Hay objetivos que, por muy escoradas que estén las posiciones políticas, son comunes a todo el arco parlamentario español y yo incluso diría que a toda Europa, y a todos los países del mundo. Y uno de ellos es la necesidad de conseguir la máxima independencia energética posible. Y ni el partido más a la derecha ni el que se sitúa más a la izquierda de la cámara discrepan en esta premisa. En un mundo en el que la incertidumbre geopolítica se ha convertido en el pan nuestro de cada día, está claro que cuanto menos tengamos que depender del petróleo, mejor nos irá. Y nuestro petróleo son las energías renovables.La izquierda intenta meter el miedo en el cuerpo diciendo que si gana la derecha más o menos vamos a volver a la época del carbón y que adiós a las renovables. Pero nada más lejos de la realidad. Por mucho que Vox se muestre escéptico ante el cambio climático, lo cierto es que nuestro país es una potencia en energía eólica y energía solar y son esas energías las que nos pueden permitir reducir nuestra dependencia del petróleo y abaratar nuestro recibo de la luz, y no creo que ni Vox ni ningún otro partido vaya a renunciar a eso. De hecho miremos a Estados Unidos. Pese a las críticas de Trump a las renovables, entre otras cosas porque Estados Unidos tiene petróleo y más ahora, con Venezuela, lo cierto es que se siguen desarrollando los proyectos de renovables porque son rentables. Y si ni Trump ha sido capaz de frenarlos, no creo que un Gobierno Feijóo-Abascal lo hiciera. Quizás por eso, cuando hablas con las empresas energéticas, ninguna de ellas teme que un posible cambio en el color del Ejecutivo vaya a frenar su negocio o sus inversiones. Lo que sí insisten es en la necesidad de invertir en redes y en almacenamiento para evitar el desperdicio en la producción de energía que se está produciendo en estos momentos.Este Gobierno ha apostado, en teoría, por la electrificación, pero sin desarrollar esas redes y ese almacenamiento lo que nos estamos encontrado no es que no haya energía para que se instalen los centros de datos, lo malo es que ni siquiera hay luz para que puedan enganchar las nuevas promociones inmobiliarias, algo que es especialmente grave en un momento de escasez de vivienda como el actual. El actual Gobierno prevé, antes de acabar la legislatura, aprobar el decreto que regula los centros de datos. El borrador que envió a consulta prevé requisitos muy estrictos en lo que a las exigencias de uso de energías renovables se refiere, lo que provocó la alerta no solo de las tecnológicas internacionales, sino también de muchas empresas energéticas e inmobiliarias españolas que han apostado por el sector. Y es que no nos engañemos, si aquí nos ponemos muy estupendos, las inversiones se irán a los países vecinos, pero es posible que si se instalan en zonas limítrofes consuman nuestra energía. «Vamos a regular los centros de datos para que su instalación no encarezca el recibo de la luz de los hogares», argumentaba esta semana el ministro Óscar López. Y desde luego está bien que no seamos los consumidores los que tengamos que pagar lo que consumen estos centros, pero cuidado con pasarnos de frenada. Veremos a ver en qué queda esta nueva regulación aprobada en tiempo de descuento y qué pasará si finalmente hay cambio en el Ejecutivo. Todo hace pensar que en materia de centros de datos PP y Vox serán más receptivos a poner condiciones menos leoninas a estas inversiones. Hay objetivos que, por muy escoradas que estén las posiciones políticas, son comunes a todo el arco parlamentario español y yo incluso diría que a toda Europa, y a todos los países del mundo. Y uno de ellos es la necesidad de conseguir la máxima independencia energética posible. Y ni el partido más a la derecha ni el que se sitúa más a la izquierda de la cámara discrepan en esta premisa. En un mundo en el que la incertidumbre geopolítica se ha convertido en el pan nuestro de cada día, está claro que cuanto menos tengamos que depender del petróleo, mejor nos irá. Y nuestro petróleo son las energías renovables.La izquierda intenta meter el miedo en el cuerpo diciendo que si gana la derecha más o menos vamos a volver a la época del carbón y que adiós a las renovables. Pero nada más lejos de la realidad. Por mucho que Vox se muestre escéptico ante el cambio climático, lo cierto es que nuestro país es una potencia en energía eólica y energía solar y son esas energías las que nos pueden permitir reducir nuestra dependencia del petróleo y abaratar nuestro recibo de la luz, y no creo que ni Vox ni ningún otro partido vaya a renunciar a eso. De hecho miremos a Estados Unidos. Pese a las críticas de Trump a las renovables, entre otras cosas porque Estados Unidos tiene petróleo y más ahora, con Venezuela, lo cierto es que se siguen desarrollando los proyectos de renovables porque son rentables. Y si ni Trump ha sido capaz de frenarlos, no creo que un Gobierno Feijóo-Abascal lo hiciera. Quizás por eso, cuando hablas con las empresas energéticas, ninguna de ellas teme que un posible cambio en el color del Ejecutivo vaya a frenar su negocio o sus inversiones. Lo que sí insisten es en la necesidad de invertir en redes y en almacenamiento para evitar el desperdicio