El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado un nuevo paso en su afán por transformar la estética de Washington adaptándola a su gusto muy personal. Cuando su Administración asegura que las obras para construir un gigantesco arco de triunfo en una de las entradas a la capital están a punto de comenzar, él ha ordenado este sábado a los museos Smithsonian retirar una famosa escultura, instalada en 1967 en el centro de la capital, y sustituirla por una estatua de George Washington, el primer presidente de la nación.
El presidente de Estados Unidos considera que la escultura modernista “Infinity” de José de Rivera, instalada en 1967, “no dice nada a los visitantes ni inspira”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado un nuevo paso en su afán por transformar la estética de Washington adaptándola a su gusto muy personal. Cuando su Administración asegura que las obras para construir un gigantesco arco de triunfo en una de las entradas a la capital están a punto de comenzar, él ha ordenado este sábado a los museos Smithsonian retirar una famosa escultura, instalada en 1967 en el centro de la capital, y sustituirla por una estatua de George Washington, el primer presidente de la nación.
En un mensaje en sus redes sociales, el republicano reclama a los atribulados museos Smithsonian, a los que desde su regreso a la Casa Blanca trata de imponer una limpieza ideológica, que coloquen en la sala de Banderas del museo de Historia de Estados Unidos una estatua del fundador del país que se mostró durante la carrera de automóviles de la competición IndyCar el mes pasado, otro de los acontecimientos que alteraron el aspecto de la ciudad promovidos por el propio Trump.
La colocación de esa estatua debería ocurrir de inmediato: Trump la quiere expuesta para el 17 de septiembre, día de la Constitución. Inmediatamente después, exige, el museo deberá organizar una exposición de cinco años de duración sobre la “Vida, Sacrificio y Contribuciones de George Washington”.
Además, ordena, “tan pronto como sea posible, se instalará un coloso de treinta pies (unos diez metros) de Washington donde hoy día está ‘Infinity’”.
Esa estatua fue la primera de escuela abstracta que se instaló en el Mall, el gran parque donde se encuentran los museos Smithsonian y que conecta el Capitolio y el monumento a Abraham Lincoln a lo largo del centro de la capital. Su autor, José de Rivera, murió en 1985.
Trump desdeña la carga histórica y el valor artístico de “Infinity”, a la que describe como “una extraña escultura moderna que no dice nada a los visitantes sobre Estados Unidos, no inspira a nadie y no rinde homenaje a ninguno de nuestros grandes héroes estadounidenses”. Según él, es necesario sustituir “una escultura que no dice nada sobre Estados Unidos por la de un hombre que, más que nadie, lo dice todo sobre Estados Unidos”.
Y concluye su mensaje en redes: “así es como deberíamos comenzar a rendir honores a George Washington en el plazo hasta su 300 cumpleaños en 2032″.
Los museos Smithsonian dependen de una sociedad público-privada, que desde su creación en 1846 ha funcionado de manera independiente. Pero Trump presiona para controlarla y en marzo del año pasado firmó una orden ejecutiva en la que estipula que se establezca una limpieza de “ideología inapropiada, divisiva o antiamericana”. También amenaza con retirar los fondos federales con los que se finanza la institución. El secretario general de los museos, Lonnie Bunch III, presentó su dimisión esta semana, alegando el agotamiento que le han causado las constantes fricciones.
El Museo de Historia Estadounidense es uno de sus objetivos particulares. En julio, la Administración republicana emitió un informe sobre esa institución, a la que acusa de “activismo político extremo”. El museo rechaza la acusación y subraya su compromiso con el pueblo estadounidense.
“En lugar de centrarse en un activismo ideológico, los líderes del Museo de Historia Nacional, sufragado por los contribuyentes estadounidenses, deberían centrarse en contar la historia de Estados Unidos -de manera imparcial, exacta y coherente- y no hay mejor figura con la que empezar que con George Washington”, sostiene el mandatario.
No es el único cambio reciente en el paisaje artístico de Washington. El centro Kennedy para las Artes, otro de los grandes símbolos del mundo cultural de la ciudad que Trump y sus aliados han tomado bajo su control, acaba de retirar de sus jardines sin previo aviso su escultura “Azul”, de Joel Shapiro, visible durante años sobre el río Potomac. El ex comisario de la institución para las Artes Visuales Josef Palermo contó al periódico The Washington Post que Trump quiere que se exhiba otra colección de piezas diferente cuando el Kennedy haya completado la remodelación que ha ordenado el presidente y reabra dentro de dos años.
Feed MRSS-S Noticias
