Las fracturas ideológicas de Latinoamérica se hicieron evidentes durante la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid. El avance de la extrema derecha, los discursos de mano dura y el alineamiento de varios gobiernos de la región con los Estados Unidos de Donald Trump chocaron con los pronunciamientos de una minoría progresista que condenó el bloqueo a Cuba, defendió el multilateralismo y la cohesión entre sus miembros, y llamó a no ser “el patio trasero de nadie” durante la sesión plenaria de la cita diplomática, celebrada este jueves y marcada por las ausencias de los principales referentes políticos latinoamericanos, como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum.
Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba, la irrupción de la extrema derecha y las ausencias de los principales referentes políticos de la región marcan el último encuentro iberoamericano
Las fracturas ideológicas de Latinoamérica se hicieron evidentes durante la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid. El avance de la extrema derecha, los discursos de mano dura y el alineamiento de varios gobiernos de la región con los Estados Unidos de Donald Trump chocaron con los pronunciamientos de una minoría progresista que condenó el bloqueo a Cuba, defendió el multilateralismo y la cohesión entre sus miembros, y llamó a no ser “el patio trasero de nadie” durante la sesión plenaria de la cita diplomática, celebrada este jueves y marcada por las ausencias de los principales referentes políticos latinoamericanos, como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, condenó las medidas adoptadas por la Administración Trump para asfixiar energéticamente a la isla y el endurecimiento “de manera cruel y sin precedentes del bloqueo a Cuba”. Rodríguez insistió en que las políticas de Washington son “violatorias del derecho internacional”, suponen un acto de “injerencia” en los asuntos de su país y constituyen un “castigo colectivo” al pueblo cubano. Las tensiones de los últimos meses con Washington, el asunto más urgente para el Gobierno de Miguel Díaz-Canel, acapararon por completo la intervención de la delegación cubana en el Palacio Real de Madrid.
Brasil, Nicaragua, Uruguay y México fueron los únicos países que rechazaron de forma expresa el bloqueo contra la isla entre los 22 Estados que participaron en la cumbre. El secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, exigió respeto a la soberanía y a la integridad territorial de la isla, en línea con la política exterior que ha seguido México desde hace más de un siglo, y recordó que la posición del Gobierno de Claudia Sheinbaum es abogar por la “cooperación sin subordinación”, aunque sin aludir explícitamente a Washington.
Brasil, cuyo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, ha protagonizado recientemente una victoria electoral que ha tenido repercusión en toda América, ha sido representado por el ministro de Exteriores, Mauro Vieira. El país es —junto a México, Guatemala y Uruguay— uno de los pocos países del continente que mantiene un gobierno progresista y ha resistido el avance de la ola ultraderechista. La oposición al intervencionismo estadounidense en la región estuvo presente en el discurso de Vieira, quien recuperó una frase que Lula pronunció ante la Asamblea General de la ONU en octubre: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”.
Vieira defendió el multilateralismo y la cohesión entre los países iberoamericanos. “Brasil continuará sosteniendo la visión de que el orden mundial del siglo XXI se centra en el multilateralismo y no en las prácticas obsoletas de hegemonía y áreas de influencia”, afirmó. Brasil mantiene una postura tradicionalmente crítica con el embargo a Cuba, y el ministro condenó “los actos ilegales por parte de Estados Unidos”, cuyo impacto recae sobre los más vulnerables, recalcó.
Javier Milei, presidente de Argentina, inició su intervención con un discurso cargado de ideología. “El socialismo es fascista en política y el fascismo es socialista en economía”, dijo el mandatario argentino, que acaparó el foco mediático en la cumbre, pese a que no participó en la ceremonia de inauguración ni en la cena que ofrecieron los Reyes el miércoles.
Milei, que protagonizó un frío saludo con el presidente español Pedro Sánchez a su llegada a la sesión plenaria, hizo un guiño a los presidentes latinoamericanos con los que comparte posiciones ideológicas y el apoyo al trumpismo. Aseguró que las últimas elecciones en Chile, Colombia y Perú “impulsan una rebelión democrática contra el paternalismo y el abuso del poder”. También reivindicó la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas frente al Reino Unido. “Londres tiene aquí la oportunidad de practicar el respeto por las reglas internacionales que con tanta frecuencia recomienda al resto del mundo”, señaló el mandatario ultraderechista en un discurso fiel a su estilo, sin prácticamente levantar la mirada del papel y sin mencionar a Sánchez.

Inmediatamente después de Milei, tomó la palabra el presidente boliviano, Rodrigo Paz, que ganó las elecciones de octubre del año pasado defendiendo un “capitalismo para todos”. A diferencia del mandatario argentino, Paz defendió un enfoque más pragmático. “Nuestros pueblos no necesitan pensar igual”, dijo. “Nosotros no somos de izquierdas ni de derechas. A nosotros la ideología no nos da de comer”, señaló.
