Cientos de jóvenes africanos jalonan el camino empinado que sube al centro de acogida de inmigrantes de Ceuta, en el monte del Jaral. Abajo, la playa. Los muchachos dormitan en las aceras, fuman, miran sus teléfonos móviles y se arraciman de inmediato cuando ven a alguien que quizá puede ayudarlos. Hacen señas con las manos hacia la boca para pedir comida o muestran sus heridas, que ya tienen algunas curas de urgencia. Algunos acaban de llegar, otros llevan ya unos días esperando unos papeles que les permitan entrar en el centro de acogida temporal, si es que hubiera plazas, algo imposible. Son muchos y han ido entrando a nado desde la costa africana más cercana a la ciudad autónoma, después de varias horas de mar buscando la madrugada española. La Guardia Civil, Salvamento Marítimo y las organizaciones humanitarias se empeñan en dar una bienvenida digna a estos muchachos, en su mayoría marroquíes, que llegan por cientos aprovechando, según dicen unos, los días de verano, como han hecho otros años, y según otros, por el efecto llamada que ha supuesto la sentencia del Tribunal Supremo que impide la devolución inmediata de quienes alcanzan la costa sin vulnerar los elementos de protección de la frontera.
El presidente advierte de que la situación es de “colapso” y pide al Gobierno una respuesta “contundente y sin dilación”
Cientos de jóvenes africanos jalonan el camino empinado que sube al centro de acogida de inmigrantes de Ceuta, en el monte del Jaral. Abajo, la playa. Los muchachos dormitan en las aceras, fuman, miran sus teléfonos móviles y se arraciman de inmediato cuando ven a alguien que quizá puede ayudarlos. Hacen señas con las manos hacia la boca para pedir comida o muestran sus heridas, que ya tienen algunas curas de urgencia. Algunos acaban de llegar, otros llevan ya unos días esperando unos papeles que les permitan entrar en el centro de acogida temporal, si es que hubiera plazas, algo imposible. Son muchos y han ido entrando a nado desde la costa africana más cercana a la ciudad autónoma, después de varias horas de mar buscando la madrugada española. La Guardia Civil, Salvamento Marítimo y las organizaciones humanitarias se empeñan en dar una bienvenida digna a estos muchachos, en su mayoría marroquíes, que llegan por cientos aprovechando, según dicen unos, los días de verano, como han hecho otros años, y según otros, por el efecto llamada que ha supuesto la sentencia del Tribunal Supremo que impide la devolución inmediata de quienes alcanzan la costa sin vulnerar los elementos de protección de la frontera.
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