El presidente del Gobierno tira del comodín de la economía para defender su gestión. Pero, a pesar de que los datos respaldan su planteamiento, la percepción general es completamente distinta. La economía crece, el paro cae, el déficit se embrida, pero la opinión mayoritaria sobre la evolución de la economía es entre mala o muy mala. Los argumentos para explicar esta divergencia son conocidos. El problema de acceso a la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo pesan mucho en el ánimo de los españoles. Pero probablemente no sea solo esto. Como leíamos en estas mismas páginas el sábado, más del 70% de la población española piensa que la situación política en España es mala o muy mala. Y esto, desde luego, no es inocuo para lo que cada uno piensa sobre la evolución de la economía. En los últimos años, el nivel de cabreo de una gran parte de la población ha llegado a niveles que no tienen precedentes, y esto afecta a lo que puedan opinar de la realidad económica.Esto, por ejemplo, tiene su reflejo en las encuestas que cuantifican la percepción de cómo van las cosas. Prácticamente todo el mundo piensa que las cosas le van razonablemente bien mientras que, sin embargo, opinan que la evolución general no es buena. Si se discriminan las respuestas en función de las preferencias políticas, se entiende todo mucho mejor. Solo en los votantes de izquierdas —y no en todos— coincide su visión personal con la general.Noticia relacionada general No No Ester Muñoz: «Sánchez no va a convocar pase lo que pase. El PNV tiene que ser coherente con lo que dice» Paloma EstebanSon muchas las reflexiones. Pero hay una que, en las circunstancias actuales, cobra especial relevancia. Un eventual cambio de Gobierno —que hoy parece más cercano que ayer, pero muy probablemente menos que mañana, teniendo en cuenta la velocidad a la que van las cosas— sería muy positivo para la economía, y no solo para su percepción. El final político de Pedro Sánchez va a suponer un revulsivo para la economía. Aunque los problemas sigan, solamente la notable mejora en el estado de ánimo de un porcentaje muy importante de la población se va a trasladar a la economía. Los ‘animal spirits’ de los españoles, liberados.Interés nacionalEn los últimos años, los cambios en la dirección de Indra han sido constantes. Las idas y venidas han puesto a los pies de los caballos la gobernanza de la empresa de defensa española. Entra dentro de lo razonable que el principal accionista de una compañía —y más cuando es el Estado— sea quien designe al principal ejecutivo. Lo que no tiene un pase son las incontables idas y venidas y contradicciones a la hora de definir la estrategia. A alguien el traje le queda varias tallas grande.En cualquier caso, la zozobra que provocan estas injerencias no debería hacernos perder la perspectiva. En el contexto actual, en el que el gasto en defensa en los próximos años se va a incrementar notablemente en Europa, una gran empresa española que pueda maximizar la tajada puede tener sentido. Desde un punto de vista industrial, el encaje de Indra con Escribano está fuera de toda duda. Yendo juntas van a poder meter cuchara en más y mejores proyectos. Y probablemente daría pie a que, en un eventual proceso de integración europeo, el peso español fuera mayor. Indra compara muy mal con las grandes empresas de defensa europeas. Una Indra sumada a Escribano y otras más compararía mejor.El problema está en quienes definen la estrategia. Hasta ahora no sabían por dónde les soplaba el viento y sus motivaciones han sido más de naturaleza política que empresarial.La oportunidad, evidentemente, está ahí. Este Gobierno nunca estuvo para mucho y hoy no está para nada. Pero es algo en lo que los siguientes deberían estar ya pensando —aunque hay que reconocer que son muchas las cosas, y probablemente más importantes, a las que le tengan que dedicar atención—.Con mucha seguridad será otra oportunidad que nos dejaremos ir por falta de visión estratégica y cortedad de miras. Pero no será por falta de mimbres. Como en otros sectores —centros de datos, automoción, energías renovables— se echa de menos una visión de Estado que trascienda los planteamientos de parte de los distintos gobiernos. Sirvan estas líneas, por lo menos, como un desahogo.Renunciar al pasadoEl lanzamiento del nuevo modelo eléctrico de Ferrari conmocionó a la industria. Y no es tanto si el coche gustó más o menos —que no gustó nada; las comparaciones fueron con un ratón de ordenador o una aspiradora—. Tampoco nadie entró a valorar sus prestaciones —que pocos dudan que serán excelentes, como enfatizaron algunos de los famosos pilotos profesionales de la marca—. El problema es más bien el arriesgado paso que ha decidido