La era de la economía circular cuenta con el reciclaje, con la valorización, como vectores de desarrollo sostenible. ‘Nuevas vidas’ para los materiales que, en el caso de la ropa usada , tiene entre sus posibilidades la generación de combustible, de energía. En España, cada ciudadano desecha entre 20 y 30 kilos de ropa al año, con mucho (demasiado) margen pendiente para gestionar estos nuevos recorridos de sostenibilidad (la industria textil es uno de los sectores con mayor impacto ambiental: genera alrededor del 10% de las emisiones globales de CO). Todo un desafío de futuro: basta con señalar los objetivos en gestión de residuos municipales, marcados por la UE (Horizonte 2035): limitar el vertido a un máximo del 10%… en la actualidad supera el 45%. En este contexto, procesos como la pirólisis o la gasificación por plasma añaden nuevos ‘bonus’ para la salud del planeta… aunque nos encontramos ante un escenario de espera para el desarrollo de su implantación empresarial. En España contamos con prestigiosos centros de investigación que contribuyen a este objetivo: así sucede con el ITE (Instituto Tecnológico de Valencia), donde trabajan con dos proyectos de revalorización de residuos cuyo objetivo es la obtención de energía limpia: Esostex y Recubic, ambos con financiación de Ivace+i (Generalitat Valenciana) y la UE dentro del Programa Operativo Feder de la Comunidad Valenciana 2021–2027.Cambios relevantesEsostex aborda la identificación, caracterización y tratamiento de residuos textiles para optimizar su conversión en un vector energético. La corriente de gas (gas de síntesis) obtenida en el proceso de transformación termoquímica, con alto contenido en hidrógeno, se utiliza para generar energía empleando una pila de combustible de óxido sólido (SOFC). En el proceso de valorización se obtienen, además, aceites pirolíticos que son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos, y el ‘biochar’ obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso en sistemas de filtración o en el sector agrícola.En el caso de Recubic, la base es el tratamiento de residuos de cuero para optimizar su conversión en productos de alto valor añadido. «Los carbones obtenidos (destacan desde la institución), con una elevada porosidad y con contenido de nitrógeno en su estructura, debido a la naturaleza del propio residuo de cuero, presentan aplicaciones en sistemas de filtrado, almacenamiento energético y aceleración de procesos de biodegradación». Los aceites de pirólisis son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos y el gas de síntesis obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso.Noticia relacionada No No Cáritas se ahoga en su montaña de ropa usada Mayte AmorósPlanta pilotoLa validación de estas aplicaciones en sectores como el agrícola, calzado y la energía garantizan su viabilidad técnica y su impacto positivo en la industria, como destaca Ignacio Casado, director de Marketing y Comunicación: «El objetivo del ITE va dirigido a favorecer la generación de energía limpia. Por eso, en Esostex buscamos la conversión de los residuos en hidrógeno renovable , mientras que Recubic se centra en la conversión del cuero (un material con alta porosidad) que presenta aplicaciones para almacenamiento energético, y transformación en gas de síntesis. Para conseguir estos objetivos, contamos con Circular Carbon, una planta piloto de referencia para la economía circular y el reciclaje en la que producimos carbón activo a partir de residuos».La Comunidad Valenciana, sede del ITE, contribuye a trabajar dentro del ‘círculo virtuoso’ de la sostenibilidad con otras instituciones como el centro de investigación e innovación Aitex. O como Ateval (Asociación de Empresarios Textiles de la Comunidad Valenciana), parte activa del ecosistema empresarial valenciano, cuya gerente, Salomé Beneyto, destaca cómo «la valorización energética de la ropa usada constituye una solución de última instancia y necesaria dentro de la jerarquía de residuos, diseñada específicamente para aquellas fracciones textiles cuya degradación física o complejidad química (como las mezclas de fibras y acabados técnicos) impiden un reciclado mecánico o químico viable. Y