
En septiembre de 2018, un hombre de 81 años acudió a su oficina bancaria de toda la vida, en Madrid, con el objetivo de pedir un crédito. Estaba en trámites de divorcio y tenía que comprar a su futura exmujer la mitad de una empresa familiar. Para ello, contactó con la subdirectora de la entidad, a la que le unía muchos años de relación laboral y casi personal. Ella ese día le indicó que dudaba de que el banco le concediera ese préstamos dada su “avanzada edad”, pero que conocía a un profesional que sí que podría ayudarle con la tarea. Este fue el principio de una estafa y una traición que llevó al señor a perder 138.650 euros en apenas tres meses, según recoge una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.
La Audiencia Provincial de Madrid condena a un hombre por estafar a un anciano de 81 años que quería pedir un crédito en su entidad
En septiembre de 2018, un hombre de 81 años acudió a su oficina bancaria de toda la vida, en Madrid, con el objetivo de pedir un crédito. Estaba en trámites de divorcio y tenía que comprar a su futura exmujer la mitad de una empresa familiar. Para ello, contactó con la subdirectora de la entidad, a la que le unía muchos años de relación laboral y casi personal. Ella ese día le indicó que dudaba de que el banco le concediera ese préstamos dada su “avanzada edad”, pero que conocía a un profesional que sí que podría ayudarle con la tarea. Este fue el principio de una estafa y una traición que llevó al señor a perder 138.650 euros en apenas tres meses, según recoge una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.
La mujer, empleada de la extinta Bankia, le presentó a este supuesto prestamista, con el que ella mantenía una relación sentimental que mantuvo oculta para la víctima. Quedaron en el restaurante Casa Vicenta, también en Madrid, y el prestamista le garantizó que se podía llevar a cabo la operación. Cuando abandonó el establecimiento, el estafador constituyó una sociedad con la que fingir que le otorgaba un crédito de 310.000 euros con un interés del 6% y que en realidad utilizaría para cobrar las transferencias del hombre.
Quedaron en que el señor le entregaría toda la documentación fiscal necesaria y se le concedería el dinero requerido. Para ello, el supuesto prestamista le pidió 3.500 euros como provisión de fondos, 10.000 en concepto de estudio de la operación y 2.100 euros por el IVA de una factura referente a una propiedad de la víctima. El hombre accedió a esos pagos que efectuó a través de la subdirectora de la sucursal.
A partir de esas primeras transferencias, el hombre de 81 años se dio cuenta de que el crédito tardaba en llegar y se empezó a impacientar. El falso prestamista comenzó entonces a distraerle y ofrecerle otros “negocios de elevada rentabilidad”. Todos inexistentes. También le regalaba los oídos prometiéndole que, gracias a sus contactos, encontraría un buen puesto de trabajo como economista a su hijo e incluso le planteó la posibilidad de comprar su finca en Manzanares del Real valorada en dos millones de euros. Le ofreció también ser socios en su negocio financiero. El hombre, alentado por la máxima confianza que le daba la empleada de la entidad bancaria, le hizo otra transferencia por valor de 100.000 euros.
Un mes después, la mujer fue trasladada de oficina y se llevó consigo las cuentas de su cliente de toda la vida “para poder tener total control de las mismas”, reza la sentencia que recoge todos estos hechos, que también recalca la “fe ciega” del estafado en esta empleada.
La mujer, la víctima y el falso prestamista quedaron en esta nueva sede de la entidad y entregaron al hombre un sobre en el que le garantizaron que había 20.000 euros como primer pago de su crédito. Él se confió aún más y autorizó una nueva transferencia de dinero. Pero cuando poco después contó los billetes y comprobó que solo había 10.000 euros, anuló esta última transferencia al prestamista. Eso sí, sacó 12.000 euros en efectivo y se los prestó a la empleada de la banca como un favor personal, ya que le dijo que tenía problemas económicos. La víctima seguía sin tener ni idea de la relación entre la mujer y el presunto prestamista.
El estafador intentó una última jugada como la anterior, al entregar al anciano otro sobre con dinero, pero el señor se cansó y acabó denunciando. Para entonces, habían pasado tres meses y le había hecho transferencias por valor de 138.650 euros.
La mujer acabó siendo despedida de la entidad bancaria y posteriormente falleció, por lo que no llegó a ser juzgada. Su pareja y cómplice en estos hechos aceptó la culpabilidad y pactó con su víctima un plan de pagos para devolverle todo el dinero robado. Además, el hombre fue condenado como autor de un delito de estafa continuada a un año y nueve meses de prisión.
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