Colas ante las gasolineras y un solo tema de conversación en las calles. Así ha amanecido Teherán este martes, horas después de que Estados Unidos anunciara una serie de nuevas medidas para intentar asfixiar la economía iraní y tratar así de desbloquear un conflicto que dura ya seis meses y está encallado.
Las autoridades de la República Islámica aseguran estar preparadas para afrontar las nuevas sanciones económicas y anuncian una “nueva derrota” estadounidense
Colas ante las gasolineras y un solo tema de conversación en las calles. Así ha amanecido Teherán este martes, horas después de que Estados Unidos anunciara una serie de nuevas medidas para intentar asfixiar la economía iraní y tratar así de desbloquear un conflicto que dura ya seis meses y está encallado.
“Sin duda todos estamos atemorizados. El futuro siempre ha sido incierto, pero ahora lo es aún más”, admite Alí, un administrativo de 35 años que no quiere dar su nombre completo receloso por posibles represalias, como gran parte de la población iraní. “Los precios cada vez son más altos, todo es caro y hay muchas cosas que ya no compramos porque no nos alcanza el dinero. Siento que cada día somos más pobres”.
El precio de la gasolina es una línea roja en Irán, un país petrolero —atesora las terceras mayores reservas probadas del planeta— donde los subsidios estatales y un sistema de cuotas permiten repostar gasolina a uno de los precios más bajos del mundo: muchos ciudadanos pagan menos de un céntimo de euro por litro. En 2019, por ejemplo, un intento de las autoridades de la República Islámica de subir ese precio provocó importantes protestas en las calles y decenas de muertos en la represión ejercida por las fuerzas de seguridad.
El Parlamento ha desmentido este martes que vaya a producirse un nuevo aumento en los surtidores, pero muchos conductores, de por sí agobiados por los altos precios de casi todo lo que consumen diariamente, temen lo contrario y han decidido llenar sus depósitos desde hace un par de días, cuando Washington aireó que iba a aprobar más sanciones.

“Es una guerra psicológica sobre nosotros. Hay mucho temor de que la situación se complique”, dice Hussein Alizadeh, dueño de un pequeño supermercado en el área central de Teherán. “Los precios suben a diario, las ventas son menores cada vez, y posiblemente todo será peor si finalmente aumentan el precio de la gasolina”. Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel comenzaron sus ataques contra Irán, las ventas de este comerciante han disminuido un 45%.
Las autoridades han advertido en estos meses de que podría haber subidas de precios, tanto por los ataques como por el bloqueo estadounidense a los puertos, y han instado a la población a hacer un consumo responsable del combustible, utilizando por ejemplo el transporte público.
Incluso antes del inicio de la guerra, Irán ya padecía una alta inflación y una constante devaluación de su moneda, el rial. Según el Banco Mundial, la economía iraní se contrajo alrededor de un 2,8% durante el año fiscal 2025-2026, que terminó a finales de abril, y la tasa anual de inflación rozó el 54% en ese momento. Desde entonces, según cifras oficiales iraníes, los precios ya acumulan una subida del 62%.
“Yo me pregunto cómo voy a sobrevivir”, piensa en voz alta Mina, que trabajaba en el sector turístico y apenas tiene clientes: casi nadie visita Irán hoy, y los paquetes para que los locales viajen a Europa también han desaparecido.
Este martes, las autoridades iraníes han afirmado que están “completamente preparadas” para hacer frente a una tibia ampliación de sanciones anunciada por Estados Unidos el lunes que se traducirá, en palabras del ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, en “otra derrota” para Washington. Lo que Donald Trump había calificado de “día D económico” contra Irán se tradujo finalmente en “un disparo de advertencia”, especialmente dirigido a los países e instituciones que mantengan vínculos financieros con Teherán.
Más irónico ha sido el portavoz del Ministerio de Exteriores, que compartió un mensaje en la red social X comparando los anuncios del lunes en Washington y la frase del secretario del Tesoro estadounidense “La etapa final comienza hoy”, con la victoria frente a Irak que el expresidente George W. Bush celebró de forma muy anticipada en 2003, nada más comenzar una guerra que finalmente se extendió durante años, hasta la retirada de las tropas estadounidenses en 2011.
Las autoridades iraníes han prometido responder a estas sanciones y han manifestado su confianza en que sus principales socios comerciales resistirán frente a las presiones de Trump. Madanizadeh ha subrayado que ni China ni Rusia han “aceptado” las medidas estadounidenses, y ha pronosticado que otros países reaccionarán de la misma manera.
El lunes, Bessent dijo que quienes continúen comerciando con el país persa se arriesgan a quedar excluidos del sistema financiero internacional. Se negó, sin embargo, a revelar cuándo entrarían en vigor las sanciones y explicó que a los afectados se les daría tiempo para cumplir con la nueva directiva. El Departamento del Tesoro sí anunció sanciones contra 60 personas, entidades y buques, pero la lista no incluía a ninguna de las grandes instituciones financieras chinas sospechosas de facilitar el comercio de petróleo iraní.
Antes de conocerse las nuevas sanciones, Irán había amenazado tanto con una posible respuesta militar como con otra reducción de sus exportaciones de petróleo desde el golfo Pérsico, el mayor punto de partida de combustibles fósiles del planeta.
Irán y EE UU firmaron en junio un acuerdo provisional destinado a poner fin a la guerra, pero el tiempo dado para encontrar un acuerdo expiró sin haber logrado ningún resultado tangible. Con todo, Pakistán, que ejerce de mediador, ha informado este martes de “un progreso significativo” en las últimas conversaciones con Teherán, centradas en medidas como evitar una nueva escalada del conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz, por el que discurría hasta febrero la quinta parte del crudo y el gas que consume el mundo cada día. En este momento, este paso sufre el doble bloqueo de Washington y de Teherán que se siente en los bolsillos de los ciudadanos de Irán, donde la salud financiera depende de sus exportaciones de petróleo.
El lunes, solo dos buques de transporte de mercancías atravesaron el lunes el estratégico paso, según los últimos datos de las plataformas de navegación obtenidos por la agencia Reuters. Es el menor número de tránsitos diarios desde principios de mayo.
Aunque la guerra ha debilitado buena parte de la capacidad militar convencional de Irán, el país sigue conservando suficiente capacidad de misiles y drones como para atacar a países vecinos del Golfo y amenazar a los petroleros que atraviesan Ormuz. El lunes, la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico amagó a 46 buques con multas o directamente con su aprehensión, para mostrar su control sobre este paso, uno de los principales obstáculos para lograr cualquier acuerdo entre Irán y Estados Unidos.
Feed MRSS-S Noticias