dar la mítica marca italiana. El lanzamiento del coche eléctrico supone romper con su pasado. Enterrar al coche de combustión por excelencia y abrirse a una nueva tecnología con la que están renunciando, de un día para otro, a todo lo que han construido durante todos estos años.Quien mejor lo ha entendido probablemente sea el histórico presidente durante dos décadas de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo . Cuando le preguntaron, aunque trató de contenerse, su lenguaje corporal lo decía todo. Se trata de una pifia monumental. Se tarda muchos años en conseguir el posicionamiento que había alcanzado la marca italiana como un producto de lujo, absolutamente aspiracional, para tirarlo todo por la borda lanzando un modelo que, como señaló el italiano de forma muy acertada, ni siquiera van a querer copiar los chinos.Se trata de renunciar voluntariamente a lo que te hace diferente y a lo que los otros no van a llegar nunca. Es darse por vencidos antes de ni siquiera haber dado la batalla. Y es no entender lo que te convierte en algo exclusivo con independencia de por dónde vaya la tecnología o, desde luego, las modas.El lujo siempre tiene hueco mientras no renuncies a tus esencias. De la misma manera que un gran vino no puede empezar a hacer vino sin alcohol, Ferrari no puede renunciar a la gasolina. Es una contradicción en los términos. El vino emborracha y los deportivos rugen. Así de sencillo. Y no entender lo que te diferencia es el principio del fin.Los peores errores, como en el deporte, son los errores no forzados. De ahí no se vuelve. Y sorprende que quien lo ha cometido haya sido una marca italiana. El presidente del Gobierno tira del comodín de la economía para defender su gestión. Pero, a pesar de que los datos respaldan su planteamiento, la percepción general es completamente distinta. La economía crece, el paro cae, el déficit se embrida, pero la opinión mayoritaria sobre la evolución de la economía es entre mala o muy mala. Los argumentos para explicar esta divergencia son conocidos. El problema de acceso a la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo pesan mucho en el ánimo de los españoles. Pero probablemente no sea solo esto. Como leíamos en estas mismas páginas el sábado, más del 70% de la población española piensa que la situación política en España es mala o muy mala. Y esto, desde luego, no es inocuo para lo que cada uno piensa sobre la evolución de la economía. En los últimos años, el nivel de cabreo de una gran parte de la población ha llegado a niveles que no tienen precedentes, y esto afecta a lo que puedan opinar de la realidad económica.Esto, por ejemplo, tiene su reflejo en las encuestas que cuantifican la percepción de cómo van las cosas. Prácticamente todo el mundo piensa que las cosas le van razonablemente bien mientras que, sin embargo, opinan que la evolución general no es buena. Si se discriminan las respuestas en función de las preferencias políticas, se entiende todo mucho mejor. Solo en los votantes de izquierdas —y no en todos— coincide su visión personal con la general.Noticia relacionada general No No Ester Muñoz: «Sánchez no va a convocar pase lo que pase. El PNV tiene que ser coherente con lo que dice» Paloma EstebanSon muchas las reflexiones. Pero hay una que, en las circunstancias actuales, cobra especial relevancia. Un eventual cambio de Gobierno —que hoy parece más cercano que ayer, pero muy probablemente menos que mañana, teniendo en cuenta la velocidad a la que van las cosas— sería muy positivo para la economía, y no solo para su percepción. El final político de Pedro Sánchez va a suponer un revulsivo para la economía. Aunque los problemas sigan, solamente la notable mejora en el estado de ánimo de un porcentaje muy importante de la población se va a trasladar a la economía. Los ‘animal spirits’ de los españoles, liberados.Interés nacionalEn los últimos años, los cambios en la dirección de Indra han sido constantes. Las idas y venidas han puesto a los pies de los caballos la gobernanza de la empresa de defensa española. Entra dentro de lo razonable que el principal accionista de una compañía —y más cuando es el Estado— sea quien designe al principal ejecutivo. Lo que no tiene un pase son las incontables idas y venidas y contradicciones a la hora de definir la estrategia. A alguien el traje le queda varias tallas grande.En cualquier caso, la zozobra que provocan estas injerencias no debería hacernos perder la perspectiva. En el contexto actual, en el que el gasto en defensa en los próximos años se va a incrementar notablemente en Europa, una gran empresa española que pueda maximizar la tajada puede tener sentido. Desde un punto de vista industrial, el encaje de Indra con Escribano