añade cómo la gestión de los residuos textiles se encuentra en un momento de profunda transformación en Europa, «impulsada por la implantación de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), el futuro Pasaporte Digital de Producto y los nuevos requisitos de ecodiseño».Beneyto incide, además, en la relevancia de afrontar los desafíos pendientes: «La complejidad técnica de determinados productos (derivada de la combinación de distintas fibras en una misma prenda, la presencia de tratamientos químicos como tintes o acabados, o el propio desgaste del material tras su uso) evidencia que, incluso en escenarios avanzados, seguirá existiendo una fracción de residuo que no podrá ser reciclada con las tecnologías actuales. Este reto es especialmente relevante en el paso del residuo post-industrial, donde existen soluciones consolidadas, al residuo post-consumo, mucho más complejo de gestionar».Otra de las referencias es IMDEA Energía, instituto de investigación adscrito a la Comunidad de Madrid, que cuenta con iniciativas que parten del calentamiento del residuo textil a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, para descomponerlo en gas, sólido y líquido. «La Unidad de Procesos Termoquímicos (señalan desde la institución) investiga soluciones como la hidropirólisis catalítica a baja presión, que realiza la pirólisis en presencia de hidrógeno, para ayudar a eliminar elementos indeseados y mejorar la calidad del aceite obtenido».La vía termoquímicaBio-aceites, que pueden ser refinados para producir combustibles sostenibles; gas de síntesis (syngas), una mezcla rica en hidrógeno y monóxido de carbono que sirve como base para generar electricidad o calor de forma mucho más limpia que los combustibles fósiles tradicionales… en IMDEA Energía se trabaja también sobre el concepto de ‘ refinería circular ‘, donde el objetivo no es solo quemar el residuo, sino recuperar sustancias químicas intermedias. Todo un ‘work in progress’ en el que participan empresas españolas como PreZero, WT Energy, Coleo, etc. (Grupo Inditex y otras grandes firmas, parte de la Asociación para la Gestión del Residuo Textil -hay otras instituciones como Re-Viste o Acirtex-), envían parte de sus residuos de ropa para ser convertido en energía térmica para procesos industriales).En el escenario internacional, la termoquímica ya contribuye a un mejor medio ambiente en países como Países Bajos, con ejemplos como la empresa Reju, nacida de la tecnología de IBM Research y respaldada por Technip Energies, que ha recibido recientemente una inversión de 135 millones de euros para crear un centro a escala industrial en el parque Chemelot. O como Brightmark, en los EE.UU., donde trabajan en la conversión de textiles mezclados en combustibles líquidos tipo diésel… partes de un nuevo impulso a la economía sostenible del siglo XXI. La era de la economía circular cuenta con el reciclaje, con la valorización, como vectores de desarrollo sostenible. ‘Nuevas vidas’ para los materiales que, en el caso de la ropa usada , tiene entre sus posibilidades la generación de combustible, de energía. En España, cada ciudadano desecha entre 20 y 30 kilos de ropa al año, con mucho (demasiado) margen pendiente para gestionar estos nuevos recorridos de sostenibilidad (la industria textil es uno de los sectores con mayor impacto ambiental: genera alrededor del 10% de las emisiones globales de CO). Todo un desafío de futuro: basta con señalar los objetivos en gestión de residuos municipales, marcados por la UE (Horizonte 2035): limitar el vertido a un máximo del 10%… en la actualidad supera el 45%. En este contexto, procesos como la pirólisis o la gasificación por plasma añaden nuevos ‘bonus’ para la salud del planeta… aunque nos encontramos ante un escenario de espera para el desarrollo de su implantación empresarial. En España contamos con prestigiosos centros de investigación que contribuyen a este objetivo: así sucede con el ITE (Instituto Tecnológico de Valencia), donde trabajan con dos proyectos de revalorización de residuos cuyo objetivo es la obtención de energía limpia: Esostex y Recubic, ambos con financiación de Ivace+i (Generalitat Valenciana) y la UE dentro del Programa Operativo