Las emociones positivas o negativas que perciben los españoles hacia los dirigentes políticos serán objeto de encuesta y contabilidad a partir de ahora. Así lo han asumido investigadoras del Equipo de Investigaciones Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela con la elaboración del Barómetro de Emociones Políticas de España, del que este miércoles se ha presentado la primera edición, y que será actualizado cada seis meses.
El primer Barómetro de Emociones Políticas de España desvela más sentimientos negativos que positivos hacia los dirigentes, y sitúa a Abascal como el político que más miedo suscita
Las emociones positivas o negativas que perciben los españoles hacia los dirigentes políticos serán objeto de encuesta y contabilidad a partir de ahora. Así lo han asumido investigadoras del Equipo de Investigaciones Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela con la elaboración del Barómetro de Emociones Políticas de España, del que este miércoles se ha presentado la primera edición, y que será actualizado cada seis meses.
Los resultados de estudio muestran una población que en general no pasa de la política como constataban otros estudios hace años, sino que se ve emocionalmente afectada por ella (y además lo verbaliza) sobre todo para mal, a juzgar por los datos revelados este miércoles en Granada.
Los investigadores de la universidad gallega preguntaron a los encuestados por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; por el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo; por la coordinadora general de Sumar, Yolanda Díaz, y por el presidente de Vox, Santiago Abascal. Sánchez y Abascal son quienes generan sentimientos más apasionados. Sánchez aparece con un claro desequilibrio negativo: frente al 24% de ciudadanos que sienten orgullo, hay una mayoría, 61,6% que trasluce preocupación, y muy poco menos, 59,3%, enfado. Esas dos emociones negativas más que duplican el orgullo que despierta.
El barómetro liderado por la investigadora Nieves Lagares Díez analiza hasta nueve emociones concretas: orgullo, esperanza, entusiasmo y tranquilidad, en el lado positivo; y enfado, preocupación, odio, desprecio y miedo en el lado negativo. También ha preguntado por el sentimiento hacia España y hacia el rey emérito, Juan Carlos I, y su papel en la Transición.
El primer boceto que muestra el barómetro es el de una población que en una aplastante mayoría (95,3%) siente alguna emoción hacia los líderes políticos y su trabajo, frente a poco más del 4% restante de la ciudadanía, sin emociones declaradas hacia la política. Lagares recuerda que en estudios previos a este barómetro, allá por 2011, solo el 45% sentía esas emociones, frente a un 55% de insensibles. La investigadora explica que “la gente también sentía emociones entonces, pero no las expresaba. Ahora, con la política actual, la gente expresa lo que siente. Y no se va a volver atrás”.
Lagares ha puesto otro marco general a su barómetro: “La política se siente, no solo se piensa. Además, se trata de emociones dinámicas, que varían”. También, ha dicho, se pueden sentir emociones contradictorias simultáneamente, “como enfado y orgullo hacia un mismo líder”. Esto último se percibe en que, en todos los casos, la suma de los porcentajes de cada dirigente en los nueve parámetros siempre supera el 100%. En todos los políticos analizados, las emociones negativas predominan frente a las positivas: En palabras de Lagares, “el español que piensa bien de los políticos es una especie en extinción en este momento”. De esos parámetros uno, el odio, se puede explicar en una frase: es el concepto más reducido y hay dos categorías: Sánchez y Abascal recogen un 8% de odio y Feijóo y Díaz, un 4%.
A partir de ahí, y en el caso de Pedro Sánchez, el enfado y la preocupación llegan al 60% en ambos parámetros, frente a un 23% que siente miedo y unos puntos menos desprecio. En el lado opuesto, está la esperanza que ofrece al 27% de la población, el orgullo sentido por el 24% y la tranquilidad del 26,4%. A pesar de esa visión negativa que traduce, Sánchez encabeza los porcentajes de orgullo, esperanza y tranquilidad. El entusiasmo lo deja en manos de Yolanda Díaz, que obtiene un 40% en ese parámetro, muy cerca de Sánchez y a años luz de Abascal y Feijóo, cuyo termómetro de entusiasmo es del 1,5% para el líder de la ultraderecha y de 5,2% para el del PP.
