En la economía global contemporánea, el éxito industrial de un país ya no se mide únicamente por su capacidad de producción, sino por la velocidad a la que transforma el conocimiento científico en valor de mercado. Sin embargo, la brecha entre el laboratorio de investigación y el catálogo comercial de una empresa puede ser un abismo costoso y repleto de incertidumbre. En ese punto es donde actúan los Centros Tecnológicos integrados en la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit), que funcionan como el catalizador necesario para acortar plazos, mitigar riesgos financieros y garantizar que la innovación se traduzca en cuenta de resultados.Uno de los terrenos más fértiles para esta transferencia es el sector espacial. Una industria en plena ebullición en España, con una facturación de 1.416 millones de euros en 2025, un 9,5% más que el año anterior, según un informe de la patronal Tedae elaborado por PwC. Desarrollar soluciones para soportar la radiación, la falta de recursos o la microgravedad exige llevar la ingeniería al límite. Y cuando una tecnología supera las exigencias del espacio, su aplicación en la Tierra suele revolucionar los estándares industriales tradicionales.Gran escaparateEncuentros de transferencia tecnológica como meetechSpain –organizado recientemente por Fedit– ponen de manifiesto el valor de este modelo: no se presentan teorías sobre el papel, sino demostradores tecnológicos plenamente funcionales que las empresas pueden evaluar, tocar e integrar en sus procesos. Desde ABC, hemos podido conocer en primera persona los proyectos creados por estos centros tecnológicos españoles.El Centro Tecnológico Industrial de Castilla La-Mancha (Itecam) presenta un demostrador que ya ha llegado al mercado: un cultivo hidropónico, en este caso de lechugas, en un ambiente controlado y que no necesita tierra, ya que consigue todos los nutrientes únicamente a través del agua. Asimismo, se cultiva en un entorno oscuro, ya que la luz es recibida a través de iluminación artificial. Una solución idónea para ser aplicada en las futuras bases lunares.«La tecnología que le hemos acoplado es un sistema de medición de parámetros de todo el sistema energético y de agua para controlarlo y optimizarlo. Lo primero, visualizarlo con un gemelo digital, es decir, tenemos todos los parámetros localizados; y lo segundo, con un motor de inteligencia artificial, capaz de leer el conocimiento de cómo se debe manejar ese tipo de cultivo y tomar las decisiones que nos permitan optimizar y hacer lo más eficiente posible el consumo de recursos energéticos y de agua. Es algo que en un ámbito como la Tierra está más controlado, pero, por ejemplo, en la Luna presenta una mayor dificultad», afirma Jorge Parra, director general de Itecam.Otro ejemplo de este trasvase de conocimiento en el sector espacial es la iniciativa ‘Honeytex’ desarrollada por Aitex. Es una tecnología basada en estructuras de nido de abeja, fabricadas a partir de materiales textiles avanzados y matrices termoplásticas. Lo que permite una protección segura y ligera para los equipos aeroespaciales.Leitat ha creado ‘Ogyx-Space’, una articulación humana en un chip, que incorpora tejidos como el cartílago y la membrana sinovial para estudiar los efectos de la microgravedad y las condiciones extremas sobre la salud musculoesquelética en el espacio. «Se trata de una placa microfluídica, en el que se añade un hidrogel con las células y un líquido que es la simulación de la sangre. Todo ello, se inserta en una máquina, que cada siete minutos se mueve de forma lateral, lo que permite reproducir el riego sanguíneo», afirman desde el centro tecnológico.Asimismo, este diario ha podido conocer órganos en miniatura creados por Leitat. «Están hechos en hidrogel (99% de agua) es un ambiente donde las células se sienten cómodas para crecer y desarrollarse, podemos imprimir desde miniórganos, hasta tejidos relativamente similares al humano, sacados de células madre».Desplazarse por MarteTekniker, ha creado un aerogenerador triboeléctrico pensado para funcionar en Marte, porque «allí la atmósfera es mucho menos densa, pero tiene vientos más fuertes. Lo novedoso del generador es que la energía no se genera mediante una turbina, –como es lo habitual– sino por el rozamiento de las placas y posteriormente se recoge toda esa energía y la almacena para por ejemplo, usarla en un Rover para que navegue por Marte con una mayor autonomía energética» asegura Jose Miguel Landeta, director de transferencia tecnológica de Tekniker.Además, el demostrador Hiperion III –de este mismo centro– explora la posibilidad de crear y