando necesita acudir a la residencia oficial o a la sede de la Embajada de Estados Unidos en el centro de la capital italiana. Al principio realizaba estos traslados en helicóptero, pero tras algunas dificultades logísticas y de seguridad, el embajador comenzó a utilizar también el coche.

Pese a estos cambios, el yate ha seguido siendo su base habitual. Hasta hace pocas semanas utilizaba el anterior Boardwalk, sustituido ahora por una nueva embarcación con el mismo nombre, de mayores dimensiones y equipada con más prestaciones. El nuevo Boardwalkmes tan grande que cuenta con dos helipuertos, varias piscinas, un spa, un gimnasio y un pequeño campo de golf. Por dentro está completamente decorado con mobiliario de lujo, dispone de 11 camarotes para invitados y tiene capacidad para alojar a 42 miembros de la tripulación.
Fertitta, de 69 años y originario de Galveston (Texas), es un empresario muy rico y apoya a Trump desde hace años. Posee cientos de restaurantes y una de las principales cadenas estadounidenses de hoteles de lujo, Landry’s, y emplea a más de 50.000 personas.
El ‘crucero diplomático’ comenzó con una velada de celebración a bordo del Boardwalk en Civitavecchia, a la que asistieron autoridades locales, empresarios y periodistas. En otras escalas, como Nápoles y Palermo, el embajador organizó sendas fiestas similares. En Nápoles, el diplomático invitó a subir a bordo, entre otros, al alcalde Gaetano Manfredi, al presidente de la región de Campania, Roberto Fico, y al presidente del club de fútbol Napoli, Aurelio De Laurentiis. Durante el encuentro, Fertitta explicó que le gustaría comprar algún día un equipo de fútbol italiano, aunque no especificó cuál.
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