«Los datos salvan vidas». La frase es de Amelia Martín Uranga, directora de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, y resume el fondo de una transformación que va mucho más allá de la digitalización sanitaria. Europa ha puesto en marcha el Espacio Europeo de Datos de Salud, un nuevo marco que aspira a ordenar, compartir y reutilizar información clínica con garantías. Para los pacientes, promete historiales médicos más accesibles e interoperables. Para las empresas, abre una nueva cadena de valor en torno a la investigación biomédica, la IA, la ciberseguridad, la interoperabilidad y la calidad del dato.El proyecto llega en un momento clave. El Reglamento europeo ya está en vigor, pero su despliegue será gradual. Según explica Martín Uranga, el sector ha pasado «del marco normativo a la acción» y se está empezando a construir «la gobernanza real del dato de salud». A su juicio, se trata de «un cambio estructural» y de «un antes y un después» en la forma en que probablemente se hará la investigación clínica. El uso primario, vinculado a la asistencia sanitaria, comenzará a aplicarse antes, mientras que el uso secundario, el más relevante para investigación e innovación, tendrá su horizonte operativo en 2029, según detalla Martín Uranga.Impacto decisivoEse uso secundario es el que concentra buena parte del interés empresarial. La posibilidad de trabajar con datos sanitarios de calidad, comparables y accesibles bajo autorización pública puede transformar la manera de diseñar ensayos clínicos, localizar pacientes, desarrollar terapias personalizadas o entrenar modelos de inteligencia artificial. Para la industria farmacéutica, el impacto puede ser especialmente relevante en un contexto en el que Europa ha perdido competitividad frente a EE.UU. y la región Asia-Pacífico. Farmaindustria considera que el nuevo espacio puede ayudar a cambiar la forma en que se hacen los ensayos clínicos y a reforzar el objetivo de convertir a España en un hub de investigación.El ejemplo más inmediato está en el reclutamiento de pacientes. Hoy, localizar centros y perfiles adecuados para un ensayo clínico sigue siendo, en muchos casos, un proceso poco eficiente. Con un ecosistema de datos mejor organizado, la industria podría identificar con mayor precisión en qué hospitales existen pacientes candidatos para un determinado estudio. Esto no solo aceleraría los procesos, sino que también permitiría descentralizar la investigación, hoy muy concentrada en Madrid y Barcelona, y llevar más ensayos a comunidades como Extremadura, Murcia, Galicia o País Vasco.La promesa, sin embargo, tropieza con una pregunta incómoda: si España todavía tiene dificultades para compartir datos sanitarios de forma plenamente interoperable entre comunidades autónomas, ¿cómo puede aspirar a integrarse en un espacio europeo? Para Sofía Ruiz de la Viuda, consultora de Propiedad Intelectual, IA y Software en PONS IP, la ambición europea y la realidad territorial española no son incompatibles, pero sí obligan a ordenar muy bien la gobernanza. El modelo europeo no exige necesariamente una centralización estatal de todos los datos, sino un esquema federado en el que diferentes sistemas puedan darse acceso entre sí, siempre que cumplan estándares comunes. En ese sentido, cada administración podría conservar la gestión de sus datos, pero tendría que hacerlos interoperables y certificar que cumple los requisitos necesarios para operar dentro del espacio europeo.Recuperar la competitividad frente a China y EE.UU. es uno de los objetivosLa cuestión no es solo tecnológica. También es administrativa, jurídica y organizativa. PONS advierte de que el Espacio Europeo de Datos de Salud es ya «una realidad regulatoria», pero no un sistema plenamente operativo. La operativa técnica y administrativa «todavía se está montando»; faltan estándares, formatos, mecanismos de gobernanza y procedimientos prácticos de acceso. En España, además, el Espacio Nacional de Datos de Salud y la futura Ley de Salud Digital siguen en fase de definición. El riesgo, según PONS, no es tanto que la fragmentación autonómica sea un obstáculo insalvable, sino que se reproduzca una fragmentación burocrática. Para empresas e investigadores, la clave será que los organismos de acceso funcionen de modo coordinada y homogénea. De lo contrario, el marco europeo podría quedar limitado por barreras administrativas internas.Desde el sector tecnológico, la lectura es clara: el dato sanitario se está convirtiendo en infraestructura económica. Ametic sostiene que el Espacio Europeo de Datos de Salud y el Espacio Nacional de Datos de Salud abren una oportunidad para las empresas españolas de digitalización porque convierten el dato sanitario en una infraestructura