reparar componentes directamente en otros planetas o satélites, reduciendo así la dependencia de suministros terrestres.Son solo algunos botones de muestra del impacto real de esta sinergia en el sector espacial. Y un ejemplo de la conexión directa que estos centros tienen con las empresas. Para Jorge Parra, la esencia de un centro tecnológico es «tener personal muy cualificado y conectado con la empresa, que a partir de un campo de conocimiento como es la IA y el mundo digital, da una solución aterrizable, real y tangible en empresas que puedan explotar este producto». «Nuestro objetivo es que las empresas conozcan esas capacidades, descubran nuevas posibilidades para sus negocios y encuentren en los centros socios con los que desarrollar proyectos de innovación», asegura Áureo Díaz-Carrasco, director general de Fedit.En un escenario internacional marcado por la disputa por la soberanía tecnológica y la reindustrialización europea, los centros tecnológicos demuestran que el camino más corto para que España lidere el futuro no es empezar desde cero, sino llevar la ciencia más avanzada directamente al corazón de las fábricas, o hasta el infinito y más allá. Según palabras del director de la Agencia Espacial Española, Juan Carlos Cortés: «El futuro de los planes tecnológicos de futuro de la Agencia Espacial Europea se están decidiendo durante estos dos próximos años y esos planes van a durar 40 años. Mensaje para quien quiera posicionarse en este sector. El futuro es ahora». En la economía global contemporánea, el éxito industrial de un país ya no se mide únicamente por su capacidad de producción, sino por la velocidad a la que transforma el conocimiento científico en valor de mercado. Sin embargo, la brecha entre el laboratorio de investigación y el catálogo comercial de una empresa puede ser un abismo costoso y repleto de incertidumbre. En ese punto es donde actúan los Centros Tecnológicos integrados en la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit), que funcionan como el catalizador necesario para acortar plazos, mitigar riesgos financieros y garantizar que la innovación se traduzca en cuenta de resultados.Uno de los terrenos más fértiles para esta transferencia es el sector espacial. Una industria en plena ebullición en España, con una facturación de 1.416 millones de euros en 2025, un 9,5% más que el año anterior, según un informe de la patronal Tedae elaborado por PwC. Desarrollar soluciones para soportar la radiación, la falta de recursos o la microgravedad exige llevar la ingeniería al límite. Y cuando una tecnología supera las exigencias del espacio, su aplicación en la Tierra suele revolucionar los estándares industriales tradicionales.Gran escaparateEncuentros de transferencia tecnológica como meetechSpain –organizado recientemente por Fedit– ponen de manifiesto el valor de este modelo: no se presentan teorías sobre el papel, sino demostradores tecnológicos plenamente funcionales que las empresas pueden evaluar, tocar e integrar en sus procesos. Desde ABC, hemos podido conocer en primera persona los proyectos creados por estos centros tecnológicos españoles.El Centro Tecnológico Industrial de Castilla La-Mancha (Itecam) presenta un demostrador que ya ha llegado al mercado: un cultivo hidropónico, en este caso de lechugas, en un ambiente controlado y que no necesita tierra, ya que consigue todos los nutrientes únicamente a través del agua. Asimismo, se cultiva en un entorno oscuro, ya que la luz es recibida a través de iluminación artificial. Una solución idónea para ser aplicada en las futuras bases lunares.«La tecnología que le hemos acoplado es un sistema de medición de parámetros de todo el sistema energético y de agua para controlarlo y optimizarlo. Lo primero, visualizarlo con un gemelo digital, es decir, tenemos todos los parámetros localizados; y lo segundo, con un motor de inteligencia artificial, capaz de leer el conocimiento de cómo se debe manejar ese tipo de cultivo y tomar las decisiones que nos permitan optimizar y hacer lo más eficiente posible el consumo de recursos energéticos y de agua. Es algo que en un ámbito como la Tierra está más controlado, pero, por ejemplo, en la Luna presenta una mayor dificultad», afirma Jorge Parra, director general de Itecam.Otro ejemplo de este trasvase de conocimiento en el sector espacial es la iniciativa ‘Honeytex’ desarrollada por Aitex. Es una tecnología basada en estructuras de nido de abeja, fabricadas a partir de materiales textiles avanzados y matrices termoplásticas. Lo que permite una protección segura y ligera para los equipos aeroespaciales.Leitat ha creado ‘Ogyx-Space’, una