El julio que acaba este viernes en España ha sido “extremadamente cálido”, la calificación que emplea la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) para los meses o estaciones que se salen por mucho de lo normal. Tanto es así que cierra como el julio más cálido —empatado con el de 2022— desde que arrancan los registros oficiales a mediados del siglo pasado. Los datos facilitados a EL PAÍS por esta agencia apuntan a que la temperatura media diaria de julio en la España peninsular se situó en 25,7 grados Celsius. Esos supone 2,6 grados más de lo que se considera normal, tomando como referencia el periodo comprendido entre 1991 y 2020. Todo el mes, a excepción solo del fin de semana pasado, las temperaturas han estado por encima de lo normal. Además, este julio se han vivido tres olas de calor —la última todavía activa—.
Las condiciones meteorológicas extremas que han alimentado los fuegos fueron 20 veces más probables debido al calentamiento global, según un estudio
El julio que acaba este viernes en España ha sido “extremadamente cálido”, la calificación que emplea la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) para los meses o estaciones que se salen por mucho de lo normal. Tanto es así que cierra como el julio más cálido —empatado con el de 2022— desde que arrancan los registros oficiales a mediados del siglo pasado. Los datos facilitados a EL PAÍS por esta agencia apuntan a que la temperatura media diaria de julio en la España peninsular se situó en 25,7 grados Celsius. Esos supone 2,6 grados más de lo que se considera normal, tomando como referencia el periodo comprendido entre 1991 y 2020. Todo el mes, a excepción solo del fin de semana pasado, las temperaturas han estado por encima de lo normal. Además, este julio se han vivido tres olas de calor —la última todavía activa—.

Este calor extremo ha contribuido sobremanera a un nefasto julio en cuanto incendios forestales, con alrededor de 150.000 hectáreas afectadas por las llamas y 26 grandes fuegos solo en este mes. Entre ellos están el mortal fuego de Los Gallardos y los gigantescos incendios de Guadalajara y el más reciente de Ávila, Madrid y Toledo, que ha obligado a activar por primera vez por un evento de este tipo la emergencia nacional en España.

Un estudio del grupo de científicos del World Weather Attribution (WWA) desvela la huella del cambio climático en estos incendios en España, y también de los fuegos descontrolados que ha sufrido a la par en Francia. Los expertos han analizado las condiciones meteorológicas de calor, sequedad y viento que se emplean en el denominado índice de Evaluación Diaria de Severidad (DSR), que mide la dificultad de extinguir un incendio una vez que ha comenzado. Concluyen que el cambio climático ha hecho que esas condiciones fueran al menos el doble de probables en el suroeste de Francia y al menos 20 veces más probables en el centro de España. Además, sostienen que en el clima actual, ya “se espera que ocurran eventos de esta intensidad una vez cada 20 años en el suroeste de Francia y una vez cada seis años en el centro de España”.
Los investigadores del WWA resaltan que “los inviernos húmedos seguidos de primaveras secas se están convirtiendo en un factor clave del riesgo de incendios forestales en las regiones afectadas”. Así ocurrió en el verano de récord de incendios y hectáreas del año pasado en España. Y así ha ocurrido este último estío en el país, que ha venido precedido de intensas y persistentes lluvias. Estas, explica en su informe el WWA, “contribuyen al crecimiento de la vegetación, que posteriormente se seca y se convierte en combustible para incendios”.
El julio extremo que hoy se cierra llegó tras un junio igual de extraordinario. De hecho, fue el segundo junio con la temperatura media más alta en la España peninsular al menos desde 1961. De nuevo, no hay que remontarse al pleistoceno para encontrar el junio más cálido de la serie: fue el de 2025.
Esta concentración de récords supone la constatación del cambio climático causado por el ser humano, fundamentalmente, debido a la quema de los combustibles fósiles. Ese calentamiento global se traduce en un incremento de las temperaturas medias que hacen que las marcas de meses y años más cálidos duren un suspiro. También genera un aumento en intensidad y número de los episodios extremos, como las olas de calor.
Periodos cálidos en la España penínsular
en julio de 2026
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Los datos apuntan a un incremento claro en España en intensidad, número y duración de estas olas, que a su vez contribuyen a generar las condiciones más desfavorables para los incendios forestales cuando se producen. Lo resume bien la organización californiana Berkeley Earth. “Aunque el calentamiento no provoca incendios, las temperaturas más altas y los cambios en la precipitación aumentan las probabilidades de un evento grave una vez que se desencadena un incendio”, apuntan los analistas de esta organización sobre la también dura temporada de incendios que está viviendo California. “Las condiciones más calurosas y secas hacen que los incendios que ocurren sean mucho más graves”, añaden. “No es casualidad que 2023, con el verano más cálido en la historia moderna de Canadá, también estableciera el récord de la mayor superficie quemada”, concluye Berkeley Earth.
Los peores años de este siglo en España en cuanto a superficie afectada por incendios fueron 2022 y el pasado 2025, a la espera de que se cierre esta complicada temporada. En ambos casos los veranos estuvieron marcados por las olas de calor y las temperaturas récord. De hecho, el del año pasado fue el verano con la temperatura más alta de la serie, empatado con el de 2022.
“La alarma climática suena con fuerza en todas partes”, avisó el miércoles Simon Stiell, secretario ejecutivo del área de cambio climático de la ONU. “En todo el mundo, los desastres impulsados por el cambio climático están alcanzando proporciones de pesadilla, mientras que los costos de la adicción de la humanidad a la quema de carbón, petróleo y gas continúan disparándose”, añadía. “Los incendios forestales sin precedentes que arrasan Francia, España y otras partes de Europa, obligando a evacuaciones masivas y golpeando duramente las economías regionales y nacionales, son la consecuencia de brutales olas de calor que han dejado los paisajes completamente secos”, añadía.
Stiell recordó que “estos desastres, cada vez más intensos, son hoy la realidad cotidiana de miles de millones de personas en un mundo que se calienta rápidamente, mientras la humanidad avanza con demasiada lentitud en la transición de los combustibles fósiles hacia las energías limpias y en la protección de los bosques”.
En la misma línea, Friederike Otto, del Imperial College de Londres y líder del WWA, ha sostenido a través de un comunicado: “Nuestros estudios muestran una y otra vez cómo el clima de Europa está cambiando más rápido de lo que los gobiernos se adaptan”. Y añade: “El año pasado documentamos los incendios ibéricos. Más recientemente, nuestra investigación mostró cómo el cambio climático está empeorando la sequía en todo el continente. Ahora estamos viendo otro desastre alimentado por el mismo motor: la quema de combustibles fósiles”.
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