Pedro Sánchez ha denunciado este viernes una “violación de la integridad territorial de España”, después de que en las últimas horas hayan entrado 50.000 personas en Ceuta desde Marruecos en una crisis migratoria que supera con creces a la de 2021. El presidente del Gobierno ha responsabilizado “a las mafias que trafican con seres humanos” y ha defendido la respuesta de Marruecos, al que se ha referido como “un aliado” en una comparecencia que ha realizado en la Asamblea de la ciudad autónoma, en su quinta visita desde que llegó a La Moncloa.
El presidente valora la “cooperación reiterada, constante y fluida” de Marruecos en la crisis fronteriza “a diferencia de lo que pasó en 2021″ y destaca la reducción de la inmigración irregular un 36% este año y un 40% en 2025
Pedro Sánchez ha denunciado este viernes una “violación de la integridad territorial de España”, después de que en las últimas horas hayan entrado más de 40.000 personas en Ceuta desde Marruecos. El presidente del Gobierno ha responsabilizado “a las mafias que trafican con seres humanos” de la crisis migratoria y ha defendido la respuesta de Marruecos, al que se ha referido como “un aliado” en una comparecencia que ha realizado en la Asamblea de la ciudad autónoma.
Sánchez ha asegurado que “la interlocución” desde ayer con las autoridades marroquíes ha sido “constante, fluida y muy razonable, a diferencia de lo que sucedió en el año 2021″. Entonces se produjo una llegada masiva y sin precedentes de unas 10.000 personas. Los cálculos de las fuerzas de seguridad estiman que en esta ocasión lo habrían hecho más de la mitad de la población de Ceuta (unos 84.000) en las últimas 24 horas.
A esas estimaciones hay que sumar los cientos de jóvenes que llegaron los días previos a nado. Sánchez lo ha vinculado a la interpretación “interesada” por parte de las mafias de una sentencia de hace tres semanas delSupremo, que determinó que no se pueden devolver en caliente a quienes entren a nado en Ceuta y Melilla.El tribunal estableció que el rechazo exprés solo es aplicable a quienes tratan de entrar “superando los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas”.
El presidente ha explicado que ya se está estudiando el despliegue de boyas en el espigón que separa Ceuta de la ciudad marroquí de Castillejos, “para dar cumplimiento a la sentencia del Supremo, y, al menos, crear una barrera de contención, una barrera física en términos visuales, para que desde el punto de vista administrativo se pueda facilitar la repatriación en frontera”. Tampoco ha descartado “desde el punto vista legislativo modificar algunos aspectos de las leyes para facilitar la repatriación de la forma más efectiva posible”.
Las llegadas previas al jueves provocaron las primeras peticiones de ayuda de Juan Jesús Vivas, el alcalde-presidente ceutí desde 2001, que ya advirtió de la situación de “colapso” al tiempo que pedía la respuesta “contundente y sin dilación” del Gobierno. Vivas pidió el jueves la activación de la emergencia nacional debido a la dimensión de la crisis pero el Ministerio del Interior justifica que no es posible hacerlo por una crisis migratoria, ya que esa figura jurídica esta está contemplada únicamente para riesgos naturales y tecnológicos.
En mayo de 2021, el presidente del Gobierno se comprometió a restablecer el control en la frontera con la máxima celeridad. “Seremos firmes para garantizar la seguridad ante cualquier desafío, ante cualquier eventualidad y bajo cualquier circunstancia”, afirmó en una declaración institucional en La Moncloa.
“La integridad de Ceuta como parte de nuestra nación, su seguridad y la tranquilidad de nuestros compatriotas y residentes allí están garantizadas por la acción del Gobierno de España, cualesquiera que sean las condiciones necesarias para ello y con todos los medios disponibles para ello”, declaró entonces el jefe del Ejecutivo. Como ahora, Sánchez se refirió a Marruecos de forma amistosa como “un país socio y amigo de España y así debe seguir siéndolo”.
El tratamiento hospitalario del líder del Polisario, Brahim Gali, que fue ingresado en abril de ese año en un centro de Logroño, desató el choque con Rabat, que se dejó de responsabilizar del control fronterizo. “El cuidado de nuestras relaciones ha formado parte desde siempre de la política exterior española y así debe seguir siendo. Mi deseo, como el de todos los españoles, es estrechar aún más nuestra relación y reforzar la amistad con nuestros vecinos marroquíes”, destacó Sánchez en el apogeo de la crisis.
Un año después, La Moncloa, en un giro inesperado, tomó partido por Marruecos en el conflicto del Sáhara. Sánchez calificó la propuesta de autonomía marroquí para la excolonia española como la “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto. Mohamed VI dio por cerrada la crisis diplomática, que se prolongó durante 10 meses, pero la reconciliación con Rabat desató una nueva crisis con Argelia, alineada con las reivindicaciones del Frente Polisario. Argel suspendió en junio de 2022 el tratado de amistad con España y congeló el comercio después de que Sánchez ratificara en el Congreso la nueva postura en el contencioso por el Sáhara Occidental. La relación no se ha terminado de reconducir hasta la semana pasada, cuando el presidente del Gobierno visitó el país magrebí, donde acordó con su homólogo argelino, Abdelmayid Tebún, “reactivar todos los mecanismos” de cooperación e incrementar el suministro de gas. Los Gobiernos de ambos países acordaron celebrar en octubre su primera reunión de alto nivel desde hace ocho años.
Unos días más tarde, la comisión de Justicia del Congreso aprobó la concesión de la nacionalidad española a los saharauis nacidos cuando el territorio era considerado una provincia española más y a sus descendientes, con el voto a favor del PSOE y sus socios, la abstención del PP y el rechazo de Vox. Una semana después, Ceuta es el epicentro de una crisis mayor que la de hace cinco años.
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