El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se enfrentaron este viernes en el segundo y último debate antes de la segunda vuelta del domingo. El cara a cara, organizado por TV Globo en sus estudios de Río de Janeiro. Los dos llegaban empatados: tras la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta del pasado 4 de octubre, las últimas encuestas les dan un 50% a cada uno. Durante las más de dos horas de debate, el tono fue más constructivo que en el primer encuentro, aunque no faltaron los golpes bajos y las ofensas. Lula, que empezó titubeante, acabó poniendo a su rival a la defensiva.
Durante más de dos horas de cara a cara, el tono se mantuvo más constructivo. Lula contrapuso su perfil obrero al de su rival, mientras Bolsonaro incidió en su versión más moderada
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se enfrentaron este viernes en el segundo y último debate antes de la segunda vuelta del domingo. El cara a cara, organizado por TV Globo en sus estudios de Río de Janeiro. Los dos llegaban empatados: tras la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta del pasado 4 de octubre, las últimas encuestas les dan un 50% a cada uno. Durante las más de dos horas de debate, el tono fue más constructivo que en el primer encuentro, aunque no faltaron los golpes bajos y las ofensas. Lula, que empezó titubeante, acabó poniendo a su rival a la defensiva.
El bolsillo, el terreno de Lula que Flávio quiso disputar
El poder de compra del brasileño es una de las grandes preocupaciones de las que se habla estos días en las calles del país, y el debate se libró con el carrito de la compra de fondo. Flávio Bolsonaro insistió en este tema una y otra vez. “Hoy es 23. ¿Ya se le acabó el sueldo?”, preguntó mirando a la cámara. El senador sabe que la renta ha mejorado con Lula, pero también que buena parte de los brasileños no lo nota, o no se lo atribuye al presidente, porque los precios se dispararon tras la pandemia.
Lula intentó llevar el debate al salario mínimo y a la comparación con el gobierno de Jair Bolsonaro. Sin el Partido de los Trabajadores, dijo, el mínimo no pasaría de 900 reales (cerca de 180 dólares) y no los 1.600 actuales (322 dólares). Los datos le dan la razón, pero el argumento mira al pasado, mientras los analistas insisten en que el indeciso lo que quiere es saber qué cambia en su vida a partir de enero. “Prometiste aumentar el poder de compra y no lo conseguiste”, acusó Bolsonaro, que promete a los brasileños prosperidad, financiación barata, invertir en las favelas y dignidad con un “banco de la prosperidad”.
El resultado fue paradójico: para no parecer una amenaza al bolsillo, el candidato de la ultraderecha se comprometió con buena parte de la agenda social del PT. Se dijo a favor de la tarifa cero en el transporte, prometió subidas del salario mínimo y las pensiones por encima de la inflación, negó que vaya a recortar el gasto social y pidió perdón por haber votado contra ampliar la baja por maternidad.
Bolsonaro, con guante de seda
Bolsonaro moderó el tono, fue más cordial que en el debate anterior, pidió perdón dos veces y se presentó como defensor del programa social Bolsa Família y de las mujeres, el electorado donde más votos pierde. Entre sus notas, según O Globo, llevaba un recordatorio: “Hablarles a ellas”. En busca de los votantes más centristas, Bolsonaro describió la sanidad pública como un “orgullo nacional”, prometió gobernar para todos y hasta dedicó una réplica a los derechos de los animales. Varios columnistas coincidieron en el diagnóstico: un candidato muy entrenado, que por momentos sonó a guion de media training.
El senador cerró el encuentro agradeciendo a Dios y pidiendo a los votantes que terminaran la noche rezando un padrenuestro, un guiño al voto evangélico. El guante de seda, en cualquier caso, le duró hasta que llegó su tema favorito.
La seguridad sube la temperatura
Al final salió el Flávio Bolsonaro más reconocible. Al plantear la seguridad pública y la lucha contra el crimen, el terreno donde el bolsonarismo se siente más cómodo, el senador exaltó la mano dura. Una vez más, Bolsonaro acusó a Lula de “defender a los narcoterroristas” y repitió sus propuestas de declarar terroristas a las bandas criminales, rebajar la mayoría de edad penal a 14 años y castrar químicamente a los violadores.
Lula le atacó con la defensa que hizo el candidato de un policía acusado de matar en 2021, durante un tiroteo en Niterói, cerca de Río, a Ana Clara Gomes, una niña de cinco años. Esta vez la madre, Cristiane Gomes da Silva, estaba en el estudio, sentada junto a la primera dama, Janja, y el vicepresidente, Geraldo Alckmin. El presidente le preguntó qué le llevó a defender a ese policía. Flávio, aparentemente nervioso, confundió el nombre de la madre con el de la niña. Habló de “tragedia”, puso en duda que la bala saliera del arma del agente, que ni siquiera ha sido condenado, y se ofreció a ayudar a la madre a encontrar al verdadero asesino. Desde el público, ella le gritó “mentiroso”. En el intermedio protestó: “No tiene ninguna empatía. Es un monstruo”. Lula remató acusándolo de homenajear a milicianos (grupos parapoliciales que controlan barrios de Río) y de dar empleo a sus familiares. “O mantenemos la democracia funcionando o tendremos a un miliciano mandando en este país”, incidió el presidente en sus consideraciones finales.