de innovación con impacto directo en interoperabilidad, inteligencia artificial, cloud, ciberseguridad y analítica avanzada. La patronal tecnológica habla incluso de «un cambio de ciclo»: ya no basta con digitalizar procesos clínicos o administrativos; ahora lo importante será activar, gobernar y reutilizar datos de salud a gran escala.A la búsqueda de la competitividad, pero con las personas en el centro Europa quiere impulsar la competitividad tecnológica, pero sin convertir la prestación sanitaria en un mercado de explotación masiva de datos. Por eso, el acceso estará sometido a autorizaciones, controles de seguridad y límites legales. PONS recuerda que habrá prohibiciones expresas para usos publicitarios o decisiones discriminatorias en ámbitos como seguros, empleo o crédito. La oportunidad empresarial existe, pero solo será viable si se construye sobre confianza ciudadana. Farmaindustria insiste en esa misma idea desde la óptica del paciente. Compartir datos no significa renunciar a garantías. Los proyectos de investigación deberán pasar por controles y comités de ética. Pero si los datos se agregan correctamente, pueden servir para nuevos diagnósticos, mejores tratamientos y algoritmos menos sesgados. De ahí la importancia de explicar a la sociedad que los datos, bien utilizados, salvan vidas.OportunidadesEse cambio abre nuevos mercados. En salud digital, Ametic identifica oportunidades en historia clínica interoperable, telemonitorización, plataformas de pacientes y servicios basados en dato clínico estructurado. En IA y analítica avanzada, apunta a modelos predictivos, medicina personalizada, automatización de flujos clínicos y entrenamiento de algoritmos con datos sanitarios. Para cloud y ciberseguridad, el negocio se concentrará en arquitecturas seguras, gobierno del dato, entornos de intercambio y protección de información sensible.España parte con ventajas. Ametic destaca el nivel de digitalización del Sistema Nacional de Salud, la historia clínica digital, la receta electrónica interoperable y la imagen médica como bases favorables para el despliegue del espacio europeo. Además, el inicio del Espacio Nacional de Datos de Salud reduce la distancia entre la norma y su implementación. Pero las carencias también están identificadas: fragmentación autonómica, heterogeneidad en la madurez digital, necesidad de normalizar datos y acelerar la interoperabilidad.El riesgo es que el marco europeo tope con barreras administrativas internasAhí aparece otra capa menos visible, pero decisiva: la calidad del dato. Antes de hablar de IA médica o grandes espacios europeos, los datos deben estar bien estructurados, codificados y normalizados. Gonzalo Hernández, experto en IA en ASHO –empresa dedicada principalmente a la codificación sanitaria–, señala que España ha avanzado mucho en historia clínica electrónica y sistemas de información, pero aún existe margen de mejora en calidad, codificación y normalización del dato clínico. El problema no es tanto disponer de información como lograr que sea comparable entre sistemas. La coexistencia de distintos modelos de registro, criterios de codificación y niveles de madurez digital obliga a procesos de armonización importantes.Hacer los deberesDesde la perspectiva empresarial, esa tarea puede convertirse en un mercado estratégico. ASHO defiende que la calidad del dato no es solo un requisito técnico, sino un factor que condiciona directamente el valor que pueden aportar las tecnologías en salud. Sin datos homogéneos y comparables no hay buena analítica, ni IA fiable, ni investigación sólida, ni planificación sanitaria eficiente. El nuevo escenario exigirá además una adaptación profunda de las empresas. PONS recomienda aprovechar este periodo de transición para reforzar gobernanza del dato, protección de datos personales, cumplimiento del Reglamento de IA, revisión de contratos con proveedores tecnológicos y socios sanitarios, ciberseguridad y protección de activos intangibles. En un mercado basado en datos sensibles, la trazabilidad, los entornos seguros y el cumplimiento serán condiciones de entrada.El Espacio Europeo de Datos de Salud no será, por tanto, una revolución automática. Es una infraestructura regulatoria, tecnológica y empresarial en construcción. Su éxito dependerá de que España sea capaz de resolver su propia fragmentación interna, ordenar la gobernanza, mejorar la calidad del dato y ofrecer seguridad jurídica a empresas e investigadores. Si lo logra, podremos ocupar una posición relevante en la nueva economía europea del dato sanitario. Si no, la promesa de un mercado común de salud digital podría quedarse atrapada en la misma barrera que pretende superar: sistemas que no terminan de hablar entre