
El Sónar Kids ha vuelto con nueva sede y todas las entradas agotadas. Ha llovido mucho desde que se inaugurase en 2009 con unos 5.000 asistentes en el recinto del CCCB viendo a Laurent Garnier pinchando The man with the red face para niños, un hito en ese enclave del Raval que tanto añoran los nostálgicos. Tras pasar por El Port de la Selva y celebrar su última edición en 2016, el parc del Fòrum es la nueva casa para el Sónar en familia. El anfiteatro pequeño ha sido el espacio escogido para un regreso en plena ola de calor que ha acogido a unas 1.500 personas en un espacio que asomaba reducido y algo improvisado —a las 12.30 horas todavía entraban sombrillas los trabajadores de seguridad— y en el que la sombra estaba disputadísima mientras los polos naturales a cuatro euros volaban como las cervezas suelen correr en los festivales de mayores.

Unas 1.500 personas pasan por la extensión familiar del festival en el parc del Fòrum
El Sónar Kids ha vuelto con nueva sede y todas las entradas agotadas. Ha llovido mucho desde que se inaugurase en 2009 con unos 5.000 asistentes en el recinto del CCCB viendo a Laurent Garnier pinchando The man with the red face para niños, un hito en ese enclave del Raval que tanto añoran los nostálgicos. Tras pasar por El Port de la Selva y celebrar su última edición en 2016, el parc del Fòrum es la nueva casa para el Sónar en familia. El anfiteatro pequeño ha sido el espacio escogido para un regreso en plena ola de calor que ha acogido a unas 1.500 personas en un espacio que asomaba reducido y algo improvisado —a las 12.30 horas todavía entraban sombrillas los trabajadores de seguridad— y en el que la sombra estaba disputadísima mientras los polos naturales a cuatro euros volaban como las cervezas suelen correr en los festivales de mayores.
Teniendo en cuenta que los menores ahora tienen prohibida la entrada en el nuevo Sónar de Fira Gran Via que ha unido el día y la noche —antes podían entrar al recinto de plaza Espanya acompañados de adultos—, el Sónar Kids ha vuelto con tres espacios diferenciados.
Con las escaleras de las gradas vacías y achicharradas por el sol, la pista de baile, con un agradecido aspersor de agua y malla protectora, además de dispensadores de requerida crema solar, ha sido SónarXS, escenario para los directos y sesiones de DJs como la de La Sofy. La residente de Razzmatazz y Salamandra, autodenominada “funcionaria del perreo”, hacía contonear caderas al mediodía con ritmos de cumbia y mezclas con Tu señora, el hit de Tomasa del Real. El SónarDôme era el lugar para talleres en la que los críos podían aprender a pinchar o toquetear instalaciones digitales y en la Zona de Jocs, los niños se zambullían en una piscina de bolas o jugaban a un quién es quién de piezas gigantes.

“Para mí el Sónar siempre ha sido como la fiesta inaugural del verano de Barcelona. Cuando vi que volvía el Sónar Kids, decidí traer a mi sobrino”, explica Jéssica Fernández, de 44 años. Esta asidua del festival desde su veintena venía acompañada de su sobrino Jon, de 2 años; su pareja, Víctor y los padres de la criatura, Albert y Stephanie. “Aquí pasas un día en familia, estimulas al niño experimentando con instrumentos para que pruebe un poco su creatividad y sabes que se lo pasará bien y bailará con los conciertos”, argumenta esta barcelonesa que reside por trabajo el resto del año cerca de Bruselas.
La fiesta, para Jéssica y Víctor, no se acababa en el Fòrum. Ya tenían su entrada comprada desde hacía meses para seguir bailando con otro grupo de amigos hasta el amanecer en Gran Via.
“Los niños piden mucho ritmo”
“El Sónar Kids no es un proyecto con el que tengamos intención de ganar dinero o lucrarnos, nace con la voluntad de que todos los niños y las familias puedan disfrutar de lo que es un Sónar a todas las edades”, cuenta Miquel Trullols, jefe de comunicación de Sónar, a propósito de los precios populares del regreso, donde los menores de 15 años han entrado gratis y los adultos han pagado doce euros. El objetivo, cuenta, y como han repetido desde que ha llegado la nueva dirección de François Jozic, es “recuperar la capitalidad de Barcelona en cuanto a música y creatividad”.
Tras treinta y tres ediciones de festival, recuerda Trullols, el recambio generacional es evidente: “Es curioso porque hay niños que estuvieron en el Sónar kids e irán al Sónar este 2026 sin sus padres, y aquí tenemos a padres que son fans de Sónar de toda la vida y que después de venir a quince ediciones, quieren seguir disfrutando con sus familias. Todo está pensado para que se pueda combinar con el festival”.

Así lo ha hecho Gemma P. M., conocida en la escena electrónica como AWWZ, barcelonesa habitual del festival —ha pinchado en ocho ediciones— y que será la encargada de cerrar la jornada Sónar Kids. El viernes estuvo en el recinto de Fira viendo a Kelis y Skepta como asistente y este sábado tenía prevista una sesión que no se saliese de su estilo melódico y dulce. “Cuando me lo plantearon lo tuve claro. Le pregunté a mi hjio Kai, de dos años, ‘¿quieres ver a mamá pinchar’ y como me dijo que sí al momento, ni lo dudé”, cuenta la artista en las horas previas a su actuación. ¿Qué ha preparado AWWZ? “Mi set normal y algunos temas nuevos con unos ritmos que ya veo que funcionan con mi hijo, que pide ritmos marcados. Le encanta el remix de Jamaica Bam Bam, ese seguro que cae».
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