El whisky de medio millón de reales
El último bloque, de tema libre, hundió el debate en el barro de la corrupción. Flávio preguntó a Lula a qué sabe un whisky de 500.000 reales (unos 100.000 dólares). Se refería a la exclusiva de la revista Veja, que reveló que la Policía Federal encontró en el celular de Daniel Vorcaro, el banquero del quebrado Banco Master, hoy en prisión, unos mensajes según los cuales encargó un Macallan de 1945 con una orden escueta: “Tengo que dárselo a Lula”. El Gobierno niega que el presidente lo recibiera y Lula contraatacó asegurando que el bolsonarismo creó al banquero que él metió en la cárcel. “El cachorro de Vorcaro eres tú, el que recibe dinero de Vorcaro eres tú, no me metas en el mismo saco”, señaló en alusión a Dark Horse, la película sobre Jair Bolsonaro que recibió 12,3 millones de dólares a través de un operador financiero del banquero. Flávio admitió en el plató que ese dinero se invirtió en la película, pero niega cualquier irregularidad.
A partir de la botella, los candidatos se enredaron en acusaciones cruzadas. Lula sacó la disputa por una isla que reclama el futbolista Richarlison y también le preguntó por un paseo en lancha en Brasilia que, según la revista Piauí, compartió con lobistas farmacéuticos y prostitutas. Flávio contraatacó con Lulinha, el hijo del presidente investigado por la Policía Federal. “Estaba demasiado bien. Vamos a terminar otra vez en el barro”, resumió en O Globo el analista Pablo Ortellado.
De fondo, planeaba el órdago con el que Lula lleva una semana desafiando a su rival: abrir sus cuentas bancarias y sus teléfonos “para que el pueblo brasileño sepa quién es el ladrón en este país”, como propuso en el primer debate. Flávio respondió ante la justicia electoral con una lista de 19 condiciones, que incluyen abrir también los datos de los hijos de Lula y de su antiguo jefe de gabinete, y calificó la propuesta de “demagogia barata”. La campaña de Lula las aceptó todas, pero a dos días de la votación, ninguno ha abierto nada.
El fantasma del padre
Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria, sobrevoló todo el debate. Lula comparó una y otra vez su Gobierno con el del expresidente, mientras su hijo le atribuía grandes obras de infraestructura, la mayor subida salarial de los profesores y la reducción de las obras paralizadas. Para defender la sanidad pública, Flávio Bolsonaro recordó que fue el sistema público el que le salvó la vida a su padre tras la puñalada que recibió en 2018. El candidato cerró el debate diciendo que el expresidente, condenado a 27 años por su participación en una trama golpista tras perder las elecciones de 2022, “está siendo tratado injustamente”. Una de sus promesas de campaña es indultarlo.
Más contenido, pero con golpes bajos
Este cara a cara ha sido menos bronco que el primero, pero no han faltado los golpes bajos. TV Globo prohibió que los candidatos invadieran el tiro de cámara del otro, lo que impidió a Flávio repetir la táctica de plantarse a la espalda de Lula y gesticular mientras el presidente hablaba. Ninguno de los dos llegó a pronunciar el nombre del rival: Bolsonaro saludó a “mi concurrente candidato” y Lula le dio las buenas noches sin mencionarlo.
El senador, que pareció llegar con un guion de moderado, acabó acusando a Lula de dar a los pobres “con una mano” y quitarles “con los nueve dedos”, una alusión al accidente en el que el presidente perdió un dedo cuando era metalúrgico. La bancada bolsonarista lo celebró entre risas y la petista protestó a gritos en el estudio. Lula respondió que no iba a permitir que un miliciano le llamara “nueve dedos” y le exigió una disculpa. Lula convirtió el insulto de los “nueve dedos” en una cuestión de clase y recordó su pasado, para contraponer su biografía obrera a la de su rival. Si alguien conoce el mundo del trabajo, vino a decir, es él, y no un hijo de la política que nunca ha trabajado.
El senador aludió también a la edad del presidente: le dijo que “no estaba oyendo bien”, que estaba teniendo dificultades para entender lo que decía, y llegó a burlarse de su voz ronca, secuela del cáncer de garganta que Lula superó.
El presidente, por su parte, acusó a Bolsonaro de “lamber o Trump” (lamerle las botas a Trump) para que Washington castigara a Brasil con aranceles, lo comparó con un estudiante que memoriza la lección sin entenderla y se mofó de su juventud. Lo llamó miliciano repetidas veces.
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