Queda poco menos de dos semanas para que comience el nuevo curso político en el Congreso de los Diputados y, con él, llega la vuelta de parlamentarios y ujieres a los pasillos de la Cámara Baja. Estos últimos, encargados del protocolo y de asistir a los diputados y visitantes, visten desde el pasado noviembre trajes fabricados en los mismos talleres que las armaduras de ‘Gladiator II’ o los abrigos de ‘La sociedad de la Nieve’. La Cámara Baja cerró un contrato con la empresa madrileña Peris Costumes por valor de 892.956,00 euros, según publicó el Boletín Oficial del Estado (BOE). El contrato, que tiene una duración de tres años, incluye el servicio de tintorería de los trajes y la fabricación de 2.498 prendas de ropa para ujieres, personal de mantenimiento y sanitarios.
La Cámara Baja tiene un contrato de tres años por casi 900.000 euros con una empresa que confecciona el vestuario de producciones como ‘La sociedad de la Nieve’ o ‘Gladiator II’
Queda poco menos de dos semanas para que comience el nuevo curso político en el Congreso de los Diputados y, con él, llega la vuelta de parlamentarios y ujieres a los pasillos de la Cámara Baja. Estos últimos, encargados del protocolo y de asistir a los diputados y visitantes, visten desde el pasado noviembre trajes fabricados en los mismos talleres que las armaduras de ‘Gladiator II’ o los abrigos de ‘La sociedad de la Nieve’. La Cámara Baja cerró un contrato con la empresa madrileña Peris Costumes por valor de 892.956,00 euros, según publicó el Boletín Oficial del Estado (BOE). El contrato, que tiene una duración de tres años, incluye el servicio de tintorería de los trajes y la fabricación de 2.498 prendas de ropa para ujieres, personal de mantenimiento y sanitarios.
La empresa, situada al sur de la Comunidad de Madrid, en Algete, produce cada traje, botón, corbata y chaqueta de los uniformes, que no han cambiado su diseño con el último contrato. El director general de la compañía, Iñigo Santías, explica a EL PAÍS que la mayor parte de la ropa que producen se fabrica en sus propios talleres, donde trabajan 31 personas, pero subraya que hay “prendas muy específicas, como los alfileres de corbata” que se confeccionan en talleres subcontratados. Cada pieza es distinta y el tiempo de producción varía. Tardan entre treinta minutos y varias horas en confeccionar cada una. “No es lo mismo hacer una camisa que una chaqueta”, resalta.
Santías detalla además que su empresa acumula mucha experiencia trabajando con el sector público. “Llevamos desde los orígenes de la compañía atendiendo a instituciones públicas como el INAEM (Instituto Nacional de Artes Escénicas de Madrid) entre otros”, explica. Esto se debe a que los uniformes suelen tener detalles que no pueden ser elaborados por empresas textiles al uso. En el caso de este contrato, el empresario explica que “fue una licitación” en la que ganaron la adjudicación, pero subraya que es un acuerdo “menor” para su compañía, ya que tratan con clientes “mucho más grandes” que el Congreso.
El vestuario es una parte esencial del protocolo del Parlamento desde hace más de 150 años. Según la información del Archivo de la Cámara recogida por este periódico, el Cuerpo de ujieres se crea en el Reglamento de Gobierno Interior de 1851, en el que se indica la división en categorías de los, hasta ese momento, llamados dependientes. Aquí ya se detalla que los ujieres deben llevar uniforme, en el artículo 40: “Todos los individuos de la servidumbre del Congreso, excepto los mozos de oficio, usarán uniforme en los actos de servicio. El uniforme consiste en casaca con galón de oro en el cuello, pantalón azul y sombrero de tres picos con presilla de oro”. Esto ha cambiado, principalmente porque ahora está “adaptado a la fisionomía de hombres y mujeres”, según los documentos de la institución.

En la actualidad, el uniforme de verano de los 113 ujieres que integran la plantilla se conforma de una chaqueta azul marino con una fila de botones dorados, que tiene el escudo constitucional en el pecho. La chaqueta lleva galones dorados en las mangas y tiene el mismo escudo bordado a mano en las dos solapas. El uniforme incluye un chaleco del mismo tejido que la chaqueta, con botones y escudo. Finalmente, una camisa blanca y un pantalón azul, con un galón dorado. Ahora también existe la opción de llevar falda, plegada por delante, con cuatro botones dorados y el mismo escudo.
El contrato contempla a su vez un uniforme de gala, que es parecido al normal, pero con más detalles, y que ofrece dos opciones: chaqueta corta y larga, una para invierno y la otra para verano. Este es el que se utiliza en visitas como la del Papa, que pisó las moquetas del Congreso el pasado junio. La chaqueta tiene una levita ajustada, con una fila de nueve botones metálicos dorados y el escudo reglamentario. Cuando los ujieres se visten de gala, llevan la misma camisa blanca, con la diferencia de que esta tiene galones dorados de varios tamaños en las mangas. Se mantiene el pantalón azul marino, como la chaqueta. Cada detalle queda en manos de esta empresa especializada en vestuario para cine y series.
El artículo 53 del Reglamento de las Dependencias del Congreso de 1854 recoge cómo era el mantenimiento del vestuario en aquel momento, y detalla: “Los trabajadores tendrán obligación de conservarlo en buen estado, durante tres años”. Además, señala que ningún trabajador “podrá usar las prendas de uniforme fuera de los actos del servicio”. Esto sigue siendo así: todo uniforme que entra a la Cámara Baja no debe vestirse más allá de esas paredes. Los ujieres tienen taquillas dentro del Congreso para guardarlos, según fuentes parlamentarias.
La ropa únicamente sale del edificio cuando es llevada al servicio de tintorería; cada dos semanas se recoge para ser lavada. La estimación anual de planchados está reflejada en el pliego del contrato, al que ha tenido acceso este medio. La suma total es de 6.996 planchados al año. Recogerán las prendas cada 15 días en dos edificios distintos del Congreso, a excepción de los trajes sanitarios, que serán recogidos a diario.
El pliego detalla además que la empresa debe aportar dos portatrajes para cada trabajador (uno para la recogida y otro para la entrega) con un recuadro para su correcta identificación. Los trajes de los trabajadores no comparten espacio con los que visten los actores y actrices de Hollywood, ni en la tintorería ni en los almacenes, pero sí son fabricados por las mismas manos en un taller del sur de Madrid.
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