Son dos, tres, cuatro segundos. Siempre pocos, siempre interminables. La sorpresa, el estupor y el miedo se mezclan en apenas unos instantes mientras todo tiembla acompañado de un zumbido que nace de las entrañas de la tierra. “Se te queda el susto en el cuerpo”, dice Mari Álvarez, jubilada y residente en El Zaidín, barrio de la ciudad de Granada donde se han producido más desperfectos por los últimos terremotos registrados en la zona. El del martes por la mañana le pilló en casa, con su nieta de dos años. Al traqueteo le siguieron fuertes golpes en la calle: parte de la cornisa de su bloque había caído sobre tres coches. Después, las sirenas de los bomberos, las alarmas, el fin del mundo. “Te quedas en tensión porque piensas que volverá a ocurrir”, dice Merche González, su vecina, que tras la complicada jornada decidió dormir con un vestido por si tenía que salir corriendo de madrugada.


“No podemos predecir cuándo pararán”
Este martes se produjo una segunda reunión del Comité Asesor del Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en Andalucía tras la realizada el pasado sábado. Su objetivo es analizar la situación, coordinar el operativo que evalúa los daños y mantener el contacto continuo con especialistas científicos. “No es un evento extraordinario porque sabemos que en esa zona hay terremotos, pero no podemos predecir el patrón o cuándo pararán”, explicaba Juan Vicente Cantavella, director de la Red Sísmica Nacional. “La población tiene que saber que no hay más riesgo de un terremoto mayor ahora que en cualquier otro momento, por eso lo mejor es incidir en las medidas de autoprotección”, sostenía. En la misma línea, el consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, pedía seguir las recomendaciones del 112 para evitar riesgos en caso de que la tierra vuelva a temblar con intensidad. “Conocer cómo actuar antes, durante y después de un movimiento sísmico evita daños y salva vidas”, concluía. El miedo, eso sí, sigue marcando el día a día de los granadinos.
La capital y su área metropolitana intentan volver a la normalidad entre calles acordonadas, una multitud de operarios y vecinos que siguen con el susto en el cuerpo
Son dos, tres, cuatro segundos. Siempre pocos, siempre interminables. La sorpresa, el estupor y el miedo se mezclan en apenas unos instantes mientras todo tiembla acompañado de un zumbido que nace de las entrañas de la tierra. “Se te queda el susto en el cuerpo”, dice Mari Álvarez, jubilada y residente en El Zaidín, barrio de la ciudad de Granada donde se han producido más desperfectos por los últimos terremotos registrados en la zona. El del martes por la mañana le pilló en casa, con su nieta de dos años. Al traqueteo le siguieron fuertes golpes en la calle: parte de la cornisa de su bloque había caído sobre tres coches. Después, las sirenas de los bomberos, las alarmas, el fin del mundo. “Te quedas en tensión porque piensas que volverá a ocurrir”, dice Merche González, su vecina, que tras la complicada jornada decidió dormir con un vestido por si tenía que salir corriendo de madrugada.
Las dos vecinas paseaban, aún sorprendidas este miércoles a mediodía por la calle Poeta Mira de Amezcua, donde viven. Los alrededores están acordonados. Y frente a ellas solo quedaban tres coches reventados. Un Ford Fiesta y dos Peugeot aplastados por los cascotes caídos desde la terraza del edificio. Caminar por la zona es encontrar un reguero de precintos colocados por las fuerzas de seguridad junto a muros caídos, chimeneas rotas, calles repletas de escombros, ramas caídas, balcones dañados. “Se nos cayó todo encima”, contaban tras la barra del bar de tapas Montimar, junto al estadio de Los Cármenes. No son los únicos, la Junta de Andalucía ha inspeccionado en los últimos días más de 580 edificios con daños en Granada y su cinturón metropolitano. De ellos, 105 presentan desperfectos leves y solo 14 requieren medidas de seguridad. El miedo se palpa en la calle, donde cada conversación se centra en los seísmos. También en los avisos 112, donde han gestionado más de 5.500 llamadas y 2.300 incidencias desde el sábado, según los datos de la Junta de Andalucía, que mantiene activa la fase de emergencias en su nivel 1. Mientras, negocios, centros comerciales, oficinas públicas, centros de salud y hospitales reabrían sus puertas para intentar volver a la normalidad. También La Alhambra, aunque con itinerarios recortados para garantizar la evacuación en caso necesario.