está fuera de toda duda. Yendo juntas van a poder meter cuchara en más y mejores proyectos. Y probablemente daría pie a que, en un eventual proceso de integración europeo, el peso español fuera mayor. Indra compara muy mal con las grandes empresas de defensa europeas. Una Indra sumada a Escribano y otras más compararía mejor.El problema está en quienes definen la estrategia. Hasta ahora no sabían por dónde les soplaba el viento y sus motivaciones han sido más de naturaleza política que empresarial.La oportunidad, evidentemente, está ahí. Este Gobierno nunca estuvo para mucho y hoy no está para nada. Pero es algo en lo que los siguientes deberían estar ya pensando —aunque hay que reconocer que son muchas las cosas, y probablemente más importantes, a las que le tengan que dedicar atención—.Con mucha seguridad será otra oportunidad que nos dejaremos ir por falta de visión estratégica y cortedad de miras. Pero no será por falta de mimbres. Como en otros sectores —centros de datos, automoción, energías renovables— se echa de menos una visión de Estado que trascienda los planteamientos de parte de los distintos gobiernos. Sirvan estas líneas, por lo menos, como un desahogo.Renunciar al pasadoEl lanzamiento del nuevo modelo eléctrico de Ferrari conmocionó a la industria. Y no es tanto si el coche gustó más o menos —que no gustó nada; las comparaciones fueron con un ratón de ordenador o una aspiradora—. Tampoco nadie entró a valorar sus prestaciones —que pocos dudan que serán excelentes, como enfatizaron algunos de los famosos pilotos profesionales de la marca—. El problema es más bien el arriesgado paso que ha decidido dar la mítica marca italiana. El lanzamiento del coche eléctrico supone romper con su pasado. Enterrar al coche de combustión por excelencia y abrirse a una nueva tecnología con la que están renunciando, de un día para otro, a todo lo que han construido durante todos estos años.Quien mejor lo ha entendido probablemente sea el histórico presidente durante dos décadas de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo . Cuando le preguntaron, aunque trató de contenerse, su lenguaje corporal lo decía todo. Se trata de una pifia monumental. Se tarda muchos años en conseguir el posicionamiento que había alcanzado la marca italiana como un producto de lujo, absolutamente aspiracional, para tirarlo todo por la borda lanzando un modelo que, como señaló el italiano de forma muy acertada, ni siquiera van a querer copiar los chinos.Se trata de renunciar voluntariamente a lo que te hace diferente y a lo que los otros no van a llegar nunca. Es darse por vencidos antes de ni siquiera haber dado la batalla. Y es no entender lo que te convierte en algo exclusivo con independencia de por dónde vaya la tecnología o, desde luego, las modas.El lujo siempre tiene hueco mientras no renuncies a tus esencias. De la misma manera que un gran vino no puede empezar a hacer vino sin alcohol, Ferrari no puede renunciar a la gasolina. Es una contradicción en los términos. El vino emborracha y los deportivos rugen. Así de sencillo. Y no entender lo que te diferencia es el principio del fin.Los peores errores, como en el deporte, son los errores no forzados. De ahí no se vuelve. Y sorprende que quien lo ha cometido haya sido una marca italiana.
El presidente del Gobierno tira del comodín de la economía para defender su gestión. Pero, a pesar de que los datos respaldan su planteamiento, la percepción general es completamente distinta. La economía crece, el paro cae, el déficit se embrida, pero la opinión mayoritaria … sobre la evolución de la economía es entre mala o muy mala.
Los argumentos para explicar esta divergencia son conocidos. El problema de acceso a la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo pesan mucho en el ánimo de los españoles. Pero probablemente no sea solo esto. Como leíamos en estas mismas páginas el sábado, más del 70% de la población española piensa que la situación política en España es mala o muy mala. Y esto, desde luego, no es inocuo para lo que cada uno piensa sobre la evolución de la economía. En los últimos años, el nivel de cabreo de una gran parte de la población ha llegado a niveles que no tienen precedentes, y esto afecta a lo que puedan opinar de la realidad económica.
Esto, por ejemplo, tiene su reflejo en las encuestas que cuantifican la percepción de cómo van las cosas. Prácticamente todo el mundo piensa que las cosas le van razonablemente bien mientras que, sin embargo, opinan que la evolución general no es buena. Si se discriminan las respuestas en función de las preferencias políticas, se entiende todo mucho mejor. Solo en los votantes de izquierdas —y no en todos— coincide su visión personal con la general.
