Ahmed al Masri cierra los ojos, se deja caer hacia atrás y flota. Un monitor permanece a su lado en una pequeña piscina que les cubre hasta la cintura y poco a poco lo suelta. Es la segunda clase de natación para este adolescente palestino de 14 años, que perdió su pierna derecha en julio de 2025 cuando salió a buscar comida para su familia en un momento en que el hambre golpeaba Gaza con tanta fuerza como los bombardeos israelíes.
La ONG Heal Palestine y veteranos monitores de natación ponen en marcha estas clases para dar un respiro a pequeños especialmente traumatizados por meses de muerte y desplazamiento
Ahmed al Masri cierra los ojos, se deja caer hacia atrás y flota. Un monitor permanece a su lado en una pequeña piscina que les cubre hasta la cintura y poco a poco lo suelta. Es la segunda clase de natación para este adolescente palestino de 14 años, que perdió su pierna derecha en julio de 2025 cuando salió a buscar comida para su familia en un momento en que el hambre golpeaba Gaza con tanta fuerza como los bombardeos israelíes.
“Soy feliz en el agua. Me siento cada vez más seguro y quiero seguir mejorando”, dice a este periódico desde Jan Yunis, en el sur de la Franja. Tras resultar herido, la falta de cuidados médicos en un momento en que la gran mayoría de hospitales estaban semidestruidos y abarrotados de heridos hizo que fuera necesario amputar la pierna. Primero por debajo de la rodilla, semanas después a la altura del muslo. “Me ha costado aceptarlo. Me operaron varias veces, pasé cinco meses en una silla de ruedas y ahora puedo sostenerme en una pierna”, recuerda. “Nadar me ha cambiado la vida. Durante algunas horas me siento ligero y además salgo de la tienda de campaña, huyo del calor y de las moscas y hablo con gente”.
La ONG Heal Palestine y la escuela de natación gazatí dirigida por Amjed Tantish, que lleva más de 20 años enseñando a nadar a niños y niñas de Gaza, comenzaron a organizar a finales de julio estas clases para menores amputados y huérfanos, con el objetivo de dar un respiro a pequeños especialmente traumatizados por el conflicto.
“Hay muchos chavales que perdieron sus piernas o brazos o vieron morir a sus padres y hermanos y están sufriendo muchísimo física y psicológicamente. Ya no son niños y queremos que vuelvan a serlo”, dice a EL PAÍS Steve Sosebee, responsable de Heal Palestine. La ONG, creada hace dos años y medio, ofrece a decenas de estos menores de la Franja educación, tratamiento médico y psicológico, comida y actividades como estas clases de natación o campeonatos de fútbol, gracias a donaciones extranjeras.
Hay muchos chavales están sufriendo muchísimo física y psicológicamente. Ya no son niños y queremos que vuelvan a serlo
Steve Sosebee, Heal Palestine
“La idea es que los más afectados por tanta destrucción y muerte vayan superando el trauma. El agua es el único lugar en el que estos niños son libres, donde su condición les pesa menos y no sienten los límites”, apunta Tantish, en una entrevista que se realiza telefónicamente porque Israel no permite que la prensa extranjera entre en Gaza.
La ONU calcula que desde octubre de 2023 unas 42.000 personas en Gaza han sufrido heridas que les han cambiado la vida y que de ese total, un 25% son menores. Según estas fuentes, Gaza ostenta el triste récord mundial de niños amputados en relación a su población.
Por ahora, 90 niños y niñas amputados y huérfanos están participando en estos cursos, que tienen lugar dos veces por semana en una pequeña piscina situada en la casa que la ONG alquiló como oficina en Gaza. Estaba vacía y en mal estado, pero se logró rehabilitar para comenzar estas clases. Tantish no tiene constancia de que haya otra piscina funcionando en la Franja en este momento.