Feder de la Comunidad Valenciana 2021–2027.Cambios relevantesEsostex aborda la identificación, caracterización y tratamiento de residuos textiles para optimizar su conversión en un vector energético. La corriente de gas (gas de síntesis) obtenida en el proceso de transformación termoquímica, con alto contenido en hidrógeno, se utiliza para generar energía empleando una pila de combustible de óxido sólido (SOFC). En el proceso de valorización se obtienen, además, aceites pirolíticos que son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos, y el ‘biochar’ obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso en sistemas de filtración o en el sector agrícola.En el caso de Recubic, la base es el tratamiento de residuos de cuero para optimizar su conversión en productos de alto valor añadido. «Los carbones obtenidos (destacan desde la institución), con una elevada porosidad y con contenido de nitrógeno en su estructura, debido a la naturaleza del propio residuo de cuero, presentan aplicaciones en sistemas de filtrado, almacenamiento energético y aceleración de procesos de biodegradación». Los aceites de pirólisis son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos y el gas de síntesis obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso.Noticia relacionada No No Cáritas se ahoga en su montaña de ropa usada Mayte AmorósPlanta pilotoLa validación de estas aplicaciones en sectores como el agrícola, calzado y la energía garantizan su viabilidad técnica y su impacto positivo en la industria, como destaca Ignacio Casado, director de Marketing y Comunicación: «El objetivo del ITE va dirigido a favorecer la generación de energía limpia. Por eso, en Esostex buscamos la conversión de los residuos en hidrógeno renovable , mientras que Recubic se centra en la conversión del cuero (un material con alta porosidad) que presenta aplicaciones para almacenamiento energético, y transformación en gas de síntesis. Para conseguir estos objetivos, contamos con Circular Carbon, una planta piloto de referencia para la economía circular y el reciclaje en la que producimos carbón activo a partir de residuos».La Comunidad Valenciana, sede del ITE, contribuye a trabajar dentro del ‘círculo virtuoso’ de la sostenibilidad con otras instituciones como el centro de investigación e innovación Aitex. O como Ateval (Asociación de Empresarios Textiles de la Comunidad Valenciana), parte activa del ecosistema empresarial valenciano, cuya gerente, Salomé Beneyto, destaca cómo «la valorización energética de la ropa usada constituye una solución de última instancia y necesaria dentro de la jerarquía de residuos, diseñada específicamente para aquellas fracciones textiles cuya degradación física o complejidad química (como las mezclas de fibras y acabados técnicos) impiden un reciclado mecánico o químico viable. Y añade cómo la gestión de los residuos textiles se encuentra en un momento de profunda transformación en Europa, «impulsada por la implantación de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), el futuro Pasaporte Digital de Producto y los nuevos requisitos de ecodiseño».Beneyto incide, además, en la relevancia de afrontar los desafíos pendientes: «La complejidad técnica de determinados productos (derivada de la combinación de distintas fibras en una misma prenda, la presencia de tratamientos químicos como tintes o acabados, o el propio desgaste del material tras su uso) evidencia que, incluso en escenarios avanzados, seguirá existiendo una fracción de residuo que no podrá ser reciclada con las tecnologías actuales. Este reto es especialmente relevante en el paso del residuo post-industrial, donde existen soluciones consolidadas, al residuo post-consumo, mucho más complejo de gestionar».Otra de las referencias es IMDEA Energía, instituto de investigación adscrito a la Comunidad de Madrid, que cuenta con iniciativas que parten del calentamiento del residuo textil a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, para descomponerlo en gas, sólido y líquido. «La Unidad de Procesos Termoquímicos (señalan desde la institución) investiga soluciones como la hidropirólisis catalítica a baja presión, que realiza la pirólisis en presencia de