sí. «Los datos salvan vidas». La frase es de Amelia Martín Uranga, directora de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, y resume el fondo de una transformación que va mucho más allá de la digitalización sanitaria. Europa ha puesto en marcha el Espacio Europeo de Datos de Salud, un nuevo marco que aspira a ordenar, compartir y reutilizar información clínica con garantías. Para los pacientes, promete historiales médicos más accesibles e interoperables. Para las empresas, abre una nueva cadena de valor en torno a la investigación biomédica, la IA, la ciberseguridad, la interoperabilidad y la calidad del dato.El proyecto llega en un momento clave. El Reglamento europeo ya está en vigor, pero su despliegue será gradual. Según explica Martín Uranga, el sector ha pasado «del marco normativo a la acción» y se está empezando a construir «la gobernanza real del dato de salud». A su juicio, se trata de «un cambio estructural» y de «un antes y un después» en la forma en que probablemente se hará la investigación clínica. El uso primario, vinculado a la asistencia sanitaria, comenzará a aplicarse antes, mientras que el uso secundario, el más relevante para investigación e innovación, tendrá su horizonte operativo en 2029, según detalla Martín Uranga.Impacto decisivoEse uso secundario es el que concentra buena parte del interés empresarial. La posibilidad de trabajar con datos sanitarios de calidad, comparables y accesibles bajo autorización pública puede transformar la manera de diseñar ensayos clínicos, localizar pacientes, desarrollar terapias personalizadas o entrenar modelos de inteligencia artificial. Para la industria farmacéutica, el impacto puede ser especialmente relevante en un contexto en el que Europa ha perdido competitividad frente a EE.UU. y la región Asia-Pacífico. Farmaindustria considera que el nuevo espacio puede ayudar a cambiar la forma en que se hacen los ensayos clínicos y a reforzar el objetivo de convertir a España en un hub de investigación.El ejemplo más inmediato está en el reclutamiento de pacientes. Hoy, localizar centros y perfiles adecuados para un ensayo clínico sigue siendo, en muchos casos, un proceso poco eficiente. Con un ecosistema de datos mejor organizado, la industria podría identificar con mayor precisión en qué hospitales existen pacientes candidatos para un determinado estudio. Esto no solo aceleraría los procesos, sino que también permitiría descentralizar la investigación, hoy muy concentrada en Madrid y Barcelona, y llevar más ensayos a comunidades como Extremadura, Murcia, Galicia o País Vasco.La promesa, sin embargo, tropieza con una pregunta incómoda: si España todavía tiene dificultades para compartir datos sanitarios de forma plenamente interoperable entre comunidades autónomas, ¿cómo puede aspirar a integrarse en un espacio europeo? Para Sofía Ruiz de la Viuda, consultora de Propiedad Intelectual, IA y Software en PONS IP, la ambición europea y la realidad territorial española no son incompatibles, pero sí obligan a ordenar muy bien la gobernanza. El modelo europeo no exige necesariamente una centralización estatal de todos los datos, sino un esquema federado en el que diferentes sistemas puedan darse acceso entre sí, siempre que cumplan estándares comunes. En ese sentido, cada administración podría conservar la gestión de sus datos, pero tendría que hacerlos interoperables y certificar que cumple los requisitos necesarios para operar dentro del espacio europeo.Recuperar la competitividad frente a China y EE.UU. es uno de los objetivosLa cuestión no es solo tecnológica. También es administrativa, jurídica y organizativa. PONS advierte de que el Espacio Europeo de Datos de Salud es ya «una realidad regulatoria», pero no un sistema plenamente operativo. La operativa técnica y administrativa «todavía se está montando»; faltan estándares, formatos, mecanismos de gobernanza y procedimientos prácticos de acceso. En España, además, el Espacio Nacional de Datos de Salud y la futura Ley de Salud Digital siguen en fase de definición. El riesgo, según PONS, no es tanto que la fragmentación autonómica sea un obstáculo insalvable, sino que se reproduzca una fragmentación burocrática. Para empresas e investigadores, la clave será que los organismos de acceso funcionen de modo coordinada y homogénea. De lo contrario, el marco europeo podría quedar limitado por barreras administrativas internas.Desde el sector tecnológico, la lectura es clara: el dato sanitario se está convirtiendo en infraestructura económica. Ametic sostiene que el Espacio Europeo de Datos de Salud y el Espacio Nacional de Datos de Salud abren una oportunidad para las empresas españolas de digitalización porque convierten el dato sanitario en una infraestructura