en la producción de energía que se está produciendo en estos momentos.Este Gobierno ha apostado, en teoría, por la electrificación, pero sin desarrollar esas redes y ese almacenamiento lo que nos estamos encontrado no es que no haya energía para que se instalen los centros de datos, lo malo es que ni siquiera hay luz para que puedan enganchar las nuevas promociones inmobiliarias, algo que es especialmente grave en un momento de escasez de vivienda como el actual. El actual Gobierno prevé, antes de acabar la legislatura, aprobar el decreto que regula los centros de datos. El borrador que envió a consulta prevé requisitos muy estrictos en lo que a las exigencias de uso de energías renovables se refiere, lo que provocó la alerta no solo de las tecnológicas internacionales, sino también de muchas empresas energéticas e inmobiliarias españolas que han apostado por el sector. Y es que no nos engañemos, si aquí nos ponemos muy estupendos, las inversiones se irán a los países vecinos, pero es posible que si se instalan en zonas limítrofes consuman nuestra energía. «Vamos a regular los centros de datos para que su instalación no encarezca el recibo de la luz de los hogares», argumentaba esta semana el ministro Óscar López. Y desde luego está bien que no seamos los consumidores los que tengamos que pagar lo que consumen estos centros, pero cuidado con pasarnos de frenada. Veremos a ver en qué queda esta nueva regulación aprobada en tiempo de descuento y qué pasará si finalmente hay cambio en el Ejecutivo. Todo hace pensar que en materia de centros de datos PP y Vox serán más receptivos a poner condiciones menos leoninas a estas inversiones.
Hay objetivos que, por muy escoradas que estén las posiciones políticas, son comunes a todo el arco parlamentario español y yo incluso diría que a toda Europa, y a todos los países del mundo. Y uno de ellos es la necesidad de conseguir la máxima … independencia energética posible. Y ni el partido más a la derecha ni el que se sitúa más a la izquierda de la cámara discrepan en esta premisa. En un mundo en el que la incertidumbre geopolítica se ha convertido en el pan nuestro de cada día, está claro que cuanto menos tengamos que depender del petróleo, mejor nos irá. Y nuestro petróleo son las energías renovables.
La izquierda intenta meter el miedo en el cuerpo diciendo que si gana la derecha más o menos vamos a volver a la época del carbón y que adiós a las renovables. Pero nada más lejos de la realidad. Por mucho que Vox se muestre escéptico ante el cambio climático, lo cierto es que nuestro país es una potencia en energía eólica y energía solar y son esas energías las que nos pueden permitir reducir nuestra dependencia del petróleo y abaratar nuestro recibo de la luz, y no creo que ni Vox ni ningún otro partido vaya a renunciar a eso. De hecho miremos a Estados Unidos. Pese a las críticas de Trump a las renovables, entre otras cosas porque Estados Unidos tiene petróleo y más ahora, con Venezuela, lo cierto es que se siguen desarrollando los proyectos de renovables porque son rentables. Y si ni Trump ha sido capaz de frenarlos, no creo que un Gobierno Feijóo-Abascal lo hiciera.
Quizás por eso, cuando hablas con las empresas energéticas, ninguna de ellas teme que un posible cambio en el color del Ejecutivo vaya a frenar su negocio o sus inversiones. Lo que sí insisten es en la necesidad de invertir en redes y en almacenamiento para evitar el desperdicio en la producción de energía que se está produciendo en estos momentos.
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Este Gobierno ha apostado, en teoría, por la electrificación, pero sin desarrollar esas redes y ese almacenamiento lo que nos estamos encontrado no es que no haya energía para que se instalen los centros de datos, lo malo es que ni siquiera hay luz para que puedan enganchar las nuevas promociones inmobiliarias, algo que es especialmente grave en un momento de escasez de vivienda como el actual.
El actual Gobierno prevé, antes de acabar la legislatura, aprobar el decreto que regula los centros de datos. El borrador que envió a consulta prevé requisitos muy estrictos en lo que a las exigencias de uso de energías renovables se refiere, lo que provocó la alerta no solo de las tecnológicas internacionales, sino también de muchas empresas energéticas e inmobiliarias españolas que han apostado por el sector. Y es que no nos engañemos, si aquí nos ponemos muy estupendos, las inversiones se irán a los países vecinos, pero es posible que si se instalan en zonas limítrofes consuman nuestra energía. «Vamos a regular los centros de datos para que su instalación no encarezca el recibo de la luz de los hogares», argumentaba esta semana el ministro Óscar López. Y desde luego está bien que no seamos los consumidores los que tengamos que pagar lo que consumen estos centros, pero cuidado con pasarnos de frenada.
Veremos a ver en qué queda esta nueva regulación aprobada en tiempo de descuento y qué pasará si finalmente hay cambio en el Ejecutivo. Todo hace pensar que en materia de centros de datos PP y Vox serán más receptivos a poner condiciones menos leoninas a estas inversiones.
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