hidrógeno, para ayudar a eliminar elementos indeseados y mejorar la calidad del aceite obtenido».La vía termoquímicaBio-aceites, que pueden ser refinados para producir combustibles sostenibles; gas de síntesis (syngas), una mezcla rica en hidrógeno y monóxido de carbono que sirve como base para generar electricidad o calor de forma mucho más limpia que los combustibles fósiles tradicionales… en IMDEA Energía se trabaja también sobre el concepto de ‘ refinería circular ‘, donde el objetivo no es solo quemar el residuo, sino recuperar sustancias químicas intermedias. Todo un ‘work in progress’ en el que participan empresas españolas como PreZero, WT Energy, Coleo, etc. (Grupo Inditex y otras grandes firmas, parte de la Asociación para la Gestión del Residuo Textil -hay otras instituciones como Re-Viste o Acirtex-), envían parte de sus residuos de ropa para ser convertido en energía térmica para procesos industriales).En el escenario internacional, la termoquímica ya contribuye a un mejor medio ambiente en países como Países Bajos, con ejemplos como la empresa Reju, nacida de la tecnología de IBM Research y respaldada por Technip Energies, que ha recibido recientemente una inversión de 135 millones de euros para crear un centro a escala industrial en el parque Chemelot. O como Brightmark, en los EE.UU., donde trabajan en la conversión de textiles mezclados en combustibles líquidos tipo diésel… partes de un nuevo impulso a la economía sostenible del siglo XXI.
La era de la economía circular cuenta con el reciclaje, con la valorización, como vectores de desarrollo sostenible. ‘Nuevas vidas’ para los materiales que, en el caso de la ropa usada, tiene entre sus posibilidades la generación de combustible, de energía. En España, cada … ciudadano desecha entre 20 y 30 kilos de ropa al año, con mucho (demasiado) margen pendiente para gestionar estos nuevos recorridos de sostenibilidad (la industria textil es uno de los sectores con mayor impacto ambiental: genera alrededor del 10% de las emisiones globales de CO). Todo un desafío de futuro: basta con señalar los objetivos en gestión de residuos municipales, marcados por la UE (Horizonte 2035): limitar el vertido a un máximo del 10%… en la actualidad supera el 45%. En este contexto, procesos como la pirólisis o la gasificación por plasma añaden nuevos ‘bonus’ para la salud del planeta… aunque nos encontramos ante un escenario de espera para el desarrollo de su implantación empresarial. En España contamos con prestigiosos centros de investigación que contribuyen a este objetivo: así sucede con el ITE (Instituto Tecnológico de Valencia), donde trabajan con dos proyectos de revalorización de residuos cuyo objetivo es la obtención de energía limpia: Esostex y Recubic, ambos con financiación de Ivace+i (Generalitat Valenciana) y la UE dentro del Programa Operativo Feder de la Comunidad Valenciana 2021–2027.
Cambios relevantes
Esostex aborda la identificación, caracterización y tratamiento de residuos textiles para optimizar su conversión en un vector energético. La corriente de gas (gas de síntesis) obtenida en el proceso de transformación termoquímica, con alto contenido en hidrógeno, se utiliza para generar energía empleando una pila de combustible de óxido sólido (SOFC). En el proceso de valorización se obtienen, además, aceites pirolíticos que son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos, y el ‘biochar’ obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso en sistemas de filtración o en el sector agrícola.
En el caso de Recubic, la base es el tratamiento de residuos de cuero para optimizar su conversión en productos de alto valor añadido. «Los carbones obtenidos (destacan desde la institución), con una elevada porosidad y con contenido de nitrógeno en su estructura, debido a la naturaleza del propio residuo de cuero, presentan aplicaciones en sistemas de filtrado, almacenamiento energético y aceleración de procesos de biodegradación». Los aceites de pirólisis son evaluados desde el punto de vista de su potencial como posibles biocombustibles y/o como precursores para productos químicos y el gas de síntesis obtenido también es caracterizado para el estudio de su potencial uso.
