El Comité Central Electoral de Israel ha certificado este miércoles los resultados de los comicios celebrados la semana pasada, tras revisar las actas del 75% de las mesas electorales y no hallar “prueba alguna de irregularidades que pongan en riesgo su integridad o afecten a sus resultados”. Luego, y ante los esfuerzos de Benjamín Netanyahu por desacreditar el voto masivo de la minoría árabe, el presidente del Comité y juez del Tribunal Supremo, Noam Sohlberg, no ha querido hacer un discurso vacío, al entregar formalmente los resultados al jefe de Estado, Isaac Herzog. “En los últimos días se han alzado voces que pretenden sembrar dudas sobre los resultados electorales. Esto supone un peligro real. Tenemos la obligación de respetar las reglas del juego democrático”, ha aseverado Sohlberg, mientras los servicios secretos investigan una presunta injerencia exterior en los comicios con “miles” de personas y “grandes sumas” de dinero involucrados.
El jefe de Estado comienza las consultas para intentar formar Gobierno en medio de una controvertida investigación de los servicios secretos sobre presunta injerencia extranjera en el voto de la minoría árabe
El Comité Central Electoral de Israel ha certificado este miércoles los resultados de los comicios celebrados la semana pasada, tras revisar las actas del 75% de las mesas electorales y no hallar “prueba alguna de irregularidades que pongan en riesgo su integridad o afecten a sus resultados”. Luego, al entregárselos formalmente al jefe de Estado, Isaac Herzog, el presidente del Comité y juez del Tribunal Supremo, Noam Sohlberg, no ha querido hacer un discurso vacío, ante los esfuerzos de Benjamín Netanyahu por desacreditar el voto masivo de la minoría árabe.
“En los últimos días se han alzado voces que pretenden sembrar dudas sobre los resultados electorales. Esto supone un peligro real. Tenemos la obligación de respetar las reglas del juego democrático”, ha aseverado Sohlberg, mientras los servicios secretos investigan una presunta injerencia exterior en los comicios con “miles” de personas y “grandes sumas” de dinero involucrados.
Antes de la entrega de los resultados, que ha dado paso formalmente a las consultas presidenciales con los distintos grupos para intentar formar Gobierno, el Comité dio cuenta de un examen “individual y exhaustivo” de cada una de las denuncias de irregularidades que presentaron partidos y ciudadanos. Su número “carece de precedentes”, según Sohlberg.
El Comité revisó más de 9.000 mesas electorales. Solo el Likud, el partido del primer ministro, había presentado 1.200. El total casi dobla las 5.100 (un 43,5% del total) de las anteriores elecciones, en 2022, en las que Netanyahu regresó al poder.
La entrega de los resultados llega con los servicios secretos Shin Bet (cuyo jefe, David Zini, nombra directamente Netanyahu) anunciando información de inteligencia de que otros países y actores con “intereses ocultos e incluso hostiles” transfirieron “grandes sumas de dinero” para influir en el resultado. Zini habla de una operación en la que participaron “miles de personas, posiblemente más”, y cuya magnitud necesita más tiempo para investigar.

Sohlberg ha insistido este miércoles ante el presidente en que se trata de “meras sospechas” que, de confirmarse, tendrían un “impacto limitado” en el resultado, que supuso una victoria agridulce para Netanyahu. Su partido sigue como primera fuerza, con 27 de los 120 escaños del Parlamento, pero ha perdido la mayoría, al caer a 53 su coalición con ultranacionalistas y ultraortodoxos.
El anuncio de limpieza electoral y las declaraciones de Sohlberg chocan con la narrativa de Netanyahu, que denuncia un “robo” (del que en realidad ya hablaba antes incluso de la apertura las urnas) y señala a los partidos árabes.
Por ello, el presidente del Comité ha insistido en que las sospechas que investiga el Shin Bet “no deben, bajo ninguna circunstancia, poner en duda los votos emitidos por los miembros de la comunidad árabe”. “Una alta participación electoral es algo que debe celebrarse en cualquier sector de la sociedad israelí”, ha señalado sobre la movilización récord de los palestinos con ciudadanía israelí, un quinto de la población discriminado y tratado como de segunda categoría.
Las dos listas árabes (Conjunta y Ra’am) suman hoy 19 escaños clave para desalojar a Netanyahu y son sobre las que el primer ministro viene centrando sus ataques e insinuaciones, acusándolas incluso de “apoyar el terrorismo”.
La Comisión, de hecho, solo ha aprobado los resultados por 15 votos a favor, dos en contra y 14 abstenciones. Se opuso uno de los socios ultraderechistas de Netanyahu, Poder Judío. “No nos engañaremos absteniéndonos. Las elecciones estuvieron amañadas, los resultados son fraudulentos y hubo injerencia de países extranjeros”, declaró en un comunicado. El resto de la coalición se abstuvo.
Aunque la votación carece de validez jurídica, Solhberg ha advertido de que un resultado tan dividido “envía un mensaje equivocado y puede dañar la confianza pública” en el proceso electoral. Los partidos en el Gobierno solo enviaron un representante a la entrega oficial de los resultados: el abogado del Likud, Ilan Bombaj, según el canal 12 de televisión.
La investigación del Shin Bet y la Policía ha generado además un particular choque con la fiscal general, Gali Baharav-Miara, que ha rechazado una solicitud de Zini para interrogar a líderes de partidos árabes, entre ellos diputados, como el presidente de Ra’am, Mansur Abbas, o el de Ta’al, Ahmad Tibi.
Baharav-Miara no ve “permisible” efectuar interrogatorios “sin pruebas que lo justifiquen” y acusa al Shin Bet de haber demorado la entrega de los materiales de inteligencia a la policía y al equipo de investigación especial. El Likud respondió acusándola de “atar las manos” de la policía y del Shin Bet.
El Likud aseguró la pasada semana haber presentado ante la Comisión “cientos de testimonios y pruebas” de supuestas irregularidades, entre ellas “miles de sobres” con “dinero en efectivo junto con papeletas de Ra’am”. Sohlberg pidió entonces por carta a Zini que investigara las “graves sospechas” para garantizar la confianza social en el resultado.

Desde entonces, no han hecho más que crecer las señales del uso político de la maniobra. Y el martes, la Policía y el Shin Bet detuvieron en su casa en Yaffa, junto a Tel Aviv, a un periodista y miembro de Balad, uno de los partidos árabes que integran la Lista Conjunta, Abed Abu Shehade.
En paralelo, y una vez formalizada la recepción de los resultados, Herzog comenzará esta misma tarde las consultas para determinar si encarga formación de Gobierno al primer ministro o al principal líder opositor, Gadi Eisenkot. La coalición tiene 53 escaños y la oposición, 67, pero se dividen entre cuatro listas judías (48) y dos árabes (19), con las que una parte de los primeros recela o rechaza pactar. Rompiendo la norma habitual, se reunirá primero con los grupos más pequeños, por considerarlo más ágil en el actual contexto.
Los líderes de estas cuatro formaciones judías se reunieron el martes por primera vez desde las elecciones y acordaron proponer a Eisenkot como próximo jefe de Gobierno, cuando los reciba el presidente, y desbancar del poder “cuanto antes” a Netanyahu. Siguen, no obstante, discrepando sobre cómo conformar una mayoría para hacerlo, con el exministro derechista Avigdor Lieberman vetando todo apoyo de las formaciones árabes.
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