Decenas de miles de personas, unas 70.000, según la Delegación de Gobierno, se han manifestado este sábado por el centro de la capital española en un frente común contra todos los sectores que dificultan el acceso a la vivienda y propician los desahucios, incluyendo entre los culpables a la clase política y los fondos buitre internacionales, presentados como “los verdaderos invasores”. “Derecho a techo”; “Hace falta ya una huelga general”; “Fuera rentistas de nuestros barrios”; o “Esto es lucha de clases, no podemos hacer las paces” fueron algunos de los lemas más coreados. La multitud ha puesto en evidencia que la izquierda está activada en la calle, indignada con la reciente expulsión de su casa de una anciana de 87 años, Mari Carmen Abascal, y con los partidos que han tumbado esta semana los decretos que habrían ayudado a evitar desahucios similares, pero también molesta con la legislación y las administraciones que los han permitido, incluyendo al Ejecutivo central.
La segunda gran marcha en una semana reparte culpas entre el “Gobierno progresista” y las derechas, y anuncia que seguirá en la lucha “gobierne quien gobierne”
Decenas de miles de personas, unas 70.000, según la Delegación de Gobierno, se han manifestado este sábado por el centro de la capital española en un frente común contra todos los sectores que dificultan el acceso a la vivienda y propician los desahucios, incluyendo entre los culpables a la clase política y los fondos buitre internacionales, presentados como “los verdaderos invasores”. “Derecho a techo”; “Hace falta ya una huelga general”; “Fuera rentistas de nuestros barrios”; o “Esto es lucha de clases, no podemos hacer las paces” fueron algunos de los lemas más coreados. La multitud ha puesto en evidencia que la izquierda está activada en la calle, indignada con la reciente expulsión de su casa de una anciana de 87 años, Mari Carmen Abascal, y con los partidos que han tumbado esta semana los decretos que habrían ayudado a evitar desahucios similares, pero también molesta con la legislación y las administraciones que los han permitido, incluyendo al Ejecutivo central.
La manifestación llegó a la plaza de Cibeles cerca de las dos de la tarde después de una marcha que salió desde cuatro puntos distintos de la capital y a la que, pese a la llovizna, fueron uniéndose durante el recorrido, grupos de distintas edades. Los convocantes, el Sindicato de Inquilinas, organización que ha liderado las protestas desde el desahucio de Maricarmen, insisten en que es necesario convocar “pronto” una huelga general para elevar la magnitud y la trascendencia de su protesta. Valeria Racu, la portavoz del sindicato, adelantó que está en conversaciones con los sindicatos laborales tradicionales, CC OO y UGT, principalmente, y explicó que fijarán conjuntamente una fecha definitiva. Racu separa la fecha de una huelga general de un posible adelanto de los comicios generales para finales de noviembre, es decir, la movilización en la calle del cálculo electoral. “Este es un aviso a navegantes. La protesta seguirá gobierne quien gobierne”, insistió. El sindicato de Inquilinas cargó contra el Ejecutivo —“Ocho días de apoyo popular han hecho más que ocho años de Gobierno progresista”— y contra “las derechas arrodilladas ante los fondos buitre”.
Los manifestantes celebraron su fuerza al reunirse en la plaza de Cibeles las cuatro columnas que habían partido desde distintos puntos de la capital. Allí, frente a la sede del Ayuntamiento de Madrid, agitaron una vez más sus llaves a mientras reivindicaban el derecho a una vivienda digna y repartían sus críticas al alcalde, José Luis Martínez-Almeida, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y el Gobierno de coalición.
El papel que jugará a partir de ahora el Sindicato de Inquilinas entra en otra fase, al señalar que abandonan la acampada en la Puerta del Sol que se inició hace una semana, pero no la movilización en la calle hasta que se satisfagan sus demandas. Su propósito es trasladar a partir de ahora la protesta “a los barrios” y a otras ciudades. En Bilbao, Valencia y Canarias y otro medio centenar de ciudades se repitieron manifestaciones similares a las de la capital.

La de este sábado ha sido la segunda manifestación masiva por la vivienda en apenas siete días. La semana pasada miles de personas ―25.000, según Delegación de Gobierno― marcharon por las calles de Madrid para defender a Mari Carmen, pero el foco se ha ampliado desde entonces a la convocatoria de una huelga general. Se trata de un llamado atípico organizado por un sindicato que no es ninguno de los tradicionales y que no apela a los obreros, a las fábricas ni a los funcionarios, sino a los inquilinos.
Si Pedro Sánchez estaba esperando a medir hasta dónde llega la movilización de la izquierda para decidir si adelanta o no las elecciones, la manifestación de este sábado le ofreció una imagen poderosa: decenas de miles de personas expresando su rechazo a un eventual Gobierno de PP y Vox, el escenario que pronostican las encuestas. Pero la protesta también dejó patente, a través de cánticos, lemas y pancartas —“¿Dónde está el Gobierno progresista?”; “Rentista culpable, Gobierno responsable”; “Ministra rentista, estás en nuestra lista”…—, el profundo descontento con el propio Ejecutivo de Pedro Sánchez y con los decretos de última hora para tratar de evitar nuevos desahucios como el de Mari Carmen, el detonante de la movilización ciudadana que continúa ingresada en el hospital desde su desahucio.
“El adelanto electoral no es la solución”, opinaba Clara, que ha acudido a la manifestación con sus padres y su hijo. “Esto debería haberse resuelto mucho antes de los decretos”, añadía. Sandra, madrileña que tuvo que mudarse a Toledo ante la incapacidad de pagar un alquiler en Madrid, aseguraba que la próxima vez que acuda a las urnas, haya adelanto o no, votará con “más miedo” que ilusión.
Desde la tarima era fácil detectar las distintas sensibilidades movilizadas. “Estamos aquí a pesar de la puñalada trapera que nos dieron ayer”, resumía el sindicato que engloba a las mujeres trabajadoras del hogar. “Somos invisibles y se ejerce el racismo contra nosotras, pero aquí estamos a pesar de la puñalada trapera”, insistió su portavoz. “Vamos a la huelga el 14 de octubre”, añadió el colectivo de educadoras infantiles que se han sumado desde el principio a la causa.

A pie de calle, Javier Moya, de 58 años, celador sanitario que salió desde el hospital de La Princesa, insistió en la opción la huelga general “si no hay más remedio”. “Estoy a favor de que siga y crezca. Si no hay más remedio que la huelga general, pues habrá que hacerla”, expone. Carmen, de 27 años, y David, de 30, inquilinos del barrio de Salamanca, también se unieron en Diego de León a la protesta. “Esto no solo perjudica a las nuevas generaciones. Existe un clamor social que la clase política está ignorando”, señaló Carmen.
La manifestación fue también el epílogo de diez días que han cambiado el discurso público. Comenzó el pasado 23 de septiembre cuando Mari Carmen fue desahuciada de su casa y salió en camilla en dirección al hospital. Su caso movilizó a cientos de activistas que llevan tiempo reclamando una intervención del mercado de la vivienda y protestando discretamente cada semana contra los desahucios. Pero el de Mari Carmen dio un paso más y activó a miles de personas que salieron a la calle por primera vez el pasado sábado. Esa misma tarde, muchos de ellos protestaron contra Ayuso frente al ático de lujo adquirido por la Comunidad de Madrid, ahora en venta. Al día siguiente, Mari Carmen envió desde el hospital su primer vídeo. Un día después, las protestas llegaron a las calles de Madrid y apareció la primera tienda de campaña en la Puerta del Sol, que desde entonces se ha convertido en el epicentro de las reivindicaciones por la vivienda.
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