Hay daños en iglesias, la basílica de la Virgen de las Angustias, el hotel Saylu, el museo Casa de los Tiros… pero la peor parte, de momento, se la han llevado los alrededor de 600 vecinos de varios bloques de Las Gabias. El aparcamiento subterráneo amaneció lleno de grietas el sábado por la mañana. Y el martes todo fue a peor. “A las dos de la tarde nos llegó un mensaje del presidente de la comunidad muy claro. ‘Desalojo urgente’ decía”, recuerda Alberto Gutiérrez, de 38 años, propietario de uno de los pisos. “Al mismo tiempo había agentes de Policía Local y Guardia Civil llamando puerta a puerta para darnos 15 minutos antes de irnos”, destaca. Su mujer cogió a los gatos y salió con lo puesto. Y él volvió del trabajo para intentar recuperar alguna cosa más, pero ya no se lo permitieron. Tras dormir cada uno en casa de sus padres, Alberto seguía con interés el trabajo de la veintena de operarios que había en la zona. “Han venido rapidísimo, pero hasta dentro de dos o tres días no creo que nos dejen volver”, lamentaba con un punto de ansiedad. Sus padres, Antonio Gutiérrez y Rosa María Sánchez, le acompañaban y entendían. “Es que es su casa y tener que dejarla con tanta rapidez no le gusta a nadie”, le consolaban. Otros 13 vecinos han tenido que pasar la noche en el albergue Inturjoven de Granada.

Arquitectos voluntarios
Antonio Vargas es uno de los miembros del Grupo de Arquitectos Voluntarios (GAVE) que desde el pasado sábado revisa decenas de edificios de toda la zona. Fue precisamente uno de los que detectó que algunos de los pilares cortos —de apenas metro y medio— estaban agrietados. Tras la evacuación de los vecinos, hizo números en una libreta para calcular cómo reforzar la estructura y esta mañana los operarios se afanaban con ladrillos de termoarcilla y puntales para distribuir la carga de la estructura. “Es algo provisional, luego tocará reforzar”, destacaba Vargas, que ha pasado ya por numerosos bloques de viviendas de localidades como Cúllar Vega, Churriana de la Vega, Ogíjares o La Zubia, cuyos límites se pierden entre calles en obras por la ampliación del Metro de Granada, polígonos industriales, secarrales y nuevas zonas residenciales.
Otros compañeros hacían lo mismo en Alhendín —epicentro del terremoto del sábado— o Gójar —epicentro del sucedido el martes— y Armilla, donde también se han registrado distintos daños. Entre ellos, caída de parte de la chimenea de la Feria de Muestras —levantada a finales del siglo XIX— y numerosas grietas en inmuebles, tanto en el interior de los pisos como en las fachadas. Acordonada estaba la fachada del pequeño edificio de ladrillo donde residen Mónica Sánchez, de 40 años, y su vecino, Carlos Flores, de 42. Ambos habían decidido pasar la noche en el parque Virgilio Castilla Carmona, al igual que otras muchas personas, prefirieron dormir en aceras, coches o descampados de toda el área metropolitana. Ellos prefieren no volver hasta que algún profesional les certifique que volver a casa es seguro. “No he dormido nada en toda la noche”, decía Sánchez, que celebró que el ayuntamiento mantuviese la programación cultural en el recinto, con un espectáculo flamenco el martes y cine de verano el miércoles “para desconectar un ratito”.

Cerca, alrededor de un centenar de personas había también intentado descansar en los jardines. “Aquí me siento más despejada porque no me puede caer nada encima”, decía la colombiana Indira Almuedo junto a sus tres hijos, aún sorprendidos por los seísmos y temerosos de las posibles réplicas. De hecho, el Instituto Geográfico Nacional registró una treintena de nuevos temblores, aunque pocos superaron los dos grados de magnitud. Los datos del organismo público revelan que desde el pasado sábado se han producido más de 600 eventos, la mayoría superficiales o de escasa profundidad, en la que ya denominan serie sísmica de Alhendín, porque en dicha localidad ocurrió el primero más fuerte, de 4,8 grados. Solo diez de ellos, eso sí, superaron la magnitud 3. Se parece mucho a la serie registrada entre diciembre de 2020 y agosto de 2021, cuando se produjeron 3.000 terremotos superficiales, el mayor de ellos de 4,5.
“No podemos predecir cuándo pararán”
Este martes se produjo una segunda reunión del Comité Asesor del Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en Andalucía tras la realizada el pasado sábado. Su objetivo es analizar la situación, coordinar el operativo que evalúa los daños y mantener el contacto continuo con especialistas científicos. “No es un evento extraordinario porque sabemos que en esa zona hay terremotos, pero no podemos predecir el patrón o cuándo pararán”, explicaba Juan Vicente Cantavella, director de la Red Sísmica Nacional. “La población tiene que saber que no hay más riesgo de un terremoto mayor ahora que en cualquier otro momento, por eso lo mejor es incidir en las medidas de autoprotección”, sostenía. En la misma línea, el consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, pedía seguir las recomendaciones del 112 para evitar riesgos en caso de que la tierra vuelva a temblar con intensidad. “Conocer cómo actuar antes, durante y después de un movimiento sísmico evita daños y salva vidas”, concluía. El miedo, eso sí, sigue marcando el día a día de los granadinos.
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