La capital aragonesa está de enhorabuena. El próximo 2028 ejercerá como Capital Verde Europea, según la designó la noche del pasado jueves un jurado internacional de la Comisión Europea en Portugal. Según este organismo, Zaragoza destaca por “sus políticas ambientales, su compromiso de sostenibilidad y su capacidad para avanzar hacia un modelo urbano más saludable, resiliente y respetuoso con el medio ambiente”.
La capital aragonesa se impone a ciudades de Polonia, Dinamarca, Eslovoquia y Portugal
La capital aragonesa está de enhorabuena. El próximo 2028 ejercerá como Capital Verde Europea, según la designó la noche del pasado jueves un jurado internacional de la Comisión Europea en Portugal. Según este organismo, Zaragoza destaca por “sus políticas ambientales, su compromiso de sostenibilidad y su capacidad para avanzar hacia un modelo urbano más saludable, resiliente y respetuoso con el medio ambiente”.
Hasta la ciudad portuguesa de Guimaräes se desplazó la alcaldesa Natalia Chueca y su equipo que, visiblemente contenta tras la designación, consideró que “este reconocimiento sitúa a Zaragoza en la élite europea de las ciudades comprometidas con la sostenibilidad”. Según la primera edil, esto supone un reconocimiento al trabajo desarrollado durante los últimos años. “Este premio es de toda Zaragoza -dijo- de instituciones, empresas, la universidad, entidades sociales y sobre toda la ciudadanía que ha demostrado que quiere una ciudad mejor y más sostenible”.
La candidatura se impuso a Alborg (Dinamarca), Bielsko-Biala (Polonia), Kosice (Eslovaquia) y a Oporto (Portugal), y llegó a esta final tras una evaluación técnica realizada por un panel independiente de expertos. A la cuarta, fue la vencida. Zaragoza ya se había presentado en tres ocasiones anteriores.
¿Qué ha hecho ahora la capital aragonesa para merecer esta distinción?. La candidatura aportó datos que suponen avances significativos en varios ámbitos: calidad del aire, la ciudad se sitúa entre el 20% de los valores más bajos en contaminación de la UE -aquí el cierzo que azota la capital es un gran aliado- también en materia de agua -el consumo doméstico ha descendido desde los años 80 de 105 hm3 anuales a los 61 actuales- . Además, también se ha valorado la biodiversidad y las zonas verdes, el 27% del término municipal está protegido con 12 zonas que se incluyen en la Red Natura 2000 y el 76,5% de la población vive a menos de 300 metros de una zona verde.
El Consistorio también presentó proyectos como el Ebro vive, que incluye la transformación y recuperación de uno de los afluentes que discurre por la ciudad, como el Huerva, o la iniciativa el Bosque de los Zaragozanos, que pretende plantar un árbol por cada habitante hasta alcanzar los 700.000. O el Festival de Música Vive Latino, que tiende puentes con Latinoamérica desde Zaragoza e incluye la plantación de un árbol por cada entrada.
En cuanto a lucha contra el cambio climático, la capital aragonesa también presume de haber reducido las emisiones un 25% entre 2005 y 2019, un 31% por habitante. Aunque ahora mismo, el equipo de gobierno de Natalia Chueca se las vea y desee para sacar adelante una zona de emisiones descafeinada para poder conseguir el apoyo de Vox para sus próximas cuentas municipales.
El haber obtenido esta distinción de Capital Verde, inyecta en Zaragoza 600.000 euros que le permitirán impulsar un amplio programa de actividades y supuestamente convertirán la ciudad en escaparate europeo de buenas prácticas.
Pero esta distinción pilla a la capital aragonesa prácticamente levantada por obras en buena parte del centro de la ciudad y estos proyectos, y sobre todo sus consecuencias, no han sido siempre del gusto de todos. Tras conocerse la distinción europea, la Mesa del Árbol, plataforma integrada por 30 colectivos ecologistas, vecinales y sociales cuestionaron que la ciudad estuviera a la altura de las exigencias medioambientales de la Comisión Europea y criticaron que “no basta con plantar árboles si no existe una estrategia sostenible”. Estos colectivos denuncian que aumente a la vez la superficie asfaltada lo que deja a la ciudad y sus habitantes al albur de unas temperaturas cada vez más altas. Y piden avanzar en la “despavimentación” de determinados espacios y aumentar el arbolado. En 2028, con título europeo, ya hay excusa para hacerlo.
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