“La demanda y las necesidades son enormes. Si tuviéramos más medios materiales y más lugares habilitados, podríamos atender a miles de niños”, subraya Sosebee.
Por ejemplo, en estas primeras clases ha sido imposible hacer venir hasta Jan Yunis a niños y niñas del norte de la Franja por la falta de vehículos y los altísimos precios del combustible. “También nos hacen falta productos de mantenimiento para la piscina. Nuestro objetivo es poder cambiar el agua una vez por semana gracias a un sistema bastante rudimentario”, explican los organizadores. Todo lo que entra y sale de Gaza necesita una autorización israelí, cuyo ejército sigue ocupando más del 50% de la Franja.
Nadar me ha cambiado la vida. Durante algunas horas me siento ligero y además salgo de la tienda de campaña, huyo del calor, de las moscas y hablo con gente
Ahmed al Masri, adolescente gazatí
Sin limitaciones
“¡Uno, dos, tres, vamos!“, grita Tantish. Y dos niñas que han perdido las piernas se lanzan sin dudar a la piscina, donde les espera una monitora con los brazos abiertos. Los videos y las fotos de la clase acercan a la algarabía y la emoción de los pequeños ante esta actividad inédita en una Gaza en ruinas, donde sigue muriendo gente cada día. Según cifras de Unicef, más de 300 niños han fallecido en ataques israelíes en los 300 días de alto el fuego, que entró en vigor en octubre. Desde octubre de 2023, la cifra de víctimas gazatíes es de al menos 73.000, más de 21.000 de ellas menores.
Para estas clases, Tantish reserva a sus monitores más experimentados, en este caso seis hombres y seis mujeres. “Si en una clase de natación ordinaria hay siete niños por monitor, en estas actividades prevemos un entrenador para dos o tres pequeños”, detalla. “Uno de los monitores también sufrió la amputación de una pierna siendo pequeño así que es, sin duda, la persona más adecuada para enseñar a estos niños”, añade.
Tantish insiste en que la discapacidad no limita a los pequeños. “Todo el mundo puede aprender a nadar, aunque le falten las piernas o los brazos”, recalca. “Después de la primera clase, la mayoría de estos niños ya flotan sin ayuda, aunque hayan empezado de cero”, agrega.
Saleh al Satari es uno de ellos. Tiene 14 años y vive desplazado en Al Mawasi, en el sur de la Franja. Resultó herido en un bombardeo israelí en julio de 2024, cuando volvía del mercado y perdió su pierna izquierda. “Al principio tenía miedo, pero aprender a nadar ha cambiado muchas cosas en mí. Me siento más fuerte y con más energía”, afirma. “En el agua siento que recupero el movimento. Todo es más fácil, más leve y el miedo permanente a caerme desaparece”, agrega.

Gaza cuenta
Los organizadores admiten que en las primeras clases, algunos pequeños tenían dificultades para entender las instrucciones o repetir movimientos. “Tiene que ver con lo que han vivido en los meses de bombardeos y con lo que siguen sufriendo. Pero vemos progresos en cada sesión”, afirma Ibrahim Abu Jarad, de Heal Palestine. “Los niños llegan muchas veces con el semblante serio y cerrado, pero se meten en el agua y empiezan a recuperar su energía y su alegría”, agrega.
Para Rahaf Abu Aathra, de ocho años, es su segunda clase. La pequeña sufrió la amputación de un pie al ser atropellada por un camión. “Ya sé meter la cabeza en el agua y estoy aprendiendo a flotar. En el agua siento que me muevo más rápido y eso me hace perder el miedo”, dice.

Para Tantish, las clases con niños amputados y huérfanos son un momento “de dicha”. “Me siento pleno ayudando a los niños a sentir la felicidad del agua”, afirma. Además de este proyecto, en los últimos meses, este experimentado monitor ha logrado habilitar varias piscinas de agua de mar en las playas de Gaza y en este momento 1.600 niños acuden a sus clases, financiadas gracias a la solidaridad internacional, agrupada bajo la iniciativa Swim with Gaza.
Las clases de natación para menores amputados y huérfanos se extendrán durante agosto, septiembre y octubre. Los organizadores ya están pensando en cómo prorrogarlas y en cómo seguir usando la piscina en invierno calentando el agua. Todo dependerá de los fondos. Pero Sosebee confía. “Los niños de Gaza que mueren o resultan heridos cada día son importantes para mucha gente. Personas que quieren aportar y movilizarse para que sucedan cosas positivas en este lugar del mundo”, concluye.
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