Planta piloto
La validación de estas aplicaciones en sectores como el agrícola, calzado y la energía garantizan su viabilidad técnica y su impacto positivo en la industria, como destaca Ignacio Casado, director de Marketing y Comunicación: «El objetivo del ITE va dirigido a favorecer la generación de energía limpia. Por eso, en Esostex buscamos la conversión de los residuos en hidrógeno renovable, mientras que Recubic se centra en la conversión del cuero (un material con alta porosidad) que presenta aplicaciones para almacenamiento energético, y transformación en gas de síntesis. Para conseguir estos objetivos, contamos con Circular Carbon, una planta piloto de referencia para la economía circular y el reciclaje en la que producimos carbón activo a partir de residuos».
La Comunidad Valenciana, sede del ITE, contribuye a trabajar dentro del ‘círculo virtuoso’ de la sostenibilidad con otras instituciones como el centro de investigación e innovación Aitex. O como Ateval (Asociación de Empresarios Textiles de la Comunidad Valenciana), parte activa del ecosistema empresarial valenciano, cuya gerente, Salomé Beneyto, destaca cómo «la valorización energética de la ropa usada constituye una solución de última instancia y necesaria dentro de la jerarquía de residuos, diseñada específicamente para aquellas fracciones textiles cuya degradación física o complejidad química (como las mezclas de fibras y acabados técnicos) impiden un reciclado mecánico o químico viable. Y añade cómo la gestión de los residuos textiles se encuentra en un momento de profunda transformación en Europa, «impulsada por la implantación de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), el futuro Pasaporte Digital de Producto y los nuevos requisitos de ecodiseño».
Beneyto incide, además, en la relevancia de afrontar los desafíos pendientes: «La complejidad técnica de determinados productos (derivada de la combinación de distintas fibras en una misma prenda, la presencia de tratamientos químicos como tintes o acabados, o el propio desgaste del material tras su uso) evidencia que, incluso en escenarios avanzados, seguirá existiendo una fracción de residuo que no podrá ser reciclada con las tecnologías actuales. Este reto es especialmente relevante en el paso del residuo post-industrial, donde existen soluciones consolidadas, al residuo post-consumo, mucho más complejo de gestionar».
Otra de las referencias es IMDEA Energía, instituto de investigación adscrito a la Comunidad de Madrid, que cuenta con iniciativas que parten del calentamiento del residuo textil a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, para descomponerlo en gas, sólido y líquido. «La Unidad de Procesos Termoquímicos (señalan desde la institución) investiga soluciones como la hidropirólisis catalítica a baja presión, que realiza la pirólisis en presencia de hidrógeno, para ayudar a eliminar elementos indeseados y mejorar la calidad del aceite obtenido».
La vía termoquímica
Bio-aceites, que pueden ser refinados para producir combustibles sostenibles; gas de síntesis (syngas), una mezcla rica en hidrógeno y monóxido de carbono que sirve como base para generar electricidad o calor de forma mucho más limpia que los combustibles fósiles tradicionales… en IMDEA Energía se trabaja también sobre el concepto de ‘refinería circular‘, donde el objetivo no es solo quemar el residuo, sino recuperar sustancias químicas intermedias. Todo un ‘work in progress’ en el que participan empresas españolas como PreZero, WT Energy, Coleo, etc. (Grupo Inditex y otras grandes firmas, parte de la Asociación para la Gestión del Residuo Textil -hay otras instituciones como Re-Viste o Acirtex-), envían parte de sus residuos de ropa para ser convertido en energía térmica para procesos industriales).
En el escenario internacional, la termoquímica ya contribuye a un mejor medio ambiente en países como Países Bajos, con ejemplos como la empresa Reju, nacida de la tecnología de IBM Research y respaldada por Technip Energies, que ha recibido recientemente una inversión de 135 millones de euros para crear un centro a escala industrial en el parque Chemelot. O como Brightmark, en los EE.UU., donde trabajan en la conversión de textiles mezclados en combustibles líquidos tipo diésel… partes de un nuevo impulso a la economía sostenible del siglo XXI.
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