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Son muchas las reflexiones. Pero hay una que, en las circunstancias actuales, cobra especial relevancia. Un eventual cambio de Gobierno —que hoy parece más cercano que ayer, pero muy probablemente menos que mañana, teniendo en cuenta la velocidad a la que van las cosas— sería muy positivo para la economía, y no solo para su percepción. El final político de Pedro Sánchez va a suponer un revulsivo para la economía. Aunque los problemas sigan, solamente la notable mejora en el estado de ánimo de un porcentaje muy importante de la población se va a trasladar a la economía. Los ‘animal spirits’ de los españoles, liberados.
Interés nacional
En los últimos años, los cambios en la dirección de Indra han sido constantes. Las idas y venidas han puesto a los pies de los caballos la gobernanza de la empresa de defensa española. Entra dentro de lo razonable que el principal accionista de una compañía —y más cuando es el Estado— sea quien designe al principal ejecutivo. Lo que no tiene un pase son las incontables idas y venidas y contradicciones a la hora de definir la estrategia. A alguien el traje le queda varias tallas grande.
En cualquier caso, la zozobra que provocan estas injerencias no debería hacernos perder la perspectiva. En el contexto actual, en el que el gasto en defensa en los próximos años se va a incrementar notablemente en Europa, una gran empresa española que pueda maximizar la tajada puede tener sentido. Desde un punto de vista industrial, el encaje de Indra con Escribano está fuera de toda duda. Yendo juntas van a poder meter cuchara en más y mejores proyectos. Y probablemente daría pie a que, en un eventual proceso de integración europeo, el peso español fuera mayor. Indra compara muy mal con las grandes empresas de defensa europeas. Una Indra sumada a Escribano y otras más compararía mejor.
El problema está en quienes definen la estrategia. Hasta ahora no sabían por dónde les soplaba el viento y sus motivaciones han sido más de naturaleza política que empresarial.
La oportunidad, evidentemente, está ahí. Este Gobierno nunca estuvo para mucho y hoy no está para nada. Pero es algo en lo que los siguientes deberían estar ya pensando —aunque hay que reconocer que son muchas las cosas, y probablemente más importantes, a las que le tengan que dedicar atención—.
Con mucha seguridad será otra oportunidad que nos dejaremos ir por falta de visión estratégica y cortedad de miras. Pero no será por falta de mimbres. Como en otros sectores —centros de datos, automoción, energías renovables— se echa de menos una visión de Estado que trascienda los planteamientos de parte de los distintos gobiernos. Sirvan estas líneas, por lo menos, como un desahogo.
Renunciar al pasado
El lanzamiento del nuevo modelo eléctrico de Ferrari conmocionó a la industria. Y no es tanto si el coche gustó más o menos —que no gustó nada; las comparaciones fueron con un ratón de ordenador o una aspiradora—. Tampoco nadie entró a valorar sus prestaciones —que pocos dudan que serán excelentes, como enfatizaron algunos de los famosos pilotos profesionales de la marca—. El problema es más bien el arriesgado paso que ha decidido dar la mítica marca italiana. El lanzamiento del coche eléctrico supone romper con su pasado. Enterrar al coche de combustión por excelencia y abrirse a una nueva tecnología con la que están renunciando, de un día para otro, a todo lo que han construido durante todos estos años.
Quien mejor lo ha entendido probablemente sea el histórico presidente durante dos décadas de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo. Cuando le preguntaron, aunque trató de contenerse, su lenguaje corporal lo decía todo. Se trata de una pifia monumental. Se tarda muchos años en conseguir el posicionamiento que había alcanzado la marca italiana como un producto de lujo, absolutamente aspiracional, para tirarlo todo por la borda lanzando un modelo que, como señaló el italiano de forma muy acertada, ni siquiera van a querer copiar los chinos.
Se trata de renunciar voluntariamente a lo que te hace diferente y a lo que los otros no van a llegar nunca. Es darse por vencidos antes de ni siquiera haber dado la batalla. Y es no entender lo que te convierte en algo exclusivo con independencia de por dónde vaya la tecnología o, desde luego, las modas.
El lujo siempre tiene hueco mientras no renuncies a tus esencias. De la misma manera que un gran vino no puede empezar a hacer vino sin alcohol, Ferrari no puede renunciar a la gasolina. Es una contradicción en los términos. El vino emborracha y los deportivos rugen. Así de sencillo. Y no entender lo que te diferencia es el principio del fin.
Los peores errores, como en el deporte, son los errores no forzados. De ahí no se vuelve. Y sorprende que quien lo ha cometido haya sido una marca italiana.
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