
El alboroto que a media mañana se ha formado en el portal de Francisco Olea (81 años) y María de los Milagros Andrade (74 años), en el barrio de Llefià de Badalona, ha alertado a varios vecinos. Todos corren a solidarizarse. “¡Me he enterado ahora! ¿Cómo que os echan del piso?”, se preocupa una vecina. El matrimonio tampoco hace mucho que lo sabe. En realidad, se había enterado el día anterior, cuando un cerrajero acudió para cambiarles la cerradura. Su hijo, que no había querido preocuparles porque creía que iba a solucionarlo, tuvo que contárselo: el banco quería quedarse con su vivienda por el aval que le dieron hace 15 años para una hipoteca que no pudo devolver. “Ya se quedaron con su piso. Yo no debo nada a nadie. Acabamos de pagar nuestra hipoteca hace 40 años”, lamenta Andrade.
El banco, que además les reclama 70.000 euros a cada uno, accede a aplazar el desalojo hasta el 29 de octubre
El banco, que además les reclama 70.000 euros a cada uno, accede a aplazar el desalojo hasta el 29 de octubre


El alboroto que a media mañana se ha formado en el portal de Francisco Olea (81 años) y María de los Milagros Andrade (74 años), en el barrio de Llefià de Badalona, ha alertado a varios vecinos. Todos corren a solidarizarse. “¡Me he enterado ahora! ¿Cómo que os echan del piso?”, se preocupa una vecina. El matrimonio tampoco hace mucho que lo sabe. En realidad, se había enterado el día anterior, cuando un cerrajero acudió para cambiarles la cerradura. Su hijo, que no había querido preocuparles porque creía que iba a solucionarlo, tuvo que contárselo: el banco quería quedarse con su vivienda por el aval que le dieron hace 15 años para una hipoteca que no pudo devolver. “Ya se quedaron con su piso. Yo no debo nada a nadie. Acabamos de pagar nuestra hipoteca hace 40 años”, lamenta Andrade.
Los precios de la vivienda vuelven a estar disparados, ajenos al estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008. Esa crisis dejó a miles de ciudadanos en la calle, sin vivienda y con una deuda a cuestas. Pero las heridas de ese capítulo siguen abiertas. El hijo de Olea y Andrade pidió una hipoteca para comprarse un piso en Badalona, cerca de sus padres. Le dieron un crédito que iba más allá del 100% del valor del piso, según cuentan sus hermanos. Pero llegó la crisis y una separación. Y se vio incapaz de seguir pagando las cuotas que le llegaban cada mes. Explica que BBVA (que no ha respondido a este periódico) se quedó su piso, pero le permitió quedarse a cambio de un alquiler social. Acumuló cinco meses de impagos, según dice, porque no llegaron los recibos. Un día, prosigue, llegó a su casa del trabajo y no pudo entrar ni a sacar sus cosas.

La historia podría haberse quedado aquí, pero el pasado mes de marzo llegó a casa de sus padres –donde ahora reside— una notificación de desahucio. Se la guardó. “Pensaba que podría resolverlo y luego no quiso fastidiarnos las vacaciones”, lamenta Francisco Olea, su padre. El tiempo se le echó encima y el día antes de la fecha señalada tuvo que contarlo. No durmieron en toda la noche, pero el Sindicato de Inquilinos les animó. “No todo está perdido. Esto hoy sí lo paramos”, le decía un miembro de la entidad.
“Avalas a un hijo con todo el cariño del mundo y, bueno, llegan estas circunstancias. Pero no es justo. Ellos ya se quedaron con su piso. No es justo que ahora quieran quedarse con otra vivienda que está sin ninguna carga”, explica Andrade. Ese piso, en la carretera de Santa Coloma, la compraron hace 50 años. Les costó casi un millón y medio de pesetas (unos 8.500 euros) que pagaron en diez años. “¿Dónde vamos a ir? Somos mayores, no podemos ir a dormir debajo de un puente”, añade mientras recibe muestras de apoyo de las vecinas que van llegando. Pero la situación es todavía más compleja. Aun entregando su casa, cuentan que el banco les exige 70.000 euros a cada uno, según cuentan.
La comitiva judicial en esta ocasión apenas ha tardado unos minutos en decidir. También acuden del Ayuntamiento de Badalona. La propiedad ha accedido a dejar que el matrimonio se quede un tiempo en el piso y aplazar el desahucio. Un portavoz del Sindicato de Vivienda de Badalona, que el día antes organizó un grupo de forma urgente un grupo para apoyarles e impedir el desalojo, lo anuncia entre los aplausos de los vecinos que se habían unido al grupo. Olea, que se dedicó toda su vida a la carpintería, da las gracias visiblemente emocionado a todos los que han acudido a apoyarle. Por ahora, han logrado una prórroga hasta el 29 de octubre.
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