
La familia Sayyid cargaba con varias condenas en un Afganistán tomado por los talibanes: un padre ausente, un hogar compuesto por mujeres —con un único varón, aún menor de edad— y un hijo mayor trabajando para el ejército estadounidense en Níger. En la lógica del nuevo régimen, había pocas combinaciones más peligrosas. Cuando los talibanes entraron en Kabul, los Sayyid —cuyo nombre, junto a la mayoría en este reportaje, ha sido modificado por razones de seguridad— tuvieron que huir de madrugada a Pakistán. Ese día Maryam, de 25 años, dejó atrás sus lienzos y pinceles; Fátima, que ahora tiene 21 años, vio esfumarse la posibilidad de estudiar Medicina; Noor, de 18, se quedó con las ganas de trabajar en televisión; y Sayed, de 17, dejó de jugar al fútbol. Sus sueños quedaron confinados y atrapados entre las cuatro paredes de una casa en Pakistán de la que ya no pueden salir desde que expiró su visado. El hijo mayor, Khan, que recibió la protección internacional de España, pidió asilo por extensión familiar para ellos, pero la solicitud que presentó hace ocho meses ante el Ministerio del Interior sigue sin respuesta, atrapada en la burocracia administrativa. Y eso a pesar de que el Defensor del Pueblo reclamó en abril que su caso se resolviera “sin demora” ante la “situación de especial vulnerabilidad” de la familia.
Refugiados afganos en España relatan cómo sus familiares sobreviven escondidos y sin derechos mientras esperan una resolución administrativa 
La familia Sayyid cargaba con varias condenas en un Afganistán tomado por los talibanes: un padre ausente, un hogar compuesto por mujeres —con un único varón, aún menor de edad— y un hijo mayor trabajando para el ejército estadounidense en Níger. En la lógica del nuevo régimen, había pocas combinaciones más peligrosas. Cuando los talibanes entraron en Kabul, los Sayyid —cuyo nombre, junto a la mayoría en este reportaje, ha sido modificado por razones de seguridad— tuvieron que huir de madrugada a Pakistán. Ese día Maryam, de 25 años, dejó atrás sus lienzos y pinceles; Fátima, que ahora tiene 21 años, vio esfumarse la posibilidad de estudiar Medicina; Noor, de 18, se quedó con las ganas de trabajar en televisión; y Sayed, de 17, dejó de jugar al fútbol. Sus sueños quedaron confinados y atrapados entre las cuatro paredes de una casa en Pakistán de la que ya no pueden salir desde que expiró su visado. El hijo mayor, Khan, que recibió la protección internacional de España, pidió asilo por extensión familiar para ellos, pero la solicitud que presentó hace ocho meses ante el Ministerio del Interior sigue sin respuesta, atrapada en la burocracia administrativa. Y eso a pesar de que el Defensor del Pueblo reclamó en abril que su caso se resolviera “sin demora” ante la “situación de especial vulnerabilidad” de la familia.
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