Nuñez Feijóo proyecta enfado y preocupación en el mismo porcentaje, algo más de un 42%, frente a un 19% de miedo. El orgullo (13,7%) y la tranquilidad (23%) se sitúan en el escalón inferior. El valor de la esperanza que genera alcanza a uno de cada tres españoles y el entusiasmo se queda en la mitad de eso. En esa zona templada se instala también Yolanda Díaz, con un 37% de ciudadanos a los que provoca enfado y preocupación y solo un 12%, la que menos, miedo. La tranquilidad y el orgullo están algo por encima del 20%.
Finalmente, el líder de la ultraderecha, Santiago Abascal, es el que provoca más emociones negativas, con datos cercanos a la mitad de la población que siente enfado (47,6%), miedo (43%) y sobre todo preocupación (54,4%). Apenas un 14% siente orgullo y un 16%, tranquilidad. “Los españoles no tienen miedo a los políticos en general. Tienen miedo a Abascal. El miedo no aparece instalado de forma general en la sociedad española, pero sí alcanza una intensidad claramente diferencial en el caso del líder de Vox”, ha dicho la investigadora, que ha calificado a Abascal como “el constructor del miedo democrático”. Para ella, los líderes del PSOE y de Vox son los líderes “más emocionales, que son aquellos que tienen más capacidad de liderazgo”. Lagares ha insistido, además, en que a menudo buscamos las emociones en los discursos y narrativas de los partidos, cuando en realidad estos estudios sugieren que operan antes, condicionando desde el inicio nuestras inclinaciones políticas.
El análisis del electorado propio muestra diferencias claras en el vínculo emocional con los líderes. Los votantes de PSOE y Vox expresan emociones más positivas hacia sus dirigentes que los de las formaciones más centradas. Según la directora del estudio, Santiago Abascal es el líder que genera una identificación emocional más intensa entre los suyos, con un electorado especialmente implicado y movilizado. En cambio, Alberto Núñez Feijóo presenta una situación más compleja: una parte relevante de sus votantes no siente orgullo ni entusiasmo hacia él, algo que los investigadores relacionan con la coexistencia dentro del PP de sensibilidades distintas, unas más orientadas al centro y otras más próximas a Vox.
Pedro Sánchez, por su parte, combina elevados niveles de apoyo emocional con importantes dosis de malestar entre sus propios votantes. Más del 43% de los electores socialistas afirma sentirse enfadado con él y cerca del 60%, preocupados, aunque al mismo tiempo conserva altos niveles de orgullo, esperanza y tranquilidad entre quienes le votan, en un claro ejemplo de que las emociones políticas no son excluyentes y que muchos ciudadanos combinan sentimientos contradictorios hacia un mismo líder. Esto explica en parte por qué se continúa respaldando electoralmente a dirigentes que a la vez generan preocupación o enfado.
En lo que se refiere al papel del Rey emérito en la Transición y a lo que su figura sugiere a los españoles, los resultados muestran un aumento de las emociones negativas hacia Juan Carlos I en comparación con hace cinco años, especialmente del enfado y el resentimiento. Sin embargo, ha explicado la directora del barómetro, esa evolución apenas ha alterado la valoración emocional de su papel durante la Transición, un periodo que sigue asociado mayoritariamente a sentimientos positivos entre la ciudadanía. “Emocionalmente hablando, el debate sobre la Transición es un falso debate. Las emociones positivas hacia la Transición son absolutamente dominantes en la población española y esta es quizá una de las quiebras emocionales que se está construyendo en España”, ha afirmado Lagares, que ha añadido: “El Rey Emérito no genera emociones positivas en los ciudadanos españoles, pero sí podemos afirmar que conserva el vínculo emocional de su papel en la Transición”.
El Barómetro, que se ha presentado este miércoles en la Universidad de Granada dentro de las actividades del XVIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración, analiza también qué sienten los españoles hacia España en esos mismos nueve parámetros. Casi 8 de cada 10 ciudadanos muestra orgullo al hablar de su país, mientras que algo más de siete de cada 10 está preocupado. La mitad de los españoles señalan tranquilidad, un 42% enfado y un 23% miedo. Por comunidades, Castilla y León es la que más orgullo, y también enfado, siente con España, con el País Vasco en última posición, en ambos parámetros. La preocupación supera el 70% en Galicia, Castilla y León, Madrid, Extremadura, Cataluña, País Vasco y Valencia
El estudio se realizó entre el 9 de junio y el 7 de septiembre de este año y se completó a partir de 600 entrevistas telefónicas a personas mayores de 18 años. Los investigadores asignan un nivel de confianza al estudio del 95% con un 4% de error asociado en sentido tanto positivo como negativo.
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