articulación humana en un chip, que incorpora tejidos como el cartílago y la membrana sinovial para estudiar los efectos de la microgravedad y las condiciones extremas sobre la salud musculoesquelética en el espacio. «Se trata de una placa microfluídica, en el que se añade un hidrogel con las células y un líquido que es la simulación de la sangre. Todo ello, se inserta en una máquina, que cada siete minutos se mueve de forma lateral, lo que permite reproducir el riego sanguíneo», afirman desde el centro tecnológico.Asimismo, este diario ha podido conocer órganos en miniatura creados por Leitat. «Están hechos en hidrogel (99% de agua) es un ambiente donde las células se sienten cómodas para crecer y desarrollarse, podemos imprimir desde miniórganos, hasta tejidos relativamente similares al humano, sacados de células madre».Desplazarse por MarteTekniker, ha creado un aerogenerador triboeléctrico pensado para funcionar en Marte, porque «allí la atmósfera es mucho menos densa, pero tiene vientos más fuertes. Lo novedoso del generador es que la energía no se genera mediante una turbina, –como es lo habitual– sino por el rozamiento de las placas y posteriormente se recoge toda esa energía y la almacena para por ejemplo, usarla en un Rover para que navegue por Marte con una mayor autonomía energética» asegura Jose Miguel Landeta, director de transferencia tecnológica de Tekniker.Además, el demostrador Hiperion III –de este mismo centro– explora la posibilidad de crear y reparar componentes directamente en otros planetas o satélites, reduciendo así la dependencia de suministros terrestres.Son solo algunos botones de muestra del impacto real de esta sinergia en el sector espacial. Y un ejemplo de la conexión directa que estos centros tienen con las empresas. Para Jorge Parra, la esencia de un centro tecnológico es «tener personal muy cualificado y conectado con la empresa, que a partir de un campo de conocimiento como es la IA y el mundo digital, da una solución aterrizable, real y tangible en empresas que puedan explotar este producto». «Nuestro objetivo es que las empresas conozcan esas capacidades, descubran nuevas posibilidades para sus negocios y encuentren en los centros socios con los que desarrollar proyectos de innovación», asegura Áureo Díaz-Carrasco, director general de Fedit.En un escenario internacional marcado por la disputa por la soberanía tecnológica y la reindustrialización europea, los centros tecnológicos demuestran que el camino más corto para que España lidere el futuro no es empezar desde cero, sino llevar la ciencia más avanzada directamente al corazón de las fábricas, o hasta el infinito y más allá. Según palabras del director de la Agencia Espacial Española, Juan Carlos Cortés: «El futuro de los planes tecnológicos de futuro de la Agencia Espacial Europea se están decidiendo durante estos dos próximos años y esos planes van a durar 40 años. Mensaje para quien quiera posicionarse en este sector. El futuro es ahora».
En la economía global contemporánea, el éxito industrial de un país ya no se mide únicamente por su capacidad de producción, sino por la velocidad a la que transforma el conocimiento científico en valor de mercado. Sin embargo, la brecha entre el laboratorio de investigación … y el catálogo comercial de una empresa puede ser un abismo costoso y repleto de incertidumbre. En ese punto es donde actúan los Centros Tecnológicos integrados en la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit), que funcionan como el catalizador necesario para acortar plazos, mitigar riesgos financieros y garantizar que la innovación se traduzca en cuenta de resultados.
Uno de los terrenos más fértiles para esta transferencia es el sector espacial. Una industria en plena ebullición en España, con una facturación de 1.416 millones de euros en 2025, un 9,5% más que el año anterior, según un informe de la patronal Tedae elaborado por PwC. Desarrollar soluciones para soportar la radiación, la falta de recursos o la microgravedad exige llevar la ingeniería al límite. Y cuando una tecnología supera las exigencias del espacio, su aplicación en la Tierra suele revolucionar los estándares industriales tradicionales.
Gran escaparate
Encuentros de transferencia tecnológica como meetechSpain –organizado recientemente por Fedit– ponen de manifiesto el valor de este modelo: no se presentan teorías sobre el papel, sino demostradores tecnológicos plenamente funcionales que las empresas pueden evaluar, tocar e integrar en sus procesos. Desde ABC, hemos podido conocer en primera persona los proyectos creados por estos centros tecnológicos españoles.