de innovación con impacto directo en interoperabilidad, inteligencia artificial, cloud, ciberseguridad y analítica avanzada. La patronal tecnológica habla incluso de «un cambio de ciclo»: ya no basta con digitalizar procesos clínicos o administrativos; ahora lo importante será activar, gobernar y reutilizar datos de salud a gran escala.A la búsqueda de la competitividad, pero con las personas en el centro Europa quiere impulsar la competitividad tecnológica, pero sin convertir la prestación sanitaria en un mercado de explotación masiva de datos. Por eso, el acceso estará sometido a autorizaciones, controles de seguridad y límites legales. PONS recuerda que habrá prohibiciones expresas para usos publicitarios o decisiones discriminatorias en ámbitos como seguros, empleo o crédito. La oportunidad empresarial existe, pero solo será viable si se construye sobre confianza ciudadana. Farmaindustria insiste en esa misma idea desde la óptica del paciente. Compartir datos no significa renunciar a garantías. Los proyectos de investigación deberán pasar por controles y comités de ética. Pero si los datos se agregan correctamente, pueden servir para nuevos diagnósticos, mejores tratamientos y algoritmos menos sesgados. De ahí la importancia de explicar a la sociedad que los datos, bien utilizados, salvan vidas.OportunidadesEse cambio abre nuevos mercados. En salud digital, Ametic identifica oportunidades en historia clínica interoperable, telemonitorización, plataformas de pacientes y servicios basados en dato clínico estructurado. En IA y analítica avanzada, apunta a modelos predictivos, medicina personalizada, automatización de flujos clínicos y entrenamiento de algoritmos con datos sanitarios. Para cloud y ciberseguridad, el negocio se concentrará en arquitecturas seguras, gobierno del dato, entornos de intercambio y protección de información sensible.España parte con ventajas. Ametic destaca el nivel de digitalización del Sistema Nacional de Salud, la historia clínica digital, la receta electrónica interoperable y la imagen médica como bases favorables para el despliegue del espacio europeo. Además, el inicio del Espacio Nacional de Datos de Salud reduce la distancia entre la norma y su implementación. Pero las carencias también están identificadas: fragmentación autonómica, heterogeneidad en la madurez digital, necesidad de normalizar datos y acelerar la interoperabilidad.El riesgo es que el marco europeo tope con barreras administrativas internasAhí aparece otra capa menos visible, pero decisiva: la calidad del dato. Antes de hablar de IA médica o grandes espacios europeos, los datos deben estar bien estructurados, codificados y normalizados. Gonzalo Hernández, experto en IA en ASHO –empresa dedicada principalmente a la codificación sanitaria–, señala que España ha avanzado mucho en historia clínica electrónica y sistemas de información, pero aún existe margen de mejora en calidad, codificación y normalización del dato clínico. El problema no es tanto disponer de información como lograr que sea comparable entre sistemas. La coexistencia de distintos modelos de registro, criterios de codificación y niveles de madurez digital obliga a procesos de armonización importantes.Hacer los deberesDesde la perspectiva empresarial, esa tarea puede convertirse en un mercado estratégico. ASHO defiende que la calidad del dato no es solo un requisito técnico, sino un factor que condiciona directamente el valor que pueden aportar las tecnologías en salud. Sin datos homogéneos y comparables no hay buena analítica, ni IA fiable, ni investigación sólida, ni planificación sanitaria eficiente. El nuevo escenario exigirá además una adaptación profunda de las empresas. PONS recomienda aprovechar este periodo de transición para reforzar gobernanza del dato, protección de datos personales, cumplimiento del Reglamento de IA, revisión de contratos con proveedores tecnológicos y socios sanitarios, ciberseguridad y protección de activos intangibles. En un mercado basado en datos sensibles, la trazabilidad, los entornos seguros y el cumplimiento serán condiciones de entrada.El Espacio Europeo de Datos de Salud no será, por tanto, una revolución automática. Es una infraestructura regulatoria, tecnológica y empresarial en construcción. Su éxito dependerá de que España sea capaz de resolver su propia fragmentación interna, ordenar la gobernanza, mejorar la calidad del dato y ofrecer seguridad jurídica a empresas e investigadores. Si lo logra, podremos ocupar una posición relevante en la nueva economía europea del dato sanitario. Si no, la promesa de un mercado común de salud digital podría quedarse atrapada en la misma barrera que pretende superar: sistemas que no terminan de hablar entre sí.
