
Desde hace varias semanas rondan publicaciones en redes, artículos en medios y contenidos diversos sobre el toples, sobre que las mujeres están dejando de hacerlo y sobre el porqué. Entre lo más repetido: el miedo, mayor entre las más jóvenes, a ser grabadas, fotografiadas y difundidas en internet sin su consentimiento. Se habla de móviles, de cámaras diminutas, incluso de las “gafas de pervertido” de Meta. ¿Está pasando? Sí y no. No se puede afirmar que en España esté habiendo una gran caída de esta práctica: es una sensación, pero no hay datos que lo refrenden. Tampoco se puede sostener que haya hombres con dispositivos por todas partes cometiendo lo que puede suponer un delito. Pero el miedo está ahí, es real, y no es solo a eso. Es también a la reacción de quienes hay alrededor y a no cumplir con unos parámetros estéticos cada vez más elevados, extendidos e imposibles.
No hay cifras que señalen una gran caída de la práctica del toples, pero hay una percepción extendida de que está ocurriendo. Las mujeres hablan del miedo a ser grabadas, de presión estética y una reacción social cada vez más negativa 
Desde hace varias semanas rondan publicaciones en redes, artículos en medios y contenidos diversos sobre el toples, sobre que las mujeres están dejando de hacerlo y sobre el porqué. Entre lo más repetido: el miedo, mayor entre las más jóvenes, a ser grabadas, fotografiadas y difundidas en internet sin su consentimiento. Se habla de móviles, de cámaras diminutas, incluso de las “gafas de pervertido” de Meta. ¿Está pasando? Sí y no. No se puede afirmar que en España esté habiendo una gran caída de esta práctica: es una sensación, pero no hay datos que lo refrenden. Tampoco se puede sostener que haya hombres con dispositivos por todas partes cometiendo lo que puede suponer un delito. Pero el miedo está ahí, es real, y no es solo a eso. Es también a la reacción de quienes hay alrededor y a no cumplir con unos parámetros estéticos cada vez más elevados, extendidos e imposibles.
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