El presidente chileno, el ultraderechista José Antonio Kast, bromeó brevemente con Felipe VI después de que el Rey se confundiese en el orden de las intervenciones y habló sobre la normalización de los contactos diplomáticos de su país con Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro a manos de las fuerzas militares de Estados Unidos en enero pasado.
“Quiero destacar que estamos reanudando nuestras relaciones y que en los últimos meses se han abierto puertas que estuvieron por mucho tiempo cerradas”, aseguró. “Valoramos el cambio donde existe y ofrecemos nuestro acompañamiento en el proceso que están desarrollando”. Kast fue el mandatario que más habló de la situación política en Venezuela. La cumbre de Madrid supuso también el estreno internacional del nuevo canciller venezolano, Oliver Blanco, nombrado a finales de octubre por el Gobierno interino de Delcy Rodríguez.
La costarricense Laura Fernández, en cambio, centró su discurso en la seguridad. “El narcoterrorismo corrompe nuestras instituciones”, afirmó. La mandataria inauguró a mediados de octubre pasado una megacárcel para más de 5.000 presos, en línea con el modelo penitenciario impulsado por el salvadoreño Nayib Bukele, que tampoco estuvo en la cita. El vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, sacó pecho de la reducción de los delitos de alto impacto en su país, que lleva más de cuatro años y medio bajo el estado de excepción. “Somos el país más seguro del hemisferio occidental”, presumió Ulloa.
Fernández también llamó a sus homólogos iberoamericanos a apoyar la candidatura de su compatriota Rebeca Grynspan a liderar la ONU, aunque la destacó más por su origen geográfico que por el hecho de ser mujer. “La ONU debe ser presidida por una persona latinoamericana”, dijo.
El vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo, también centró su intervención en el tema del crimen organizado, defendiendo que el presidente, Abelardo de la Espriella, ejerce una lucha “directa y personal”. Presumió que en “solo 90 días de Gobierno” han sido detenidas más de 32.000 personas, 35 cabecillas criminales han sido “capturados o dados de baja” y 135 extradiciones han sido firmadas. También lanzó un dardo a los gobiernos del otro lado del espectro ideológico, al referirse al progresismo como “pobrecismo”.
El presidente hondureño, el conservador Nasri Tito Asfura, sorprendió con un discurso enfocado en el cambio climático y la vulnerabilidad ante los desastres de varios países centroamericanos. “Debemos luchar contra el cambio climático”, señaló Asfura, que recibió el apoyo de Trump durante las elecciones presidenciales de enero pasado.
“Hoy es una sequía extrema, mañana muy probablemente serán inundaciones que arriesgan, en primer lugar, la vida de nuestra gente y nos golpean económicamente”, comentó Asfura, cuyo país ha asumido la presidencia pro tempore de la comunidad iberoamericana y organizará la próxima cumbre en 2028. “Que Dios bendiga a Iberoamérica”, apostilló el mandatario hondureño. “Un solo huracán puede borrar décadas de esfuerzos y sacrificios”, coincidió el líder dominicano, Luis Abinader, que celebró la creación de la Red Iberoamericana de Reducción de Riesgos de Desastres, uno de los resultados concretos del encuentro en la capital española.
Las visiones encontradas en torno al desarrollo sostenible han sido una de las cuestiones divisivas en las negociaciones de la declaración final de la cita diplomática. El boliviano Paz propuso la creación de un Centro Iberoamericano de Pensamiento Estratégico y de Seguridad para articular una respuesta conjunta de la región frente al crimen organizado, el narcotráfico y el narcoterrorismo. Ha equiparado la urgencia del combate contra la delincuencia transnacional con la lucha contra el cambio climático, reclamando recursos humanos y económicos para blindar las fronteras y las instituciones del continente.
Por su parte, el mandatario guatemalteco Bernardo Arévalo hizo un llamamiento a buscar la “unidad en la diversidad” y destacó la importancia del diálogo “para acercar posiciones que parecen irreconciliables y consensos que parecen imposibles”. “Iberoamérica ha demostrado que es posible construir consensos sin renunciar al respeto mutuo”, comentó el presidente progresista.
Para salvar las brechas ideológicas, España impulsó una declaración final de mínimos, que no entraba en polémicas políticas ni cuestiones espinosas. Tras el fracaso de la cumbre anterior en la ciudad ecuatoriana de Cuenca, a la que no acudió ningún jefe de Estado ni de Gobierno latinoamericano salvo el anfitrión Daniel Noboa y no se alcanzó ninguna declaración al concluir la cita, la Cumbre de Madrid dio paso a la creación de la Alianza sobre Inteligencia Artificial (IA), la Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos y la Carta de Movilidad Académica.
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