La reciente erupción del Etna ha alterado las conexiones aéreas de Sicilia en uno de los momentos de mayor afluencia turística del año. La persistente nube de ceniza que emana del volcán lleva más de cinco días provocando cierres, cancelaciones y desvíos en el aeropuerto de Catania, el principal del este de la isla, y este miércoles ha obligado a suspender también las operaciones en Comiso, complicando todavía más la situación.
La ceniza obliga a cerrar repetidamente las terminales de Catania y alcanza también Comiso, mientras miles de turistas tratan de reorganizar sus viajes
La reciente erupción del Etna ha alterado las conexiones aéreas de Sicilia en uno de los momentos de mayor afluencia turística del año. La persistente nube de ceniza que emana del volcán lleva más de cinco días provocando cierres, cancelaciones y desvíos en el aeropuerto de Catania, el principal del este de la isla, y este miércoles ha obligado a suspender también las operaciones en Comiso, complicando todavía más la situación.
El aeropuerto de Catania-Fontanarossa volvió a amanecer este miércoles prácticamente paralizado. Las autoridades habían previsto inicialmente retomar las operaciones a las 11.00 horas, pero la evolución de la actividad eruptiva y la dirección del viento obligaron a prolongar la suspensión.
En las terminales, especialmente concurridas en plena temporada alta, estos días se suceden imágenes de paneles de salidas y llegadas salpicados de vuelos cancelados, retrasados o desviados, largas colas ante los mostradores de las compañías y grupos de pasajeros esperando durante horas con sus maletas o incluso durmiendo en el suelo.
A la incertidumbre sobre cuándo podrán despegar se suma la de quienes han sido desviados a otros puntos de la isla y deben buscar una alternativa para llegar a su destino. El caos continúa fuera de los aeropuertos: los autobuses que conectan las principales ciudades de la isla viajan llenos, escasean los taxis y los coches de alquiler y encontrar una alternativa para recorrer los cientos de kilómetros que separan los aeropuertos se ha convertido en una odisea. Algunos viajeros han denunciado incluso tarifas de taxi de hasta 800 euros para trasladarse de un extremo a otro de Sicilia después de que sus vuelos fueran desviados.
Además, las comunicaciones por tierra tampoco resultan especialmente fluidas en este momento. Una de las principales autopistas de la isla, que conecta Catania y Palermo, se encuentra en obras en numerosos tramos, con desvíos, estrechamientos y limitaciones que alargan los tiempos de viaje, lo que complica aún más el traslado de los pasajeros.
Según las primeras estimaciones, solo al aeropuerto de Palermo han sido desviados 190 vuelos desde que se reanudó la actividad eruptiva de la muntagna, como llaman los cataneses al volcán, con una mezcla de temor y respeto. Las autoridades calculan que se habrían visto afectados unos 30.000 pasajeros hasta el momento.
La situación se complicó aún más cuando la ceniza alcanzó también el aeropuerto de Comiso, en la provincia de Ragusa, utilizado precisamente durante los últimos días como uno de los puntos de apoyo para absorber parte de los vuelos afectados en Catania. Las operaciones tuvieron que ser suspendidas también allí durante unas horas este miércoles por la contaminación por ceniza volcánica.
Palermo y Trapani, en el oeste de Sicilia, se han convertido mientras tanto en las principales alternativas para las compañías, que han desviado hacia ambos aeropuertos numerosos vuelos inicialmente destinados a Catania.

Las interrupciones por la actividad del volcán no son una novedad para la ciudad siciliana, que está acostumbrada a convivir con las periódicas erupciones del Etna, uno de los volcanes más activos y más altos de Europa. Esta vez, la erupción ha coincidido con uno de los momentos de mayor tráfico del año en los aeropuertos sicilianos, tanto de llegadas como de salidas, ya que esta semana es tradicionalmente un periodo de asueto para la mayoría de los italianos.
La incertidumbre se mezcla con la preocupación por las vacaciones ya organizadas y pagadas. “Tenemos que ir a Londres, tenemos reservado el hotel y las excursiones y no sabemos cuándo saldremos ni cuándo llegaremos”, lamentaba una pasajera siciliana ante los micrófonos de la televisión pública italiana, la Rai. Para algunos, las alternativas ofrecidas distan mucho de ser inmediatas: “Nos han cancelado el vuelo y nos han dado alternativas para el día 20, dentro de ocho días”, explicaba otro afectado.
Hoteles, operadores turísticos y sindicatos han comenzado a alertar de las consecuencias para el sector. Las primeras estimaciones recogidas por el diario La Repubblica, que cita datos de Assoesercenti, una asociación que representa a empresas y comercios italianos, sitúan ya entre 12 y 24 millones de euros las pérdidas para el turismo. Varias asociaciones del sector reclaman una coordinación conjunta y permanente entre aeropuertos, compañías aéreas, operadores turísticos y autoridades para gestionar estas situaciones, que son recurrentes.
Las consecuencias de la erupción han traspasado incluso las fronteras italianas. La nube de ceniza recorrió unos 220 kilómetros hacia el sur y alcanzó Malta, donde una veintena de vuelos también han sufrido cancelaciones y retrasos.
Desde hace años se debate la posibilidad de construir un nuevo aeropuerto en el centro de Sicilia o de trasladar parte del tráfico aéreo a otros aeropuertos, como el de Comiso. Aunque numerosos expertos en transportes consultados por los medios locales insisten en que la solución más eficaz pasaría por mejorar las conexiones entre los distintos aeropuertos de la isla, con mayores inversiones en la red ferroviaria y de carreteras.

El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología italiano (INGV) ha detectado actividad eruptiva en varias bocas del Etna y diferentes coladas de lava. La alerta para la aviación llegó al nivel rojo, el máximo de la escala, debido al riesgo que representa la ceniza para las aeronaves, ya que puede reducir la visibilidad y, sobre todo, dañar los motores si la aspiran durante el vuelo. Por el momento, la erupción no representa una amenaza directa para la población de Catania.
Paralelamente, centenares de curiosos se están acercando estos días a Catania y a las laderas del Etna para contemplar de cerca el espectáculo de la erupción, las columnas de humo y ceniza elevándose sobre su cumbre y las lenguas de lava incandescente descendiendo por sus laderas.
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