«Los datos salvan vidas». La frase es de Amelia Martín Uranga, directora de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, y resume el fondo de una transformación que va mucho más allá de la digitalización sanitaria. Europa ha puesto en marcha el Espacio Europeo … de Datos de Salud, un nuevo marco que aspira a ordenar, compartir y reutilizar información clínica con garantías. Para los pacientes, promete historiales médicos más accesibles e interoperables. Para las empresas, abre una nueva cadena de valor en torno a la investigación biomédica, la IA, la ciberseguridad, la interoperabilidad y la calidad del dato.
El proyecto llega en un momento clave. El Reglamento europeo ya está en vigor, pero su despliegue será gradual. Según explica Martín Uranga, el sector ha pasado «del marco normativo a la acción» y se está empezando a construir «la gobernanza real del dato de salud». A su juicio, se trata de «un cambio estructural» y de «un antes y un después» en la forma en que probablemente se hará la investigación clínica. El uso primario, vinculado a la asistencia sanitaria, comenzará a aplicarse antes, mientras que el uso secundario, el más relevante para investigación e innovación, tendrá su horizonte operativo en 2029, según detalla Martín Uranga.
Impacto decisivo
Ese uso secundario es el que concentra buena parte del interés empresarial. La posibilidad de trabajar con datos sanitarios de calidad, comparables y accesibles bajo autorización pública puede transformar la manera de diseñar ensayos clínicos, localizar pacientes, desarrollar terapias personalizadas o entrenar modelos de inteligencia artificial. Para la industria farmacéutica, el impacto puede ser especialmente relevante en un contexto en el que Europa ha perdido competitividad frente a EE.UU. y la región Asia-Pacífico. Farmaindustria considera que el nuevo espacio puede ayudar a cambiar la forma en que se hacen los ensayos clínicos y a reforzar el objetivo de convertir a España en un hub de investigación.
El ejemplo más inmediato está en el reclutamiento de pacientes. Hoy, localizar centros y perfiles adecuados para un ensayo clínico sigue siendo, en muchos casos, un proceso poco eficiente. Con un ecosistema de datos mejor organizado, la industria podría identificar con mayor precisión en qué hospitales existen pacientes candidatos para un determinado estudio. Esto no solo aceleraría los procesos, sino que también permitiría descentralizar la investigación, hoy muy concentrada en Madrid y Barcelona, y llevar más ensayos a comunidades como Extremadura, Murcia, Galicia o País Vasco.
La promesa, sin embargo, tropieza con una pregunta incómoda: si España todavía tiene dificultades para compartir datos sanitarios de forma plenamente interoperable entre comunidades autónomas, ¿cómo puede aspirar a integrarse en un espacio europeo? Para Sofía Ruiz de la Viuda, consultora de Propiedad Intelectual, IA y Software en PONS IP, la ambición europea y la realidad territorial española no son incompatibles, pero sí obligan a ordenar muy bien la gobernanza. El modelo europeo no exige necesariamente una centralización estatal de todos los datos, sino un esquema federado en el que diferentes sistemas puedan darse acceso entre sí, siempre que cumplan estándares comunes. En ese sentido, cada administración podría conservar la gestión de sus datos, pero tendría que hacerlos interoperables y certificar que cumple los requisitos necesarios para operar dentro del espacio europeo.
Recuperar la competitividad frente a China y EE.UU. es uno de los objetivos
La cuestión no es solo tecnológica. También es administrativa, jurídica y organizativa. PONS advierte de que el Espacio Europeo de Datos de Salud es ya «una realidad regulatoria», pero no un sistema plenamente operativo. La operativa técnica y administrativa «todavía se está montando»; faltan estándares, formatos, mecanismos de gobernanza y procedimientos prácticos de acceso. En España, además, el Espacio Nacional de Datos de Salud y la futura Ley de Salud Digital siguen en fase de definición. El riesgo, según PONS, no es tanto que la fragmentación autonómica sea un obstáculo insalvable, sino que se reproduzca una fragmentación burocrática. Para empresas e investigadores, la clave será que los organismos de acceso funcionen de modo coordinada y homogénea. De lo contrario, el marco europeo podría quedar limitado por barreras administrativas internas.