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El Centro Tecnológico Industrial de Castilla La-Mancha (Itecam) presenta un demostrador que ya ha llegado al mercado: un cultivo hidropónico, en este caso de lechugas, en un ambiente controlado y que no necesita tierra, ya que consigue todos los nutrientes únicamente a través del agua. Asimismo, se cultiva en un entorno oscuro, ya que la luz es recibida a través de iluminación artificial. Una solución idónea para ser aplicada en las futuras bases lunares.
«La tecnología que le hemos acoplado es un sistema de medición de parámetros de todo el sistema energético y de agua para controlarlo y optimizarlo. Lo primero, visualizarlo con un gemelo digital, es decir, tenemos todos los parámetros localizados; y lo segundo, con un motor de inteligencia artificial, capaz de leer el conocimiento de cómo se debe manejar ese tipo de cultivo y tomar las decisiones que nos permitan optimizar y hacer lo más eficiente posible el consumo de recursos energéticos y de agua. Es algo que en un ámbito como la Tierra está más controlado, pero, por ejemplo, en la Luna presenta una mayor dificultad», afirma Jorge Parra, director general de Itecam.
Otro ejemplo de este trasvase de conocimiento en el sector espacial es la iniciativa ‘Honeytex’ desarrollada por Aitex. Es una tecnología basada en estructuras de nido de abeja, fabricadas a partir de materiales textiles avanzados y matrices termoplásticas. Lo que permite una protección segura y ligera para los equipos aeroespaciales.
Leitat ha creado ‘Ogyx-Space’, una articulación humana en un chip, que incorpora tejidos como el cartílago y la membrana sinovial para estudiar los efectos de la microgravedad y las condiciones extremas sobre la salud musculoesquelética en el espacio. «Se trata de una placa microfluídica, en el que se añade un hidrogel con las células y un líquido que es la simulación de la sangre. Todo ello, se inserta en una máquina, que cada siete minutos se mueve de forma lateral, lo que permite reproducir el riego sanguíneo», afirman desde el centro tecnológico.
Asimismo, este diario ha podido conocer órganos en miniatura creados por Leitat. «Están hechos en hidrogel (99% de agua) es un ambiente donde las células se sienten cómodas para crecer y desarrollarse, podemos imprimir desde miniórganos, hasta tejidos relativamente similares al humano, sacados de células madre».
Desplazarse por Marte
Tekniker, ha creado un aerogenerador triboeléctrico pensado para funcionar en Marte, porque «allí la atmósfera es mucho menos densa, pero tiene vientos más fuertes. Lo novedoso del generador es que la energía no se genera mediante una turbina, –como es lo habitual– sino por el rozamiento de las placas y posteriormente se recoge toda esa energía y la almacena para por ejemplo, usarla en un Rover para que navegue por Marte con una mayor autonomía energética» asegura Jose Miguel Landeta, director de transferencia tecnológica de Tekniker.
Además, el demostrador Hiperion III –de este mismo centro– explora la posibilidad de crear y reparar componentes directamente en otros planetas o satélites, reduciendo así la dependencia de suministros terrestres.
Son solo algunos botones de muestra del impacto real de esta sinergia en el sector espacial. Y un ejemplo de la conexión directa que estos centros tienen con las empresas. Para Jorge Parra, la esencia de un centro tecnológico es «tener personal muy cualificado y conectado con la empresa, que a partir de un campo de conocimiento como es la IA y el mundo digital, da una solución aterrizable, real y tangible en empresas que puedan explotar este producto». «Nuestro objetivo es que las empresas conozcan esas capacidades, descubran nuevas posibilidades para sus negocios y encuentren en los centros socios con los que desarrollar proyectos de innovación», asegura Áureo Díaz-Carrasco, director general de Fedit.
En un escenario internacional marcado por la disputa por la soberanía tecnológica y la reindustrialización europea, los centros tecnológicos demuestran que el camino más corto para que España lidere el futuro no es empezar desde cero, sino llevar la ciencia más avanzada directamente al corazón de las fábricas, o hasta el infinito y más allá. Según palabras del director de la Agencia Espacial Española, Juan Carlos Cortés: «El futuro de los planes tecnológicos de futuro de la Agencia Espacial Europea se están decidiendo durante estos dos próximos años y esos planes van a durar 40 años. Mensaje para quien quiera posicionarse en este sector. El futuro es ahora».
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