Desde el sector tecnológico, la lectura es clara: el dato sanitario se está convirtiendo en infraestructura económica. Ametic sostiene que el Espacio Europeo de Datos de Salud y el Espacio Nacional de Datos de Salud abren una oportunidad para las empresas españolas de digitalización porque convierten el dato sanitario en una infraestructura de innovación con impacto directo en interoperabilidad, inteligencia artificial, cloud, ciberseguridad y analítica avanzada. La patronal tecnológica habla incluso de «un cambio de ciclo»: ya no basta con digitalizar procesos clínicos o administrativos; ahora lo importante será activar, gobernar y reutilizar datos de salud a gran escala.
A la búsqueda de la competitividad, pero con las personas en el centro
Europa quiere impulsar la competitividad tecnológica, pero sin convertir la prestación sanitaria en un mercado de explotación masiva de datos. Por eso, el acceso estará sometido a autorizaciones, controles de seguridad y límites legales. PONS recuerda que habrá prohibiciones expresas para usos publicitarios o decisiones discriminatorias en ámbitos como seguros, empleo o crédito. La oportunidad empresarial existe, pero solo será viable si se construye sobre confianza ciudadana. Farmaindustria insiste en esa misma idea desde la óptica del paciente. Compartir datos no significa renunciar a garantías. Los proyectos de investigación deberán pasar por controles y comités de ética. Pero si los datos se agregan correctamente, pueden servir para nuevos diagnósticos, mejores tratamientos y algoritmos menos sesgados. De ahí la importancia de explicar a la sociedad que los datos, bien utilizados, salvan vidas.
Oportunidades
Ese cambio abre nuevos mercados. En salud digital, Ametic identifica oportunidades en historia clínica interoperable, telemonitorización, plataformas de pacientes y servicios basados en dato clínico estructurado. En IA y analítica avanzada, apunta a modelos predictivos, medicina personalizada, automatización de flujos clínicos y entrenamiento de algoritmos con datos sanitarios. Para cloud y ciberseguridad, el negocio se concentrará en arquitecturas seguras, gobierno del dato, entornos de intercambio y protección de información sensible.
España parte con ventajas. Ametic destaca el nivel de digitalización del Sistema Nacional de Salud, la historia clínica digital, la receta electrónica interoperable y la imagen médica como bases favorables para el despliegue del espacio europeo. Además, el inicio del Espacio Nacional de Datos de Salud reduce la distancia entre la norma y su implementación. Pero las carencias también están identificadas: fragmentación autonómica, heterogeneidad en la madurez digital, necesidad de normalizar datos y acelerar la interoperabilidad.
El riesgo es que el marco europeo tope con barreras administrativas internas
Ahí aparece otra capa menos visible, pero decisiva: la calidad del dato. Antes de hablar de IA médica o grandes espacios europeos, los datos deben estar bien estructurados, codificados y normalizados. Gonzalo Hernández, experto en IA en ASHO –empresa dedicada principalmente a la codificación sanitaria–, señala que España ha avanzado mucho en historia clínica electrónica y sistemas de información, pero aún existe margen de mejora en calidad, codificación y normalización del dato clínico. El problema no es tanto disponer de información como lograr que sea comparable entre sistemas. La coexistencia de distintos modelos de registro, criterios de codificación y niveles de madurez digital obliga a procesos de armonización importantes.
Hacer los deberes
Desde la perspectiva empresarial, esa tarea puede convertirse en un mercado estratégico. ASHO defiende que la calidad del dato no es solo un requisito técnico, sino un factor que condiciona directamente el valor que pueden aportar las tecnologías en salud. Sin datos homogéneos y comparables no hay buena analítica, ni IA fiable, ni investigación sólida, ni planificación sanitaria eficiente. El nuevo escenario exigirá además una adaptación profunda de las empresas. PONS recomienda aprovechar este periodo de transición para reforzar gobernanza del dato, protección de datos personales, cumplimiento del Reglamento de IA, revisión de contratos con proveedores tecnológicos y socios sanitarios, ciberseguridad y protección de activos intangibles. En un mercado basado en datos sensibles, la trazabilidad, los entornos seguros y el cumplimiento serán condiciones de entrada.
El Espacio Europeo de Datos de Salud no será, por tanto, una revolución automática. Es una infraestructura regulatoria, tecnológica y empresarial en construcción. Su éxito dependerá de que España sea capaz de resolver su propia fragmentación interna, ordenar la gobernanza, mejorar la calidad del dato y ofrecer seguridad jurídica a empresas e investigadores. Si lo logra, podremos ocupar una posición relevante en la nueva economía europea del dato sanitario. Si no, la promesa de un mercado común de salud digital podría quedarse atrapada en la misma barrera que pretende superar: sistemas que no terminan de hablar entre sí.
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